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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-01-2011

Espaa
Nuestros vecinos esclavos

Ricardo Rodrguez
Rebelin


1.

El portavoz de la asociacin profesional de Inspectores de Hacienda del Estado, Francisco de la Torre, ha afirmado recientemente que, de no ser por la economa sumergida, en nuestro pas ya se habra producido una grave explosin social.


Se trata sin duda de una hiptesis muy creble. Ahora bien, si se quieren hallar los motivos por los que la economa sumergida podra estar ahogando una encolerizada sublevacin ciudadana, cabe enfocar la realidad de varias formas, esencialmente de dos, aun cuando se reconozcan como ciertos los mismos hechos. Que se haga hincapi en uno o en otro enfoque depende de si se desea que la ira en contra de la injusticia por fin estalle o si se persigue, por el contrario, que la sociedad contine anestesiada para facilitar los prximos captulos de demolicin del Estado de Bienestar.


Es posible, de esta manera, apreciar el crecimiento de la economa sumergida, que en Espaa se suele cifrar en ms del 20 % del total de produccin de bienes y servicios, en la medida en que supone una tabla de salvacin para miles de personas y de familias que, sin ella, pereceran de inanicin o al menos caeran en la mendicidad. Exhibiendo el trillado, repugnante y siempre reaccionario valor del mal menor se estima que, al menos y en tanto las cosas no mejoren, la economa irregular permite a no pocos sobrevivir, y sobrevivir, claro, no es poca cosa. Esta argumentacin respaldaba, por ejemplo, la declaracin hace meses de la ex presidenta del INE, Carmen Alcaide, quien aseguraba que es necesario e incluso recomendable un volumen determinado, bien que controlado, de economa sumergida que sirva de vlvula de escape, colchn social y estimule al mismo tiempo la competencia en el conjunto del sistema.


Aparte del estremecimiento que provoca escuchar a quien ocup cargo institucional tan elevado justificando el fraude y el saqueo de riqueza pblica y de derechos sociales (pues qu ocurrira si un juez del Tribunal Supremo asegurase que resulta vivificador para las relaciones personales un porcentaje determinado de violaciones, homicidios o abusos de menores?), salta a la vista que la realidad que se oculta en discursos como el anterior es la que de verdad se desea. Y es que la economa sumergida constituye un submundo de esclavitud, el paraso para nuestra patronal, en el que miles de seres humanos sin derechos han de aceptar las condiciones de explotacin que se les impongan, por duras que sean, a cambio de, simplemente, sobrevivir. Cierto es que la economa sumergida es ms, y que tambin en ella se ocultan caraduras que eluden el fisco y completan con beneficios extra sus ingresos declarados, todo lo cual redunda en perjuicio del conjunto de la sociedad. sta es la parte de perversin, no obstante, que al menos de manera oficial se repudia y se dice censurar (asunto bien distinto es lo que en la prctica se hace por atajarlo). Pero su efecto ms devastador es el de presionar sobre la totalidad de la sociedad para suprimir derechos y atrapar a cada vez ms sectores de la clase trabajadora en las redes de la servidumbre. Hay una trampa obscena en la afirmacin de que un cierto grado de indulgencia en este terreno permitir a quien se haya quedado sin siquiera la ayuda de 426 euros recibir unos ingresos con los que comer, porque es cabalmente el desempleo y la carencia de ayudas pblicas de subsistencia la que empuja a buscar en la servidumbre los recursos con los que siquiera comer. Y se le entrega, y se sabe que se le entrega, a los esclavistas, que son casualmente quienes defraudan a Hacienda y quienes especulan con la riqueza de todos, un ejrcito de reserva subterrneo que, a su vez, se detrae de la capacidad de lucha y resistencia del conjunto de la clase trabajadora.

2.

