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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-01-2011

Hait: peor imposible

Marcos Roitman Rosenmann
La Jornada


El regreso de Jean Claude Duvalier al escenario de sus crmenes no es una buena noticia. Menos an cuando su vida en Francia se caracteriz por el lujo y el despilfarro. Sin ser requerido por autoridad internacional alguna, ni imputado por cometer crmenes de lesa humanidad, su estancia desde 1986 puede entenderse, a la luz de los acontecimientos, como unas vacaciones pagadas. Seguramente Baby Doc ha tenido mejores das. Nacido en 1951, en su memoria debe figurar como un momento inolvidable su nombramiento como presidente del pas, en 1971. Su padre, autoproclamado presidente vitalicio en 1964, cambi la constitucin, rebajando la edad para que Jean Claude pudiera sucederlo en el poder. Su coronacin se hizo en medio de fastos y algarabas. Igualmente su boda con Michel lo haca ser envidiado. Una fiesta, que duro das y cuyo costo super los 3 millones de dlares, marc el clmax. Los invitados rendan pleitesa y los novios se juraban amor eterno. Sin duda, todo le marchaba a pedir de boca: eran los dueos del pas y disponan de su territorio y su gente como quien dispone de sus esclavos y siervos. Incluso el papa Juan Pablo II lo visit en 1983, en medio de la represin y la muerte, dndole gracias por salvar al pas del comunismo internacional.

Cinco aos ms tarde, Estados Unidos le quitara su apoyo y patrocinara un golpe de Estado, encabezado por Henri Namphy, en medio de revueltas y protestas populares. Ni sus grupos de choque, los tristemente celebres Leopardos, primos hermanos de los Tonton Macoutes, fuerza de choque creada por su padre, pudieron evitar el bochorno de ver salir a su protegido al exilio y profanada la tumba de su Papa Doc. En cualquier caso, mientras estuvo en el poder, su fortuna creca y creca. Estimada en cientos de millones de dlares, sus orgenes hay que rastrearlos en el gobierno de su padre desde 1957. Cuando Baby Doc sali de Puerto Prncipe, lo hizo acompaado no slo de su familia, adems llevaba consigo 100 millones de dlares en efectivo. Su llegada a Francia fue el inicio de sus desgracias. Los nubarrones hicieron aparicin en su vida. Ya nada sera color de rosa. El divorcio en 1992 merm su fortuna. Cuentas bloqueadas y la necesidad de financiar las excentricidades de su madre Simone, hasta su muerte en 1997, y de su hermana Marie Denise, han hecho que sus arcas se encuentren casi vacas. An as, no hablamos de un menesteroso. An posee propiedades y unos cuantos millones de dlares. Para muestra, digamos que en 2010 una de las cuentas bloqueada desde 1986 fue liberada. La suma disponible es de 4 millones de dlares. Cantidad nada despreciable.

No cabe duda de que el regreso del tirano tiene que ver con la necesidad de retomar el poder. Su decisin ha sido meditada. En 2004, tras el derrocamiento de Aristide, anunci la intencin de presentarse a las elecciones presidenciales de 2006. En esa ocasin utiliz como escudo el Partido de la Unidad Nacional. Aunque la amenaza de hacerlo no llego a concretarse, la noticia uni a los excolaboradores de la dictadura y sent las bases para negociar su retorno. En 2006 cre la Fundacin Franois Duvalier con un doble fin: quitarle el carcter de tirana a los aos de terror del rgimen implantado por su padre, y segundo, convertirla en una plataforma para limpiar su nombre. El asesinato, la extorsin, el robo y la tortura dejaran de ser las seas de identidad de su rgimen. No deba hablarse de ello como una parte constituyente del mismo, as se dar un giro copernicano a la interpretacin de los hechos acaecidos durante 1957 y 1986. Cobran relevancia la construccin de escuelas, hospitales y las obras de caridad emprendidas por su mujer. Una visin idlica y ms acorde con la imagen de un Jean Claude Duvalier estadista. Un hombre de Estado, preocupado por el destino de sus conciudadanos. Sus asesores le aconsejaron un cambio y as lo hizo. En 2007 hizo pblico un mea culpa. Pidi perdn, dando a entender que se haba regenerado. Dijo estar en bancarrota y solicit la absolucin a sus pecados. Era como empezar de cero. De esta guisa, ni Papa Doc ni Baby Doc, quienes se mantuvieron en el poder desde 1957 hasta 1986, seran los nicos responsables de las condiciones en las cuales vivi la poblacin durante esos 30 aos. Las enfermedades propias de la desnutricin, los dficit sanitarios, la falta de medicamentos, el analfabetismo y los altos ndices de mortandad infantil habra que achacarlos a la mala suerte.

En medio de esta vorgine poltica, el terremoto supondra un punto de inflexin en el proceso poltico haitiano, ya de por s controvertido, cuyos intentos democrticos haban sido birlados utilizando los clsicos mecanismos del fraude electoral. Igualmente, la permanencia de las fuerzas militares de la ONU, llamadas eufemsticamente fuerzas de paz, no han garantizado nunca el desarrollo de un proceso poltico transparente; por el contrario, han profundizado la idea de ser un pas con soberana limitada, donde no hay espacio para alternativas de progreso. Tras el terremoto, los problemas se multiplican. Ya no se trata de pedir cuentas a la comunidad internacional por su indolencia y no cumplir los acuerdos en el envo de ayuda para la reconstruccin. Pasado un ao, la situacin empeora y las demandas de democracia y justicia social se ven ahogadas en unas elecciones presidenciales donde el fraude electoral se ha generalizado. En este contexto, el regreso de Baby Doc supone un verdadero golpe para asentar una democracia en Hait. Su puesta en libertad por las autoridades haitianas, este 19 de enero, sealando que no ser juzgado por crmenes de lesa humanidad, es un insulto a la razn, una falta de respeto a los haitianos. Pensar que un tirano, cuyo rgimen ha sido considerado uno de los ms crueles de la historia contempornea, puede regresar, ser candidato a presidente y volver a gobernar, supone asestar otro duro golpe a quienes defienden y creen en la democracia representativa. Ellos tienen la palabra; estamos pendientes. Pero sus intelectuales y publicistas prefieren encogerse de hombros, guardar silencio y aplaudir su retorno en condicin de cmplices. Corren malos tiempos para la dignidad, la justicia social y la democracia.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2011/01/29/index.php?section=opinion&article=018a1pol



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