Portada :: frica :: Revueltas en el norte de frica
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-01-2011

Una imagen sobre el orgullo
En Tnez germina la fraternidad

Jos Daniel Fierro
Rebelin


De Mohamed Bouazizi se ha escrito en miles de pginas durante el ltimo mes, pero nicamente para repetir las mismas palabras: inmolacin, joven desempleado, vendedor ambulante. A la prensa seria solo le interesa la banalidad del morbo, las historias truculentas que castigan a la gente sencilla. Como si fuera la propia naturaleza, o la inescrutable seal de un dios vengativo, la que trae las desgracias. As extienden el manto de la resignacin y la apata, el mensaje de que no se puede luchar contra el destino y de que nada de lo que hagamos cambiar las cosas.

No es ese el mensaje de los familiares de Mohamed Bouazizi, y convendra recordarlo bien alto. Hijo de un jornalero, miembro de una familia numerosa, el universitario Mohamed venda en las calles de un pas donde la riqueza y las oportunidades se han concentrado durante dcadas en manos de una pequea elite. Los jvenes como l eran despreciados y maltratados por ser pobres hijos de obreros.

Ahora su madre, Mannoubia, se siente arropada pues mucha gente le dice que no slo ella sino que toda la ciudad ha perdido a un hijo. Estoy orgullosa de lo que hizo. Es bueno saber que mi hijo tuvo un papel en cambiar las cosas", asegura. Toda la familia est sumida en el dolor, pero convencida de que Mohamed se alz para defender sus derechos despus de aos de abusos sufridos. Un poderoso cacique local les haba embargado sus tierras, su padre haba muerto extenuado por el trabajo en la construccin. Su madre, que trabaja en una granja, y su padrastro, tambin obrero de la construccin, no llegan a juntar cuatro euros al da de salario. "El da que Mohamed se quem fue como si un pequeo rbol ardiera, pero sus races quedaron profundamente plantadas en el suelo", asegura su ta Radia. Y aade: rezo para que el pueblo tunecino no pierda esta oportunidad para la revolucin. Echo mucho de menos a mi hermano -aade orgullosa Samiya-, pero su martirio permiti liberar Tnez. Dicen que el sueo de Mohamed era comprarse una camioneta para no tener que empujar su carro todo el da, pero en lugar de eso encendi una Revolucin.

Ahora es famoso en todo Tnez y en el mundo rabe, casi una leyenda. Los habitantes de su pueblo, Sidi Bouzid, le elogan igualmente, gracias a l se puso en marcha lo que denominan la "revolucin popular". En el exterior del Ayuntamiento (en el mismo lugar en que fue golpeado y humillado) un mosaico de azulejos reproduce su rostro sonriente, y por las calles los grafitis conmemoran su nombre y nombran la ciudad como un lugar de libertad.

Jaber Hajlawi, un abogado en paro de 22 aos vecino de los Bouazizi, explica: estbamos mudos antes de que Mohamed nos enseara que debamos de reaccionar. Mi hermano tiene un doctorado pero trabaja en un supermercado. El problema es que los ttulos no valen nada, todo es cuestin de a quin conoces. Ahora, esperamos que las cosas cambien. Quiero mi libertad y mis derechos. Quiero trabajar. Quiero un trabajo. El joven Issawi, jornalero desempleado, alega en defensa de su dignidad: no quiero tener que depender de favores polticos o sobornos para obtener un trabajo. Tenemos que limpiar el sistema". Ziad al-Gharbi, amigo de Mohamed, afirma que en el pueblo Todos le tenemos un gran respeto. Es el verdadero lder de nuestra revolucin, el hroe de la juventud. Se sacrific por sus derechos y por los de los dems.

La llama de la revolucin no prendi en los tunecinos por solidaridad hacia Mohamed o su familia. La indignacin, largos aos contenida, explot porque sintieron en carne propia lo que le haba ocurrido a l. Porque el suplicio de Mohamed poda haberle sucedido a cualquiera. Como nos recuerda John Brown [1], la indignacin es, conforme a la definicin que da de este efecto la tica de Spinoza "un odio hacia quien hizo mal a otro". La indignacin deriva directamente de la emulacin de los afectos que caracteriza al ser humano como individuo cuya identidad depende siempre del otro. La indignacin es, adems, contagiosa. Lo que le ocurre a otro, me est ocurriendo a mi.

Es justo lo contrario de lo que sucede en los pases penetrados por el capitalismo, donde la "desidentificacin" del ciudadano medio con las vctimas abona el campo de la apata y la insensibilidad, mientras el poder aprovecha para sembrarlo todo de miedo al otro. El fascismo avanza haciendo creer que los extranjeros son la causa de la liquidacin del bienestar social exigida por las polticas neoliberales o que los gitanos son responsables de la inseguridad.

Mientras tanto al otro lado del Mediterrneo, en Tnez, germina la fraternidad.

Nota:

[1] Tnez, la revolucin tan cerca: http://rebelion.org/noticia.php?id=120839

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

rCR



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter