El Departamento de Estado norteamericano hizo público el pasado 28 de febrero su informe anual de Derechos Humanos. En un documento de más de mil páginas, el gobierno Bush se adscribe la competencia de la valoración de cada país del mundo, menos Estados Unidos porque, al parecer, no necesita ser auditado.
El resumen de tres páginas que edita la web del Departamento de Estado (http://usinfo.state.gov/esp/Archive/2005/Mar/01-599051.html) no tiene desperdicio para entender el modelo de análisis de algo tan serio como los derechos humanos. Para empezar, comienza el resumen con dos países a los que les dedica un tercio del informe, Cuba y Venezuela.Entre las violaciones del gobierno de Fidel Castro está la
restricción de los “derechos de viajar”. Original comentario porque son
los norteamericanos los que tienen prohibido viajar a Cuba y en
dirección contraria, de Cuba a EEUU, las limitaciones, en número y
selección de personas, también corresponden a EEUU en virtud de los
acuerdos de emigración establecidos con Cuba. Dice el resumen también
que “el régimen cubano” durante 2004 sigue “arrestando arbitrariamente,
deteniendo, encarcelando y difamando a los defensores de derechos
humanos y los miembros de asociaciones profesionales independientes,
inclusive periodistas, economistas, médicos y abogados”. Sin embargo en
el informe solo identifican los casos de los detenidos, enjuiciados y
sentenciados en el años 2003 por colaborar y cobrar del gobierno de
Estados Unidos atentando contra la seguridad de Cuba, peculiar modo de
concretar las identidades de las violaciones del 2004.
También
denuncian la “explotación de menores de cara a la prostitución en
Cuba”, dato al menos extraño al tratarse del único país latinoamericano
con toda su población infantil escolarizada según informes de la ONU.
Comenta
también el resumen que Fidel Castro deniega a los “ciudadanos cubanos
el derecho de cambiar su gobierno pacíficamente”, insinuando de este
modo que de forma violenta sí lo podrían hacer.
Para Venezuela
reservan comentarios similares, por lo que parece que el asunto de las
elecciones con formato occidental no afecta al diagnóstico de derechos
humanos de Estados Unidos.
En el análisis de Haití, el resumen
recuerda “el vacío de autoridad posterior a la renuncia del ex
presidente Jean-Bertrand Aristide el 29 de febrero de 2004”. Curioso
modo de denominar el secuestro de un presidente encañonado por marines
norteamericanos.
Pero lo mejor viene después. Dice el informe
que Colombia ha tenido “mejoras significativas en varios índices de
derechos humanos”, a pesar de que “algunos miembros de las fuerzas de
seguridad siguieron cometiendo violaciones graves, inclusive muertes
ilegales y desapariciones forzosas”. Parece que para Washington es una
“mejora” que en Colombia sólo hayan asesinado a 19 defensores de
derechos humanos en el años 2004. Quizá es por eso por lo que en Cuba y
Venezuela no se puede hablar de mejoras, porque allí no hay casos de
“muertes ilegales y desapariciones forzosas” para mejorar. Por cierto,
nos quedamos con la curiosidad de la diferencia entre las muertes
legales e ilegales a manos de fuerzas de seguridad.
También
tiene el informe del Departamento de Estado palabras amables para otros
gobiernos amigos como Guatemala, Ecuador, Jamaica y Paraguay cuyos
“gobiernos respetaron en general los derechos de sus ciudadanos”, con
el pequeño detalle de que “hubo informes dignos de fe de muertes
ilegales cometidas por las fuerzas de seguridad de esas naciones”.
Muertes que no hubo en Cuba y Venezuela, a pesar de que encabezan las
violaciones de derechos humanos. Extraña forma de valorar las políticas
gubernamentales de respeto a esos derechos.
De México y Brasil
también dice que se “respetaron en general los derechos de los
ciudadanos”, a pesar del “estimado extraoficial de 3.000 secuestros
durante el año en México, algunos de ellos con supuesta participación
de la policía”. De Brasil, el otro país que respetó “en general los
derechos de los ciudadanos”, dice el informe que “las fuerzas
policiales estatales, tanto civiles como militares, cometieron muchas
muertes, algunas ilegales”. Recordemos que el número de secuestros en
los países violadores como Cuba fue de cero, el mismo número que
muertos a manos de sus fuerzas de seguridad.
Por si alguien
tenía dudas de los parámetros y criterios utilizados por EEUU para
medir los derechos humanos, un vistazo a este informe le puede ayudar a
conocerlos. Recuérdenlos cuando Estados Unidos hable de derechos
humanos en la Comisión de Ginebra el próximo mes.