Portada :: Palestina y Oriente Prximo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-02-2011

Egipto al borde de la guerra civil

Alan Woods
In Defence of Marxism


La revolucin en Egipto est alcanzando un punto crtico. El viejo poder del Estado se derrumba bajo los golpes de martillo de las masas. Pero la revolucin es una lucha de fuerzas vivas. El viejo rgimen no tiene intencin de rendirse sin lucha. Las fuerzas contrarrevolucionarias estn pasando a la ofensiva. Hay feroces combates en las calles de El Cairo entre elementos pro y anti-Mubarak.

La Protesta de millones" del lunes super todas las expectativas. Ms de un milln de personas abarrotaron la plaza Tahrir de El Cairo. Hubo 300.000 en las calles de Suez, 250.000 en Mahalla, 250.000 en Mansur y una cifra impresionante de 500.000 manifestantes en Alejandra. Este poderoso movimiento no tiene ningn precedente en la historia egipcia.

Los manifestantes tomaron las calles de cada pueblo y ciudad. Segn algunas estimaciones alrededor de 4 millones de personas se manifestaron ayer en Egipto. Por el contrario, los nmeros de quienes salieron ayer a las calles para expresar su apoyo al Presidente fueron pequeos y, sin duda, estuvieron conformados por miembros de las fuerzas de seguridad, los burcratas y sus familias, todos los que tienen algo que perder si Mubarak es derrocado.

La revolucin tiene enormes reservas de apoyo. Sin embargo, hay deficiencias en el campo revolucionario. Como hemos dicho desde el principio, el carcter espontneo del movimiento es su principal fortaleza y su principal debilidad. Las fuerzas de la contrarrevolucin son numricamente ms dbiles (esto se demostr ayer). Pero los nmeros no son todo en la revolucin, as como en la guerra. Muchas veces en la historia un gran ejrcito compuesto por soldados valientes ha sido derrotado por un ejrcito profesional ms pequeo y con buenos oficiales.

Los revolucionarios tienen la determinacin, la valenta y la moral. Pero los contrarrevolucionarios tienen mucho que perder: sus puestos, posiciones, poder y privilegios. La desesperacin les dar el valor para resistir. Y estn organizados y bien entrenados. No hay la menor duda de que las tropas de choque de la mafia que hoy atac a los manifestantes en la Plaza Tahrir eran policas sin uniforme. Esto no era una manifestacin espontnea de lealtad hacia el Presidente, sino una accin cuidadosa que corresponde a un plan elaborado.

La estrategia de Mubarak

En Tnez, el Presidente Ben Ali decidi relativamente pronto que el juego haba terminado y tom un avin al exilio junto con su esposa y una gran cantidad de botn. El Presidente Mubarak de Egipto es ms duro y obstinado. Ha decidido hacer caso omiso de los millones de manifestantes que gritaban a favor de su cada en las calles. A l no le importa lo que suceda con Egipto. Menos an las preocupaciones de sus viejos amigos y aliados en Washington. Su nico programa es la supervivencia. Su nica perspectiva es el viejo lema de los dspotas: "Aprs moi le deluge!": "Despus de m, el diluvio!"

Ahora todo el mundo debe darse cuenta de que la nica manera de calmar el pas es que el Presidente se vaya. Los autoproclamados "lderes de la oposicin" han dejado claro que ellos ni siquiera dialogarn a menos que Mubarak desaparezca. No tienen otra opcin, ya que las masas en las calles estn vigilantes y no van a tolerar ningn compromiso.

Por lo tanto, la nica esperanza para asegurar una "transicin ordenada del poder", que los Estados Unidos tan fervientemente desean, es la eliminacin inmediata de Mubarak. Pero John Simpson, el responsable de noticias internacionales de BBC News, un comentarista burgus inteligente, seala correctamente: "el nico problema es que nadie le ha dicho a la multitud nada sobre esto en la Plaza Tahrir. Su lema es 'Mubarak debe irse ahora' y no 'Mubarak debe irse con honores dentro de varios meses y a continuacin su sistema ser mejorado ligeramente'. "

En el discurso de la noche pasada, Mubarak prometi marcharse despus de las prximas elecciones y prometi una reforma constitucional, pero anunci que le gustara quedarse hasta septiembre para supervisar el cambio. En su discurso del martes, Mubarak dijo que dedicara su tiempo restante en el poder a garantizar una transicin pacfica del poder a su sucesor (no ha mencionado a su hijo Gamal). Critic las protestas y dijo que su prioridad era "restaurar la paz y la estabilidad". "Este es mi pas. Aqu es donde viv, luch y defend su tierra, su soberana e intereses, y morir en su suelo", dijo.

