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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-01-2011

Un sermn de 1967 contra la guerra de Vietnam
El otro sueo de Martin Luther King

Martin Luther King
informationclearinghouse.info

Ayer se celebr en Estados Unidos el da de Martin Luther King. Como todos los aos la mayora de las escuelas cerraron y en muchos centros institucionales se dibuj la biografa del Martin Luther King del discurso "I have a dream". El doctor King apareci una vez ms como el padre del multiculturalismo tolerante y liberal de los Estados Unidos. Sin embargo, la mayora de la comunidad negra en Estados Unidos y muchisimos militantes de izquierdas no aceptan esta versin, porque saben que hay otro King menos aceptable para el gobierno del pas: el que se alio con el movimiento sindical, el que situ el problema racial en sus raices economicas y capitalistas, el que denunci el imperialismo en Vietnam, el que conecto el racismo dentro con los movimientos anti-coloniales del tercer mundo, el militante. A continuacin ofrecemos uno de sus discursos de mayor actualidad con traduccin e introduccin para Rebelin de Sebastian Risau.


Martin Luther King, Jr.[1] naci en Atlanta, Estados Unidos, el 15 de enero de 1929. En conmemoracin de esta fecha, desde hace ya algunos aos, en Estados Unidos se declara feriado el tercer lunes de enero.

Su lucha contra las polticas segregacionistas de los estados del Sur, y por los derechos civiles de la poblacin negra en general, llevada a cabo en la dcada del 50 y a principios de los aos 60, es ampliamente conocida. Sus discursos se hicieron famosos, en particular "Yo tengo un sueo", que pas a ser considerado una obra maestra de la retrica y que ha sido difundido hasta el agotamiento. Su llamado a la resistencia no violenta le vali el Premio Nobel de la Paz en 1964, as como la aprobacin e incluso el elogio de la sociedad estadounidense y su prensa, que en general consideraban que los estados del Sur eran demasiado retrgrados.

Las cosas cambiaran a partir de 1967, cuando Martin Luther King comenz a ocuparse de la guerra de Vietnam. El sermn que se transcribe mas abajo, "Por qu me opongo a la guerra en Vietnam" (Iglesia de Ebenezer, 30 de abril de 1967), fue denostado por la prensa estadounidense. El New York Times lo atac en un editorial titulado "El error del Dr. King": "Los hechos pueden ser duros, pero no justifican semejantes calumnias...No hay respuestas simples ni fciles para la guerra de Vietnam ni para la injusticia racial en este pas" El ChicagoTribune public un editorial titulado "Martin Luther King se pasa de la raya": "El empalagoso Reverendo Martin Luther King ha pasado a ser una molestia para el movimiento por los derechos civiles desde que le fuera otorgado el Premio Nobel de la Paz. Desde ese momento se ha especializado en hablar en un tono olmpico, en vez de ocuparse de los aspectos prcticos del movimiento por los derechos civiles." La revista Life llego a calificar su sermn de "calumnia demaggica que suena como un guin para Radio Hanoi."

Este sermn volvi a ser de actualidad, aunque poco difundido, durante las guerras de Iraq. Hoy lo es an ms, ya que Estados Unidos no slo continua con esa y otras aventuras, sino que ahora est gobernado por un presidente negro que dice honrar el legado de Martin Luther King, y que tambin ha ganado el Premio Nobel de la Paz. Luther King repiti este sermn en varias ocasiones durante 1967, a veces en forma de discurso, en diversos lugares del pas. Fue asesinado el 4 de abril de 1968.

Por qu me opongo a la guerra en Vietnam

En cierto sentido, mi sermn de esta maana no es un sermn tpico, pero sigue siendo un sermn, sobre un asunto importante, porque el asunto que discutir hoy es uno de los mas controvertidos que debe enfrentar nuestra nacin. El tema sobre el que predicar hoy es "Por qu me opongo a la guerra en Vietnam".

