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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-02-2011

A propsito de los disturbios en general y los de Tnez en particular

Alain Badiou
tunisiawatch.com

Traducido para Rebelin por Jorge Aldao y revisado por Caty R.


Hoy voy a hablar de los disturbios en Tnez. No nos apartaremos del tema del seminario de este ao -Qu significa cambiar el mundo?- una expresin cuya naturaleza equvoca ya he sealado.

Si entendemos por disturbios la actuacin en las calles de personas que quieren conseguir el derrocamiento del gobierno por medio de una violencia de grado variable, debemos destacar en primer lugar la rareza de estos disturbios en Tnez: fueron victoriosos. All haba un rgimen que durante 23 aos pareca firme y sin embargo fue derrocado por una accin popular que inmediatamente estableci de manera retroactiva su naturaleza de eslabn ms dbil.

Por qu es necesario analizar este fenmeno, cuando podramos limitarnos a alegrarnos? Porque despunta una cierta inquietud vinculada a la obligatoriedad de la satisfaccin cuyo carcter, digamos consensual, conviene sealar a pesar de la ilegalidad inherente a estos acontecimientos. Hoy no es fcil decir: Me gusta Ben Al y siento mucho que haya tenido que abandonar el poder. Si lo decimos nos encontraremos en una posicin muy incmoda. Por esa razn hay que rendir un homenaje a la ministra Alliot-Marie que lament pblicamente haberse demorado en ofrecer las habilidades de las fuerzas de polica de Francia al servicio de Ben Al, expresando en voz alta lo que su colegas pensaban para su coleto. A su lado Sarkozy es un hipcrita y un cobarde, igual que todos aqullos, tanto en la derecha como en la izquierda, que hace slo unas semanas se congratulaban por tener en Ben Al una slida muralla contra el islamismo y un alumno excelente de Occidente y que hoy se ven obligados, por un consenso de opinin, a fingir que se alegran de su salida con el rabo entre las piernas.

Insistamos: un gobierno derrocado por la violencia popular (y en especial por la juventud, que fue la punta de lanza), es un fenmeno raro para el cual, si queremos encontrar un precedente similar, hace falta retroceder treinta aos, a saber, a la revolucin iran de 1979 [1]. Treinta aos durante los que prevaleci la conviccin de que tales fenmenos ya no eran posibles. Es, en particular, lo que proclamaba la tesis conocida como el fin de la historia. Dicha tesis evidentemente no significaba que ya no sucedera nada ms. Fin la historiaquera decir fin de los acontecimientos histricos, fin de lo que la organizacin del poder poda volver a poner en juego gracias a un momento en el que, como deca Trotski, las masas hacen su aparicin en la Historia.La trayectoria normal de las cosas era la alianza de la economa de mercado y la democracia parlamentaria, alianza que era la nica norma sostenible de la subjetividad general. se es el significado del trmino globalizacin: esta subjetividad convertida en subjetividad mundial. Lo cual, por otra parte, no es incompatible con las guerras punitivas (Iraq, Afganistn), las guerras civiles (en los degradados Estados africanos), la represin de la Intifada palestina etc. As, lo ms fascinante de los acontecimientos de Tnez es su historicidad, la puesta en evidencia de una capacidad intacta de creacin de nuevas formas de organizacin colectiva.

Al conjunto formado por la economa de mercado y la democracia parlamentaria, concebido como un sistema insuperable, propongo nombrarlo: Occidente que, por otra parte, es como l mismo se autodenomina. Entre otros nombres que circulan, podemos sealar comunidad internacional, civilizacin (donde se contrapone, como corresponde, a diversas formas de barbarie, vase la expresin choque de civilizaciones), potencias occidentales Recuerdo que hace ms de treinta aos el nico grupo que reivindicaba este nombre sistemticamente -Occidente-, era un pequeo grupo fascista armado con barras de hierro (con el que tuve un choque en mi juventud). Que una palabra pueda cambiar de referente de manera tan espectacular slo puede significar que el propio mundo cambi. El mundo ya no tiene la misma trascendencia.


Estamos en una poca de disturbios?

Se podra pensar as viendo los recientes acontecimientos de Grecia, Islandia, Inglaterra, Tailandia (los Camisas Rojas), los motines del hambre en frica o las importantes revueltas obreras en China. En la propia Francia existe una especie de tensin pre-revolucionaria; a travs de fenmenos como las ocupaciones de fbricas, la gente est al borde de aceptar la revuelta.