El discurso fue interpretado por los manifestantes como una provocacin. Lejos de calmar las cosas arroj de nuevo ms gasolina al fuego. La reaccin de los manifestantes a la declaracin de Mubarak fue de incredulidad, primero, y a continuacin, de indignacin. "El discurso es intil y slo enciende nuestra ira", dijo un manifestante, Shadi Morkos, a Reuters. "Continuaremos la protesta". Se trata de una reaccin universal.

Anoche, los manifestantes permanecieron acampados en la Plaza Tahrir diciendo que la promesa de Mubarak no era suficiente, y cantaban: "No nos iremos! l se ir!" Las masas no desean dar tiempo a Mubarak para que maniobre. Quieren que sea derrocado y sometido a juicio. En las manifestaciones de ayer se vean efigies suyas ahorcadas. Esto demuestra el nimo real en las calles.

Todo el mundo sabe que fue l quien dio la orden de disparar a los manifestantes el viernes pasado. La televisin mostr al padre de un joven asesinado en una manifestacin, llorando y gritando: "Estn matando a nuestros hijos". Ahora, el rgimen est atacando a personas desarmadas con la intencin de asesinar. Gente desarmada est siendo golpeada, apedreada y gaseada en la Plaza Tahrir. Con este rgimen no puede haber ninguna tregua, ni paz ni perdn.

Un precedente histrico

Egipto est en las garras de una batalla titnica entre revolucin y la contrarrevolucin. Hasta este momento las manifestaciones haban sido totalmente pacficas. Esto haba imbuido a las masas de una falsa sensacin de seguridad. Ahora se han disuelto todas las ilusiones. Las masas estn recibiendo su bautismo de fuego. El plan de Mubarak es recuperar el control de la Plaza Tahrir y, por lo tanto, de tomar la iniciativa, que ha estado hasta ahora en manos de los revolucionarios. La lucha por el poder ha comenzado en serio.

Todo esto ha sido cuidadosamente preparado de antemano. Los manifestantes antigubernamentales estn desarmados y no estaban preparados para el conflicto. Las fuerzas progubernamentales estn armadas y han utilizado gases lacrimgenos, que han arrojado a las multitudes, incluidos los nios. Han entrado a la Plaza montados a caballo y en camellos. Con la ventaja de la sorpresa y la superioridad de sus armas y tcticas, mientras escribo estas lneas, los contrarrevolucionarios estn obligando lentamente a retroceder a los revolucionarios. Han arrestado a manifestantes que, a continuacin, son entregados al ejrcito. Su destino es desconocido.

En el contexto de estas acciones es evidente que el discurso de Mubarak de anoche fue parte integral de un plan para hacer retroceder la revolucin paso a paso. Al prometer concesiones y proponer el ofrecimiento de permanecer hasta septiembre, tena la esperanza de ganar el apoyo de los elementos vacilantes: las clases medias que temen inestabilidad y desean "orden"; la burguesa que teme una revolucin como la peste y le gustara que sus negocios retornaran a la normalidad; las capas atrasadas y polticamente inertes que no comprenden nada y gravitan alrededor de los grandes nombres, de los hombres fuertes y de cualquier que est en el poder; las clases de criminales depravados y lumpenproletarios que venden su lealtad poltica al mejor postor. Estas son las reservas sociales de la contrarrevolucin que ahora se estn movilizando contra la revolucin.

Existe un precedente histrico claro. El 17 de octubre de 1905 (30 de octubre en el nuevo calendario) en respuesta a la revolucin rusa de 1905, el zar Nicols II emiti el Manifiesto de Octubre. El rgimen estaba en lo que pareca ser una situacin imposible. Se enfrent a un movimiento revolucionario colosal y a una huelga general. En muchas zonas los comits revolucionarios de los trabajadores (los Soviets) estaban tomando el control de la sociedad.

El manifiesto se comprometa a conceder las libertades civiles al pueblo: incluyendo la inmunidad personal, libertad de religin, libertad de expresin, libertad de reunin y libertad de asociacin; y la convocacin de un Parlamento, la Duma, elegido en sufragio universal masculino. Fue una gran victoria sobre el papel, pero en la prctica la democratizacin fue insignificante. El zar permaneci en el poder y ejerci el derecho de veto sobre la Duma, que disolvi varias veces.

El manifiesto fue un gigantesco fraude, as como las reformas prometidas por Mubarak, pero fue suficiente para comprar a una capa que previamente haba apoyado la revolucin. Los burgueses liberales inmediatamente la apoyaron, rompieron con la revolucin e hicieron las paces con el zar. Deseaban "estabilidad", como lo deseaba una gran parte de las clases medias. Su defeccin prepar el camino para una reaccin contrarrevolucionaria.

