Portada :: Palestina y Oriente Prximo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-02-2011

La batalla de la Plaza Tahrir

Alan Woods
http://www.marxist.com/


"El cielo estaba lleno de rocas. Los enfrentamientos a mi alrededor eran tan terribles que poda oler la sangre". Con estas palabras, Robert Fisk describe los dramticos acontecimientos en la Plaza Tahrir, donde las fuerzas de la revolucin chocaron con las de la contrarrevolucin. Todo el da y durante toda la noche, una batalla feroz causaba estragos en la Plaza y en las calles circundantes. Este pogromo fue presentado a la opinin pblica mundial como una respuesta espontnea de ciudadanos comunes y corrientes que ya estn hartos del desorden. Los medios de comunicacin lo describieron como un choque entre dos movimientos polticos rivales. A ambos lados, decenas de miles de jvenes lucharon, y a ambos lados se cant el himno nacional y se agitaron banderas de Egipto. Fue descrito como "caos" y como una "batalla de egipcios contra egipcios".

Pero haba una diferencia fundamental. A un lado estn los representantes de los trabajadores y la juventud, de los demcratas y de la intelectualidad progresista, es decir, de todas las fuerzas vivas de Egipto. En el otro lado de las barricadas estn los representantes de un rgimen reaccionario y corrupto, la oligarqua y la burocracia, los mafiosos y los torturadores. Un lado est luchando por el futuro, la esperanza y la libertad. El otro lado est luchando para defender un pasado vergonzoso y brbaro.

El lumpemproletariado

No haba nada de espontneo en este encuentro cruel y sangriento. Estaba muy organizado y bien planificado, un ltimo esfuerzo desesperado por apuntalar la dictadura de Mubarak. Funcionarios del Partido Nacional Democrtico (PND) distribuyeron enormes carteles de Mubarak, que eran mantenidos en el aire por hombres que portaban garrotes y porras de la polica. El uso indiscriminado de gases lacrimgenos por parte de esta ltima fue una prueba ms (si es que haca falta) de que estos "manifestantes" a favor del Gobierno eran, en realidad, policas de paisano.

Por supuesto la polica no actu sola. Vaciaron las crceles de presos comunes, a quienes armaron y organizaron, y utilizaron sus contactos en el submundo criminal para movilizar a miles de jvenes de los barrios pobres de El Cairo para pelear por ellos. Estos son los lumpemproletarios, las "fuerzas oscuras" de las que Marx y Engels escribieron en el Manifiesto Comunista:

"El lumpemproletariado, ese producto pasivo de la putrefaccin de las capas ms bajas de la vieja sociedad, puede a veces ser arrastrado al movimiento por una revolucin proletaria; sin embargo, en virtud de todas sus condiciones de vida est ms bien dispuesto a venderse a la reaccin para servir a sus maniobras".

Eso es exactamente lo que estamos viendo en las calles de El Cairo. Fisk es testigo de ello:

"El problema es que los hombres de Mubarak incluan a algunos de los mismos matones que vi entonces, cuando estaban trabajando con la polica de seguridad armada para aporrear y asaltar a los manifestantes. Uno de ellos, un joven de camisa amarilla con el pelo alborotado y los ojos brillantes de color rojo no s con qu se haba drogado llevaba el mismo bastn de acero mortfero que haba estado utilizando el viernes. Una vez ms, los defensores de Mubarak haban regresado. Incluso cantaron el estribillo de siempre constantemente revisado a fin de tener en cuenta el nombre del dictador local 'Con nuestra sangre, con nuestra alma, nos ponemos a su disposicin'".

Este ataque brutal fue la respuesta real de Hosni Mubarak a la reivindicacin de democracia del pueblo egipcio. Un ejrcito de matones reclutados de las crceles y de los barrios marginados y trasladados en autobuses de todas partes de Egipto lleg a la capital. Aqu haba una coalicin heterognea de los elementos ms ignorantes, corruptos y retrgrados de la sociedad. Los hombres a caballo y en camellos que galopaban en la plaza fueron, al parecer, reclutados entre los miserables que se ganan la vida alquilando sus animales a los turistas alrededor de las pirmides.