Djenme aclarar desde el principio que yo considero esta guerra una guerra injusta, malvada y ftil. Mi sermn de hoy es sobre la guerra de Vietnam porque mi conciencia no me deja otra opcin. Ha llegado el momento de que Amrica escuche la verdad sobre esta trgica guerra. En los conflictos internacionales es difcil llegar a la verdad, porque la mayor parte de las naciones se engaan a s mismas. Las racionalizaciones, as como la bsqueda incesante de chivos expiatorios son las cataratas sicolgicas que nos impiden ver nuestros pecados. Pero ya han pasado los das del patriotismo superficial. Quienes conviven con la falsedad viven una esclavitud espiritual. La libertad sigue siendo el premio que recibimos por conocer la verdad. Jess dijo: "Conocern la verdad, y la verdad os har libres" Yo he elegido predicar hoy sobre la guerra en Vietnam, porque estoy de acuerdo con Dante en que los lugares mas calientes del infierno estn reservados para aquellos que en una poca de crisis moral mantienen su neutralidad. Llega un momento en el que el silencio se convierte en traicin

La verdad de estas palabras est ms all de toda duda, pero la misin que nos impone es de las ms difciles. Incluso cuando las exigencias de verdad interior se hacen acuciantes, los hombres no asumen fcilmente la tarea de oponerse a las polticas de su gobierno, sobre todo en tiempos de guerra. Y tampoco es sin grandes dificultades que el espritu humano vence a la apata del pensamiento conformista, dentro de su propio pecho y del mundo que lo rodea. Es ms, cuando algunas cuestiones nos desconciertan, como ocurre con frecuencia en el caso de este terrible conflicto, estamos siempre al borde de quedar paralizados por la duda. Pero debemos avanzar. Algunos de nosotros, que ya hemos comenzado a romper el silencio de la noche, hemos descubierto que el llamado a hablar suele ser una vocacin de agona. Pero debemos hablar. Debemos hablar con toda la humildad que corresponde a nuestra limitada visin, pero debemos hablar. Y tambin debemos alegrarnos, porque en toda nuestra historia nunca ha habido un disenso tan monumental del pueblo americano durante una guerra.

Las encuestas revelan que casi 15 millones de americanos se oponen explcitamente a la guerra en Vietnam. Y hay millones adicionales que no se atreven a apoyarla. E incluso aquellos millones que s apoyan la guerra, estn desanimados, confundidos y llenos de dudas. Esto revela que millones han elegido ir mas all del cmodo patriotismo, hacia el terreno del disenso firme, basados en los mandatos de su conciencia y en la lectura de la historia. Por supuesto, una de las dificultades de hacerse or en estos das es que algunos estn buscando equiparar el disenso con la deslealtad. Son das oscuros para nuestra nacin cuando las autoridades intentan usar todos sus medios para silenciar el disenso. Pero algo esta ocurriendo, y no podrn callar a la gente. Pero la verdad debe ser dicha, y yo digo que quienes buscan hacer creer que cualquiera que se oponga a la guerra de Vietnam es un tonto o un traidor o un enemigo de nuestros soldados est tomando posicin contra lo mejor de nuestras tradiciones.

S, debemos tomar posicin y alzar nuestra voz. En los ltimos dos aos he tratado de romper la traicin de mis propios silencios y hablar desde mi corazn en llamas, al exigir que se detuviera radicalmente la destruccin de Vietnam. Muchos me cuestionaron el haber tomado este camino. La pregunta que domina el centro de sus preocupaciones es: "Por qu est hablando sobre la guerra Dr. King? Por qu se une a las voces que disienten?" Segn ellos, la paz y los derechos civiles no deben mezclarse. Pero esta maana yo les hablo sobre este asunto, porque estoy a resuelto a tomar en serio el Evangelio. Y vengo a mi plpito hoy a realizar un apasionado alegato a mi amada nacin

Este sermn no esta dirigido a Hanoi o al Frente Nacional de Liberacin. No esta dirigido a China ni a Rusia. Ni tampoco es un intento de pasar por alto la ambigedad de toda la situacin y la necesidad de una solucin colectiva para la tragedia de Vietnam. Ni tampoco es un intento de transformar a Vietnam del Norte y al Frente Nacional de Liberacin en modelos de virtud, ni tampoco de pasar por alto el papel que deben jugar en una resolucin exitosa del problema. Sin embargo, esta maana no deseo hablar con Hanoi ni con el Frente Nacional de Liberacin, sino mas bien a mis compatriotas, quienes tienen la mayor responsabilidad, y que han entrado en un conflicto que ha costado caro a ambos continentes.

