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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-02-2011

Sobre el pacto social
Batallas perdidas (porque no se dan)

Miguel Romero
Rebelin


1. En la neolengua creada por George Orwell en su novela 1984 para la sociedad del Gran Hermano, una de las reglas gramaticales bsicas es la inversin de sentido: as, el odio ser llamado amor; la opresin, libertad.

Tras el posado para la foto de familia de la presentacin del pacto social -qu indecencia verlos ah tan contentos, el da en que se anuncian cifras de rcord histrico de paro registrado, presentando un pacto que slo incluye minucias frente al desempleo!- Toxo ha dicho, en neolengua, que (el pacto) preserva el sistema pblico de pensiones y los derechos de los trabajadores y, especialmente, de las personas jvenes que se estn incorporando al mercado de trabajo; en su turno, Cndido Mndez ha afirmado que el acuerdo es fruto del 29-S y, por si esto fuera poco, ha aadido que ambos, el 2 de febrero y el 29-S, representan el ejercicio de derechos democrticos fundamentales y de no resignarse (sic!)" /1.

La propia desmesura de la verborrea parece indicar las ganas de sepultar con palabrera el contenido genuino y el significado poltico del pacto. Porque en realidad, 2-F y 29-S son fechas polticamente antagnicas. El 2-F no es fruto del 29-S, sino la sancin del fracaso de la huelga general. Un fracaso que era mentira cuando lo proclamaron, desde el da siguiente, los poderosos adversarios de la huelga, pero ha terminado siendo verdad, cuatro meses despus y por obra de quienes fueron sus principales convocantes. ste es el dursimo golpe que hemos recibido desde La Moncloa el movimiento sindical (incluyendo las organizaciones representadas por Toxo y Mndez, como no tardar en comprobarse), los movimientos y organizaciones sociales, la izquierda poltica; y todas y todos los que lucharon el 29-S con la voluntad y la esperanza de iniciar un ciclo de movilizacin y resistencia capaz de construir una alternativa a la crisis capitalista; y todas y todos los que despus de la huelga creyeron, con razn, que haban logrado abrir una brecha en el muro de la resignacin y la desmovilizacin construido sobre las bases del dilogo social. Ahora esa brecha parece cerrada. No ha regresado la cuestin social, sino el dilogo social y sta es una excelente noticia slo para los mercados y quienes estn a su servicio.

Para levantarnos de la lona y reaccionar, y hay que reaccionar ya, hace falta intentar racionalizar la indignacin, lo que no es nada fcil, analizar lo que ha ocurrido y contribuir al debate que se ha abierto en el espacio amplio, y nada homogneo, del rechazo al pacto social.

En ese debate, hay personas y organizaciones de la izquierda que se oponen al pacto, pero de un modo u otro comprenden o disculpan o prefieren no hablar del papel de los sindicatos mayoritarios. Me referir ms adelante a estas opiniones que no comparto.

Este texto se va a centrar en la crtica a la poltica de CC OO y UGT, a partir fundamentalmente de las declaraciones pblicas de sus principales dirigentes que han asumido un protagonismo total desde el comienzo de la negociacin, ratificado despus por sus respectivas direcciones, con la honrosa excepcin del sector crtico de CC OO.

No habra ni que decirlo, pero por si acaso: en modo alguno esta crtica disculpa al gobierno. Por supuesto, el responsable fundamental de la poltica econmica y social que padecemos es el gobierno Zapatero y l es el principal inspirador del pacto social, una de cuyas funciones bsicas consiste, precisamente, en crear las condiciones adecuadas para la aplicacin prctica de lo que Zapatero llama poltica de reformas; poltica slo marginalmente corregida por el pacto y que constituye un modelo de ortodoxia neoliberal y sometimiento a los mercados, cuyo reconocimiento Zapatero busca con ansia fundamentalista.

Tampoco habra que decirlo, pero mejor evitar malentendidos: es verdad que existe una campaa antisindical de la derecha que busca recortar derechos bsicos para debilitar las capacidades de defensa de la poblacin trabajadora. No es por cierto la nica campaa antisindical de los ltimos tiempos: hemos sufrido, sin apenas reaccin, la imposicin por el gobierno durante mes y medio de un estado de alarma (santificado, segn Rubalcaba) que impide el ejercicio de derechos sindicales y que, en adelante, y ms all del caso muy especfico de los controladores, pesar como una losa cada vez que los trabajadores recurran a medidas legtimas, aunque necesariamente ilegales, para defender sus objetivos. Hemos conocido tambin una campaa permanente de consenso meditico contra los sindicatos amenazndoles con la condena si no firmaban el pacto. Eso s, una vez ste firmado, han llovido los elogios sobre la madurez de los sindicatos. Es un discurso bien conocido: los medios y los poderes establecidos slo elogian a la izquierda cuando renuncia a defender los intereses y objetivos que representan. Esto es lo que se llama ejercicio de responsabilidad.

Sin duda estamos en una situacin muy difcil para el sindicalismo, especialmente para el sindicalismo de clase que lo muestra en el da a da, no slo en los discursos del 1 de mayo. Pero el debate en la izquierda sobre las polticas sindicales no slo es legtimo sino necesario y no representa en modo alguno un ataque al sindicalismo, sino precisamente su defensa en un terreno decisivo como lo es la poltica que la izquierda social y poltica, cada una en su mbito, pero unitariamente, deberan desarrollar contra la crisis capitalista.

El nuevo y duro desafo que el pacto social nos plantea a estas izquierdas no puede limitarse a denunciar la poltica del gobierno. Se trata de plantearnos cmo luchar contra ella cuando las dos mayores organizaciones del movimiento obrero han decidido corresponsabilizarse de aspectos fundamentales de esa poltica; cuando han hecho suyas, por ejemplo, estas palabras de la introduccin al pacto: este ejercicio de responsabilidad compartida por Gobierno e Interlocutores Sociales transmite a la sociedad espaola un mensaje inequvoco de solidaridad social y de confianza en el futuro de vital importancia, porque la colaboracin de todos para mejorar nuestra capacidad de crecimiento, para aumentar la competitividad de las empresas espaolas y para reforzar la cohesin social y recuperar la credibilidad de los inversores nacionales e internacionales se hace imprescindible para afrontar los retos que determinarn nuestro futuro.

CC OO y UGT son agentes decisivos del pacto social y no pasa da sin que se vanaglorien de esa responsabilidad compartida. Son pues responsables de cmo se ha llegado al pacto, de cul es su resultado y de cules sern sus consecuencias. Y el pacto, y el papel en l de CC OO y UGT, tendrn una influencia negativa muy considerable en la lucha contra la poltica del gobierno y de la Unin Europea, dispuestos a darle otra vuelta a la tuerca del ajuste estructural.

No se puede eludir este problema mayor. Para contribuir al debate sobre l escribo esta nota.

2. Durante el mes que ha durado aproximadamente la negociacin formal del pacto, CC OO y UGT no han dado ni la menor informacin sobre las negociaciones en curso y han evitado cualquier accin social significativa de presin sobre ella. Todo lo que hemos ido conociendo han sido declaraciones y filtraciones de portavoces del gobierno, diseadas para crear presin meditica sobre los representantes sindicales. Desgraciadamente no hemos contado en este caso con un wikileaks que destapara el velo de las reuniones en La Moncloa.

Estos procedimientos son habituales en la poltica establecida (lo ms oculto es lo ms importante, deca Debord), pero son rechazables desde los criterios democrticos ms elementales, por no hablar de esa democracia participativa que, por lo que se ve, muy pocas organizaciones de la izquierda se toman en serio. Son adems muy perjudiciales para aquellos interlocutores cuya fuerza slo puede estar en la movilizacin social.

Efectivamente, la negociacin secreta impona una actitud de pasividad a las propias bases sindicales y en general a la gente de izquierda; en estas condiciones las propuestas de CC OO y UGT -o por decirlo ms precisamente, las propuestas que decan defender antes de la negociacin- tenan todas las de perder. El texto del pacto confirma esta previsin. Toxo y Mndez son gente experimentada y no podan ignorarlo. Pero cuando se pasa la puerta del dilogo social hay que dejar fuera las armas de la movilizacin.

3. Slo hay un captulo significativo en el texto del pacto social: la reforma de las pensiones. El resto funciona como envoltorio. Mal envoltorio, en todo caso. Lo comentar brevemente.

El llamado Acuerdo sobre Polticas Activas de Empleo y otras materias de ndole laboral es un escarnio: por ejemplo, en un pas en el que estn en paro el 38,4% en los jvenes de entre 20 y 24 aos y el 25,9% en las edades comprendidas entre 25 y 29 aos, llamar programa excepcional de empleo para la transicin hacia la contratacin estable al proyecto de crear 100.000 empleos para jvenes por medio de un sistema de tan probada ineficacia como la reduccin de las cotizaciones empresariales es un engaabobos. No vale la pena dedicarle ms atencin.

El llamado Acuerdo sobre Poltica Industrial, Poltica Energtica y Poltica de Innovacin es insignificante (y lo poco que significa algo es malo, como esta puerta abierta para que prosiga el acoso de las empresas privadas a la sanidad pblica: Impulsar alianzas - programas de financiacin de la cooperacin pblico-privada- en los sectores de la energa y la salud, as como en aquellos otros sectores que justifiquen su capacidad innovadora, su impacto social o de creacin de empleo). Otro tanto puede decirse del llamado Compromiso bipartito entre el Gobierno y las Organizaciones Sindicales para el tratamiento de cuestiones relativas a la Funcin Pblica que, tras tan pomposo ttulo, se limita a un vago compromiso de convocar a la Mesa de la Funcin Pblica.

Se poda pensar que a cambio de las concesiones sindicales en materia de derechos sociales bsicos, CC OO y UGT iban a obtener algunas garantas, al menos para sus propios intereses de aparato, en materia de negociacin colectiva. Pero el llamado Acuerdo bipartito entre las Organizaciones Sindicales y Empresariales sobre criterios bsicos para la reforma de la negociacin colectiva slo contiene generalidades y algunas frmulas muy ambiguas y peligrosamente cercanas a las reivindicaciones empresariales, por ejemplo: La imprescindible adecuacin a los cambios en los sectores y en la empresa, a travs de medidas de flexibilidad interna, debe realizarse con una mayor participacin de los representantes de los trabajadores, como forma de garantizar su eficacia. Por el contrario, no hay nada en l que impida a la patronal proseguir su cruzada contra la vigencia de un convenio en su mbito hasta que otro lo sustituya, la llamada ultractividad, una prctica tradicional y de sentido comn, ni contra los convenios de mbito superior al de la empresa, en el camino hacia el predominio de los acuerdos individuales.

Se han publicado textos con crticas bien fundamentadas y detalladas al captulo de reforma de las pensiones del pacto social /2. Esos textos hacen innecesario volver aqu sobre esas crticas concretas; es interesante sealar que el pacto va a suponer un recorte medio del 20% para las pensiones futuras, es decir, exactamente la misma cifra que utilizaba Toxo antes del pacto para justificar su oposicin a la reforma del gobierno.

En cambio me parece necesario plantear una cuestin general. Todas las medidas que establece el pacto estn enmarcadas en el discurso neoliberal contra la viabilidad de las pensiones pblicas. Este discurso que cuenta con el consenso de los poderes establecidos econmico, poltico y meditico, se basa en proyecciones demogrficas que llevaran a un peso insoportable de las pensiones pblicas en el PIB a medio plazo. Cientficos sociales de izquierda, muy especialmente Vicen Navarro, han demostrado la falacia de este discurso y la viabilidad a largo plazo de un sistema pblico de pensiones dignas es decir, muy superior al actual- siempre que exista la fiscalidad justa que permita el gasto social necesario para una vida decente del conjunto de la poblacin /3. No por casualidad los temas fiscales estn ausentes del pacto social.

Entramos aqu en una cuestin que transciende a la defensa del sistema pblico de pensiones, aunque tenga en l uno de nudos decisivos. La extrema debilidad de la influencia social y poltica de la izquierda en nuestro pas tiene que ver con la ausencia de marcos de interpretacin y valoracin propios sobre los grandes temas de la realidad. Una de las peores consecuencias de eso que llamamos social-liberalismo es precisamente haber transmitido a la sociedad que, sobre todo en la poltica econmica, no hay alternativa. Sin romper esta barrera no hay avance significativo posible de la izquierda, ni siquiera en la resistencia respecto a la guerra social en la que nos encontramos en la Unin Europea. Efectivamente, esa resistencia tiene que orientarse a medio plazo, lo cual requiere convicciones en objetivos por los que vale la pena luchar, basados en un marco de interpretacin alternativo al pensamiento dominante.