Fisk escribe: "Hasta en Giza el PND haba juntado a los hombres que controlaban el voto en las elecciones y los envi a gritar su apoyo mientras marchaban a lo largo de una zanja de drenaje pestilente. No muy lejos, incluso a un propietario de camellos se le oblig a decir que "si no conoces a Mubarak, no conoces a Al", que, por decirlo suavemente, era una exageracin".

Armados con palos, barras de hierro, cuchillos, piedras y ccteles molotov intentaron tomar por asalto la plaza. Los contrarrevolucionarios aparecieron en los tejados de los apartamentos cercanos, desde donde lanzaron bloques de hormign y ccteles molotov a la gente. Al final del da se inform deque haba tres muertes en El Cairo.

El ejrcito

Muchos se preguntan: qu pasa con el ejrcito? El ejrcito alent a los manifestantes cuando calific sus reivindicaciones como legtimas y prometi no disparar contra ellos. Pero se ha mantenido inactivo cuando han sido atacados. En otras palabras, el ejrcito ha actuado en connivencia con los contrarrevolucionarios. Abri las barreras para que los matones entraran libremente en la plaza, luego se sent y no hizo nada.

Cientos de los que protestaban en la plaza llevaban vendajes y otros signos de estar heridos, mientras que el ejrcito observaba. Robert Fisk escribe: "El Tercer Ejrcito egipcio, famoso en la leyenda y en la cancin por cruzar el Canal de Suez en 1973, no pudo o no quiso incluso cruzar la plaza Tahrir para ayudar a los heridos". Tal "neutralidad" traicionera equivale a apoyar a los contrarrevolucionarios.

Mohamed al-Samadi, un mdico que haba estado curando a la gente, se quejaba de que las tropas no estaban ayudando. "Cuando llegamos aqu, nos cachearon buscando armas, y luego dejan que los matones armados vengan y nos ataquen", dijo. Pero se mantuvo desafiante: "Nos negamos a irnos. No podemos dejar que Mubarak siga ocho meses ms".

Muchos observadores han encontrado esta conducta del ejrcito extraa. Pero no hay nada de extrao. Lenin explic hace mucho tiempo que el Estado son cuerpos de hombres armados en defensa de la propiedad.

Es muy probable que haya divisiones dentro del ejrcito. Los generales tienen intereses creados en preservar el statu quo. Son una parte integral del rgimen y tienen una porcin del botn. Los soldados de base estarn bajo la presin de las masas, pero tambin estn sujetos a la disciplina del ejrcito. Las capas medias de los oficiales estarn divididas: unos ms inclinados al statu quo, pero otros simpatizando con los manifestantes.

La mayora de las tropas estn desconcertadas y no entienden lo que est sucediendo. Fisk cita el siguiente incidente: "Y all estaba el soldado, en un vehculo blindado, dejando que las piedras de ambos lados volaran junto a l hasta que salt a la carretera, fue hacia los enemigos de Mubarak, y les abraz con las lgrimas rodando por su rostro".

Con el lanzamiento de una contraofensiva, Mubarak est llevando a cabo una estrategia muy arriesgada. Sin lugar a dudas, est siendo animado a mantenerse firme por los saudes y otros regmenes rabes reaccionarios, aterrados del "contagio" de una revolucin triunfante en Egipto. Pero estas acciones pondrn al ejrcito egipcio bajo una presin insoportable. Cunto puede resistir la cohesin interna del ejrcito bajo estas presiones es una pregunta abierta.

La estrategia de la contrarrevolucin

El resultado es una ecuacin complicada que slo puede ser resuelta por la lucha de las fuerzas vivas. Es por eso que la batalla por la posesin de la plaza Tahrir era tan importante. Si las fuerzas contrarrevolucionarias hubieran prevalecido, esto hubiera marcado un punto de inflexin en el proceso. La victoria de los contrarrevolucionarios hubiera tenido un efecto desmoralizador debido a la importancia simblica de la plaza.

El vicepresidente egipcio, Omar Suleiman, inst el mircoles a los manifestantes en la plaza Tahrir a "marcharse y observar el toque de queda para restablecer la calma". Dijo que el inicio del dilogo con los reformistas y la oposicin dependa de poner fin a las protestas callejeras. Pero una vez que las masas abandonen las calles, el rgimen no tendr ninguna prisa por hablar con nadie.

Una vez que los revolucionarios perdieran la iniciativa, sera relativamente fcil sofocar las tendencias revolucionarias en el ejrcito y restablecer la disciplina. El siguiente paso sera despejar las calles de la capital pulgada a pulgada y hacer retroceder a la Revolucin. El "orden" sera restaurado. Las tiendas y los bancos abriran el domingo, dando una impresin de que "todo ha vuelto a la normalidad". Poco a poco, el mpetu del movimiento se perdera y la gente se hundira de nuevo en la rutina diaria.

La polica reaparecera en las calles y comenzara con los arrestos. Incluiran a algunos elementos delincuentes, pero seran abrumadoramente partidarios anti-Mubarak, y empezaran por los principales activistas. Esto servira para aterrorizar a la "oposicin moderada", que se vera obligada a aceptar cualquier migaja que el rgimen le ofreciera o ira al exilio. Mubarak se mantendra en su palacio. La contrarrevolucin cogera las riendas. Pero todos estos planes se han alterado por la valenta y la determinacin de los rebeldes.

Tomados por sorpresa, e inicialmente superados en nmero por los contrarrevolucionarios, se defendieron. El ejrcito permiti a los hombres de Mubarak entrar en la plaza (lo que claramente estaba planificado de antemano) y comenzaron a lanzar piedras y a atacar a los manifestantes. Pero stos se negaron a dejarse intimidar y comenzaron a romper piedras para lanzarlas de nuevo.

Valenta de los revolucionarios

Segn se extendi la noticia, miles de egipcios vinieron a la plaza. Como escribe Fisk, "se arrojaron unos hacia los otros como combatientes romanos, y simplemente arrollaron a las unidades de paracaidistas que 'protegan' la plaza, los cuales se subieron a sus tanques y vehculos blindados y los usaron como proteccin".

Los partidarios de Mubarak casi cruzaron toda la plaza, pero al final fueron expulsados por la valenta de los rebeldes. Robert Fisk estaba con los partidarios de Mubarak, cuando cargaron en la Plaza Tahrir y proporciona una imagen muy grfica de lo que sucedi:

"El cielo estaba lleno de rocas estoy hablando de piedras de 15 centmetros de dimetro, que golpeaban el suelo, como granadas de mortero. En este lado de la 'lnea', por supuesto, venan de los opositores a Mubarak. Se rompan y los trozos salpicaban contra las paredes a nuestro alrededor. En ese momento, los hombres del PND se dieron media vuelta y corrieron de pnico cuando los opositores del presidente avanzaron en tropel. Yo me qued con la espalda apoyada contra la ventana de una agencia de viajes cerrada. Recuerdo un cartel anunciando un fin de semana romntico en Luxor y 'en el idlico valle de las tumbas'".

"(..) Por supuesto, sera una exageracin decir que las piedras cubrieron el cielo, pero a veces haba un centenar de rocas volando por el cielo. Destrozaron un camin del ejrcito, rompiendo sus laterales, aplastando sus ventanas. Las piedras vinieron de calles secundarias como la calle Champollion y de Talaat Harb. Los hombres sudaban, con bandas alrededor de su cabeza de color rojo, gritando con odio. Muchos ponan telas blancas a sus heridas. Algunos fueron llevados por delante de m, salpicando sangre por todo el camino".

Fisk sigue:

"Vi a mujeres jvenes con pauelos y faldas largas, rompiendo el pavimento al tiempo que las rocas caan a su alrededor. Se defendieron con una inmensa valenta que ms tarde se convirti en una especie de terrible crueldad".

"Algunos arrastraron a hombres del servicio de seguridad de Mubarak por toda la plaza, golpendolos hasta que la sangre brot de sus cabezas y salpic sus ropas".