Ahora bien, como soy un predicador por vocacin, supongo que no sorprender que tenga siete razones de peso para poner a Vietnam en el campo de mi visin moral. Hay una conexin muy obvia y casi simplista entre la guerra de Vietnam y la lucha que yo y otros venimos librando en Amrica. Hace unos pocos aos hubo un momento de luz en esa lucha. Pareca que haba una promesa real de esperanza para los pobres, tanto blancos como negros, gracias al Programa contra la Pobreza. Hubo experiencias, esperanzas, y nuevos comienzos. Pero luego llego el incremento de tropas en Vietnam. Y vi el programa romperse como si fuera un intil juguete poltico de una sociedad enloquecida por la guerra. Y entonces supe que Amrica nunca invertira los fondos necesarios para la rehabilitacin de sus pobres mientras aventuras como la de Vietnam siguieran absorbiendo hombres y capacidades y dinero, como un tubo de succin demonaco y destructivo. Y puede que ustedes no lo sepan, amigos mios, pero se estima que gastamos 50000 dolares por cada soldado enemigo que matamos, mientras que se gastan solo 53 dolares en cada persona clasificada como pobre, y la mayor parte de esos 53 dolares van a salarios de personas que no son pobres. Por eso me he visto cada vez mas obligado a considerar a la guerra como un enemigo de los pobres, y a atacarla como tal.

Quizs el reconocimiento mas trgico de la realidad tuvo lugar cuando se me hizo evidente que la guerra estaba haciendo mucho mas que aniquilar las esperanzas de los pobres en nuestro pas Estaba enviando a sus hermanos, sus hijos y sus esposos a luchas y morir en una proporcin extraordinariamente grande en relacin al resto de la poblacin. Estbamos tomado a las jvenes negros, ya arruinados por la sociedad, y envindolos a 8000 millas de aqu, para garantizar en Asia del Este las libertades que no haban encontrado en Georgia o en East Harlem. Nos hemos enfrentado entonces repetidamente a la irona cruel de ver en nuestras pantallas de TV a jvenes negros y blancos matando y muriendo juntos por una nacin que no sido capaz de sentarlos juntos en la misma aula. Los vemos en una solidaridad brutal, quemando juntos las chozas de una aldea pobre. Pero nos damos cuenta de que no podran vivir en la misma calle, en Chicago o en Atlanta. Por eso, no puedo callarme frente a semejante manipulacin cruel de los pobres

Mi tercera razn me lleva a un nivel aun mas profundo de mi conciencia, pues se origina en mi experiencia en los guetos del norte en los ltimos tres aos, y especialmente los tres ltimos veranos. Mientras caminaba entre los jvenes desesperados, rechazados y furiosos, les deca que los ccteles Molotov y los rifles no resolveran sus problemas. Trat de ofrecerles mi compasin mas profunda, manteniendo a la vez mi conviccin de que la manera mas significativa de llegar al cambio social es a travs de la accin no violenta; pero ellos me escriben y me preguntan "Y qu pasa con Vietnam?" Me preguntan si nuestra nacin no est usando dosis masivas de violencia para resolver sus problemas y lograr los cambios que desea. Sus preguntas me causaron una gran impresin, y me di cuenta de que nunca ms podra alzar mi voz contra la violencia de los oprimidos en los guetos si no le hablaba primero claramente al principal proveedor de violencia en el mundo actual: mi propio gobierno. Por esos jvenes, por este gobierno, y por los cientos de miles que tiemblan ante nuestra violencia, no puedo callarme. Ha habido muchos aplausos en los ltimos aos. Han aplaudido a nuestro movimiento, y me han aplaudido a mi. Amrica y la mayora de sus peridicos me aplaudieron en Montgomery. Me par ante miles de negros que estaban al borde de generar disturbios por una bomba puesta en mi casa, y les dije: no podemos hacerlo as. Y nos aplaudieron cuando decidimos hacer sentadas no violentas ante las cafeteras [1]. Nos aplaudieron cuando durante los Viajes de la Libertad [2], recibimos golpes sin responderlos. Nos elogiaron en Albany y Birmingham y Selma, Alabama. Y la prensa fue tan noble en su aplauso y tan noble en su elogio cuando decamos No sean violentos con Bull Connor, y cuando decamos No sean violentos con Jim Clark" [3]. Pero hay una inconsistencia extraa cuando una nacin y su prensa te elogian cuando dices "No sea violentos con Jim Clark", pero te insultan y te maldicen cuando dices: "No sean violentos con los pequeos nios vietnamitas." Algo esta mal con esa prensa!

