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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-01-2011

Con la iglesia hemos topado

Carlos Tena
Rebelin


Ms de dos mil aos despus del presunto sacrificio de Jess de Nazaret, en aras del gnero humano, sus seguidores y fieles discpulos se dedicaron hasta ayer mismo a la noble tarea de la evangelizacin del mundo, llevando a los hombres y mujeres que nada saban de aquel profeta de Beln (pero s de otras deidades ms cercanas), una cruz y una espada con las que cercenaban las ideas y la cabeza, respectivamente, para demostrarle al orbe que el Hijo de Dios haba llegado al planeta Tierra, prometiendo cielo y paraso a los desheredados de la fortuna, e infierno y castigo a los ricos epulones, pecadores e inmorales.

Ms de dos mil aos despus de la presunta crucifixin de aquel rab, los inmorales, pecadores y potentados ocupan el paraso terrenal, mientras que los pobres y miserables han de contentarse pensando en que, despus de esta vida de angustia y sufrimiento, se les ha prometido una estancia eterna al lado del Seor. Muchos de ellos y ellas no estn satisfechos con tal posibilidad. No s, pero me da en la nariz que hay pocas personas que se hayan convencido de que despus del ltimo suspiro, va a llegar un ngel para llevarles a la presencia del Ser Supremo.

Ms de veinte siglos despus de la fundacin de la Iglesia cristiana (con todas sus variantes, papas, concilios, escisiones y herejas, invasin de naciones, pases, tribus y pueblos de los cuatro puntos cardinales), la riqueza y el dinero impregnan la existencia de los mensajeros del Dios de los cristianos, cuya actividad ms destacada es una llamada de atencin constante a los gobiernos que se declaran socialistas (es decir, a los sistemas que tienen como meta la igualdad, la salud, el trabajo, la cultura y la vivienda para todos los seres humanos), recriminndoles, con mayor o menor enfado, el sagrado cumplimiento de las libertades, entendidas como la facultad que tienen veinte familias muy devotas para monopolizar los bienes de un pas. Ah, y sus medios de comunicacin.

Ms de veinte siglos despus de la presunta ejecucin de Jesucristo, esa Iglesia cierra filas en torno a sus cuentas corrientes, se niega a condenar (pero s lamentar) los miles de casos de pedofilia y abusos sexuales de menores protagonizados por los representantes de aquel enviado de Dios. Hasta se da el caso de que un seguidor de Hitler, el actual papa Benedicto XVI, fuera elegido como sucesor de San Pedro en la tierra, se supone que para dejar sentada la complacencia hacia el nazismo del divino redentor. Claro, cmo no, si le mataron los judos, dice una vecina del PP.

La expansin del cristianismo se ha distinguido a lo largo de ese tiempo por haber invadido a sangre y fuego, en nombre de la bondad y la fraternidad, a media humanidad, desde Europa a Latinoamrica, desde el lejano Oriente al ocano rtico, masacrando civilizaciones, etnias, culturas y poblaciones que adoraban otra clase de deidades, que aunque crueles en sus exigencias de sacrificios y ofrendas, les eran ms propias que los latigazos y hogueras de aquellos frailes, curas, sacerdotes y obispos, encendidos de clera ante el paganismo que hallaban durante sus santas guerras.

El Cardenal Rouco Varela se acaba de reunir con Zapatero para ver qu pasa con el dinero de la Iglesia Catlica espaola en estos tiempos de crisis. Y pregunto:

No deberan ser los fieles, quienes sostuvieran econmicamente a sus predicadores?

No es ms lgico que los madridistas sean quienes sustenten a su equipo?

No son los ciudadanos espaoles de cualquier ideologa, credo, sexo o raza, quienes soportan al estado con sus impuestos?

No es el estado el que con el dinero de todos financia la ruina de los bancos privados?

No es lgico que fueran los militantes quienes nutrieran las arcas de sus partidos polticos?

Qu hace entonces un presidente de gobierno discutiendo acerca de los bienes de la Iglesia, si la labor de esta multinacional es ante todo de carcter espiritual?

Qu pinta este monopolio recibiendo de las arcas del estado, no slo millones de euros, sino edificios, suelo urbanizable, exenciones tributarias, rebajas de impuestos, y mil triquiuelas ms, dignas no de un colectivo que se diga cristiano, sino de un aquelarre tan intil como rastrero?

Dos mil aos de impostura, de hipocresa, de defensa de las dictaduras ms asesinas y genocidas, de apoyo a las masacres pero condena de la violencia, de alerta ante la inmoralidad pero silencio y lgrimas de cocodrilo ante los casos de pederastia propios.

Dos mil aos de publicidad engaosa, de spots gratuitos en todas las cadenas del mundo, de financiacin procedente de la droga y la especulacin. Y an as, cada da hay menos muchachos que acudan a los seminarios para hacerse sacerdotes e impartir las enseanzas de Jess entre los pobres y desheredados.

Cada da hay menos vocaciones entre las jvenes para dedicarse a emular a la madre Teresa de Calcuta. Eso ya son cosas de algunas ONG y sus monaguillos a lo Alejandro Sanz, estremecindose por los millones de nios infectados de SIDA en el tercer mundo, evadiendo impuestos a parasos fiscales, o en el colmo del sarcasmo, apoyando a las multinacionales de la industria farmacutica, que se niegan a fabricar medicamentos baratos.

Pero afortunadamente cada da hay ms sospechas fundadas de que la Iglesia Catlica, y todas las dems, son mucho ms que el opio del pueblo. Son su contaminacin, sus heces, su castigo, su paranoia, su prisin y su muerte. No soy ateo, sino agnstico; nunca he pegado o maltratado a una monja o un hermano marista. Jams he insultado a un sacerdote, aunque fuera el confesor de Rubalcaba. Prometo que no soy anticlerical profundo, pero lo que no soporto es la impunidad del delito en sesin continua, la impostura durante veinte siglos, la mentira desde hace dos mil aos.

Qudese Dios en el corazn de cada cual y encirrense en las chabolas, chozas y favelas del mundo, todos aquellos que campan en el Vaticano, que simpatizan con el Papa y sus enseanzas, para cumplir lo que les orden su lder espiritual. Mientras tanto, lo que ms me llama la atencin es la piedad del ser humano para con sus impostores, sus verdugos y torturadores.

Y es lo que yo digo: Rousseau tena toda la razn cuando hablaba de que el ser humano es bueno por naturaleza. Un da crucificaron a Cristo, pero de 264 papas que ha habido en la historia, solo veintiuno murieron como mrtires; cuatro fallecieron en el exilio y uno en la crcel. A esa lista se pueden aadir otros nueve pontfices que desaparecieron en circunstancias violentas: seis fueron asesinados, dos la palmaron por las heridas en el curso de revueltas y uno por el derrumbe de un techo. Dos papas fallecieron vctimas de su glotonera: Pablo II muri en 1471, despus de haber comido dos melones enormes, y Clemente XIV que se fue al otro mundo en 1774 por una indigestin.

Ah y el papa Juan Pablo I, quien falleci tras ingerir una sopa que le llev a la cama una monjita, preparada al parecer en la cocina del cardenal Ratzinger. No se hizo la autopsia al cadver, ni se analiz el lquido, por obvias razones que slo el Vaticano y el Seor conocen. Por eso no me fo ni de Dios. Y menos an de Rouco Corleone Varela.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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