Portada :: Palestina y Oriente Prximo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-01-2011

Se termina de legalizar el fascismo y el macartismo en el Estado teocrtico autoproclamado judo
Israel, una dictadura con vestimenta de democracia

Rubn Kotler
De igual a igual


Israel es una dictadura fascista. Qu dudas caben a esta altura del partido? La ltima noticia que confirma todo lo que ya sabamos nos la trae Guideon Levy, periodista del peridico liberal israel Haaretz (El Pas). Israel comienza a legalizar lo que en acto tanto sus servicios secretos, como su ejrcito y polica venan practicando, dentro y fuera de sus fronteras que es la persecucin a quienes piensan distinto, a la izquierda, como en las mejores pocas de nuestras dictaduras latinoamericanas. Prohben a los rabes, dueos originarios de esas tierras siquiera reclamar por ellas, pero prohben todo movimiento de solidaridad de puertas adentro con el pueblo palestino. Israel termina de delinear entonces su fascismo a la israel, fascismo del que estara sumamente orgulloso hasta el propio Benito Mussolini. Los hijos del ocaso se armaron en respuesta, cantara Ismael Serrano, mientras un militar detiene a un activista judo por denunciar la ocupacin y la masacre en Gaza.

Nadie puede negar sus orgenes y comenzar las reflexiones que siguen, requieren remontarme a mi propia historia personal. La primera vez que estuve en Israel tena 18 aos. En 1993 terminado el colegio secundario en la escuela juda de Tucumn, al norte de Argentina, y como muchos jvenes de la comunidad, decida viajar para vivir una experiencia en Israel, vivir un ao all presupona para ese Estado la inversin en la posibilidad de reforzar mis lazos con la tierra, que segn me decan, era de mis ancestros. Pero 1993 fue el ao donde se sellaron los acuerdos de Oslo y vea en lo personal con simpata como el asesinado primer ministro de Israel, Itzak Rabin, estrechaba su mano con la del Lder de la Organizacin para la Liberacin de Palestina, Yaser Arafat. En ese momento mi formacin, sionista, la cual yo crea de izquierda, me haca ver con admiracin un acuerdo con los rabes que le devolviera sus tierras y que naciera, a la par de Israel, un Estado Palestino. Hasta ese momento yo concordaba con la idea de dos Estados para dos pueblos. Pareca osado incluso plantear en aquel momento la necesidad que Israel devolviera todos los territorios conquistados en 1967, includa la Jerusalem oriental, que sera, segn mi visin, no solo la capital del futuro Estado Palestino, sino y sobre todo, la solucin al llamado conflicto rabe israel.

Han pasado casi 20 aos y luego de mucho estudio y muchas lecturas, me fui dando cuenta que mi propia formacin transitaba peligrosamente los caminos que conducan a un tipo de educacin cuasi fascista. Al tiempo de ir leyendo, estudiando y comprendiendo los claros oscuros de la poltica estadounidense en medio oriente y las acciones de Israel, descubr otra historia juda nunca narrada por las fantasas de alguno de mis maestros. La historia entonces dej de ser lineal, dej de ser un mito, los rabes, ms exactamente los palestinos, dejaron de ser mis enemigos y comprend que aquella tierra que me decan era ancestral y me perteneca por derecho divino, no tena absolutamente nada que ver conmigo. Incluso mis races se remontan a la antigua Rusia, a unos pueblos de lo que sera Ucrania muy seguramente. Mis orgenes eran eslavos y no semitas, aunque en cultura y tradicin me haba criado en el seno de una familia juda, no haba lazo que me atara a Palestina, solo un falso sentimiento de pertenencia a una tierra lejana y sobre la cual se rezaba tambin en los templos, como si los lazos identitarios necesitaran ser reforzados ubicndolos junto a Dios.

La nueva tradicin, reforzada por el sionismo naciente a fines del S. XIX nos haca creer que nuestros lazos estaban en la tierra prometida, segn los mandamientos bblicos, an cuando los padres mentores del sionismo y del nacionalismo judo, promovan s la declaracin de un hogar nacional pero no importaba si ste se eriga en tierra santa o en la Patagonia argentina. El lazo con Palestina lo fue creando cierto mito fundador, comn, y esto hay que decirlo claramente, al surgimiento de todos los Estados modernos.

Hagamos un parntesis necesario y pongamos un ejemplo de lo que venimos sosteniendo. La Argentina en la que vivo se hizo de la misma manera y las denuncias de este tipo de nacionalismo me valen tanto para Israel como para cualquier otro Estado Nacin. Claro que es mucho ms grave cuando ese Estado Nacin pretende construirse sobre la base de una pureza tnica, como lo procuraron los nazis en Alemania (solo por citar un ejemplo, quizs el ms visible de todos). Pensemos por un momento comparativamente los argumentos de los llamados padres fundadores del Israel moderno y de la Argentina moderna. Sarmiento deca que civilizar significaba poblar y por lo tanto fue necesario un genocidio, el practicado por el entonces presidente Julio Argentino Roca, para exterminar al aborigen, considerado en este caso un nadie que deba ser aniquilado para dejar espacio al hombre blanco, ms preferentemente anglosajn, y poblar as la Patagonia. Idntico planteo sostenan los padres fundadores de Israel cuando afirmaban: una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra, an cuando en la Palestina histrica convivan en paz una minora juda con una amplia mayora rabe.

