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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-02-2011

Otro fragmento de sus Escritos Polticos
La muerte poltica

Maurice Blanchot
Acuarela libros


(En este fragmento de Maurice Blanchot, os recomendamos un ejercicio interesante para comprobar la potencia actual de sus Escritos Polticos: donde dice "Francia", sustituidlo por "Egipto", y donde dice "Presidente de la Repblica", cambiadlo por "Mubarak")

Cuando acontece que, al hablar de tal o tal otro como por descuido, decimos est polticamente muerto, sabemos que tal juicio no afecta tan slo al otro, nos afecta a todos, con pocos matices. Hay que aceptarlo e incluso admitirlo reivindicndolo. La muerte poltica vela en nosotros, luz en la tumba, para ahorrarnos todo divertimento, toda cavilacin cotidiana, toda palabra de fcil recriminacin; ms precisamente, toda posibilidad de supervivencia. La muerte poltica, esa que hace aceptar lo inaceptable, no es un fenmeno individual. Participamos en ella, quermoslo o no. Y en la sociedad francesa, cuanto ms nos elevamos, mayor se hace la muerte, hasta alcanzar, en la cumbre, la desmesura irrisoria, una presencia de humanidad petrificada. Si hay hoy en da en este pas un hombre polticamente muerto, es ese que porta lo porta realmente? el ttulo de presidente de la Repblica, Repblica a la que es tan ajeno como a todo porvenir vivo. Es un actor que representa un papel tomado en prstamo a la ms vieja historia, del mismo modo que su lenguaje es el lenguaje de un personaje, palabra imitada, en ocasiones tan anacrnica que parece, desde siempre, pstuma. Naturalmente, l no lo sabe. l cree en su papel y cree magnificar el presente, cuando en realidad parodia el pasado. Y este muerto, que ignora que lo est, es impresionante con su gran estatura de muerto, con esa muerta obstinacin que hace las veces de autoridad y, en ocasiones, con esa penosa vulgaridad distinguida que significa la disolucin del ser-muerto. Extraa presencia insistente en la que vemos perseverar un mundo pasado y en la que, no lo olvidemos, nos sentimos morir fastuosa, ridculamente.

Pues l mismo no es nada, no es ms que el delegado de nuestra muerte poltica, una vctima tambin l, una mscara tras la cual est la nada. La primera tarea consiste, pues, en hacer desaparecer la coartada superior y despus, a todos los niveles, la coartada de las coartadas. No nos creamos polticamente vivos porque participemos con mesura en una oposicin reglamentaria. Y no nos creamos intelectualmente vivos porque participemos en una cultura de alto nivel en la que la protesta es la regla, y la crtica, e incluso la negacin, todava un signo de pertenencia. Hace algn tiempo, un ministro parisino afirmaba con la ignorancia de la presuncin que la suerte del mundo no se decidira en Bolivia. Pero se decide tanto como en Francia, donde el nico principio de gobierno es la estabilidad y el nico cambio esperado, la muerte de un anciano espectral que siempre parece preguntarse si se encuentra o no en el Panten y si su memoria, que nada olvida, no ha olvidado sencillamente el acontecimiento imperceptible de su fin: o sea, el fin de un simulacro. Si sobrevive, aprovechemos su supervivencia para tomar clara conciencia de esa condicin de muerto viviente que compartimos con l, pero manteniendo el derecho suplementario de denunciar nuestra destruccin, aunque fuera por medio de palabras ya destruidas. De ella, aqu y en otros lugares, hoy, maana, otros extraern acaso un nuevo y fuerte poder de destruir.
Maana fue mayo: el poder infinito de destruir-construir.

Traduccin: Diego Luis Sanromn
Fuente: http://acuarelalibros.blogspot.com/2011/02/la-muerte-politica.html


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