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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-02-2011

Entrevista a Francisco Fernndez Buey, catedrtico de tica y filosofa poltica de la UPF

Antonio Ontan
Siatuaciones 3

Si por cultura esttica se entiende el conocimiento y el aprecio de la buena msica, de la poesa que sale del alma, de la narrativa innovadora, del teatro creador, del cine con ideas y cosas as, no me cabe duda de que eso se tiene que valorar positivamente. No creo que tal cultura esttica sea emancipadora, pero s al menos reconfortante y, desde luego, se ha reconocer que contribuye a lo que se ha dado en llamar autorrealizacin de las personas.


El sentido general de la charla es el de profundizar en la idea del papel de la cultura, en un sentido amplio, como contribucin a la transformacin social. Podemos acordarnos del prlogo de Walter Benjamin a su escrito La obra de arte en la poca de su reproductibilidad tcnica que se plantea como una contribucin a la revolucin en el plano cultural, en los aos treinta, o en la apuesta por la superacin de la cultura del espectculo de los situacionistas a finales de los sesenta. Cul es la situacin contempornea? Existe un espacio para la cultura disidente?

Espacios para la disidencia cultural sigue habiendo en nuestro mundo, sin duda. Hay espacio, en Internet, como es obvio y se ha dicho tantas veces; pero tambin hay espacios en otros y muy distintos mbitos: en el de la msica, en el cmic, entre los grafiteros, en el campo del ensayo filosfico, en el cine, en el teatro, en las artes plsticas y hasta en la teora poltica y en la teora de la arquitectura... Hay espacios para la disidencia (reducidos y calculados, eso s) en los grandes centros culturales y en los museos. Incluso hay suplementos culturales de cierta prensa peridica que en todo lo dems es bastante conservadora y que aplauden o dan cuerda a tales o cuales manifestaciones actuales de la disidencia cultural. Eso s: poniendo a parir, en las otras pginas, todo lo que huela a anti-sistema. El dominio de la ideologa dominante es ahora tal que la disidencia artstico-cultural no parece preocupar por el momento a los que mandan.

Pero luego hay, sigue habiendo, los espacios de la disidencia cultural que se crean, por as decirlo, sin permiso de la autoridad competente. Ah est la impresionante y conmovedora pelcula de Michael Glawogger sobre la clase obrera marginal en el mundo de hoy: Working Mans Death. Ah estn Ken Loach y Mike Leigh. Ah est, subiendo, el documental crtico en el cine.  Ah est la Puta guerra!, de Tardi, en cmic. Ah estn, dando guerra, los viejos que piensan por su cuenta, como Niemeyer, y los/las ms jvenes, como Beatriz Preciado, que no se dejan encasillar. Y tantas y tantas otras manifestaciones en el campo de la msica, de la pintura, del teatro, en los documental, incluso en la publicidad pardica. Hay, sin ninguna duda, un posmodernismo crtico, libertario y desmadrado. Lo que suena a risa, en el mundo de ahora, es lo de pensamiento nico. Creo que nunca hubo tanta disidencia y tanta pluralidad. Eso s: en el mbito de las ideas, no en el mundo de la poltica.

Lo que ha cambiado, respecto de la poca en que escriba Walter Benjamin, o incluso en comparacin con la poca en que los situacionistas denunciaban la aparicin de la sociedad del espectculo, es la percepcin de la funcin de la cultura o del arte disidente, precisamente en esta sociedad del espectculo ya desarrollada.

Me atrevera a decir que, ms all de las idealizaciones del compromiso poltico-social del intelectual o del artista disidente, siempre se ha sabido que, con el tiempo, las vanguardias acaban convertidas en retaguardias. Pero es que ahora la aceleracin del tempo histrico se ha hecho tal que hay vanguardias disidentes a las que se integra en el sistema de la mercantilizacin universal antes de que hayan tenido tiempo de desarrollar su proyecto, en el momento mismo en que estaban naciendo. Un personaje de El Roto lo expresaba muy bien en un chiste de hace unos aos: "Yo no me vendo", deca el artista disidente. Y el otro: "Prueba a bajar el precio...". Lo que no quita para que haya que seguir defendiendo a las vanguardias y a los vanguardistas, o sea, la experimentacin, la innovacin y la provocacin en cada una de las artes.