Al mismo tiempo, cuando el zar anunci sus reformas, desencaden las "fuerzas oscuras" sobre las masas: el lumpenproletariado, la escoria de los barrios bajos, los pogromos antisemitas, para ahogar la revolucin en la sangre. Mubarak intenta hacer lo mismo. En Rusia, los pogromos fueron organizados por la polica zarista. En el Cairo los ataques contrarrevolucionarios son organizados por la polica de civil, hacindose pasar por "manifestantes pro-Mubarak".

Al mismo tiempo, mientras sus secuaces destrozan crneos en la Plaza Tahrir, Mubarak ha anunciado que los bancos y tiendas se reabrirn el domingo, el primer da de trabajo despus del fin de semana islmico. La intencin es crear la impresin de un retorno a la normalidad. Pero la normalidad no volver a Egipto durante mucho tiempo.

Washington preocupado

En Washington se estn poniendo cada vez ms nerviosos. Mientras ms tiempo se aferre Mubarak al poder, mayor ser el riesgo de lo que ellos llaman "caos". Los ltimos acontecimientos han confirmado sus peores temores. Egipto se puede deslizar hacia la guerra civil. Los estadounidenses no estaran demasiado preocupados por eso, pero el problema es que destruira todos sus planes para una "transicin administrada".

En una declaracin realizada despus del discurso de Mubarak, Obama dijo que Estados Unidos tendra mucho gusto en ofrecer asistencia a Egipto durante el proceso de transicin. Modestamente, declar que no era el derecho de su pas dictar la ruta a Egipto, pero que cualquier transicin debera incluir a las voces de la oposicin y llevar a elecciones libres y justas: "Es mi creencia que una transicin ordenada debe ser significativa, debe ser pacfica y debe comenzar ahora".

A pesar de las tranquilizadoras palabras de Obama acerca de no tener ningn derecho a elegir los lderes de otras naciones, me parece recordar que Washington tuvo algo que ver con la eliminacin (y el juicio) de Slobodan Milosevic y, de alguna manera, tambin jug un papel decisivo en la eliminacin (y ejecucin) de Saddam Hussein. Tambin recordamos el entusiasmo con que los Estados Unidos proclamaron la poltica del "cambio de rgimen" como la mejor manera de deshacerse de los dictadores y marcar el comienzo de la "democracia" (bajo control estadounidense).

Aqu la realidad cnica de la democracia burguesa se destaca con toda su desvergenza. El imperialismo estadounidense siempre considera que es el derecho de su pas eliminar a los lderes que son desobedientes y sustituirlos por dirigentes ms flexibles. Con este fin, la "democracia" es tan buena excusa como cualquier otra. Pero cuando se trata de los regmenes que son amistosos con los intereses de Estados Unidos, al instante desaparecen todos los escrpulos sobre democracia y los derechos humanos. El polica del mundo se ve afectado de repente por un ataque de legalidad escrupuloso: "no es el derecho de nuestro pas dictar la ruta a Egipto" ni, por supuesto, de Arabia Saudita, Jordania, Marruecos o cualquiera de los numerosos regmenes desagradables que son buenos amigos de Estados Unidos en el mundo.

Obama afirm que le haba dicho todo esto a Mubarak durante una llamada telefnica de 30 minutos. Sera interesante conocer el contenido preciso de esta conversacin telefnica, pero nos imaginamos que no habr sido muy cordial. Cuando el actual ocupante de la Casa Blanca dice que una transicin ordenada "debe comenzar ahora", esto es aproximadamente lo que los estadounidenses se atrevieron a decirle a Mubarak: "Por amor de Dios, vete!"

Hay una razn muy buena por la que Obama no puede decirle Mubarak que se vaya, al menos en pblico. Los estadounidenses tienen que elegir sus palabras con sumo cuidado porque estn siendo seguidas cuidadosamente por los gobernantes de Arabia Saudita, Jordania y Marruecos, que se sienten la tierra temblando debajo de sus pies. Simpson, una vez ms, explica:

"La oferta del Presidente Mubarak de retirarse causar ondas de choque en todo el Oriente Medio. Hasta hace poco tiempo el rgimen en Egipto pareca slido como una roca.

"Ahora los gobiernos autocrticos desde frica del Norte hasta Yemen, Siria y, tal vez incluso, Arabia Saudita buscarn maneras de aplacar el descontento en casa."

Las ondas de choque de Egipto siguen agitando a todos los pases vecinos. Erdogan, el primer ministro de Turqua, fue el ltimo en ofrecer asesoramiento amistoso al asediado Mubarak. En el tipo de enunciado oscuro que asociamos con la diplomacia otomana aconsej a su amigo de El Cairo un "paso diferente". Se omite agregar el pequeo detalle de que era un paso sobre un acantilado muy empinado.

Qu pasa ahora?

