Portada :: Palestina y Oriente Prximo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-02-2011

Las lgrimas de cocodrilo de Obama por la violencia en Egipto

Bill Van Auken
WSWS

Traducido del ingls para Rebelin por Beatriz Morales Bastos


Rezamos para que acabe la violencia en Egipto, para que se cumplan los derechos y aspiraciones del pueblo egipcio y para que amanezca un da mejor en Egipto, enton solemnemente el presidente Obama al principio de sus observaciones en el Desayuno Nacional de Oracin del jueves por la maana.

Esta celebracin anual de rectitud religiosa la organiza, de manera bastante apropiada, la Fellowship Foundation, un grupo enigmtico y polticamente relacionado con una larga historia de organizar crculos de oracin que renen a dictadores extranjeros, polticos estadounidenses y contratistas militares. Defendiendo la prctica, el organizador del grupo seal: la Biblia est repleta de asesinos en masa.

La oracin de Obama sigue a una serie de declaraciones de la Casa Blanca y del Departamento de Estado deplorando la violencia en Egipto y expresando su indignacin moral por los ataques del presidente Hosni Mubarak a manifestantes y medios de comunicacin pacficos.

A quin creen que estn engaando? Durante treinta aos los gobiernos estadounidenses, tanto demcratas como republicanos, incluyendo el de Obama, han respaldado a Mubarak precisamente por su habilidad para imponer polticas apoyadas por Washington en contra de la abrumadora oposicin del pueblo egipcio. Se entenda de sobra que esto requera una violencia sistemtica e implacable.

Si Obama est ahora derramando lgrimas de cocodrilo por la violencia que ha dejado cientos de muertos y miles de heridos en las calles de El Cairo, Alejandra, Suez y por todo Egipto es slo porque esta violencia ha dejado de funcionar y el pueblo egipcio sigue resistiendo y luchando.

No lloraba cuando ofreci su discurso en El Cairo en junio de 2009, que no inclua ni una palabra crtica con el rgimen de Mubarak. En vez de ello, elogi al dictador egipcio calificndolo de aliado incondicional y una fuerza para la estabilidad y el bien en la regin.

Al igual que se predecesor en la Casa Blanca, se calcula que Obama ha enviado unos 2.000 millones de dlares anuales (slo por detrs de Israel como receptor de ayuda estadounidense) para apuntalar la dictadura de Mubarak. La inmensa mayora de este dinero se ha destinado a las fuerzas del ejrcito y de la polica para que sigan reprimiendo las protestas de pueblo de Egipto y de toda la regin.

Que el presidente y otros altos cargos estadounidense conocan la violencia llevada a cabo diariamente por el rgimen se ha confirmado con pruebas documentales gracias a los cables diplomticos secretos de la embajada de El Cairo publicados por WikiLeaks. Un cable enviado a Washington por el embajador estadounidense en El Cairo slo unos meses antes del discurso de Obama sealaba con total naturalidad que la violencia policial en Egipto es rutinaria y dominante y que hay literalmente miles de incidentes de tortura cada da slo en las comisaras de El Cairo.

Esto no era una novedad. El gobierno egipcio ha gobernado a travs de un estado de emergencia prcticamente ininterrumpido durante toda la presidencia de Mubarak. Esto ha permitido las detenciones administrativas sin juicio, la criminalizacin de las huelgas y la prohibicin de reunirse cinco o ms personas no autorizadas.

En la prctica esto ha significado que los trabajadores que se han atrevido a hacer huelga se han encontrado con la polica antidisturbios y con los soldados, se han visto sometidos a detenciones masivas y han sido golpeados con palos y con las culatas de los rifles. Se ha perseguido a los dirigentes de las protestas de los trabajadores, han sido encarcelados y torturados. Aquellos a los que el rgimen se ha molestado en llevar a juicio con frecuencia han sido arrastrados ante tribunales especiales de la seguridad del Estado que supuestamente tratan casos de terrorismo armado.

Ni a Obama ni a ningn otro gobierno estadounidense les ha parecido que estas acciones fueran inquietantes. Han ayudado a crear las condiciones ms beneficiosas para la burguesa egipcia y para los bancos y corporaciones transnacionales. Est fuera de dudas que ningn alto cargo estadounidense sugiri retener un solo cntimo de la ayuda estadounidense debido a la brutal represin de los trabajadores egipcios.

