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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-01-2011

Una imagen sobre la esperanza
La Revolucin en Tnez, partera de la prensa libre

Jos Daniel Fierro
Rebelin


Hace algo ms de dos aos Tnez vivi un levantamiento popular en la regin minera de Gafsa. Durante cuatro meses la polica reprimi de manera sangrienta y con total impunidad una revuelta ocultada y silenciada por la prensa occidental. En el pas las cosas no fueron muy diferentes, el ministerio de Propaganda controlaba y censuraba todos los medios de comunicacin. Fahem Boukadous, un periodista que trabajaba para una televisin va satlite, fue condenado a cuatro aos de crcel acusado de asociacin criminal y de difundir informacin que atentaba contra el orden pblico.

La prensa libre nunca existi en Tnez. Hasta ahora.

Un da despus de la cobarde huida del dictador Zine El Abidine Ben Al la Asociacin de Periodistas de Tnez convoc una asamblea para decidir el futuro de la profesin. El veterano Baouri lo explic as: Slo nos queda ser libres. Si ahora no lo hacemos, si ahora no vencemos el miedo y asumimos la responsabilidad de informar, la revolucin morir. En la misma lnea se expres Abdrauf Bahi: Ahora nos toca a nosotros. Debemos acabar esta revolucin. El pueblo nos ha dado una responsabilidad histrica y le debemos la informacin que necesita. Nadie debe volver a decirnos sobre qu escribir. Bahi propuso adems ocupar los medios propiedad de la familia Ben Al y socializarlos.

La prensa local ha estado ausente de la revuelta. Al Yazira ha sido la cadena ms vista y Facebook el gran medio de comunicacin alternativo. Los medios de comunicacin tunecinos se han desacreditado an ms, si eso era posible, durante estos das. Mientras el pueblo armado con banderas y consignas se bata en las calles contra las balas de la dictadura, la televisin del Estado emita ftbol o documentales sobre pesca y animales.

El martes el principal peridico del pas, el boletn del rgimen, La Presse, defensor de la dictadura hasta la asfixia [1], publicaba un editorial que bajo el ttulo de La hora de la verdad lamentaban los aos en que los periodistas haban estado afectados por un balbuceo teido de alusiones de sumisin a los patrocinadores de la censura sistemtica, la desinformacin, el optimismo petulante.... Pero ahora que, de pronto, el pas se sobresalta, se despierta, se levanta, reivindica su derecho a la supervivencia. En concreto: su derecho a la dignidad!, tanto la redaccin como los servicios administrativos y tcnicos de La Presse decidieron en asamblea poner en prctica la libertad de prensa a fin de romper la conspiracin de silencio, para salvar la vida de nuestros jvenes y la dignidad de nuestro pueblo, para que podamos completar el ejercicio de nuestra profesin, nuestro deber con las exigencias de nuestro cometido: la bsqueda de la verdad, la objetividad en el enfoque periodstico, la libertad de expresin y el respeto absoluto a la tica profesional.

Para ello, los trabajadores de La Presse y Assahafa (otro peridico del mismo grupo editorial) decidieron por unanimidad, con los medios con los que pudieran contar y a la espera de nombrar a un nuevo equipo directivo, erigirse en periodistas libres dedicados a esta emergencia [nacional]: dar cuenta de la inquietud social, poltica y cultural que ocupa a todo el pas y a todos sus integrantes. Es ste un servicio periodstico en beneficio de nuestra sociedad, estamos decididos a garantizar sus experiencias, aspiraciones einquietudes junto a todas sus demandas reales. Vamos a defenderlo dentro del estricto respeto a la libertad de eleccin y a la diversidad de todas las sensibilidades polticas y culturales.

La libertad de prensa, hasta hace unos das desconocida e impensable en el pas, ha sido concebida gracias a la integridad y la capacidad de lucha de todo un pueblo. No ha hecho falta el dictamen de las instituciones, pues la voluntad revolucionaria gobierna en las calles. Es slo un paso ms en el camino hacia la verdadera democracia que ha decidido iniciar el nuevo Tnez.

Nota:

[1] Durante aos La Presse destin, todos y cada uno de los das, un espacio de su portada a exaltar al tirano. Tan perenne como la cabecera del diario era la sempiterna foto de Ben Al y su crnica donde se relataba su ltima inauguracin, visita, discurso, recepcin, valoracin, propuesta... El archivo grfico del peridico debe de estar rebosante de millones de instantneas inditas del dictador. Ahora, ni al peso hay quien las quiera.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

rCR



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