Como si el peso de este compromiso con la vida y la salud de Amrica no fuera suficiente, en 1964 se me impuso la carga de otra responsabilidad. Y no puedo olvidar que el Premio Nobel de la Paz no es algo que simplemente ocurri, sino que fue un encargo--el encargo de trabajar ms duro que nunca en mi vida por la hermandad de los hombres. Y esto es una vocacin que me lleva mas all de mis lealtades nacionales. Pero incluso si eso no estuviese presente, todava tendra que darle sentido a mi compromiso con el ministerio de Jesucristo. Para mi, la relacin entre este ministerio y la bsqueda de la paz es tan obvia que a veces me sorprendo al escuchar a los que me preguntan por qu hablo en contra de la guerra. Puede ser que no sepan que las Buenas Nuevas estn destinadas a todos los hombres, comunistas y capitalistas, sus hijos y los nuestros, blancos y negros, revolucionarios y conservadores? Han olvidado que mi ministerio implica obediencia a Aquel que amo a Sus enemigos tan completamente que muri por ellos? Entonces, qu puedo decirle a los vietcong, o a Mao, o a Castro, siendo un fiel ministro de Jesucristo? Puedo amenazarlos con la muerte, o debo mas bien compartir mi vida con ellos? Finalmente, debo ser fiel a mi conviccin de que comparto con todos los hombres el llamado a ser el hijo del Dios viviente. Esta vocacin de ser hermanos, e hijos de Dios, esta ms all de la pertenencia a una nacin o credo. Y porque creo que nuestro Padre est profundamente preocupado por sus hijos que sufren y estn desprotegidos, vengo hoy a hablar por ellos. Y cuando reflexiono sobre esta locura de Vietnam, y busco dentro de mi formas de comprender y responder con compasin, pienso constantemente en la gente de esa pennsula. No estoy hablando de los soldados de ambos bandos, ni del gobierno militar de Saigon, sino simplemente de la gente que hace ya ms de tres dcadas sufre esta guerra. Tambin pienso en ellos porque me resulta claro que no habr una verdadera solucin a este conflicto hasta que haya algn intento de conocer a esta gente y escuchar sus llantos

Pero djenme contarles la verdad acerca de esto. Ellos deben ver a los Americanos como libertadores bastante extraos. Se han dado ustedes cuenta de que el pueblo vietnamita proclamo su independencia en 1945, despus de una ocupacin conjunta de franceses y japoneses. Y esto ocurri antes de la revolucin comunista en China. Su lder era Ho Chi Minh. Y esto es un hecho que no es muy conocido: esta gente se declar independiente en 1945 y, cuando declararon su independencia de la ocupacin extranjera citaron nuestra Declaracin de Independencia, y sin embargo nuestro gobierno se rehus a reconocerlos. El presidente Truman dijo que no estaban listos para ser independientes. O sea que en ese momento fuimos vctimas, como nacin, de la misma mortal arrogancia que hace aos esta envenenando la situacin internacional. Entonces Francia se decidi a reconquistar su antigua colonia. Y lucharon ocho largos, duros y difciles aos tratando de reconquistar Vietnam. Y saben quin ayud a Francia? Los Estados Unidos de Amrica. Y lleg un punto en el que estbamos pagando el ochenta por ciento de los costos de la guerra. E incluso cuando Francia comenz a perder su confianza en esta temeraria accin, nosotros no lo hicimos. Y en 1954 se llev a cabo una conferencia en Ginebra, y se lleg a un acuerdo, porque los franceses haban sido derrotados en dien Bien Phu. Pero incluso despus de eso, de los acuerdos de Ginebra, nosotros no nos detuvimos. Y debemos enfrentar el triste hecho de que nuestro gobierno busc, realmente, sabotear el acuerdo de Ginebra. Despus de que los franceses fueron derrotados, pareci que el acuerdo de Ginebra permitira la independencia y la reforma agraria. Pero llegaron los Estados Unidos, y comenzaron a apoyar a un hombre llamado Diem, que result ser uno de los dictadores mas despiadados de la historia del mundo. Decidi silenciar a toda la oposicin. Quienes alzaban sus voces contra las brutales polticas de Diem eran brutalmente asesinados. Y los campesinos miraban horrorizados cmo Diem aniquilaba toda oposicin. Los campesinos vean tambin que todo esto era supervisado por la influencia de los Estados Unidos y por las cada vez ms numerosas tropas estadounidenses que haban llegado para ayudar a eliminar la insurgencia que los mtodos de Diem haban generado. Deben haberse sentido felices cuando Diem fue derrocado, pero la larga linea de dictadores militares no pareca ofrecer ningn cambio real, especialmente en trminos de sus necesidades de tierras y paz. Y a quien estamos apoyando hoy en Vietnam? A un hombre llamado general Ky [Vice Mariscal areo Nguyen Cao Ky], que lucho con los franceses contra su propio pueblo, y que en una ocasin dijo que su mayor hroe era Hitler. Este es el tipo a quien hoy estamos apoyando en Vietnam. En general nuestro gobierno y la prensa no nos hablan de estas cosas, pero Dios me dijo que se los contara esta maana. La verdad debe ser dicha.