Hasta aqu, sin embargo, nada de cuanto se ha dicho es desconocido para cualquier ciudadano de izquierdas, o simplemente bien informado. Lo que para muchos quiz pueda constituir una sorpresa es hasta qu punto la economa sumergida forma parte de nuestra existencia cotidiana, cmo se mezcla con la economa regulada y con qu naturalidad se mueven en una y en otra simultneamente las mismas empresas. Constatarlo reforzar la conviccin de que el problema no radica en que los poderes pblicos no hagan lo suficiente por acabar con esta lacra, sino en que deliberadamente la nutran y la protejan. La economa sumergida es un pilar imprescindible para acometer la gran transformacin de nuestras sociedades en comunidades aherrojadas por poderes feudales, sofocando de paso el riesgo de revolucin social.

Cuando un ciudadano comn trata de representarse lo que la economa sumergida es, piensa por ejemplo en trabajadoras inmigrantes sometidas a condiciones salvajes de explotacin en la recogida de la fresa, la ve en los grupos de jvenes en general, tambin inmigrantes- con los que puede encontrarse junto a estaciones de metro y cualesquiera esquinas de nuestras ciudades aguardando a que un hombre en una furgoneta los recoja para llevarlos al tajo, o se acuerda del fontanero y el albail que le hicieron una chapuza en casa sin emitir factura.

Hay, no obstante, un sector de nueva economa sumergida del que no se habla tanto pero que se expande a tal velocidad que en pocos aos podra terminar por convertirse en la forma de vida permanente de la mayora de los trabajadores de nuestro pas. Su particularidad reside en que se desarrolla a la vista de todos y en que a l van ingresando, sin que parezca que nos inquiete, nuestros hijos, los hijos de nuestros vecinos y, puede que no tardando mucho, nosotros mismos, si es que no hemos sucumbido ya. Caminamos a paso de gigante hacia una sociedad en la que lo residual ser la parte de trabajadores con derechos, por pocos que stos sean. Es el trabajo libre, cada da en mayor medida, la excepcin, y por ello mismo fcilmente calificable de privilegiado por la propaganda al uso en los grandes medios de comunicacin. La esclavitud es la norma, o acabar sindolo en menos tiempo del que nos imaginamos.


Los profesionales de la Agencia Tributaria, por ejemplo, e imagino que igual los de otras administraciones que desempean funciones pblicas similares, recibimos cada da en nuestras oficinas, desde hace aos, a los nuevos esclavos. No resalta su condicin en la actualidad por su forma de vestir ni por su manera de conducirse entre nosotros; somos o seremos, en realidad, nosotros mismos; todos podemos pasar de un lado a otro de la frontera en cualquier momento.

Existe una figura muy conocida que refleja bien el supuesto de explotacin al que me refiero. Se los encontrarn ustedes con frecuencia, seguramente han visitado ms de una vez su casa. Hablo de esos jvenes y en ocasiones no tan jvenes- que llaman a nuestra puerta y nos solicitan ver las facturas de gastos domsticos para asesorarnos acerca de las posibilidades prodigiosas de ahorro de que disponemos si cambiamos de compaa elctrica o de gas. Se han preguntado alguna vez cules son las condiciones laborales de estos tenaces representantes comerciales?

Por supuesto, ninguno de ellos dispone de contrato de trabajo ni propiamente salario; trabajan a comisin. Son reclutados por grandes compaas, con frecuencia a travs de empresas de servicios interpuestas. Se les obliga a darse de alta como profesionales por cuenta propia (en el epgrafe del Impuesto de Actividades Econmicas 599 de la seccin segunda, Otros profesionales relacionados con el comercio, que, a diferencia del epgrafe de Agentes Comerciales, no obliga ni siquiera a colegiacin), pero en la inmensa mayora de los casos no estn dados de alta en el Rgimen Especial de Autnomos de la Seguridad Social (dados sus emolumentos, es difcil que puedan correr con el pago mensual correspondiente, y adems, de hecho, las propias empresas les aseguran indebidamente al contratarlos que no han de pagar cotizacin social alguna). Es decir, no cotizan a la Seguridad Social ni, consecuentemente, gozan de ningn tipo de proteccin, pero no contabilizan como economa sumergida puesto que estn dados de alta en la Agencia Tributaria.

