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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-01-2011

La paradoja de la revolucin tunecina

Ayoub Massoudi
nawat.org

Traducido por Roco Anguiano


No me ha gustado el planteamiento de algunos comentaristas nacionales e internacionales que hablan de Tnez refirindose a una revuelta popular que, a falta de lder poltico, no se ha convertido todava en una revolucin. Lejos de las consignas, los rumores y las leyendas populares que suele inventarse la gente en estos tiempos de euforia, es necesario hacer un anlisis objetivo y veraz para entender la realidad del acontecimiento histrico que est viviendo Tnez. Para ello, debemos reflexionar basndonos en datos reales.

El 15 de enero de 2011, Ben Al cedi a la presin del pueblo y huy hacia un destino desconocido para el pblico, se dice que lo ha acogido Arabia Saud, algunos hablan de agentes de la CIA que lo habran secuestrado en el ltimo momento, otros hablan de agentes del Mossad... Eso ahora no tiene importancia, el pueblo ha vencido al dictador. No hay duda de que a partir de ahora esa fecha ser la ms importante de la historia de Tnez. S, los tunecinos han hecho una revolucin.

As que presentar primero los logros de la revolucin tunecina que, adems, es nica en su gnesis, sus caractersticas y sus mtodos. Luego, en segundo lugar, explicar la paradoja a la que se enfrenta esta revolucin a la que todos los tunecinos, hombres y mujeres, de los parados a los jvenes, de los lderes de los partidos polticos a los representantes sindicales, deben dar una respuesta.

La revolucin tunecina ha alcanzado dos logros significativos que solo pueden augurar un futuro mejor par Tnez. La primera conquista de esta revolucin es la derrota de la familia mafiosa (Ben Al a la cabeza y su gran squito de parsitos, desde los Trabelsi a los Chiboub, Mabrouk, Materi...). Este primer triunfo es esencial porque tiene un gran significado simblico, el de un pueblo que ha vencido a una tirana de una crueldad que sobrepasa todo lo imaginable. Los Trabelsi no se conformaron con saquear las riquezas del pas (recursos naturales, patrimonio nacional y cultural, mercados pblicos y privados, bancos...), se organizaron en grupos armados para intimidar, asesinar y cortar de raz cualquier voz que se elevara contra sus fechoras. Se trata de una victoria contra la corrupcin que encarnaba esta familia de ladrones y la reivindicacin por parte del pueblo de una meritocracia en la que no exista la corrupcin y solo prevalezca el talento. El final de los Trabelsi es un mensaje claro a los que estuvieran tentados, en un futuro cercano o lejano, de aprovecharse de su proximidad al poder para acaparar bienes pblicos o privados de forma totalmente ilegal. Dicho esto, el esfuerzo de la sociedad civil debe proseguir para pedir cuentas a esas familias y devolverle al pueblo lo que pertenece al pueblo y para presionar a la justicia y al Estado para que se juzgue a los saqueadores y se hagan pblicos los resultados de ese juicio y el alcance de los daos materiales y humanos causados por esta mafia antes y despus de la huida del dictador.

El segundo logro para m es ms importante; se trata de la emancipacin de la palabra, prefiero decirlo as antes que hablar de una libertad de expresin que implica una prensa libre, medios de comunicacin abiertos al debate pblico, portavoces de la palabra de la calle y de lo poltico en toda su diversidad... Esto no sucede todava hoy, pero adems llevar tiempo y necesitar la implicacin de todos los ciudadanos. Pero esa emancipacin de la palabra, la estn viviendo ahora los tunecinos plenamente y les permite recuperarse del traumatismo de varios aos de humillacin y de empobrecimiento intelectual y poltico. Se trata de una terapia de grupo que se lleva a cabo en todas las calles, cafs, casas y oficinas. Esa efervescencia popular es muy positiva y deja entrever un futuro apacible y prometedor, esta emancipacin de la palabra ha evitado tambin que Tnez se pierda en crculos viciosos de violencia y terrorismo.

En definitiva, hay que proteger y reforzar esos dos logros que son la derrota de los Trabelsi y la emancipacin de la palabra, organizarlos y estructurarlos para que puedan dar los frutos esperados. Para conseguirlo es necesario:

- Presionar sobre la cadena de televisin pblica tunecina para que sea por fin el espejo de la sociedad civil y que muestre al mismo tiempo la realidad de la calle en su diversidad y en sus aspiraciones.