El nico cambio que vieron de parte de los Americanos fue el aumento del compromiso de nuestras tropas con gobiernos singularmente corruptos, ineptos, y sin apoyo popular, y mientras tanto la gente lea nuestros panfletos con las habituales promesas de paz, democracia y reforma agraria. Ahora sufren bajo nuestras bombas y nos consideran a nosotros como sus verdaderos enemigos, y no a sus compatriotas. Caminan tristes y apticos cuando son sacados de la tierra de sus padres y conducidos a campos de concentracin, donde las necesidades sociales mnimas estn casi siempre insatisfechas. Pero saben que deben irse o sern destruidos por nuestras bombas. Y entonces se van, sobre todo las mujeres, los ancianos y los nios. Y ven como envenenamos su agua mientras destruimos millones de hectreas de sus cosechas. Deben llorar cuando las topadoras rugen en sus campos, preparndose a destruir sus valiosos arboles. Vagan entonces hasta las ciudades, donde ven miles y miles de nios sin hogar, sin ropas, corriendo por las calles en grupos, como animales. Ven cmo los nios son maltratados por nuestros soldados, cuando ruegan por un poco de comida. Ven a los nios venderles sus hermanas a nuestros soldados, y prostituyndose por sus madres. Hemos destruido sus dos instituciones mas preciadas: la familia y la aldea. Hemos destruido su tierra y sus cosechas. Hemos cooperado en la eliminacin de la nica fuerza poltica revolucionaria no comunista, la Iglesia Budista Unida. Este es el papel que nuestra nacin ha asumido, el papel de quienes impiden las revoluciones pacficas al negarse a renunciar a los privilegios y placeres que resultan de las inmensas ganancias de las inversiones en el extranjero. Estoy convencido de que si queremos estar del lado correcto de la revolucin mundial debemos, como nacin, experimentar una revolucin radical en nuestros valores. Tenemos que comenzar a transformarnos, de una sociedad orientada a las cosas a una sociedad orientada hacia las personas. Mientras consideremos a las maquinas y las computadoras, a las ganancias y los derechos de propiedad, mas importantes que la gente, sera imposible la conquista del triplete gigante de racismo, militarismo y explotacin econmica

Una verdadera revolucin de valores hara que pronto empezramos a cuestionarnos la justicia y equidad de muchas de nuestras polticas actuales. Por un lado, estamos llamados a hacer de Buenos Samaritanos en los bordes del camino de la vida, pero eso sera solo el principio. Un da llegaremos a ver que todo el camino de Jeric debe cambiarse, para que hombres y mujeres no sean constantemente golpeados y asaltados a lo largo de su viaje por las carreteras de la vida. La verdadera compasin es ms que tirarle una moneda un mendigo. Una verdadera revolucin de valores pronto ver con incomodidad y justa indignacin el evidente contraste entre riqueza y pobreza. Mirar ms all del mar y ver a los capitalistas occidentales invirtiendo enormes sumas de dinero en Asia, frica y Amrica del Sur, slo para extraer ganancias, sin preocuparse por mejorar las condiciones sociales de los pases, y dir: "Esto no es justo". Ver nuestra alianza con los terratenientes de Amrica Latina, y dir: "Esto no es justo". Ver que la arrogancia occidental de sentir que puede ensearle todo a los dems y no aprender nada de ellos no es justa. Ver el orden mundial y dir de la guerra: "Esta forma de resolver las diferencias no es justa". Este asunto de quemar seres humanos con napalm, de llenar de viudas y hurfanos los hogares de nuestra nacin, de inyectar el veneno del odio en las venas de la gente, de devolver a casa, desde los sangrientos campos de batalla, hombres mutilados y alterados sicolgicamente, no puede reconciliarse con la sabidura, la justicia y el amor. Una nacin que ao a ao continua gastando ms dinero en el presupuesto militar que en programas sociales, se acerca a la muerte espiritual.