Es algo que se sabe. Si se cruzaran las bases de datos informatizadas de actividades econmicas de la Tesorera de la Seguridad Social y de la Agencia Tributaria lo que, por cierto, se aprob como una de las medidas del ltimo Plan Integral de Prevencin del Fraude en Consejo de Ministros de 5 de marzo de 2010 pero no se ha llevado a la prctica- estaran todos los casos detectados al instante. Con comprobar los pagadores se podran poner en marcha los procedimientos pertinentes de sancin a las empresas por vulneracin masiva de derechos laborales. Y tal forma de intervenir, sobre la totalidad, sera la nica posible; las denuncias individuales haran caer toda la responsabilidad legal sobre los trabajadores, puesto que no existe relacin contractual laboral; se castigara a las vctimas de la estafa.

No menos desolador resulta el mecanismo que las compaas utilizan para reclutar a estos comisionistas. Se les ofrece un periodo de prueba, en general de un mes, en el que deben conseguir cerrar un nmero mnimo de contratos diez, por ejemplo. Si pasado el mes, el candidato solamente cierra ocho o nueve contratos, la empresa no le paga nada (o, como mucho, le paga una cuanta exigua por las molestias), pero naturalmente se queda con los contratos conseguidos. O no del todo. Porque si el candidato fue captado por otro comisionista, las comisiones de los contratos de aqul se las reparten la empresa y el captador. Lo que conduce a un sistema de estafa piramidal clsico, en el que los fracasados trabajan gratis durante un mes (cuntos miles de contratos de quienes no alcanzaron el mnimo acumulan las empresas sin haber pagado ni un cntimo a cambio?) y los triunfadores entran en una dinmica de rivalidad delirante que les impulsar, no slo a lograr el mayor nmero de contratos, sino a captar a otros comisionistas con el deseo de que fracasen para arrebatarles las comisiones de sus contratos.

En una administracin media de la Agencia Tributaria en Madrid pueden estar dndose de alta del orden de diez a veinte profesionales de este tipo a la semana. Sumen todas las administraciones de la comunidad autnoma, todas las del Estado. Aadan otras muchas figuras nuevas: administrativos contratados tambin como profesionales autnomos, los llamados coordinadores de transportes (en realidad, trabajadores de empresas de logstica que reciben y distribuyen encargos por telfono pero que carecen de contrato laboral), incluso camareros autnomos (a los que, siguiendo una consulta de la Direccin General de Tributos publicada en la pgina web de la Agencia Tributaria, se obliga a darse de alta como Otros profesionales relacionados con la hostelera, epgrafe 799 de la seccin segunda del IAE).

De cuntos hablamos? De qu proporcin? Se da la circunstancia paradjica de que, al esconderse en frmulas legales de trabajo por cuenta propia lo que en realidad son relaciones de dependencia laboral aunque sin derechos reconocidos, no forman parte de la cuanta calculada en ningn estudio como economa sumergida pero que, justamente por ello, constan en registros pblicos. Bastara con tomar la decisin poltica y administrativa pertinente para hacer desaparecer estas formas de explotacin y actuar contra los explotadores. Sobra aclarar que son ciudadanos sin derechos cvicos reales de protesta y reivindicacin, por no hablar del derecho de huelga. Aparte de que su conciencia social se encuentra triturada por la urgencia de acabar con los rivales de la misma condicin para sobrevivir, lo que estrangula todas las vas de solidaridad.

A nadie se le escapa que la organizacin social es abrumadoramente difcil en esta rea de nuestra realidad ms prxima. Pero ah est. O la afrontamos, para lo cual es imprescindible comprender que debemos afrontarla, por lo menos, o nos aplastar a todos, ms tarde o ms temprano.

 

 


 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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