Cul es hoy en da la funcin de los intelectuales?

Para contestar bien a la pregunta tendramos que ponernos de acuerdo sobre qu entendemos por "intelectual" hoy en da, porque en esto hay por una parte mucho camelo y, por otra, no poco autonominado. A m me parece que el intelectual tradicional, el intelectual de corte liberal, no sujeto a un trabajo fijo y asalariado, que es el tipo de intelectual que domin el panorama cultural hasta los aos sesenta del siglo XX, pongamos que hasta el 68, ha pasado ya a un segundo plano, est empezando a pasar a la historia. No quiero decir con esto que el maitre penser o el gran intelectual liberal tradicional haya desaparecido del todo, pero s que hay que hacerse a la idea de que ese tipo de intelectual ya no cuenta socialmente como contaba en la poca de Zola, de Bertrand Russell o de Jean-Paul Sartre (o de Ortega y Gasset y de Aranguren aqu). Pero s que se puede decir que esa figura ha declinado.

La generalizacin de la enseanza superior, universitaria, tiene mucho que ver con eso En nuestras sociedades domina hoy el intelectual en la produccin, o sea, el cientfico, el tcnico, el ingeniero, el investigador, el mdico, el periodista, el profesor: el profesional, en suma., casi siempre a sueldo del Estado. Todas esas son figuras del intelectual asalariado en la produccin, muy distintas ya del pensador de lite cuya declaracin sobre tal o cual asunto controvertido en la sociedad daba lugar, a su vez, a manifestaciones pomposas de reconocimiento por parte de los mandamases en el mundo poltico. Para entendernos: el tipo de intelectual cuya intervencin pblica cuenta de verdad hoy en da es, por una parte, el cientfico o el tcnico y, por otra, el gestor cultural o el parlanchn meditico, pero no el filsofo o el pensador que excepcionalmente clama contra el mundo en los medios de comunicacin. ste suele salir, en las necrolgicas, como "el ltimo" en lo suyo.

Al decir esto no pretendo afirmar que haya desaparecido por completo el intelectual comprometido de otros tiempos, el intelectual poltica e ideolgicamente definido, el abajo firmante de la poca de la Dictadura en Espaa o de la poca de la guerra de Vietnam en el mundo. Sigue habiendo, sin duda, compromiso de este tipo. Tambin entre los nuevos intelectuales, entre los intelectuales en la produccin. No hay ms que echar un vistazo a la lista de firmantes en favor de la huelga general del 29 de septiembre. Pero si se compara, se ver lo que quiere decir intelectual en la sociedad del espectculo: el lugar que ocupaba antes la lista el filsofo o el pensador lo ocupa ahora el cantante o el actor de cine. Si eso es bueno o malo ya se ver, pero en cualquier caso es diferente.

Y, s, en lneas generales ha cambiado la funcin del intelectual. Lo que pasa es que al intelectual de izquierdas, comprometido poltica e ideolgicamente, ahora se le ve menos que hace treinta o cuarenta aos. Por dos razones: primero porque, mientras tanto, el mundo se ha hecho mucho ms conservador de lo que era entonces y hay ms compromiso de derechas por as decirlo; y segundo porque lo que hoy se exige socialmente al intelectual-profesional es responsabilidad en su trabajo cotidiano, coherencia en su trabajo, y no tanto declaraciones excepcionales. Llevado al extremo, esto implica que el intelectual est demasiado absorbido por sus asuntos profesionales como para estar siempre atento a la intervencin comprometida. En cierto modo esto es una vuelta de tuerca ms en la profundizacin de la divisin tcnica del trabajo entre intelectuales y polticos.