Las pensiones pblicas son un terreno especialmente favorable para construir uno de esos marcos: contamos con razones poderosas, slidamente argumentadas y asequibles para la gran mayora de la poblacin; es un tema de preocupacin generalizada en la sociedad; hay una gran desconfianza hacia los argumentos que se utilizan para la (contra)reforma de las pensiones. Por ello, la aceptacin de hecho por parte de CC OO y UGT del marco neoliberal sobre la necesidad de recortar duramente las pensiones pblicas para hacerlas viables es extremadamente grave. En un reciente artculo, Vicen Navarro se dirige a los sindicatos mayoritarios en estos trminos: les rogara que, una vez pactada la reforma, no repitan ahora, como justificacin de su aceptacin, los mismos argumentos que hicieron aquellos que los propusieron desde el principio. Referirse al cambio demogrfico como justificacin de la propuesta es convertirse en parte del problema en su lugar de ser parte de la solucin /4. No creo que Toxo o Mndez respondan al ruego de Navarro. Pero si lo hicieran, no habra que tomarlos en serio. Lo que han firmado en el pacto social slo tiene sentido desde el consenso con esos argumentos. Es otro de los frutos amargos del dilogo social.

4.

Le Nouvel Observateur: En su opinin, cul es el valor de la izquierda que habra que promover con mayor urgencia?

Marguerite Duras: La lucha de clases.

Le Nouvel Observateur: Perdn?

Marguerite Duras: Aparte de restablecer la lucha de clases,

no se me ocurre ningn otro

(Le Nouvel Observateur, 2/4/1992)

La expresin dilogo social aparece una decena de veces en la introduccin al pacto. Das antes de la presentacin oficial del pacto, Toxo y Mndez explicaron sus puntos de vista en un artculo titulado La necesidad de preservar la cultura del acuerdo /5. En l se afirma: hemos sido capaces de articular un Pacto de Estado que preserva del debate electoralista y el conflicto social la esencia misma de nuestro Estado del Bienestar. Ms adelante sostienen que los acuerdos alcanzados han estado presididos por la lgica del equilibrio, que slo puede derivarse del debate y el acuerdo entre quienes representan el conjunto de intereses que conforman lo que llamamos el inters general. La verdad es que los prrafos no tienen desperdicio. Toxo se ha desmarcado posteriormente de lo del Pacto de Estado a ver si con un perfil ms bajo el pacto pasaba mejor. Lstima que no se haya desmarcado de todo lo dems, desde el eufemismo de llamar Estado del Bienestar a la situacin de un pas que est a la cola de la Unin Europea en gasto social, hasta la pintoresca identificacin del inters general con los consensos de los pactos sociales. Hay aqu problemas de fondo que se deben destacar.

No hace falta ser marxista para saber que el conflicto social

-en cuanto expresin de intereses antagonistas, de los que por desgracia son habitualmente ms concientes, y ms activos, los de arriba que los de abajo- est en la esencia misma del capitalismo. Se puede afrontarlo o someterse a la ley del ms fuerte, pero no se puede eludirlo. Slo desde el conflicto social pueden entenderse desde la privatizacin de las cajas de ahorro al modelo energtico; desde la escandalosa falta de fondos para la aplicacin de la ley de dependencia hasta el avance de la privatizacin de la sanidad, las amenazas prximas del copago sanitario o de la desvinculacin de los salarios de la inflacin; desde la reforma de las pensiones hasta el plan de competitividad de Merkel-Sarkozy, etc. Cuando los representantes del capital financiero rechazan en Davos cualquier regulacin de su negocio, no es un signo de que la situacin de la economa mundial est mejorando, sino de que se ven ya vencedores de la crisis, por abandono de quienes deberan ser sus adversarios. Como dijo hace un tiempo el megarrico -y filntropo, por supuesto- Warren Buffet: La lucha de clases existe, de acuerdo; pero es mi clase, la de los ricos, la que da la batalla... y vamos ganando.

Afrontar los conflictos sociales significa luchar por los intereses propios de la clase trabajadora identificando los intereses antagnicos de la clase capitalista y sus representantes polticos y sociales. En una lucha concreta puede haber compromisos, victorias, derrotas Pero un pacto social que afecta al conjunto, o a una parte sustancial, de la poltica econmica y social de un pas es una derrota siempre para las y los trabajadores; los consensos entre representantes de intereses contradictorios no modifican sustancialmente esa poltica; por el contrario, la legitiman.