Aunque Washington expresa ahora su indignacin por las detenciones y la intimidacin a periodistas estadounidenses y extranjeros que cubren los acontecimientos en Egipto, no emprendi accin alguna contra su cliente Mubarak mientras su rgimen arrestaba, torturaba y desapareca a periodistas durante aos por los delitos de citar mal a sus ministros, suscitar preguntas sobre su propia salud o escribir artculos peyorativos sobre su hijo Gamal, que es el sucesor que l haba elegido.

Estados Unidos aprob las redadas y detenciones sin cargos de miles de miembros de los Hermanos Musulmanes y de otros grupos islamistas.

Del mismo modo, Washington no abordo las brbaras formas de tortura impuestas a miles de presos polticos que iban desde quemarlos en el pecho y piernas hasta aplicarles electrodos en la lengua, pezones y genitales, colgarlos cabeza abajo, y golpes y violaciones.

Por el contrario, el gobierno estadounidense y sus agencias de inteligencia consideraban a los torturadores de Mubarak un recurso. Es probable que los agentes de la CIA que observan la cobertura televisada de los ataques de la polica contra los manifestantes de la Plaza Tahrir Square reconozcan a algunos de sus cabecillas, ya que se haban codeado con ellos en las cmaras de tortura del cuartel general secreto de la polica de la calle Lazoughli de El Cairo o en la prisin Maulhaq al-Mazra.

Segn un programa de detencin extraordinaria iniciado durante el gobierno Clinton a la dcada de 1990, se llev en aviones a Egipto a supuestos sospechosos de terrorismo encapuchados y engrilletados que haban sido secuestrados por la CIA en cualquier parte del mundo con el propsito expreso de interrogarlos bajo tortura. Este acuerdo espeluznante, que estableci una unidad sin fisuras entre el rgimen torturador egipcio y la intervencin del imperialismo estadounidense en Oriente Prximo, fue elaborado entre la inteligencia estadounidense y el director de la polica secreta de Mubarak, Omar Suleiman. Recientemente nombrado vicepresidente, Suleiman ha estado en contacto telefnico regular con la Secretaria de Estado estadounidense Hillary Clinton, con el vicepresidente Joe Biden y con otros altos cargos estadounidenses.

Adems, el papel del rgimen egipcio como el aliado incondicional tanto de Estados Unidos como de Israel ha facilitado la violencia generalizada [en la regin], desde la invasin estadounidense de Iraq a las guerras israeles en Lbano y Gaza.

ste es el contexto objetivo e histrico en el que se debe evaluar la oracin de Obama por el fin de la violencia y sus lgrimas de cocodrilo por la represin en Egipto.

Tras su pose pseudodemocrtica el gobierno estadounidense est tratando de ganar tiempo. Dentro de los crculos dirigentes y del aparato militar y de inteligencia estadounidense existen sin duda divisiones y valoraciones dispares acerca de si Mubarak puede lograr suprimir a las masas o si se deben dar pasos inmediatos para reformar el rgimen.

Sin embargo, lo que preocupa a cada seccin de la elite dirigente estadounidense es lo que el senador John McCain denomin recientemente Escenario Lenin, esto es, que las manifestaciones masivas contra Mubarak evolucionen hacia un desafo revolucionario directo a la dominacin imperialista y al dominio capitalista en Egipto.

El objetivo de toda la palabrera de Washington acerca de una transicin hacia un rgimen democrtico es impedir esta amenaza. Esta transicin respaldada por Estados Unidos no tiene credibilidad alguna. Su nico propsito sera devolver la estabilidad a las dictaduras militares existentes para que puedan continuar aplicando polticas que benefician al imperialismo estadounidense y a una pequea y corrupta elite financiera egipcia, al tiempo que someten a las masas de trabajadores y oprimidos al paro, la pobreza y la represin.

Los trabajadores y los jvenes egipcios deberan rechazar con el desdn que merecen tanto las hipcritas expresiones de preocupacin de Obama como las promesas estadounidenses de una transicin democrtica. Lo que se necesita de manera crucial es el desarrollo de un movimiento revolucionario independiente de la clase trabajadora para llevar a cabo la transferencia de poder a los trabajadores y oprimidos, y organizar la transformacin socialista de la sociedad egipcia. Slo por medio de una revolucin socialista se pueden lograr una genuina transformacin democrtica de Egipto, el fin de la opresin y de la desigualdad social.

Fuente: http://www.wsws.org/articles/2011/feb2011/pers-f04.shtml




Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter