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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-01-2011

Qu idea: matar a los jvenes!

Umberto Eco
Pblico


En el anterior nmero de LEspresso me diverta imaginando algunas consecuencias, especialmente en el campo diplomtico, del nuevo rumbo de la transparencia inaugurado por Wikileaks. Eran fantasas vagamente fantacientficas, pero se basaban en el supuesto innegable de que, si desde ahora se puede acceder a los archivos ms confidenciales y secretos, algo tendr que cambiar, al menos en los mtodos de archivo.

Entonces, por qu no intentar, al inicio del nuevo ao, alguna otra extrapolacin de hechos innegables, aunque sea exagerando las cosas con visiones apocalpticas? Despus de todo, san Juan se gan as la fama inmortal, y todava hoy, cuando nos ocurre una desgracia, nos vemos tentados de decir que sucede exactamente lo que l haba predicho. Me presento, pues, a segundo vidente de la isla de Patmos. Al principio era el papel carbn.

Al menos en Italia (y cimonos a este pas), cada vez hay ms viejos que jvenes. Antes se moran a los 60 aos, hoy a los 90; consumen, por lo tanto, 30 aos ms de pensin. Como es sabido, esta pensin tendrn que pagarla los jvenes. Pero, con unos viejos tan intrusivos y presentes en el mando de muchas instituciones pblicas y privadas hasta por lo menos el inicio de su marasmo senil (y, en muchos casos, ms all), los jvenes no encuentran trabajo y, por tanto, no pueden producir para pagarles la pensin a los ancianos.

En esta situacin, aun si el pas sacara al mercado obligaciones a tipos de inters atractivos, los inversores extranjeros ya no se fiarn, y entonces faltar dinero para las pensiones. Encima, debemos tener en cuenta que, si los jvenes no encuentran trabajo, tienen que vivir mantenidos por los padres o los abuelos jubilados. Tragedia.

Primera solucin, y la ms obvia. Los jvenes tendrn que empezar a hacer listas de eliminacin de los ancianos sin descendientes. Pero no ser suficiente, y, dado que el instinto de conservacin es el que es, a los jvenes no les quedar ms remedio que eliminar tambin a los viejos con descendencia, es decir, a sus propios familiares. Ser duro, pero todo es cuestin de acostumbrarse. Tienes 60 aos? No somos eternos, pap, iremos todos a acompaarte a la estacin en tu ltimo viaje hacia los campos de eliminacin, con los nietos diciendo: adis abuelo. Y si despus los ancianos se rebelasen, se desencadenara la caza al viejo, con la ayuda de los delatores. Si sucedi con los judos, por qu no con los pensionistas?

Pero aquellos ancianos que no estn jubilados, y que todava se encuentran en el poder, aceptarn este sino sin rechistar? Ante todo, habrn evitado con tiempo tener hijos para no traer al mundo a potenciales exterminadores, por lo que el nmero de jvenes habr disminuido todava ms. Y al final, estos viejos capitanes (y cavalieri) de la industria, forjados en mil batallas, se decidirn, aunque sea con todo el dolor de su corazn, a liquidar a hijos y nietos. No mandndolos a los campos de exterminio como habran hecho con ellos sus descendientes, ya que seguir siendo una generacin ligada a los valores tradicionales de la Familia y de la Patria, sino desencadenando guerras que, como se sabe, criban a las quintas ms jvenes y son, como decan los inspiradores de quien ahora nos gobierna, la nica higiene del mundo.


Tendremos as un pas casi sin jvenes y con muchsimos ancianos, sanos y florecientes, ocupados en erigir monumentos a los cados y conmemorando a aquellos que han dado generosamente la vida por la Patria. Pero, quin trabajar para pagar sus pensiones? Los inmigrantes, deseossimos de conseguir la ciudadana italiana, ansiosos por trabajar duro a bajo coste y en negro, y propensos, por antiguas taras, a morir antes de los 50 aos, dejando paso a otra fuerza de trabajo ms fresca. As, en el transcurso de dos generaciones, decenas de millones de italianos bronceados garantizarn el bienestar a una lite de nonagenarios blancos con la nariz colorada y a las grandes afortunadas (las seoras con encajes y tocados), que bebern whisky and soda en los porches de sus propiedades coloniales, en los lagos o en la costa, lejos de las miasmas de las ciudades, habitadas slo por zombis de tez oscura que se alcoholizarn con la leja anunciada en televisin.

En lo que respecta a mi conviccin de que avanzamos a paso de cangrejo y de que ahora el progreso coincide con la regresin, nos daremos cuenta de que hemos llegado a una situacin no muy diferente a aquella del imperio colonial en India, en el archipilago malayo o en frica central; y quien haya llegado felizmente a los 110 aos gracias al desarrollo de la medicina, se sentir como el raj blanco de Sarawak, sir James Brooke, sobre el que fantaseaba leyendo de nio las novelas de Salgari.

Fuente: http://www.publico.es/internacional/356514/que-idea-matar-a-los-jovenes



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