Para explicarlo existe, por supuesto, la crisis sistmica del capitalismo que apareci hace 2 3 aos (y que est lejos de acabar) con su sucesin de estancamientos sociales, de miserias, y la sensacin creciente de que el sistema no es tan viable ni tan magnfico como nos dijeron; la vacuidad de los sistemas polticos se ha vuelto patente y slo se justifican como servidores del sistema econmico (el episodio del salvamento de los bancos fue particularmente demostrativo), lo que contribuye mucho a despojarlos de credibilidad. En el mismo perodo, y precisamente porque son los agentes de la supervivencia del sistema, los Estados tomaron medidas dramticamente reaccionarias en varios sectores (ferrocarriles, correos, escuelas, hospitales).

Me gustara situar estos fenmenos en el marco de una periodicidad histrica. Creo que las condiciones para los disturbios aparecen en perodos entre intervalos. Qu es un perodo entre intervalos? A una secuencia en la que la lgica revolucionaria se clarifica y en la que sta se presenta explcitamente como una alternativa, sucede un perodo entre intervalos en el que la idea revolucionaria se desactiva y todava no existe otra que la sustituya, donde an no se ha construido una disposicin alternativa. Es durante esos perodos cuando los reaccionarios pueden decir, justamente porque la alternativa est debilitada, que las cosas han retomado su curso natural. Es lo que sucedi tpicamente en 1815 con los restauradores de la Santa-Alianza. En los perodos entre intervalos existen los descontentos pero no estn estructurados, ya que no pueden sacar su fuerza de una idea compartida. Su fuerza es esencialmente negativa (que se vayan). Por esa razn, la forma de actuar de una masa colectiva durante un perodo entre intervalos son los disturbios. Tomemos el perodo de 1820-1850: fue un gran perodo de motines (1830, 1848, la Rvolt des Canuts [revuelta de los industriales de la seda, n. de t.] de Lyon), pero no fue estril; al contrario, fue muy fecunda aunque de modo invisible. De este perodo salieron las grandes orientaciones polticas globales que estructuraron el siglo siguiente. Ya lo dijo Marx: el movimiento obrero francs fue una de las fuentes de su pensamiento (junto a la filosofa alemana y la economa poltica inglesa).


Cul es el criterio de valoracin de los disturbios?

El problema caracterstico de los disturbios, como elementos que cuestionan el poder del Estado, es que exponen al Estado a un cambio poltico (la posibilidad de que se hunda), pero los disturbios no constituyen ese cambio: lo que suceder en el Estado no est previsto antes de los disturbios. Es la diferencia principal con una revolucin que propone, en s misma, una alternativa. Esta es la razn por la que, en todas las pocas, los revolucionarios se quejan de que el nuevo rgimen es igual que el anterior (tenemos el prototipo despus de la cada de Napolen III con la constitucin, el 4 de septiembre, de un rgimen formado por el personal poltico del rgimen anterior). Les sealo que el Partido, tal como fue creado el concepto por el POSDR (Partido Obrero Socialdemcrata de Rusia, n. de t.) y luego por los bolcheviques, es una estructura explcitamente apta para constituirse como una alternativa al poder establecido. Cuando la figura de los disturbios se convierte en una figura poltica, es decir, cuando dispone del personal poltico que necesita y no es necesario recurrir a los viejos caballos polticos, en ese momento se puede anunciar el final del perodo entre intervalos.

Volviendo a la revuelta tunecina, es muy probable que contine fragmentndose- al proclamar que el modelo de poder que se va a instalar est tan desconectado del movimiento popular que tampoco se acepta. Entonces, sobre qu criterios se pueden valorar los disturbios? En primer lugar debera existir una cierta empata con ellos, condicin completamente necesaria. Est el reconocimiento de su capacidad negativa, el poder deshonrado se hunde, al menos sus smbolos. Pero qu es lo que se afirma? La prensa occidental ya respondi diciendo que all se est expresando un deseo de Occidente. Lo que se puede asegurar es que se trata de un deseo de libertad y que tal deseo es, sin discusin, un deseo legtimo frente a un rgimen tan desptico y corrompido como el de Ben Al. Qu este deseo como tal sea un deseo de Occidente es ms dudoso.