Palestina, como la Patagonia argentina, no solo no estaba despoblada, sino que tena a su poblacin originaria habitando en ella. Esto ltimo es reconocido hasta por los propios historiadores israeles y no es una mera declaracin panfletaria del autor de estas lneas. Los historiadores narran lo que sus fuentes cuentan y fue lo que hizo el historiador israel, hoy exilado en Gran Bretaa, Iln Papp, quien tras publicar su excelente trabajo, La limpieza tnica de Palestina, tuvo que buscar refugio en el pas europeo tras recibir reiteradas amenazas de muerte. Otro mito de los fundadores del Estado era que tras la decisin de establecer un hogar nacional judo en Palestina, los habitantes originarios tomaron la decisin de abandonar su suelo natal y marcha al exilio. Parte de sus hiptesis Papp las sostena mucho antes de publicar el libro ya mencionado.[1]

Pero regresemos a la cuestin central de nuestro artculo. Como anticipando la actual ley parlamentaria, que busca perseguir a toda organizacin o intelectual de izquierda, Papp sufri en carne propia la persecucin fascista de un Estado cada vez ms ciego. Hay que tener en cuenta aqu que la izquierda en Israel no solo la conforman grupos de tendencia socialista, marxista o socialdemcrata, sino que la izquierda en Israel la conforman los crticos de las polticas represivas del Estado hacia los palestinos, desde los ms moderados dentro del propio sionismo, hasta lo ms radicales antisionistas. Dentro y fuera de sus fronteras, Israel los (nos) considera un peligro que debe ser perseguido y aniquilado. El macartismo ahora legalizado, nos recuerda a la peor de las dictaduras latinoamericanas que en los 60 y 70 persigui, secuestr, tortur e hizo desaparecer a la oposicin poltica, a la izquierda. Buen ejemplo son los 30.000 detenidos desaparecidos que dej tras de s la dictadura instaurada en Argentina el 24 de marzo de 1976.

El gobierno de Israel, independientemente de su signo (recordemos a Golda Meyer, laborista ella y sus expresiones que tildaban a los palestinos de ser cucarachas), ha perseguido desde sus orgenes a los palestinos sin cesar en su poltica de limpieza tnica. Hoy podemos afirmar y sin miedo a equivocarnos, que en los ltimos aos tendramos que hablar de Genocidio, cuestin ya discutida en otros artculos anteriores. La novedad ahora reside en que el gobierno ha comenzado una caza de brujas an hacia los que se suponen son sus compatriotas, los judos, que en una organizacin o en otra, rechazan las distintas polticas represivas hacia los palestinos y osan denunciarlas.

Una batalla perdida por Israel, an en sus intentos hasbardicos[2], en el campo de los medios, ya que gracias a las nuevas tecnologas nos permite el intercambio de ideas diferentes a las esbozadas desde el propio Estado dictatorial. Recordemos entonces algunas acciones propias de un Estado dictatorial cuando las autoridades israeles rechazaron la entrada al Estado judo a uno de los intelectuales ms crticos sobre Israel, Norman Finkelstein. Finkelstein, estadounidense de origen judo e hijo de sobrevivientes del Genocidio nazi ha sufrido en carne propia la expulsin del Estado que se dice de todos los judos.

El mismo Finkelstein explicara los basamentos de la impunidad de que goza Israel para todos estos actos criminales. Segn el politlogo bsicamente por tres razones. Una, la ms obvia, es la impunidad poltica por el apoyo incondicional de EEUU. Por otro lado, disfruta de una impunidad moral por su explotacin del Holocausto nazi. Por ltimo, esta explotacin ha sido y es organizada muy eficientemente por el lobby israel en EEUU. Si Finkelstein viviera en Israel seguramente sera uno de los perseguidos por el Estado que ahora se arroga el derecho de decidir qu deben pensar incluso los judos a quien dice representar. Seguramente Finkelstein, al igual que Papp, debera solicitar refugio en algn pas occidental donde poder seguir con sus investigaciones.

Para nuestra suerte, judos que vivimos fuera de ese Estado que dice representarnos, sus polticas no nos impiden levantar nuestra voz, aunque el lobby sionista en nuestros pases procure colocarnos en posiciones supuestamente antisemitas, parte del juego hasbardico de quienes trabajan en consonancia con las embajadas de Israel en todo el mundo. Judos y no judos. Porque tambin debemos ser claros que quienes hoy apoyan a Israel en su fase de mayor represin a los palestinos son la derecha ms extrema de la Europa Occidental: los Berlusconi y los Aznar, que ven en el nacionalismo judo una clara expresin de lo que ellos mismos representan en sus pases. Lo peor del nacionalismo.