Pero, aunque a veces no lo parezca a primera vista, la distancia entre el intelectual en la produccin, el cientfico o el tcnico, y la gente es hoy menor que la que haba antes entre el intelectual tradicional y lo que llambamos "pueblo". Esto tambin es una consecuencia de la generalizacin de la enseanza. Claro que, por regresin sociolgica a la media, tambin se ve ah que el porcentaje de intelectuales en la produccin, a la vez rojos y partidarios de cambiar el mundo de base, es menor que el de los intelectuales conservadores.

Desde un punto de vista institucional Cul es el papel de la Universidad, de los medios de comunicacin de masas, de los museos y la gran cantidad de centros de cultura que estn surgiendo?

Vamos por partes.

Todo eso (universidad, medios de comunicacin, museos, centros culturales, etc.) est ah, en principio, para instruir, educar e ilustrar a las grandes masas. Es de suponer que, tambin, en principio, el Kant de "Qu es la Ilustracin?" estara encantado con un panorama as: por fin ilustracin para la mayora, para el pueblo...! Veo a Bertrand Russell, que deca que le hubiera gustado vivir en la poca de la Ilustracin, levantndose de la tumba y dando saltos de alegra... hasta enterarse de qu se hace ah realmente, cmo se forma a la buena gente, qu se ensea, cmo se educa, con qu intencin se ilustra al pueblo. En fin, redescubriendo, en suma, lo que ya saban los primeros revolucionarios romnticos del siglo XIX, a saber: que, en general, hay ms despotismo que Ilustracin propiamente dicha.

Que la enseanza universitaria se haya generalizado y que, como consecuencia de eso, hayan llegado a la universidad los hijos de trabajadores que hace dos generaciones eran analfabetos, es muy buena cosa. Es un sano efecto de la presin social contra la desigualdad. El problema es que la calidad de la enseanza universitaria, al menos en el primer ciclo universitario, est cayendo al nivel en que estaba antes el Bachillerato. Y no sabemos todava si eso tiene arreglo o es un efecto perverso y permanente de la generalizacin.

Que haya medios de comunicacin para que las masas se informen y se instruyan fue tambin en su da una excelente noticia. Como aquello de la independencia de los dos poderes menores frente al poder poltico (vinculado al Poder en s, o sea, al econmico) no se poda mantener de hecho, el que hubiera algo as como un "cuarto poder" que lo denunciara pareca tambin una buena cosa. El problema es que, con el tiempo, los grandes medios de comunicacin de masas estn todos (o casi todos) en manos de la combinacin entre el poder poltico y el Poder en s y se dedican bsicamente a manipular la conciencia del pueblo: no a informar o a ilustrar, sino a contar mentiras para el presente y verdades a destiempo.

El mismo o parecido tipo de contradiccin tiende a darse en museos y centros culturales: son concentracin de las piezas de civilizacin y barbarie de las que hablaba Walter Benjamin. Se crean para educar e ilustrar al pueblo y pronto se convierten en correas de transmisin de las ideologas y modas dominantes. Una de las cosas que est ocurriendo con ese tipo de cultura propiciada desde arriba y subvencionada por los poderes econmicos, por el estado, por las instituciones y por las entidades bancarias, es que coartan la creatividad y la espontaneidad cultural de los de abajo. Ante el gran espectculo de la pluralidad y de la variedad constantes el pueblo se queda como Bocabierta en el Pas de las Maravillas: engulle lo que le echan sin tiempo para pensar.

Desde tu punto de vista cmo valoras en la actualidad lo que podemos denominar cultura esttica? Es emancipadora en s misma, como oposicin al predominio de la cultura tecnolgico / cientfica, como renovadora de la experiencia individual, o en su relacin con la cultura poltica? Est completamente asfixiada bajo lo que se ha denominado la industria cultural?

Si por cultura esttica se entiende el conocimiento y el aprecio de la buena msica, de la poesa que sale del alma, de la narrativa innovadora, del teatro creador, del cine con ideas y cosas as, no me cabe duda de que eso se tiene que valorar positivamente. No creo que tal cultura esttica sea emancipadora, pero s al menos reconfortante y, desde luego, se ha reconocer que contribuye a lo que se ha dado en llamar autorrealizacin de las personas.