Qu esperas? Cuando hombres y mujeres desarmados son objeto de un asalto violento, no tienen derecho a defenderse por medios violentos? El derecho a la defensa legtima est reconocido universalmente en todas las naciones civilizadas. Y si posteriormente se vengaron con los matones a sueldo que no mostraron piedad con ancianos, mujeres y nios, no vemos nada censurable en eso. Estos monstruos recibieron lo que se merecan. Y, teniendo en cuenta las circunstancias, no salieron muy mal parados.

Los revolucionarios egipcios se defendieron bien ayer. Resistieron la embestida inicial y lucharon con valenta haciendo retroceder al enemigo. Finalmente ganaron la batalla de la plaza Tahrir. Pero pagaron un precio muy alto. Se ha informado de que en El Cairo murieron cinco y 1.500 fueron heridos, pero nadie sabe las cifras reales. Y aunque el pueblo revolucionario ha ganado una importante batalla, la cuestin central la cuestin del poder sigue sin resolverse.

La hipocresa acerca de la violencia

La revolucin egipcia ha causado confusin en los gobiernos occidentales. No se esperaban estos acontecimientos y no saben cmo reaccionar. Su ms reciente tctica es "deplorar la violencia" y hacer un llamamiento a todas las partes a "mostrar moderacin". Ban Ki-moon, Secretario General de la ONU, dijo que si el rgimen empleaba la violencia "sera completamente inaceptable". Comentarios similares han llegado desde Washington y Londres: "si el rgimen es responsable", "si se puede demostrar que el Gobierno ha organizado los ataques" o "si no ha hecho nada para prevenirlos". Y as, hasta la saciedad.

Todo el mundo sabe quin estuvo detrs del sangriento ataque a los manifestantes pacficos y desarmados. Obama, Cameron y Ban Ki-moon son unos hipcritas al pretender que no saben quin es el responsable. Ponen a las vctimas al mismo nivel que los agresores. Incluso si el Gobierno egipcio es encontrado responsable, qu se propone hacer? La respuesta es clara: nada en absoluto.

Robert Gibbs, portavoz de Obama, dijo el mircoles: "si el Gobierno est instando a la violencia debera parar inmediatamente". Urgi "a todas las partes a la moderacin". Esto es hipocresa de la ms repulsiva. Hasta ayer el movimiento en Egipto fue enteramente pacfico. Las masas que se concentraron en la plaza Tahrir han actuado ordenada y disciplinadamente. Protegieron los tesoros del Museo Nacional de los saqueadores. Dirigieron el trfico. Incluso han limpiado la basura de las calles.

Ayer estos pacficos manifestantes fueron ferozmente atacados por matones armados, organizados y dirigidos por la polica secreta de Mubarak. Este feroz ataque fue enteramente planificado. Imagnese el siguiente escenario: un prfido bandido armado hasta los dientes ataca a un hombre desarmado en la calle e intenta matarlo. La vctima del ataque intenta defenderse mediante patadas y puetazos. Entonces aparece un polica y no hace nada para detener el ataque, y sin embargo da una severa charla aconsejando a ambos, la vctima desarmada y el asaltante armado, a "mostrar moderacin". Qu podra decirse de tal actitud?

La violencia est complicndoles la vida a los aliados internacionales de Mubarak y a aquellos egipcios que haban confiado en su promesa de abandonar el poder en septiembre. Junto con los Estados Unidos, Francia, Alemania y Gran Bretaa han urgido a una rpida transicin. Sus mentes han estado concentradas en los efectos econmicos y polticos internacionales de los acontecimientos en Egipto.

Los precios del petrleo han hecho temer que los tumultos alcanzaran a otros Estados rabes autoritarios, incluyendo el gigante petrolero Arabia Saud, o interfirieran los suministros desde el Mar Rojo al Mediterrneo a travs del Canal de Suez. El barril Brent sobrepas los 103 dlares el jueves.

Mientras tanto la marea revolucionaria fluye en todas direcciones. El jueves miles de manifestantes antigubernamentales se concentraron en la capital yemen Sanaa demandando cambios en el Gobierno y diciendo que la oferta del mircoles del presidente Ali Abdullah Saleh de abandonar el poder en 2013 no era suficiente.

