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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-02-2011

Brasil en la era (pos) Lula
Sindicalismo de clase contra sindicalismo negociador de Estado

Ricardo Antunes
Correspondencia de Prensa


En el contexto de una monumental reorganizacin del capital - econmica, social, poltica, ideolgica y valorativa-, cmo el sindicalismo de clase viene esbozando sus respuestas?

En el caso de Brasil, donde en la dcada de 1980 aflor un nuevo sindicalismo con claro perfil de clase, qu cambios viene sufriendo a lo largo de ese perodo de desertificacin neoliberal? Qu pas en la ltima dcada en el escenario sindical? Cules son las experiencias y las posibilidades de un sindicalismo de clase despus de ocho aos de gobierno social-liberal de Lula?

El ms destacado lder sindical del llamado nuevo sindicalismo se convirti en un nuevo instrumento de las clases dominantes, una variante de semi-bonapartismo, donde el control y la cooptacin del llamado sindicalismo combativo (y en particular de la cpula sindical) era decisivo.

Vale recordar que el gobierno Lula, en el inicio del segundo mandato, realiz una alteracin poltica importante, trasladando su base social de sustentacin hacia las camadas ms pauperizadas, que viven al margen de la organizacin de clase: despus de un completo fracaso del programa social Hambre Cero, Lula ampli la Bolsa-Familia, poltica focalizada y asistencialista (aunque de gran amplitud), una vez que alcanza aproximadamente a 13 millones de familias pobres (cerca de 50 millones de personas con ingreso salarial bajo) y que por eso reciben como promedio el equivalente a 50 dlares mensuales).

De ese modo, el gobierno Lula, como un Bonaparte, articul las dos puntas de la barbarie brasilera: su gobierno remuner como ningn otro a las diversas fracciones burguesas y, en el extremo opuesto de la pirmide social, donde encontramos los sectores ms desorganizados y empobrecidos de la poblacin brasilera que dependen de las donaciones del Estado para sobrevivir, ofrece una poltica asistencial sin tocar siquiera mnimamente ninguno de los pilares estructurales de la tragedia brasilera.

Distanciado de su origen obrero, sometido al nuevo ethos de clase media, colgado de los grados ms altos de la escala social, todo eso, fue convirtiendo a Lula en una variante de hombre doble, ejemplo de aquellos que vienen de abajo, pero que triunfaron en el orden capitalista.

Su gobierno demostr una enorme competencia en dividir a los trabajadores privados en relacin a los trabajadores pblicos. Su gobierno imagin posible humanizar el capitalismo, combinando una prctica de privatizacin de los fondos pblicos que atiende tanto a los intereses del sindicalismo de negocios (interesado en los fondos de pensin), como al sistema financiero que efectivamente domina la poltica econmica de su gobierno.

En el campo sindical, el llamado sindicalismo combativo fue slidamente cooptado por el gobierno Lula.[2] Recientemente, en 2008, el gobierno Lula tom un decisin que inclusive acenta el control estatal de los sindicatos - viejo trazo del sindicalismo brasilero - al determinar que las centrales sindicales pasaran a recibir el Impuesto Sindical, creado en la era Vargas al final de los aos 1930. En la reciente medida aprobada por el gobierno, al mismo tiempo en que las centrales fueron legalizadas (lo que es positivo), ellas pasaron a tener el derecho de recoger el Impuesto Sindical.[3] Y vale recordar, que la CUT surgi ella misma, como opositora a este impuesto.[4] La Fuerza Sindical, por otro lado, visto que naci como una mezcla de neopeleguismo e influencia neoliberal, siempre fue favorable al Impuesto Sindical. Hoy, ambas tienen propuestas y acciones frecuentemente muy semejantes.

Sin mencionar el hecho que, durante el gobierno Lula (y ahora Dilma), hay centenas de ex sindicalistas que reciben altos salarios y comisiones por participar de los directorios de empresas estatales, de ex estatales (privatizadas), en directorios de fondos de pensin, adems de innumerables cargos ministeriales y comisiones creadas por el gobierno, aumentando la dependencia, el maridaje y la cooptacin de ex lderes sindicales que se encuentran dentro del aparato de Estado.

Por eso los gobiernos Lula/Dilma, cuentan con el apoyo de una fuerte parcela de la burocracia sindical que entrelaz al Estado, en la dependencia de los dineros pblicos y, de ese modo, garantiza el apoyo de las cpulas sindicales al gobierno.

La CUT y la Fuerza Sindical, enemigas en el pasado, conviven hoy en los mismo ministerios del gobierno y viven decisivamente en la dependencia de los presupuestos pblicos.

El nuevo sindicalismo brasilero de los aos 1970-1980, que naci fuera de los marcos de la socialdemocracia sindical, poco a poco se tornaba en una especie de copia tarda de aquella tendencia sindical. Comenzaba, entonces, a desmoronarse el nuevo sindicalismo que ahora pareca envejecer precozmente. La poltica de los convenios, apoyos financieros, asociaciones con la socialdemocracia sindical, especialmente europea, llevada a cabo por ms de dos dcadas de forma intensa acab, poco a poco, en este cuadro de cambios profundos, contaminando fuertemente al sindicalismo de clase en Brasil que, desprovisto de un perfil poltico e ideolgico de clase, se fue socialdemocratizando, en un contexto, vale recordar, de neoliberalizacin de la propia socialdemocracia sindical.