Yo no creo que haya que oponer, como a veces se hace en algunos departamentos universitarios, la cultura esttica o humanstica, as entendida, a la cultura tecnolgico-cientfica o a la cultura cientfica. Esas contraposiciones me aburren. Y creo estar en buena compaa, pues el crtico y terico de la literatura George Steiner deca, no hace mucho, algo parecido. En las mejores cabezas de la historia de la humanidad cultura esttica y cultura tecno-cientfica han sido siempre complementarias y hoy en da hay que aspirar, me parece, a una tercera cultura que haga de puente entre las dos culturas acadmicamente separadas. Creo que incluso la cultura poltica (en el mejor de los sentidos de la palabra poltica) se la da por aadidura, y como premio, al que busca complementar cultura esttica y cultura tecno-cientfica.

A poco que lo pensemos habra que llegar a la conclusin de que el que haya una industria cultural no tiene nada de malo. En principio no parece que la industria del libro, del dvd o de la pintura haya de ser moralmente ms perversa que la industria del zapato o de la lencera. Lo parece a veces porque estamos acostumbrados a que a lo largo de la historia casi todos los seres humanos hayan llevado zapatillas o taparrabos mientras que muy pocos podan comprar libros o pinturas. Lo malo en lo de la cultura, como en lo dems, no es que haya industria sino que los industriales no piensen en otra cosa que en la obtencin de beneficios por la va rpida y adormezcan a los dems con el cuento ese de la mano invisible del mercado (que, obviamente, mece tambin la cuna de la cultura)

SITUACIONES es una revista de las artes. Entre las diversas formalizaciones artsticas, cules son las que ms te atraen: el cine, las artes plsticas, la msica, la literatura, el teatro? Sabras decir las razones de esas preferencias?

A m la poesa, el cine, la literatura y el teatro, por este orden. Aunque tambin me atraen, no tengo el ojo que hay que tener para las artes plsticas ni el odo que creo que se necesita para la msica. Cuando voy a una exposicin de pintura, tanto si es clsica como contempornea, me paso parte del tiempo pensando si en la prxima reencarnacin tendr la suerte de John Berger; y cuando escucho una sonata de Bethoveen o las Gymnopdies de Erik Satie, pongamos por caso, no s explicar por qu me atraen y por qu siento lo que siento. As que, mientras tanto, me conformo con cultivar como puedo las preferencias.

Sospecho, por lo que he ledo, que la jerarquizacin de las preferencias en cuestiones artsticas tiene mucho que ver con la educacin recibida. Tengo un primo, con los mismos apellidos que yo, que es un buen violinista, pero con padres y abuelos ya aficionados a la msica. De todas formas, la de la educacin no creo que baste para explicar la cosa, por lo menos cuando se habla de talento creativo, no de sociologa del arte. Hay un curioso personaje de una de las pelculas de los hermanos Cohen, El hombre que nunca estuvo all, que lo dice con mucha gracia refirindose a las aspiraciones piansticas de la bondadosa chica a la que quiere favorecer el protagonista: Estudiando y practicando mucho quizs llegue a ser una excelentemecangrafa. En fin, una de las pocas cosas que se aprende con los aos es aquello de para qu no vale uno

Podras hablar de algunos de tus autores favoritos y darnos algunos ejemplos?

Hay pocos autores de los que me guste todo y que me hayan gustado siempre. Y adems creo que pertenecen a muy diferentes corrientes en las distintas artes. As que no tendra mucho sentido hacer una larga lista que, encima, iba a resultar contradictoria.

