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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-02-2011

Evoco, provoco, convoco y revoco

Carlos Tena
Rebelin


Es absolutamente cierto que la provocacin forma parte de una de mis estrategias profesionales. Una aagaza que me ha permitido testear a la sociedad en momentos tensos. Comenc a ponerla en prctica desde que pude trabajar como periodista en varios medios escritos, que alternaba como presentador de radio/televisin. Para muestra, valga este botn, mientras espero que dicha evocacin no sea muy pesada para el lector.

Nada ms ocuparme de mi primer espacio radiofnico (1968), me enter de que circulaba una lista de canciones No radiables (que aumentaba cada semana), lo que me produjo un enorme deseo de violentar dicha orden, aunque de forma sutil. Me explico.

Tras haber comprobado que en un disco del grupo argentino Los Guarans de Francisco Marn, exista una discreta versin del tema Hasta siempre, Comandante, cuyo autor es el cubano Carlos Puebla, pero que la editora haba publicado suprimiendo tal grado castrense, me decid a emitirlo cada tres o cuatro das, hasta que un sicario de Fulgencio Batista (uno de los dictadores ms sanguinarios de Latinoamrica, protegido por la Mafia yanqui, por los gobiernos de Eisenhower-Nixon, y que se refugi en Madrid gracias a Francos y Borbones), denunci el hecho a las autoridades del entonces Ministerio de Informacin y Turismo (donde radicaba orgnicamente RTVE), que comandaba un supernumerario de la clebre secta Opus Dei llamado Alfredo Snchez Bella.

A las pocas horas del chivatazo, mi presencia fue reclamada de el despacho del director de Radio Peninsular, donde se me reclam la entrega inmediata del disco homenaje al comunista Ch Guevara, momento en el que, poniendo cara de pquer, revel, ante al pasmo de mi interlocutor, que dicha grabacin no era de mi propiedad, sino del archivo sonoro de la emisora, filial de Radio Nacional de Espaa.

Llamado urgentemente el responsable de la discoteca, le en el guin correspondiente el nmero del lbum, que una vez en poder del director, fue meticulosamente observado, hasta comprobar que, en efecto, dicha grabacin haba pasado sin problemas la frontera de la censura, por el simple hecho de que el catn de turno no crey probable que, tras un ttulo como Hasta siempre, en un disco del citado grupo folklrico argentino, y para colmo dedicado a temas de amor, se escondiera tamaa cancin. He de sealar, sobre todo a los lectores ms jvenes, que en aquellos aos, todos y cada uno de los discos que se publicaban en Espaa, deban pasar una frrea censura, que como vemos tena algunas grietas, provocadas por la abulia y el desinters en el oficio de algunos de quienes haban de ejercer dicho control.

Lo ms curioso es que, meses ms tarde del incidente, que se sald sin otra factura que la de una bronca ms o menos estentrea, el culpable de que aquella cancin se hubiera colado entre las permitidas, se top conmigo en una calle madrilea. Me mir fijamente, preguntndome si yo era el Carlos Tena de la radio, y ante mi gesto afirmativo, se quej amargamente de lo que se le vino encima por culpa de Los Guarans: tres meses de empleo y sueldo.

Mi condolencia (combinada con simulada sonrisa) fue sincera, por lo que le promet resarcirle de la multa, eso s, poco a poco, lamentando que por una banalidad como aquella, un trabajador metido a censor por obligacin, que no por vocacin, padeciera un castigo semejante. Aquel funcionario volvi a mirarme con gesto de complicidad:

- Te gustan las cosas prohibidas? dijo, mientras miraba con recelo a los viandantes (tal vez pensando en un polica secreta), como un vendedor del Rastro madrileo que carece de permiso oficial.

Entusiasmado por tan atractiva como subliminal oferta, asent de inmediato, y a partir de ese instante, pude disponer, previo pago de una cantidad nada escandalosa, del Canto General de Pablo Neruda, el Diccionario Filosfico de Voltaire, varios ejemplares de obras de Jean Paul Sartre, amn de algunos discos no recomendables por el sistema.

Hoy en da, ese funcionario sigue siendo uno de mis mejores amigos. Luego vinieron ms broncas, ms provocaciones al rgimen, ms censura, ms multas, separaciones de servicio y otras menudencias, comparadas con la satisfaccin de haber visto los rictus de cabreo y frustracin de varios de mis superiores que, oh destino, salieron de sus cubculos con el carn del PSOE, tras haber escondido el de la Falange Espaola.

Evoco esa ancdota porque las cosas no han cambiado, que cantaba mi querido amigo Moncho Alpuente con su grupo Desde Santurce a Bilbao Blues Band. Por ello, convoco a la constante provocacin inteligente, sarcstica, irnica, burlona, para continuar desenmascarando a este rgimen, en el que hasta los dirigentes de los dos sindicatos mayoritarios, aceptan sin rechistar el mayor recorte de derechos del mundo laboral que se ha dado en los ltimos treinta aos. Y revoco mi compromiso de seguir denunciando da a da los desmanes de una dictadura como la borbnica, en la que votar cada cuatro aos para elegir a diputados del mismo partido (PPSOE), constituye la ms vergonzante afrenta institucional que ha padecido la sociedad espaola desde que se decidi que Franco era un hroe a respetar.

Cuando una democracia hace apologa del terrorismo manteniendo toda clase de smbolos asesinos en calles, plazas, iglesias y cuarteles. Madrid, Granada, Burgos, Len, Sevilla, Valencia, Ceuta, Melilla y muchas otras ciudades, no hay tal sistema participativo, sino una burla a la sociedad entera. Y esa situacin no puede tolerarse ms.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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