- Pedir informes pblicos del progreso de las investigaciones de los crmenes perpetrados por Ben Al, su gran familia, de los Trabelsi a los Mabrouk, los Chiboub, los Materi y cualquier responsable del RCD que haya ordenado, organizado, planificado o permitido actos de tortura u homicidio contra los tunecinos antes y despus de la revolucin.

Tras esta interesante reflexin, pasemos al balance poltico y, con toda objetividad y franqueza, voy a intentar ser lo ms pragmtico posible, porque mucha gente trata a los que piensan como yo de extremistas y revolucionarios (cmo si fuera un defecto!).

Hoy, todo el mundo mira a Tnez con admiracin, salvo algunas dictaduras recelosas que intentan desesperadamente silenciar la revolucin. Pero no hay que perder de vista que hasta la salida del dictador, los escpticos eran mayora, tanto en las filas de la oposicin como en el mundo occidental y rabe. Esto acarrea esencialmente una falta de confianza mutua y una ruptura entre pueblo y elites polticas. Y me gustara compartir aqu una reflexin personal hecha tras observar cmo uno de los partidos de la oposicin llamados radicales se converta hoy en defensor de la poltica de Mohamed Ghannouchi (ex primer ministro de dictador); me estoy refiriendo al PDP (Partido Demcrata Progresista) cuyo lder histrico es Ahmed Nejib Chebbi, ahora miembro del gobierno de transicin de Tnez con el cargo de ministro de desarrollo regional y local, para mi gran decepcin. Sin ser miembro de ese partido, ni de ningn otro, he tratado de cerca con algunos representantes de esa formacin, a cuyos lderes y militantes todava respeto, y he podido apreciar un doble discurso a la vez inquietante y decepcionante. El conjunto de estas consideraciones es lo que me lleva a pensar que la revolucin tunecina se enfrenta actualmente a una paradoja.

Paradoja que se puede resumir en estos trminos: El pueblo tunecino va por delante de su elite poltica, lo que abre un abismo. Por elite poltica me refiero tanto a la oposicin como a los diferentes representantes del poder en todas sus formas (ejecutivo, legislativo y judicial). Este abismo es al mismo tiempo un obstculo para un cambio real y la fuente misma de esa revolucin, lo que viene a confirmar las palabras de Ravirol: Cuando el pueblo es ms sabio que la corona, est muy cerca de una revolucin Este abismo entre elite poltica y pueblo se percibe en distintos mbitos:

1.- El PDP es uno de los firmantes del manifiesto del movimiento 18 de octubre por los derechos y las libertades en Tnez, que desgraciadamente conocen muy pocos tunecinos, y que refleja un consenso muy positivo de diversas fuerzas polticas, liberales, nacionalistas, islamistas y de izquierdas sobre cuestiones fundamentales como la relacin entre Estado y religin, las libertades de la mujer o la libertad de expresin... Ese manifiesto se public el 25 de enero de 2006. Pero algo en lo que insista tambin el manifiesto de ese colectivo era en el rechazo a cualquier exclusin de tipo ideolgico y la aceptacin del otro como punto de partida fundamental y necesario para construir una democracia duradera, estable y sin tensiones. Ahora parece que algunos de los firmantes de ese movimiento se alejan de sus convicciones al aceptar participar en un gobierno transitorio presidido por Mohamed Ghannouchi. Un gobierno que no refleja la diversidad del espacio poltico tunecino y del que se ha excluido a las fuerzas de oposicin radicales de forma deliberada. Aunque no comparto las ideas del Ennahdha, de Rached Ghannouchi o del Partido Comunista de los Obreros de Tnez de Hamma Hammami, estos antiguos partidos tienen una base popular que es necesario respetar y no excluir del espacio poltico. Otros partidos, como el Congreso por la Repblica de Moncef Markouzi, no han sido invitados al debate a pesar de que todos ellos pueden aportar materiales importantes en la construccin del Tnez del futuro.