Ay amigos, si hay algo que debemos ver hoy, es que estos son tiempos revolucionarios. En todo el planeta hay pueblos que se levantan contra los viejos sistemas de explotacin y opresin, y de las heridas del debilitado mundo nacen nuevos sistemas de justicia e igualdad. Los descamisados y los descalzos se estn levantando como nunca antes. Quienes estaban en la oscuridad han visto una gran luz. E inconscientemente dicen, como dice una de nuestras canciones de libertad: "No dejare que nadie me engae!" Es triste ver que, debido al confort, a la complacencia, al morboso miedo al comunismo, y a nuestra tendencia a adaptarnos a la injusticia, las naciones occidentales, que en gran medida generaron el espritu revolucionario del mundo moderno, ahora se hayan se hayan transformado en archi-antirevolucionarias. Esto ha llevado a muchos a creer que slo el Marxismo tiene un espritu revolucionario. Por eso, el comunismo representa nuestra falla en crear una verdadera democracia, y en continuar las revoluciones que iniciamos. Ahora, nuestra nica esperanza radica en nuestra habilidad de recapturar el espritu revolucionario, y salir al mundo, a veces hostil, declarando nuestra eterna hostilidad a la pobreza, al racismo, y al militarismo. Con este compromiso desafiaremos valientemente al status quo, desafiaremos las injustas costumbres, y gracias a esto adelantaremos el da en que "todo valle sea alzado, y todo monte y collado se baje; y lo torcido se enderece; y lo spero se allane. Y la gloria del Seor se manifestar; y toda carne juntamente la ver"

Al final, una genuina revolucin de valores significa que nuestras lealtades deben volverse ecumnicas, mas que parciales. Cada nacin debe desarrollar una lealtad superadora hacia la humanidad como un todo, para poder preservar lo mejor de cada sociedad. Esta demanda de fraternidad universal, que eleve nuestros interese mas all de la propia tribu, raza, clase o nacin, es en realidad una demanda a todos los hombres de un amor incondicional, que lo abarque todo. Este concepto, que frecuentemente es malentendido y malinterpretado, y que tan rpidamente rechazan los Nietzches del mundo por considerarlo una fuerza cobarde y dbil, se ha transformado ahora en una necesidad absoluta para la supervivencia de la raza humana. Y cuando hablo de amor no estoy hablando de algo dbil y sentimental, sino que estoy hablando de esa fuerza que todas las religiones del mundo han considerado el principio de vida supremo y unificador. El amor es la llave que abre la puerta a la realidad ltima y definitiva. Esta creencia en una realidad ltima, comn a hindes, musulmanes, cristianos, judos y budistas, est bellamente resumida en la primera epstola de Juan: "ammonos unos a otros, porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama es nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor se ha perfeccionado en nosotros."

Para terminar, dejenme decirles que me opongo a la guerra de Vietnam porque amo a Amrica. Alzo mi voz contra esta guerra, no enojado, sino con ansiedad y pena en mi corazn y, sobre todo, con un deseo apasionado de ver a nuestra nacin erigirse en modelo de moral en el mundo. Alzo mi voz contra esta guerra porque estoy decepcionado de Amrica. Pero no puede haber una gran decepcin donde no hay tambin un gran amor. Estoy decepcionado por nuestro fracaso en abordar en forma directa y positiva el triple mal del racismo, la explotacin econmica y el militarismo. Estamos actualmente en un callejn sin salida que puede llevarnos al desastre nacional. Amrica se ha extraviado en el terreno del racismo y del militarismo. El hogar que demasiados Americanos debieron abandonar estaba slidamente estructurado, en trminos de ideales; sus pilares estaban slidamente afirmados en los conceptos de nuestra herencia judeo-cristiana. Todos los hombres han sido hechos a imagen y semejanza de Dios. Todos los hombres son hermanos. Todos los hombres son iguales. Todos los hombres son herederos de un legado de dignidad y valor. Todos los hombres tienen derechos que no son otorgados por un estado, ni se derivan de el, sino que son conferidos por Dios. De una misma sangre, Dios hizo a todos los hombres para que vivan juntos en la Tierra. Qu cimientos maravillosos para una casa! Qu lugar mas glorioso y saludable para vivir! Pero Amrica se ha extraviado, y su paseo no le ha causado ms que confusin y desconcierto. Ha dejado los corazones doloridos por la culpa y las mentes distorsionadas por la irrealidad.