Por todo esto los imperialistas necesitan estabilidad en Oriente Medio. La cuestin es cmo van a conseguirla. Desde el comienzo, EEUU ha estado luchando por dar respuestas coherentes a unos acontecimientos que cambian da a da, incluso hora a hora. En los hechos, el mayor poder en el mundo ha sido reducido al rol de un espectador impotente. Un artculo en The Independent de hoy por su corresponsal en Washington, Rupert Cornwell, llevaba este interesante ttulo: Las duras palabras de Washington destacan la impotencia de los Estados Unidos.

El artculo dice: "En realidad, sus palabras no estn haciendo ms que subrayar la impotencia de la administracin, actualmente reducida a mirar la televisin como cualquier otro, mantener sus dedos cruzados y ver como se desarrollan los acontecimientos en Egipto en lo ms inmediato pero tambin en otros pases aliados en la regin, especialmente Arabia Saud y Jordania".

Obama no se atreve a llamar pblicaente a Mubarak a que resigne por los efectos que pueda causar en esos otros Estados. Est obligado a hablar en un registro cuidadoso y calculado. "Es necesaria una transicin ordenada, real, pacfica, y debe empezar ahora", dijo el presidente de los EEUU horas despus de que el dirigente egipcio hubiera hablado el martes. La palabra clave se supone que es "ahora". Se supone que eso dejara claro de qu parte se situaba Obama.

Pero nadie en El Cairo recibi el mensaje. Peor an, Mubarak inmediatamente se desmarc haciendo un llamamiento a sus seguidores en la calle a atacar a los protestantes. En cualquier caso las ltimas equvocas palabras de Obama son ms vergonzosas y repugnantes que la poltica abiertamente reaccionaria de Bush. La "pasin y dignidad" de los manifestantes fue "una inspiracin para los pueblos de todo el mundo", declar el presidente. "Estamos oyendo vuestras voces".

Alguien dijo anoche que incluso este lenguaje no podra ser traducido a un rabe comprensible. Lo cual no sorprende teniendo en cuenta que difcilmente puede ser comprendido en ingls. La intencin del lenguaje diplomtico no es en ningn caso transmitir ideas sino disfrazarlas. El problema de Obama es que es muy difcil ir a cazar con los perros y huir con la liebre al mismo tiempo.

Cada administracin estadounidense ha apoyado, armado y financiado al rgimen de Mubarak. Obama y Clinton no son diferentes de Bush y Reagan a este respecto. Todos ellos han respaldado a este aliado fiel de EEUU e Israel. Mantuvieron silencio acerca de los numerosos crmenes de este brutal rgimen. En noviembre de 2010 Clinton dijo: "la cooperacin entre los EEUU y Egipto es un pilar de la estabilidad y seguridad en el Medio Oriente y ms all, y miramos a Egipto en busca de liderazgo regional y mundial en un amplio abanico de materias. Esta es una relacin enraizada en el respeto mutuo y los intereses comunes, y con una historia de cooperacin y una visin del futuro compartida".

Hoy Tony Blair, principal compaero de crmenes de Bush en Iraq, tena esto que decir de Mubarak:

"Tu opinin de l depende de si has trabajado con l desde fuera o desde dentro. Yo he trabajado con l sobre el proceso de paz en Oriente Medio entre israeles y palestinos, as que es alguien con quien estoy en contacto y trabajando constantemente, y sobre este asunto tengo que decir que l ha sido inmensamente valiente y una fuerza para el bien". (El nfasis es mo, AW).

Estas palabras fueron dichas tras los criminales ataques a los manifestantes. Muestra que el historial de los Gobiernos europeos en Oriente Medio no es mejor que el de EEUU. Todos ellos son cmplices de esos crmenes y sus manos estn igualmente manchadas de sangre.

Hbil poltico, Mubarak espera que la Casa Blanca soporte la ofensiva con la esperanza de que la estabilidad pueda de alguna forma mantenerse en Egipto y los otros estados de la regin. Pero es una vana esperanza. Slo retrasara lo inevitable e incrementara enormemente la hostilidad hacia EEUU en Egipto y en toda la regin.

Dando por sentado que los estrategas de EEUU no son particularmente brillantes, incluso el ms estpido de entre ellos puede captar que no sera una buena poltica para Washington sacrificar sus intereses a largo plazo por logros ilusorios en el corto plazo. Por el momento las consignas antiestadounidenses no han jugado un gran rol en las calles de El Cairo. Pero esto podra cambiar muy rpidamente.

Independientemente de lo que pase en las calles en los prximos das y semanas, el pueblo egipcio nunca olvidar los crmenes de Hosni Mubarak. Su nombre estar para siempre marcado por la infamia. Y nunca olvidarn ni perdonarn a aquellos Gobiernos occidentales que hasta el ltimo momento dieron apoyo y ayuda a los verdugos de El Cairo. Las propias palabras "democracia" y "derechos humanos" en la boca de Obama y sus colegas europeos apestan a hipocresa.

Por un programa revolucionario

Mientras que los imperialistas hablan de una "transicin ordenada" los contrarrevolucionarios estn disparando a gente en las calles. Al amanecer hubo una tregua, con las tropas con tanques an vigilando. Pero a media maana grupos pro Mubarak fueron vistos de nuevo por las calles dirigindose a la plaza Tahrir con cuchillos y palos. Reuters informa de que los seguidores de Mubarak abrieron fuego sobre los manifestantes, matando al menos a cinco personas.

El tiroteo empez a las 4 a.m. (02:00 GMT) cuando cientos de manifestantes antigubernamentales estaban acampados en la plaza. Los autores de este nuevo crimen son bien conocidos. Un oficial de alto rango estadounidense dijo el mircoles que estaba claro que "alguien leal a Mubarak ha lanzado a esos chicos a tratar de intimidar a los manifestantes".

No sirve de nada suplicar al ejrcito que intervenga para detener los asesinatos. Incluso ms intil es apelar a la "comunidad internacional", esto es, a los mismos gobiernos occidentales que han estado tras Mubarak y su rgimen todo este tiempo.

Hay una fuerza en la sociedad ms fuerte que ningn Estado. Esta fuerza es el pueblo. Pero esa fuerza debe estar organizada. Cuando la polica fue sacada a la calle para causar caos y desorden la gente form comits para proteger sus calles de criminales. La misma idea debe ser ahora tomada y generalizada: formar comits de defensa en todas partes!

La amenaza de las bandas contrarrevolucionarias criminales solo puede respondese si la gente est armada para la autodefensa. El pacifismo no sirve cuando se trata de enfrentarse con matones armados. Es necesario armar a la gente! Si os atacan con palos y piedras, armaos vosotros tambin con palos y piedras. Si os atacan con ccteles molotov, armaos con ccteles molotov. Si os atacan con pistolas, armaos con pistolas.

La nica forma de derrotar a la contrarrevolucin es incrementando la accin de masas y llevndola a un nivel superior. Esto significa organizar una huelga general. Priven al rgimen de transporte, combustible, telfonos y correos, electricidad, calor y agua, y le demostrarn que la clase obrera es ms poderosa que todos sus matones armados y policas juntos.

Una huelga general egipcia mostrara quin tiene realmente el poder en el pas. Para organizarse de la forma ms efectiva es imperioso establecer comits elegidos para la defensa de la Revolucin en cada fbrica, calle y pueblo. Los comits revolucionarios deberan coordinarse a nivel local, regional y nacional. ste sera el embrin de un futuro gobierno democrtico del pueblo, una alternativa real al podrido rgimen dictatorial.

Si hay alguna leccin que sacar de la experiencia de las ltimas semanas es sta: el pueblo no puede confiar en nadie sino en s mismo: confiad en vuestra propia fuerza, vuestra propia solidaridad, vuestro propio coraje, vuestra propia organizacin.

Fuente: http://www.marxist.com/la-batalla-de-la-plaza-tahrir.htm

rCR



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