Dejemos, pues, a los clsicos amados por todos y que son siempre de referencia obligada. Sigo escuchando con mucho gusto, y a veces con emocin, a Leonard Cohen. Bertolt Brecht, el poeta y el de Galileo Galilei, me parece vivo. Durante un tiempo sent una predileccin particular por la obra grfica de Motherwell. Me tocan varias de las cosas que pint Jorge Castillo a finales de los 70 y algunas de la etapa africana de Barcel. Entre los poetas me interesan mucho Gamoneda, Margarit y Olvido Garca Valds, de los que creo haber ledo todo lo que han publicado. Siento una gran identificacin leyendo lo que escribe Jorge Riechmann, que es un rojo culto, sensible y verde, de los que hay muy pocos.

Mis filsofos preferidos son Albert Einstein y El Roto. Y de los que se han dedicado o se dedican al cine y tienen que ver directamente con la historia de las ideas (no slo con la historia de las imgenes), amo a muchos. Creo que el cine ha sido el gran arte del siglo XX, el ms prximo a la comprensin global de nuestras vidas, y siento nostalgia de Visconti, Pasolini y Fassbinder. Con el recientemente fallecido Chabrol casi siempre me lo he pasado muy bien, sobre todo cuando satiriza a propsito de la burguesa y se pone excntrico, como, por ejemplo, en La ceremonia, que es una de esas pelculas que pone nerviosos a los bien-pensantes. De los que estn ah ahora lo que ms me atrae es la potica y el programa moral de Lars von Trier.

Podras indicar algunas ideas de la evolucin de tus intereses estticos en relacin con tu biografa intelectual y con los cambios en tu sensibilidad?

Cuando estaba haciendo el bachillerato, en Palencia, me fascinaban los novelistas rusos del XIX, las obras de teatro de Albert Camus y Jean-Paul Sartre, el existencialismo y el cine de Antonioni. Y, por supuesto, ir vestido de negro de arriba abajo. Seguramente era una paradjica forma de protestar contra la Espaa negra de aquellos aos, la de Calle Mayor y Nunca pasa nada.

Ya en Barcelona, Jos Mara Valverde hizo que me interesara por la esttica, tanto que a punto estuve de hacer una tesina sobre la Crtica del gusto de un interesante marxista italiano hoy olvidado, Galvano della Volpe. Todava creo que en el campo de la esttica marxista aquella obra era de las ms lcidas que se escribieron por entonces. Pero Manuel Sacristn, que fue el marxista ms lcido y culto de su poca, me hizo descubrir que, en general, los marxistas contemporneos no distinguan entre esttica y potica ni entre esttica y sociologa de arte y que cuando escriban esttica en realidad queran decir potica.

Entre eso y que mi admirado Lukcs, despus de obligarnos a elegir entre Kafka y Mann, haba llegado a la conclusin de que en el fondo Kafka tena razn y Semprn y Solchenitsin eran los mximos exponentes del realismo socialista de la poca, se me pas la pasin por casi todo aquello que navegaba como teora marxista del arte. Escrib sobre eso una contribucin a la crtica del marxismo cientificista. Y desde entonces, como dira un crtico acadmico, voy dando tumbos en estas cosas: siempre discutiendo acerca de la distancia que hay entre la teora artstica y la prctica del arte, que es, por cierto, muy parecida a la distancia que hay entre metodologa de la ciencia y la prctica cientfica.

De los marxistas a su manera, o sea, de los que pensaron con su propia cabeza, cada vez me ha ido interesando ms William Morris, del que tal vez se puede decir que fue el ltimo socialista utpico, un rojo aristocratizante atento al diseo y amante de la tipografa que, en cierto sentido, recuperaba la vena romntica del marxismo de la primera hora. Solo que, como Morris muri hace ms de un siglo y probablemente su obra dio ya de s todo lo que poda dar (el hombre acab escribiendo algo as como cuentos de hadas) ahora, sin dejar de apreciar a los narradores rusos del XIX, me tira ms la tradicin humorstica, sarcstica y pardica, la de Rabelais, la de Swift, la de Kraus, la de Lem; y de los hispanos la potica que ms aprecio es la de Valle-Incln: creo que en el dilogo entre Max Estrella y el anarquista cataln, en el calabozo madrileo en el que coinciden, est la clave para entender la historia de la Espaa moderna.



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