Esto es as no solamente porque no existe esa lgica del equilibrio de la que hablan Toxo y Mndez, sino una lgica del desequilibrio a favor de los intereses de los poderes establecidos que, en este caso, se muestra de una forma evidente tanto en lo que el pacto sanciona sobre pensiones y empleo, como en lo que excluye, por ejemplo las cuestiones fiscales, salvo cuando se trata de rebajar cotizaciones empresariales. Esto es as, sobre todo, porque el pacto social induce desmovilizacin, resignacin y desorientacin en la poblacin trabajadora y favorece as la ofensiva gobierno/patronal que siempre se produce a continuacin.

Se ha hablado mucho estos das de los Pactos de la Moncloa, glorificados como corresponde a la amnesia histrica dominante sobre la Transicin. Hay muchas diferencias entre aquello y esto; por ejemplo, entonces fueron los partidos los que impusieron el pacto a los sindicatos, muy especialmente el PCE a CC OO; en este caso, han sido los sindicatos quienes han puesto especial empeo en incorporar al pacto especialmente al PP. En fin, todo puede empeorar Pero an contando con estas diferencias, es til recordar las consecuencias de aquellos pactos. Xavier Domnech destaca una de las ms importantes: toda nocin de lucha, accin colectiva y conflicto desapareci de la narracin histrica, si no era presentada precisamente como un freno a la actuacin de las instituciones, personas y valores que trajeron la democracia a Espaa. /6. Esta manipulacin afect tambin entonces a la mayora de los trabajadores. No pueden entenderse lo que vino despus sin tenerlo en cuenta. Ahora est en curso una operacin similar en la que el referente no es ya la democracia, sino la salida de la crisis. Si no lo evitamos, las consecuencias no sern ahora mejores que en 1977.

En los deportes suele decirse que se juega como se entrena. El entrenamiento en el dilogo social produce un movimiento sindical desactivado, sin sentido militante, con dbiles relaciones de confianza con los trabajadores no organizados, ajeno a los movimientos sociales.

En la preparacin de la huelga general del 29-S, dirigentes de los sindicatos mayoritarios mostraban su preocupacin ante las dificultades para poner en tensin a sus propios cuadros y militantes. Poco les ha durado la preocupacin. El regreso al dilogo social significa desandar lo que se pudo avanzar el 29-S en activismo, militancia, confianza, experiencia unitaria Si en el futuro quisieran recurrir de nuevo a movilizaciones se encontraran otra vez con esos problemas previos al 29-S, pero multiplicados. Y la culpa no es de los trabajadores que, que segn una cnica expresin justificativa de algunos dirigentes sindicales, estaran a la derecha de los sindicatos. Qu duda cabe de que ms de treinta aos de neoliberalismo han tenido efectos terribles en la solidaridad, la resistencia, la capacidad crtica de la poblacin trabajadora. Pero cuando los sindicatos se someten a esa llamada cultura del acuerdo, terminan potenciando estos efectos negativos y, con ellos, la cultura de la desmovilizacin.

5. Juan Torres ha escrito una crtica radical del pacto social /7, que incluye un captulo en el que desarrolla la idea de que el error del pacto no es culpa slo de los sindicatos. El texto es muy polmico en este punto, tanto en sus valoraciones sobre el papel de los sindicatos mayoritarios, como en lo que se refiere a la izquierda poltica.

Comparto la idea de que estos sindicatos, y los sindicatos en general, no deben ser referentes de la izquierda poltica, y que no se puede pedir a los sindicatos que resuelvan problemas que corresponderan a las responsabilidades de la izquierda poltica. Es cierto que una izquierda poltica ms fuerte, que expresara una oposicin poltica radical al pacto social, habra sido un factor muy positivo, un obstculo considerable a la capacidad de maniobra de gobierno y patronal. Pero muy probablemente si existiera esa izquierda, o por decirlo en trminos optimistas, cuando exista, habra tenido respecto al pacto social, y tendr en el futuro, relaciones muy conflictivas con los sindicatos mayoritarios, si estos mantienen su orientacin actual. En todo caso, construir un referente poltico de la lucha anticapitalista es una tarea fundamental, de extrema dificultad, que interpela a todas las corrientes de la izquierda alternativa y que excede por completo de los lmites de este artculo.