Es tiempo de que todos aquellos que tienen conciencia le pidan a America que vuelva a casa. Vuelve a casa Amrica. Omar Khayyam tiene razn: "El dedo escribe, y habiendo escrito, sigue su movimiento" Convoco hoy a Washington. Convoco a todos los hombres y mujeres de buena voluntad en Amrica. Convoco a los jvenes americanos, que deben decidirse hoy a tomar posicin sobre este asunto. Maana puede ser demasiado tarde. El libro puede cerrarse. Y no dejen que nadie los convenza de que Dios eligi a Amrica como una fuerza divina y mesinica para que sea una especie de polica del mundo entero. Dios tiene su forma de enfrentar a las naciones y juzgarlas, y me parece or a Dios dicindole a Amrica: "Eres demasiado arrogante! Y si no cambias tu forma de ser, yo me alzar y quebrar la columna vertebral de tu poder, y la pondr en las manos de una nacin que ni siquiera sabe mi nombre. Estate quieta y conoce que yo soy Dios."

Pero no es fcil tomar posicin por la verdad y por la justicia. A veces implica frustrarse. A veces decir la verdad y tomar posicin implica caminar por las calles con un peso en el corazn A veces implica perder el trabajo y ser objeto de la burla y el escarnio. Y puede implicar que un nio de siete u ocho anos le pregunte a su papa "Por qu tienes que ir a la crcel tanto tiempo?" Y hace mucho ya que he aprendido que ser un seguidor de Jesucristo implica cargar la cruz. Y mi Biblia me dice que el Viernes Santo viene antes de la Pascua. Antes de llevar la corona, debemos cargar la cruz. Cargumosla, por la justicia, cargumosla por la verdad, cargumosla por la justicia, y por la paz. Salgamos esta maana con esa determinacin. Yo no he perdido mi fe. Y no desespero, porque s que existe un orden moral. No he perdido la fe, porque el arco del universo moral es largo, pero se curva hacia la justicia. Todava podemos cantar "Venceremos!" porque Carlyle tenia razn "ninguna mentira dura por siempre". Venceremos porque William Cullen Bryant tenia razn: "La verdad, derribada por tierra, se levantar otra vez." Venceremos, porque James Russell Lowell tenia razn: "La verdad est siempre en el cadalso, y la mentira siempre en el trono". Sin embargo, en ese cadalso se balancea el futuro. Venceremos porque la biblia tiene razn "Cosecharas tu siembra". Con esta fe seremos capaces de sacar una piedra de esperanza de la montaa de la desesperanza. Con esta fe podremos transformar las ruidosas disonancias de nuestro mundo en una hermosa sinfona de fraternidad. Con esta fe podremos adelantar el da en el que la justicia fluir como agua, y la probidad como un potente torrente. Con esta fe podremos adelantar el da en que el len y el cordero yacern juntos, y cada hombre se sentar bajo su propia vid y bajo su propia higuera, y nadie tendr miedo porque las palabras de Dios lo han predicho. Con esta fe podremos adelantar el da en que en todo el mundo podamos tomarnos de la mano y cantar las palabras del negro spiritual "Libres al fin! Libres al fin! !Gracias Dios todopoderoso, al fin somos libres!" Con esta fe cantaremos, de la misma manera en que nos preparamos para cantar ahora. Los hombres transformarn sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces. Y no se alzarn nacin contra nacin, ni estudiarn mas la guerra. Y yo no se ustedes, pero yo nunca mas estudiar la guerra.

Notas

[1] Se refiere a las protestas contra la segregacin en las cafeteras, en las cuales los negros slo podan comer en la barra.

[2] Los Viajes de la Libertad consistan en mnibus con negros y blancos que recorran los estados del Sur, en protesta por las polticas de segregacin en el transporte pblico.

[3] En 1965 se realiz una serie de marchas desde la ciudad de Selma hasta la de Montgomery, ambas en Alabama, para pedir por los derechos de los votantes negros. La polica y los gobernadores trataron de suspenderlas y hubo una violenta represin. Jim Clark era el sheriff de Selma, y Bull Connor un poltico y polica de la misma ciudad

Link al texto: www.informationclearinghouse.info/article16183.htm

Link a un video del sermn: http://www.youtube.com/watch?v=b80Bsw0UG-U


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