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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-02-2011

El rey, el whisky, la roja, del Bosque, el vino y Vargas Llosa

Carlos Tena
Rebelin


Los ttulos nobiliarios son una dignidad otorgada por los Reyes a una persona, ya sea ciudadano del pas o extranjero, como reconocimiento por una trayectoria meritoria en cualquiera de los mbitos de la vida. Queda claro?

Eso es al parecer lo que se ha intentado hacer con dos personas bastante diferentes entre s. Uno seleccionador de ftbol, el salmantino Vicente del Bosque, que jugara en el Real Madrid como defensa, y otro el multipatriota Mario Vargas Llosa, escritor, cronista y tambin defensa, pero de la extrema derecha, que acaban de ser ascendidos a la categora de marqus (siguiendo las rdenes del actual monarca espaol, que se supone estaba en posesin de casi todas sus facultades fsicas, cuando decidi los nombramientos), de lo que se deduce que tanto el pelotero como el editorialista, son ilustrsimos seores a partir de ya mismo.

De resultas de tal decisin el ex jugador madridista, al ser entrevistado, debera ser tratado como corresponde y manda el protocolo oficial. Me imagino a Iniesta o a Xavi, durante un entrenamiento de la seleccin espaola, preguntando a Del Bosque: Quiere el ilustrsimo seor que me interne por la izquierda? O a Iaki Gabilondo, en su mejor retiro, charlando amigablemente con su amigo peruano-britnico-espaol, deshecho en reverencias hacia el nuevo marqus, luciendo ambos sus mejores trajes, camisas y corbatas de seda, sonrisa permanente y dentadura impoluta con reflejo solar incorporado al colmillo derecho. En eso, el hbil periodista pregunta al escritor: Pesa ese ttulo en tu conciencia, querido Mario? Y Vargas Llosa simula seriedad, casi trascendente, para responder: Recibir algo tan noble se hace ligero, como un soplo de aire andino, mientras el montador musical hace que suenen las quenas, hbilmente mezcladas con un tema de Elton John y un aria de Wagner cantada por Plcido Domingo. Orgasmo meditico, alta definicin y pantalla de plasma.

Contino con la reflexin. Segn se desprende de diversos documentos que obran en mi poder, estoy en condiciones de determinar que la concesin de ttulos nobiliarios est basada en la simple voluntad del monarca. Esa facultad tiene su origen en tres derechos: el Ius Gnadis, el Ius Voluntatis Mea y el Ius per Coionis ad Honorum; este ltimo es precisamente el que Juan Carlos ha utilizado con mayor frecuencia, ya que le permite premiar mritos con nombramientos nobiliarios o caballerescos, con carcter de inseparables, imprescriptibles e inalienables. O sea, de talante democrtico.

El reconocimiento de un ttulo implica reconocer la dignidad respectiva; y aunque algunos no poseen esa virtud, es comn la aceptacin de tal voluntad en los regmenes nobiliarios, lo que significa que la mayor parte de los mismos, son respetados por la nobleza de todos aquellos pases que se rigen por un sistema econmico capitalista.

Entre los ttulos de mayor renombre internacional, podemos encontrar los de Emperador, Prncipe, Gran Duque, etc.; y entre los reconocidos a nivel nacional, por orden de importancia, figuran los de Duque, Marqus, Conde, Vizconde, Barn, a los que el pueblo espaol aade otros, como Sinvergenza, Ladrn, Estafador, Violador, Asesino, Delincuente o Vago, en la mayor parte de los casos. En otras naciones, adems de los sealados, existen los de Seor, Caballero o Archiduque, este ltimo muy habitual en la casa de los Austrias.

Personalmente, estoy en total desacuerdo con tales nombramientos, sealando la imprudencia real ante tal decisin, basndome en la trayectoria y peculiares caractersticas fsicas y espirituales de ambos galardonados. Me explico.