John Simpson agrega lo siguiente:

"En cada revolucin, popular, o de otro tipo, llega un momento crtico en el que punto de inflexin decide el futuro. [...] El hecho es que todava no estamos en el punto de inflexin. Pero lo sabremos cuando lo vemos".

De repente hay una respuesta a la pregunta bsica: son los manifestantes demasiado fuertes para la estructura del poder, o podran ser derrotados por los gobernantes?

Contina:

"Todas las revoluciones populares comparten ciertas similitudes bsicas. La gran multitud, a menudo reunida por primera vez, cree que est obligada a ganar porque son muchos y su determinacin es muy grande. Pero si la estructura poltica rehsa dar la batalla por perdida y mantiene el apoyo del ejrcito y de la polica secreta, entonces puede sobrevivir. Todo depende de cun fuerte y resistente sea la estructura del Gobierno".

Simpson compara la situacin en Egipto con el derrocamiento de los regmenes estalinistas en Europa Oriental hace dos dcadas. Hice la misma comparacin en un artculo la semana pasada. Los paralelos son instructivos. Sobre el papel, estos regmenes parecan slidos e inconmovibles. Posean ejrcitos poderosos, la polica y los servicios secretos. Pero en el momento de la verdad demostraron ser frgiles y poco resistentes.

El caso de Rusia en 1991 es an ms sorprendente. Los manifestantes que derribaron el viejo rgimen eran pocos en nmero y estaban intranquilos esperando la reaccin del Gobierno, pero el Gobierno fue an ms dbil y colaps sin luchar. Ahora vemos un fenmeno similar. En Europa oriental las masas se mantuvieron en manifestacin permanente hasta que el viejo rgimen simplemente cedi a la multitud. Eso es lo que estamos viendo ante nuestros ojos en Egipto. Pero hay una diferencia. Mubarak se niega a irse.

Las masas estn en las calles en grandes cantidades, pero Mubarak ha desatado las fuerzas de la contrarrevolucin contra ellas y el ejrcito se limita a mirar Qu hacer? El pueblo ha interpretado correctamente que si una semana de manifestaciones ha empujado al Presidente hasta esta situacin, entonces hay que incentivar toda accin para mantener la presin sobre l. El siguiente punto de inflamacin ser el viernes, cuando se llevar a cabo otra manifestacin masiva despus de las oraciones de los viernes. La palabra que va rondando ahora es que el siguiente paso ser una marcha al palacio presidencial.

El pueblo exige justicia y venganza. Aquellos que son culpables de crmenes contra el pueblo deben ser entregados a los tribunales populares para responder por sus acciones. Esto es aplicable no slo a la polica que dispara contra los manifestantes desarmados, sino tambin al hombre que dio las rdenes. La insurreccin es la salida. A fin de tener xito, el movimiento obrero debe desempear un papel clave.

Fueron las ondas largas de las huelgas y protestas obreras las que desempearon un papel clave en el debilitamiento del rgimen y en la creacin de este movimiento. Ahora, los trabajadores estn formando sindicatos independientes. Tienen el poder para paralizar el pas y tambin de organizar la economa. Se habla de trabajadores ferroviarios que se han negado a transportar tropas y fuerzas de seguridad que iban a ser utilizadas para la represin.

La convocatoria de una huelga general a nivel nacional es la nica respuesta a la utilizacin de bandas de matones contra manifestantes desarmados. A fin de prepararse para esto y mantener el orden, hay que establecer en todas partes comits de lucha (los lugares de trabajo, barrios y cuarteles) y vincularlos a nivel local, regional y nacional. De esta manera, el pueblo revolucionario puede tomar el poder y elegir a sus propios representantes, no a los "lderes" autoproclamados o a personas puestas en ese lugar por el Embajador de Estados Unidos.

Lo que estamos viendo es una accin desesperada de la retaguardia del viejo rgimen. El viejo orden es como un animal herido que se niega a morir y se defiende golpeando. El nuevo orden est luchando por nacer. El resultado de este conflicto de vida o muerte determinar el destino inmediato de la revolucin. La revolucin debe defenderse a s misma. Debe armarse para resistir los ataques de los contrarrevolucionarios. Pero la mejor forma de defensa es el ataque. Es hora de que el movimiento vaya ms all de las manifestaciones masivas.

La nica forma de matar a una serpiente es golpearla en la cabeza. La pasividad es la muerte de la revolucin. El poder no cae en las manos como una manzana podrida. En lugar de permanecer en la Plaza Tahrir, las masas deben ir a la ofensiva, marchar al palacio presidencial y tomar el poder. Las masas revolucionarias deben confiar slo en sus propias fuerzas. Es la nica forma de salvar la revolucin y de conseguir una victoria decisiva.

Fuente: http://www.marxist.com/egipto-al-borde-de-la-guerra-civil.htm



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