Pero deca, no pueden callarnos con esas leyes, pues las mismas, y con la vergenza que da escribirlo, solo valen, para la autoproclamada nica democracia en Oriente Medio. En junio de 2009 escriba ya entonces que el fascismo israel no poda prohibirnos recordar la tragedia palestina fuera de Israel. En aquella oportunidad denunciaba las dos leyes que para entonces parecan ser las ms duras que poda sancionar un Estado autoproclamado democrtico como ser la que condena incluso con la prisin a quienes osen recordar al Nakba, la tragedia palestina, y a quienes se atrevan a cuestionar el carcter democrtico y judo del Estado de Israel. Estas dos ltimas leyes en cuestin hasta se quedan cortas al parecer de los diputados israeles en la persecucin a quienes en su derecho a ejercer la memoria y la protesta, osaban y osan con cuestionar incluso la propia historia oficial de ese mismo Estado.

Poca repercusin ha tenido esta nueva bofetada a la razn de un Estado que perdi la razn. Si alguna vez la tuvo. El peridico vasco Gara, fue el primero en dar la voz de alerta el 6 de enero de 2011 cuando public la noticia de que el gobierno israel investigara a los grupos de izquierda en Israel que deslegitimen las acciones del Estado.[3] Como reflexin sobre el peligroso abismo en el que vuelve a caminar Israel me quedo con los conceptos vertidos por Gideon Levy en Haaretz con motivo de comentar la nueva ley: los pocos solitarios que mantienen la llama vacilante de la maltrecha humanidad se les acusa, condena y castiga mientras que a los verdaderos culpables se les absuelve de todos los cargos. La polica, el sistema legal, la Knesset, el Shin Bet, y el ejrcito han unido sus fuerzas a los de los propagandistas del derecho a actuar como fiscales sin un juicio, mientras que la izquierda se ve privada de un abogado defensor.[4]

Pero no es cierto que la izquierda se queda sin su abogado defensor. Desde el campo de la izquierda en todo el mundo, judos y no judos, nos seguiremos movilizando, seguiremos exigiendo nuestro derecho a una memoria justa y seguiremos reclamando en voz alta, clara y firme, el derecho del pueblo palestino a vivir en paz en SU TIERRA. Seguiremos mostrando al mundo por todos los medios posibles los crmenes de lesa humanidad que Israel comete a diario, seguiremos mostrando el genocidio en su faz ms descarnada. Desde Israel podrn perseguirnos, podrn amedrentarnos con las instituciones pagadas por la embajada, o podrn enviarnos sus matones a domicilio, pero esto no har sino que las voces de protesta se multipliquen por el globo y finalmente Israel deba pagar por sus crmenes. Ser para vergenza de muchos de sus seguidores, cuando en unos aos vean la foto de un avin de caza con la estrella de David bombardeando Gaza y masacrando a miles de personas. La vergenza entonces ser de los que ahora en complicidad, por accin o por omisin, callan. Nosotros, no tenemos miedo y volvemos a decir claro y fuerte: EN NUESTRO NOMBRE NO. Nunca ms, NO.

NOTAS

[1] En una entrevista el historiador israel reconoca que: mi padre y mis profesores nos haban repetido una y mil veces que cuando se fund el Estado de Israel en 1948 los palestinos prefirieron irse y eso es mentira. Los archivos que consult y los documentos que yo mismo le demostraban que los palestinos fueron expulsados por los israeles con terror, amenazas y violencia. http://www.solidaridad.net/articulo1066_enesp.htm

[2] El trmino savara significa en hebreo la explicacin. Asimismo la Hasbar es una organizacin fantasma que busca mejorar la imagen de Israel dentro y fuera de las comunidades judas de todo el mundo con el fin de mostrar una imagen impoluta del Estado. Hemos ledo en infinidad de oportunidades como miembros de esta organizacin se han esforzado en explicarnos los motivos, por ejemplo, que justificaron la masacre en Gaza a fines de 2009 o la segunda invasin al Lbano seguida de masacre en julio de 2006. Hasbardicos por lo tanto seran los intentos de Israel de explicar las supuestas bondades de un Estado judo tnicamente puro.

[3] http://www.gara.net/paperezkoa/20110106/241499/es/El-Parlamento-investigara-grupos-izquierdas-que-deslegitimen-Israel

[4] De la traduccin de la nota de Levy aparecida en Haaretz ofrecida por Rebelin: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=120056

Fuente: http://www.deigualaigual.net/pt/opinion/firma/4987-israel-una-dictadura-con-vestimenta-de-democracia


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