2.- Al principio de la revolucin, la inmolacin por el fuego de Mohamed Bouazizi y las primeras pequeas manifestaciones en Sidi Bouzid y sus alrededores tuvieron ecos tmidos y ms bien mesurados entre la oposicin, incluido el PDP. Las calles tunecinas empezaban a bullir y el germen de la revolucin era palpable, pero Ahmed Nejib Chebbi se conform con llamar al dilogo con el gobierno para encontrar una salida a la crisis. Yo manifest mi desacuerdo a los representantes del PDP en Pars explicndoles que no se puede pedir al pueblo que sea ms valiente que su elite poltica, y entonces me respondieron que el movimiento no era todava lo suficientemente fuerte para tomar posiciones radicales. En ese momento asent pensando que sin duda haba un clculo poltico y que era necesario confiar en Chebbi, que seguramente adoptara posiciones ms firmes y decididas en el momento adecuado. Ese momento tard en llegar. Tras varios muertos por fuego real en Tala y Kasserine, el PDP tom por fin posiciones alentadoras al declarar que el gobierno ya no era legtimo y era incapaz de realizar las reformas necesarias para sacar al pas de la crisis. Esta declaracin tuvo entonces una repercusin muy positiva en Tnez.

3.- Tras la huida de Ben Al se trataba de formar un gobierno de transicin tomando como base el dilogo con las fuerzas de la oposicin. Al principio, la idea de una fase transitoria y un debate abierto, democrtico y sin exclusin fue ampliamente aceptada por el pueblo y por la elite poltica (pongo siempre las comillas porque no me gusta la palabra elite). Eso supona, claro est, que el gobierno de transicin (algunos queran llamarle gobierno de salvacin nacional... pero eso no tiene importancia) reflejara la diversidad del espacio poltico tunecino y se compusiera de miembros en los que la sociedad civil y las fuerzas pblicas pudieran confiar para llevar a buen trmino la transicin democrtica. La vspera de la publicacin de la composicin del gobierno de transicin, el PDP organiz un debate pblico en Pars al que asist con la esperanza de entender la posicin y la estrategia del PDP, que haba aceptado el dilogo con el RCD para formar el gobierno de transicin. Entonces plante una pregunta sencilla y clara: qu garantas concretas pidi el PDP a Ghannouchi para garantizar una transicin democrtica y sin riesgos de volver atrs? Me respondieron claramente que una de las condiciones era que los ministerios claves (de soberana) como interior, defensa y justicia no estuvieran en manos del RCD. El resultado fue que todos los ministerios claves quedaron en manos del RCD y antiguos smbolos del rgimen de Ben Al se mantuvieron en sus puestos. Chebbi, que qued a cargo del ministerio de desarrollo regional y local, reduciendo as su margen de maniobra de forma significativa, acept a pesar de todo formar parte de esta mascarada. En cuanto a los otros dos miembros de la oposicin (Mustaf Ben Jaafar y Ahmed Brahim), asumieron respectivamente las cargas del ministerio de sanidad y el ministerio de educacin superior y de la investigacin cientfica. Lo que no les permite influir ni ms ni menos que a Chebbi en el liderazgo de la fase de transicin frente a los tiburones del RCD.

4.- Algunos miembros del PDP, para justificar la necesidad del actual gobierno de transicin, han empezado a agitar la bandera de la amenaza a la seguridad y el riesgo de derrocamiento militar en caso de caos. Quiero decirle a esta gente que no han entendido todava que el ejrcito de Tnez es republicano y que no tienen derecho a utilizar la imagen del ejrcito de esa forma demaggica tras todo lo que ese ejrcito ha hecho por el pueblo de Tnez. El pueblo tunecino ha demostrado a su vez que est por encima de esos temores en la seguridad mediante el civismo que ha caracterizado a su revolucin, su excepcional autoorganizacin y su solidaridad.

