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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-01-2011

La biblioteca pblica: Derecho o negocio?

Rosa Regs, Pedro Lpez Lpez y Fernando Bez
Rebelin


El pasado 17 de diciembre ha pasado a ser un da preocupante en la historia de las bibliotecas en Espaa. Mientras el mundo no se repona del escndalo de las revelaciones de la debacle financiera y la corrupcin poltica, el sindicato de Comisiones Obreras del Ayuntamiento de Alcal de Guadaira (Sevilla) daba a conocer la noticia de la primera privatizacin de una biblioteca municipal en Espaa. No se trataba slo de una mala noticia que se inscribe en el marco de la arrolladora ola privatizadora de los servicios pblicos que viene dictada por esa oligarqua econmica a la que nuestros polticos llaman los mercados. El problema es que la medida se justific en la necesidad de eficiencia, de modo similar a lo que ocurre en Inglaterra, donde existen actualmente 365 bibliotecas y 27 servicios mviles a los que se han aplicado recortes y sufren amenazas serias de privatizacin (ver http://publiclibrariesnews.blogspot.com/).

Ya tenemos perspectiva suficiente como para saber que la gestin privada de los servicios pblicos no est aportando nada bueno a la sociedad: ni la gestin es ms eficaz, ni los costes se reducen (las cifras se maquillan y en la contabilidad creativa que computa los costes se transfieren muchos de stos a la sociedad por diversas vas) ni los servicios se prestan con mayor calidad (incluso ms bien al contrario). El sector privado -y bastara revisar casos como los de Bernard Madoff, Enron o las sociedades financieras que han llevado a Grecia, Irlanda y Espaa al borde de la quiebra- no puede ser convertido en un smbolo de transparencia sin debate.

Desde el punto de vista de los derechos humanos, la biblioteca forma parte de un sistema educativo y cultural ideado para proporcionar a la ciudadana los derechos de acceso a la informacin, a la cultura y a la educacin. Cada biblioteca es una institucin fundamental de la memoria que forma parte del eje de la identidad de los pueblos. Cuando estos derechos, como otros ms acuciantes en el caso del acceso a la sanidad o a la vivienda, se contemplan desde la perspectiva del negocio privado, nada bueno puede esperarse.

Los principios bsicos que inspiran el servicio bibliotecario estn recogidos en documentos de la Unesco (United Nations Educational Scientific and Cultural Organization) y de la IFLA (Internacional Federation of Library Associations and Institutions), y estas asambleas globales contemplan la biblioteca desde una ptica ciudadana, no comercial. En el momento que las empresas entren a cubrir los servicios bibliotecarios, ya no estamos en la lgica de los derechos ciudadanos de acceso a la informacin, a la cultura y a la educacin, sino de cuestiones relacionadas con la rentabilidad econmica desde el punto de vista del inters privado. Pero es la rentabilidad social la que tiene que dirigir los servicios pblicos. El acceso a la cultura y a la educacin se inscribe dentro de unos derechos sociales que fueron conquistados por las clases trabajadoras con una intencin de reparto de la riqueza y como una forma de atender al valor igualdad, concebido para que las clases menos favorecidas econmicamente puedan participar en la sociedad.

Introducir la lgica del lucro en los servicios pblicos es antisocial, y esto lo saben aquellos que entregan a los negocios los servicios pblicos. La gestin privada de estos servicios conlleva salarios de miseria, precariedad laboral y deterioro de la calidad, no hay otra manera de incrementar los beneficios empresariales. Pero la doctrina neoliberal ha ido pervirtiendo la lgica del Estado Social, de tal forma que lo que se haba ido configurando como obligaciones que el Estado tena para con los ciudadanos y que deba sufragar a partir de la recaudacin de impuestos, se ha ido transformando en actividades que el Estado va traspasando a empresas, bien sea a travs de la titularidad o bien a travs de la gestin. Una vez consumada esta operacin, el lucro se introduce en un proceso que no debera estar contaminado por el inters privado, sino dirigido a proporcionar a los ciudadanos los mejores servicios pblicos a partir de los impuestos recaudados, y desde aqu es desde donde cabe hablar de rentabilidad, una rentabilidad social que se mide por la calidad de los servicios pblicos, no por la ganancia de las empresas.

Posiblemente no es factible prohibir que los ayuntamientos entreguen la cultura a las empresas, permitiendo que sea contemplada como una actividad mercantil ms, pero s es necesario poner en evidencia y llevar a la conciencia de la ciudadana cmo las funciones de los poderes pblicos se van desvirtuando bajo la lgica neoliberal. Se trata de una lgica nefasta que quiere convertir a los ciudadanos en clientes y al mundo en mercanca. Se trata de someter al mundo de la poltica al de los intereses econmicos, y ya estamos viendo los desconcertantes resultados. En el informe titulado Hacia las sociedades del conocimiento (2005) se explicaba ya con detalle: "El futuro de las bibliotecas depende en gran medida de la capacidad de nuestras sociedades para trascender la lgica mercantil de la sociedad de la informacin e instaurar nuevos modelos en los que sean los conocimientos y su valor cognitivo quienes generen valor". Uno de los grandes peligros del siglo XXI es que quienes deciden las polticas culturales en Espaa no comprendan el significado histrico de las bibliotecas en la construccin de la ciudadana plural y solidaria y la investigacin abierta.

En cualquier caso, la privatizacin de bibliotecas, en un momento de crispacin como el que se vive, golpea seriamente la posibilidad de un compromiso social ms firme con todos esos millones de espaoles que estn alarmados ante el futuro tan incierto y tienen serias reservas con el sector privado, que ha demostrado ser tan desleal con el pueblo. En un tiempo que demanda acciones transparentes y apoyo colectivo, se da un absurdo paso hacia atrs que expone las graves contradicciones en la cultura nacional. Y esto merece no slo una reflexin aguda, sino una condena pblica ante un desacierto que amenaza con extenderse a otros ayuntamientos.


Rosa Regs. Escritora. Ex directora de la Biblioteca Nacional de Espaa

Pedro Lpez Lpez. Profesor de la U. Complutense. Ex director de la E.U. de Biblioteconoma y Documentacin

Fernando Bez. Escritor. Ex director de la Biblioteca Nacional de Venezuela

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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