Quiero referirme aqu solamente a un aspecto concreto del texto de Torres, que tiene coincidencias con otros puntos de vista que, an criticando el pacto, valoran positivamente lo conseguido por los sindicatos. Dice Torres: si no se hubiera producido ese pacto el gobierno hubiera tomado una medida an ms daina para el sistema de pensiones y para el conjunto de los trabajadores. Lo que significa que los sindicatos han cumplido en cierta medida su funcin que es la de defender a los trabajadores hasta donde efectivamente puedan hacerlo. No comparto este enfoque de los resultados del pacto.

En primer lugar, valorar lo conseguido respecto a la oferta inicial del gobierno, y no respecto a los objetivos propios, significa subordinarse a los intereses de quienes hacen la oferta. Isaac Rosa ha descrito esta situacin con mucha claridad y con un humor duro en una tribuna muy recomendable, que se resume bien en su ttulo: Con compradores as, da gusto regatear /8.

Pero adems, no est clara cul fue la oferta inicial del gobierno y toda la negociacin del pacto tiene un cierto aire de puesta en escena. Plante el gobierno un retraso generalizado y obligatorio de la edad de jubilacin a los 67 aos como afirman los sindicatos? No es evidente. El 18 de diciembre, Zapatero anunci que la reforma de las pensiones se hara de una forma progresiva y flexible () que tendr en cuenta las diferentes condiciones de trabajo y los aos de cotizacin /9. Este criterio se ajusta bien al texto del pacto firmado un mes despus. Parece pues que lo conseguido por los sindicatos en lo referente a las pensiones no es un cambio de fondo en la poltica del gobierno, sino que se limita a esas cuestiones de forma.

Sin duda, poda haber sido peor. Pero, sobre todo, podra haber sido mejor?

Supongamos que los sindicatos hubieran rechazado los trminos del pacto y el gobierno hubiera impuesto su oferta inicial. El movimiento sindical y la izquierda social y poltica se encontraran en una situacin peor? No es previsible que una posicin firme de los sindicatos en defensa de un sistema pblico de pensiones dignas y contra la poltica del gobierno habra obtenido un respaldo social importante, aunque no se expresara en principio en grandes movilizaciones? Vale menos ese respaldo social para la resistencia frente a la crisis capitalista que haber conseguido que las personas de 65 aos puedan jubilarse con el 100% si han cotizado 38 aos y medio en vez de 41 u otros cambios de similar calado respecto a la oferta inicial del gobierno? En cuanto valoramos la desorientacin, la desmoralizacin, las divisiones, la desconfianza engendrada por el pacto?

No creo que el pacto pueda considerarse un mal menor; es un desastre del que costar mucho esfuerzo restablecerse.

Desde la firma del pacto, Izquierda Unida est tratando de criticarlo sin rozar a los sindicatos firmantes. Puede deberse a preservar los consensos internos, puede deberse a un clculo electoral sobre la posibilidad de atraer a sindicalistas votantes hostiles al PSOE, pero de acuerdo con la poltica de sus direcciones, o incluso puede deberse a que se crean, como afirm, Cayo Lara que los sindicatos han hecho lo que han podido. Sea cual sea la razn, IU se escabulle del problema fundamental que plantea el pacto social a la izquierda: es decir, que los sindicatos mayoritarios lo apoyan decididamente y estn siendo, junto con Zapatero, sus principales valedores, incluso en aspectos simblicos tan penosos, tica y estticamente, como la participacin en la cena de consenso a Angela Merkel.

Nace de aqu una ambigedad, no s si calculada. Porque si los sindicatos han hecho lo que han podido, o yendo bastante ms lejos, han logrado conquistas valiossimas (sic) como dice Llamazares, qu papel les corresponde en la lucha contra el pacto social?, cmo se valora la oposicin al pacto dentro de CC OO y en otras organizaciones sindicales?, qu sentido tiene seguir hablando de que sobran razones para la Huelga General si existen ya esas conquistas valiossimas o los sindicatos han ya hecho lo que han podido?