As, lejos de ser un gobierno de salvacin nacional, es ms bien un intento de salvar el barco del RCD que empezaba a hundirse y que no puede llevar a Tnez a la realizacin de su revolucin. El PDP de Chebbi, al igual que el FDTL de Ben Jaafar y el Ettajdid de Brahim, han sido utilizados como medio para evitar que el viejo navo del RCD se hundiera. No quisiera tratar a esos antiguos elefantes de la poltica de ingenuos, pero incluso un principiante en poltica puede entender que con estas reglas del juego no se puede derrotar al RCD. La separacin completa entre el Estado y el partido no se har en unos pocos das. No se puede deshacer en seis meses lo que se ha hecho en ms de medio siglo. La confusin entre Estado y partido, tanto en las ideas como en los hechos, es el resultado de una poltica antirrepublicana desarrollada por el RCD desde la poca de Burguiba. La poltica de Ben Al contribuy a reforzar esta confusin y a agravarla. El RCD ha fracasado, tras ms de medio siglo encarnando las aspiraciones del pueblo tunecino a la justicia social y a un desarrollo equitativo. Edmund Burke lo dej claro: Un Estado que no tiene los medios para realizar cambios no tiene los medios para mantenerse. El RCD se hunde, Mustaf Ben Jaafar lo ha entendido y se ha retirado del gobierno de transicin; sera ms prudente que Chebbi y Brahim hicieran lo mismo antes de que pierdan toda su credibilidad frente a pueblo. Sera tambin ms sensato para las buenas voluntades del RCD, que sin duda las hay, alejarse de ese partido ruin que ha visto y ha permitido que Ben Al y su mafia saquearan la repblica. Nada les impide formar un nuevo partido y presentarse a las prximas elecciones. Sin embargo, seis meses es muy poco tiempo para llevar a cabo las reformas polticas y constitucionales, permitir que aparezca una alternativa creble y ofrecer la posibilidad a todos los partidos polticos de expresarse.

Para salir de esta paradoja, todos deben asumir sus responsabilidades.

* Ciudadanos y ciudadanas: seguid movilizados para defender la revolucin, los logros son todava frgiles y debemos permanecer vigilantes. Es, adems, el momento de crear asociaciones y agruparse en torno a objetivos que nos unan (defensa de las libertades, apoyo a las vctimas del rgimen, acciones judiciales contra los torturadores...). Los comits de barrio, que garantizan la seguridad en todos los rincones de Tnez, deben ser reforzados. El apoyo popular del ejrcito nacional es un elemento clave, mantened esta actitud y ayudad a las fuerzas del orden en su trabajo.

* Los partidos polticos: asuman sus responsabilidades porque la historia no perdona. Es hora de que entiendan que el pueblo es quien decide y que nadie tiene derecho a excluir al pueblo del debate poltico y de la construccin del Tnez del futuro. Retrense del gobierno de transicin y pidan la disolucin de parlamento y del gobierno de transicin y la formacin de un verdadero gobierno de salvacin nacional formado por todas las fuerzas polticas y sindicales, incluidos los antiguos miembros del RCD que no hayan formado parte del gobierno de Ben Al, que quieran servir a los intereses del pas y que no hayan sido cmplices de los crmenes contra los tunecinos. Es necesario tambin hacer un llamamiento a los jvenes talentos y a los acadmicos tunecinos que puedan guiar a Tnez en las reformas polticas de la fase transitoria. No necesitamos a los tecncratas del antiguo rgimen, no son imprescindibles.

* Periodistas: simplemente hagan su trabajo, el sindicato de periodistas empieza a tomar posiciones decididas e iniciativas muy positivas. Los periodistas de la televisin pblica deben unirse para trabajar con toda independencia y transparencia y conseguir que la cadena pblica se convierta en el espacio de expresin privilegiado de los tunecinos y que nunca ms se censuren las intervenciones polticamente incorrectas.

* Ejrcito y fuerzas de seguridad: Permanezcan unidos y del lado del pueblo, no queremos relaciones de enfrentamiento entre las fuerzas de seguridad y el ejrcito, sino ms bien que se complementen. Necesitamos tanto policas como soldados, solo les pedimos que sean republicanos, apliquen la ley y respecten la voluntad del pueblo.

Viva Tnez unida y solidaria.

Viva la libertad.

Y viva la repblica.

Ayoub Massoudi, 30 aos, musulmn-rabe-tunecino. Ingeniero de Telecomunicaciones y doctor en seguridad informtica, no me considero ni marxista ni capitalista, ni nacionalista ni de ningn dogma poltico que aprisione a los hombres en un conformismo cegador. Pero hay dogmas de los que no quiero liberarme: el amor por Tnez y los tunecinos y la sed de justicia y de conocimiento. Ayoub Massoudi

Fuente: http://nawaat.org/portail/2011/01/21/le-paradoxe-de-la-revolution-tunisienne/ 



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