Hay que recordar que Occidente como potencia hasta ahora no ha dado ninguna prueba de que se preocupe de alguna forma de organizar la libertad en los lugares donde interviene. Lo que cuenta para Occidente es: Estn con nosotros o no?, dando a la expresin estar con nosotros el significado de pertenecer a la economa de mercado, si es necesario en colaboracin con una polica contrarrevolucionaria. Los pases amigos como Egipto o Pakistn tambin son despticos y corruptos como lo era el Tnez de Ben Al, pero no se oye hablar demasiado de este asunto a los que aparecieron, con ocasin de los acontecimientos de Tnez, como ardientes defensores de la libertad.

Cmo definir un movimiento que se puede reducir a un deseo de Occidente? Podramos decir, y esta definicin se puede aplicar a cualquier pas, que se trata de un movimiento que se concreta en la figura de unos disturbios antidspota cuya potencia negativa y popular toma la forma de la masa y cuya potencia afirmativa no tiene ms normas que las que prevalecen en Occidente. Un movimiento popular que responde a esta definicin tiene muchas posibilidades de agotarse en las elecciones y no hay ninguna razn para que origine otra perspectiva poltica. Opino que al final de un proceso de ese tipo habremos asistido a un fenmeno de inclusin occidental. Lo que nos dice la prensa occidental es que este fenmeno es la salida inevitable del proceso de las revueltas, en este caso en Tnez.

Si es cierto, como previ Marx, que el espacio de realizacin de las ideas emancipadoras es el espacio mundial (lo cual, dicho sea de paso, no fue el caso de las revoluciones del siglo XX), entonces un fenmeno de inclusin occidental no puede considerarse un verdadero cambio. Lo que sera un cambio de verdad sera una salida de Occidente, una desoccidentalizacin, y sta tomara la forma de una exclusin. Fantasa, me dirn, pero es justamente un fantasa tpica de un perodo entre intervalos como el que estamos viviendo.

Si hubiera un desarrollo diferente de la evolucin hacia la inclusin occidental, qu podra constatarlo? Aqu no se puede dar ninguna respuesta formal. Simplemente podemos decir que no hay nada que esperar del anlisis del proceso estatal en s mismo el cual, necesariamente largo y tortuoso, acabar por desembocar en elecciones. Lo que hace falta es una investigacin paciente y minuciosa entre la gente en busca de aquello que, al final de un proceso de divisin inevitable (porque siempre hay dos que tienen la Verdad, y no uno), estar dirigido por una parte del movimiento: los que ya se anunciaron. No se elegirn los que no sean solubles a la inclusin occidental. Si existen entre los anunciados, se les reconocer fcilmente. Es con la condicin de esos nuevos anunciados como puede concebirse un proceso de organizacin de la accin colectiva.

Para concluir, volvamos a la empata. La enseanza de los acontecimientos tunecinos, la leccin mnima, es que lo que aparenta una estabilidad a toda prueba puede acabar hundindose. Y esto, esto produce placer, incluso mucho placer.

Nota:

[1] La cada de los regmenes comunistas de Europa del Este hace una veintena de aos no es comparable. Dicha cada se llev a cabo con el consentimiento de la URSS, simbolizado en la entrevista entre el dirigente alemn oriental Honecker y sus tutores rusos: cuando Honecker les pidi la autorizacin (que estaba obligado a pedir) para disparar sobre la muchedumbre se la denegaron. El cambio de la estructura del poder comunista se llev a cabo con los mismos appartchiks que se instalaron en el poder sobre las ruinas del sistema que ellos mismos haban conducido a la implosin.

Alan Badiou acab su intervencin con la lectura del poema de Bertold Bretch Elogio de la dialctica:

Con paso firme se pasea hoy la injusticia

Los opresores se disponen a dominar otros diez mil aos ms

Por la violencia garantizan: "Todo seguir igual"

No se oye otra voz que la de los dominadores

Y en el mercado grita la explotacin:

"Ahora recin empiezo!"

Entre los oprimidos, muchos dicen ahora:

"jams se lograr lo que queremos".

Quien est vivo no diga "jams".

Lo firme no es firme.

Todo no seguir igual.

Cuando hayan hablado los que dominan,

ser el turno de los dominados.

Quin puede atreverse a decir "jams"?

De quin depende que siga la opresin? De nosotros.

De quin que se acabe? De nosotros tambin.

Que se levante aqul que est abatido!

Aqul que est perdido, que combata!

Quin podr detener a aqul que conoce su condicin?

Pues los vencidos de hoy son los vencedores de maana

y el "jams" se convierte en "hoy mismo".


*Transcripcin de Daniel Fisher del seminario de Alan Badiou en la cole Normale Suprieure de Pars, el 19 de enero de 2011.

Fuente: http://www.tunisiawatch.com/?p=3955





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