Jugar a dos, o ms, barajas puede tener utilidad si lo que se busca es obtener dentro de unos meses rditos electorales que, por otra parte, si alcanzaran el nivel necesario para formar coaliciones de gobierno con el partido principal responsable del pacto social, est por ver para qu poltica terminaran sirviendo. Pero si de lo que se trata es de refundar la izquierda un objetivo que parece enviado al desvn- no se puede recurrir a la diplomacia organizativa para eludir los desafos que nos plantea el pacto social dentro del propio campo de la izquierda poltica y social.

y 6. Puede entenderse que la indignacin lleve a sindicalistas a romper carnets de las organizaciones responsables del pacto. Pero no creo que eso resuelva ninguno de los problemas que afrontamos. Ms bien todo lo contrario.

La experiencia del pacto demuestra que hay que cambiar profundamente las relaciones de fuerzas en el movimiento sindical. Y para eso hace falta, sin duda, que refuercen su influencia, y su capacidad y voluntad de iniciativa unitaria, las organizaciones sindicales hostiles al pacto. Pero es imprescindible contar tambin con una izquierda sindical potente en CC OO ojal que fuera posible tambin en UGT, pero la fe no me da para tanto- y ste es, pese a todo, un buen momento para reforzarla.

Ser necesario contar tambin con una red sindical con capacidad de accin reivindicativa y solidaria en el marco de la UE, que supere la esclerosis institucional de la CES. He aqu un buen y necesario objetivo comn para la izquierda social y poltica alternativa europea. Pero tambin chocar con la poltica actual de los sindicatos mayoritarios. Cndido Mndez declar hace unos das en Los desayunos de TVE que frente al plan de competitividad de Merkel-Sarkozy hace falta un pacto social europeo. Es una ocurrencia simplemente absurda y es tremendo que se ocurran ahora estas cosas cuando desde que empez la crisis no ha habido ni una sola iniciativa sindical significativa de oposicin a las polticas antisociales de la UE y no se ha hecho el menor gesto de solidaridad efectiva con las luchas en Grecia, Francia o Portugal. Parece que toda su poltica empieza y termina en el pacto social.

Vienen tiempos muy difciles. Pero hay buenas razones para la esperanza. Volviendo otra vez al Pacto de la Moncloa, y sin nimo de hacer analogas, tras l y frente a l se desarroll una izquierda sindical potente, dentro y fuera de CC OO. Unos aos despus naci el movimiento antiOTAN. Ambos crearon posibilidades reales de cambiar el rumbo de la izquierda y del pas. Nadie poda haberlo imaginado en los momentos amargos posteriores al pacto.

Aquella historia termin mal, e incluso muy mal en lo que se refiere a la izquierda sindical. Pero no tena por qu haber sido as.

En el futuro inmediato, las resistencias que nacern -porque nacern con toda seguridad, y estn naciendo ya- pueden ser, y ojal sean, ms firmes en sus convicciones, ms lcidas, tenaces y unitarias que lo fueron entonces.

Miguel Romero es editor de VIENTO SUR

Notas:

1/ elmundo.es, 2/2/2011

2/ Entre otros: Pensiones y pacto social. Recorte del 20% de Antonio Antn http://www.vientosur.info/articulosweb/noticia/index.php?x=3554, Ataque a las pensiones de Isabel Otxoa y Mikel de la Fuente. http://www.vientosur.info/articulosweb/noticia/index.php?x=3546. Es interesante tambin la declaracin del sector crtico de CC OO Por qu no aceptamos el Acuerdo de Pensiones http://www.larepublica.es/spip.php?article23069

3/ Ver por ejemplo, Las pensiones son viables http://www.vnavarro.org/?p=3839. Reproducido en El Viejo Topo, julio-agosto 2009

4/ Pblico, 3/2/2011, p. 9.

5/ El Pas, 28/1/2011, p. 15

6/ Xavier Domnech Sampere. El cambio poltico desde abajo (1962-1976). Una perspectiva terica y metodolgica. http://www.historiacritica.org/anteriors/anteriors5/historiografia/cambiopol.pdf. Una versin reducida se public en Mientras Tanto n 90.

7/ Un gran error de UGT y Comisiones Obreras. El blog de Juan Torres no est operativo por un ataque informtico. El artculo ha sido reproducido en VIENTO SUR http://www.vientosur.info/articulosweb/noticia/index.php?x=3548

8/ http://blogs.publico.es/trabajarcansa/2011/01/28/con-compradores-asi-da-gusto-regatear/

9/ El Pas, 18/12/2010, p. 16.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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