Habindose dado a lo largo de la historia el caso de que un monarca, en el ejercicio de su real voluntad, pudiera aadir a esa lista otra serie de ttulos ms originales, pero sobre todo ms en boga, ms acordes con los tiempos que corren, sugiero a Don Juan Carlos que en una de esas raras tardes en las que la sobriedad reina en su despacho, trate de rectificar sobre el asunto en cuestin, detenindose en la belleza de honores de idntico o superior rango, como es, por ejemplo, Califa. Un ttulo que acostumbraban a recibir los prncipes sarracenos y que cuadra con la enorme personalidad de Del Bosque, con su serena mirada, con ese noble mostacho a lo Sadam Hussein, que podra lucir con ms encanto si el seleccionador vistiera kanduras blancas y gutras sujetas con agales de oro, como los grandes jeques de los pases que en medio oriente controlan el petrleo.

De la misma forma, entiendo que tambin el de Faran, como Curro Romero, sera coherente con el porte del Gran Padre de la Roja, una de las conquistas ms importantes de la historia reciente espaola. Al fin y al cabo, la mediterraneidad de ambos ttulos, resulta idnea en el primero de los casos, porque evoca luz, calor, sudor, lgrimas, baile, castauelas, vientres en movimiento, crtalos y amor por los objetos esfricos, sobre todo en su estado ms slido.

Abandono, aunque no sin pena, la idea de nombrarle Khan, tratamiento que aunque de origen turco se utilizaba igualmente entre los trtaros. Pienso en un Del Bosque, con su gesto ms otomano, encarnando el papel de un jerarca de tal grado en una pelcula sobre Ataturk, por ejemplo, dirigido por Santiago Segura. No resultara genial, como el de Sha? Tomen una imagen del dictador persa Reza Phalevi (aquel amigo de Franco que repudi aladulce Soraya por otra ms frtil llamada Farah Diba), y comparen su rostro con el de Vicente. Asombroso.

Para Vargas Llosa, como en el caso anterior, el ttulo otorgado por el Borbn no coincide ni con el enorme patriotismo del premiado (Don Mario puede ser espaolista, anglfilo o muy peruano, segn le convenga), ni con su espritu siempre anclado en la pureza, consecuencia de un profundo amor por la depuracin de las razas, la invasin de pases herejes, el exterminio de sociedades pecadoras, la condena de los no creyentes y un especial mimo para dotar a los indgenas de zoolgicos y chozas, donde puedan desarrollar sus costumbres ancestrales.

Ante este Premio Nobel me inclino por el ttulo de Csar, un precioso sobrenombre que llevaron juntamente con el de Augusto los emperadores romanos, el cual fue tambin distintivo especial de la persona designada para comandar aquel Imperio. Podra incluso prestrselo a su amigo George W. Bush para algn gape organizado por Aznar y Berlusconi. Opino humildemente que la virilidad de la mirada de Vargas Llosa no precisa de un marquesado, como ha decidido Juan Carlos de Borbn, sino de Tetrarcado, habida cuenta del don de gentes que el escritor muestra, as como por su debilidad hacia la noble figura de los seores dueos de territorios tan grandes como la provincia de Jan.

Por su mentn, nariz y boca, Vargas Llosa ostentara sin problemas el ttulo de Delfn, sin que ello presuponga comparacin alguna con el cetceo, dada la admiracin que el autor de Conversaciones en la Catedral profesa hacia los reyes de Francia, aunque en ocasiones en las que se ha mostrado ms locuaz que de costumbre, confesaba su deseo de haber crecido, como hermano o hijo, junto al Kaiser alemn o al lado del Zar de todas las Rusias. Tanto monta, monta tanto.

Propongo pues al rey de Espaa que rectifique de inmediato. Lo de marqus no ennoblece la labor de ambos galardonados; ms bien al contrario, Don Vicente y Don Mario han revelado su malestar y despiste ante el ttulo otorgado, decantndose con ms cario por los que he citado en los prrafos anteriores.

Y advierto al monarca que, de seguir en esa lnea, podra acabar causando una revuelta de consecuencias imprevisibles en la alta sociedad espaola, cuya reaccin ante la noticia ha sido recibida, segn mis crculos allegados, con tremendo pasmo y recelo. La nobleza patria se ha sentido agredida en lo ms ntimo.

Y a ningn republicano le conviene una monarqua en la que duques, marqueses y vizcondes hablen pestes de la Casa Real. Hasta ah podamos llegar.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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