Este proceso termin por metamorfear a la CUT, nacida con una propuesta independiente y con claros contornos clasistas, en una Central sindical cada vez ms burocratizada, institucionalizada, negociadora, subordinada al Estado.

Adems de la CUT, tenemos en el campo de centro-izquierda, a la Fuerza Sindical, que combina elementos de neoliberalismo con el viejo sindicalismo pelego[5] que se moderniz, adems de varias pequeas centrales como la GGTB, la UGT, la Nueva Central. Con la creciente aproximacin entre la CUT y la Fuerza Sindical, se origin en Brasil una curiosa variante de sindicalismo negociador de Estado que ejercita la poltica de concertacin con las empresas y se hace de las partidas estatales para garantizar su dominio y cooptacin.

En el campo de la izquierda sindical tradicional, aunque asumiendo una posicin de apoyo al gobierno Lula, tenemos a la recin formada CTB, que se origin en la Corriente Sindical Clasista vinculada al Partido Comunista de Brasil (partido que en su pasado estuvo ligado a China e influenciado por el maosmo), que se desafili de la CUT en 2007 para as recibir tambin el Impuesto Sindical.

Como se puede ver, son innumerables los desafos que se presentan para que pueda ocurrir nuevamente una reorganizacin del sindicalismo de base y de clase en Brasil, despus de la derrota de la CUT y de lo que se denomin nuevo sindicalismo.

La creciente individualizacin de las relaciones de trabajo, la tendencia de las empresas a buscar quebrar el espritu de solidaridad y conciencia de clase y desorganizar todava ms a los trabajadores dentro de las fbricas, son desafos decisivos.

Combatir la idea falsa de que los trabajadores no son ms obreros sino colaboradores - prctica recurrente de las empresas que pretenden disimular la contradiccin existente la totalidad del trabajo social y la totalidad del capital, lo que vengo denominando como nueva morfologa del trabajo es un imperativo fundamental en este proceso de reorganizacin sindical.

Algunas experiencias y desafos ms recientes del sindicalismo de clase

En el campo de la izquierda sindical anticapitalista, hay un esfuerzo por crear nuevos polos de organizacin, resistencia y confrontacin, aglutinando a los sectores claramente socialistas y anticapitalistas junto a la Conlutas (Coordinacin Nacional de Luchas) y a la Intersindical.

La Conlutas fue creada recientemente como embrin de una nueva central de trabajadores, rompiendo con la CUT y teniendo como principal fuerza poltica de apoyo al PSTU (Partido Socialista de los Trabajadores Unificado), adems de incorporar a algunos sectores del PSOL (Partido Socialismo y Libertad) y a otros sectores independientes.

La Conlutas se propone organizar no slo a los sindicatos, sino tambin a los movimientos sociales extra-sindicales y creci en importancia en el ltimo perodo, avanzando en la oposicin al gobierno Lula y ahora al gobierno Dilma. Luchando contra prdida de derechos y buscando organizar un amplio espacio de fuerzas sociales del trabajo en un sentido amplio, que hoy est fuera de las organizaciones existentes.

La Intersindical es tambin oriunda de los sectores crticos que rompieron con la CUT, cuenta con buena presencia de militantes sindicales del PSOL, ex militantes del PT (Partido de los Trabajadores) y otros sectores independientes de izquierda.

La Intersindical tiene un perfil ms acentuadamente sindical, volcndose a la reorganizacin del sindicalismo de clase. La Intersindical se encuentra hoy dividida: una parte est a favor de la fusin con la Conlutas, creando entonces una nueva central; y otra parte est en contra de crear una nueva central, optando por una reorganizacin de base, de cierto modo inspirado en la anterior experiencia de las oposiciones sindicales.

Ambas, Conlutas e Intersindical, cada una a su manera, buscan ofrecer respuestas en oposicin a la conversin de la CUT en una central institucionalizada, verticalizada y dependiente del Estado.

Dos son emblemticos. El Sindicato de los Metalrgicos de Sao Paulo de Sao Jos dos Campos (Conlutas), y el Sindicato de los Metalrgicos de Campinas (Intersindical). Ellos rechazan las polticas de concertacin, recusan la prctica nefasta del banco de horas (reparto del desempleo), realizan huelgas importantes y rechazan los dineros pblicos que subordinan los sindicatos al Estado.

La lucha contra la destruccin de derechos y la precarizacin del trabajo son centrales en sus acciones cotidianas.

Vase los ejemplos siguientes, que dan un trazo del nivel de explotacin del trabajo en Brasil. En la produccin de caa de azcar (etanol) los aos de vida de los trabajadores, en algunas regiones del norte del pas, es menor que en tiempos de la esclavitud, en el siglo XIX, lo que obliga a los sindicatos rurales a luchar contra la degradacin del trabajo semi-esclavo en el campo. Un trabajador o una trabajadora puede cortar como promedio de 10 (Sao Paulo) a 18 (Maranho) toneladas de caa por da, dando millares de golpe de machete, lo que destruye su cuerpo productivo. Hay innumerables casos de trabajo esclavo en haciendas y en el agro-negocios que tanto encantan a Lula.

Inmigrantes bolivianos trabajan en el ramo de confecciones en la industria textil en el centro de Sao Paulo. Tienen jornadas que llegan a las 17 horas por da, completamente desprovistos de derechos.

Son algunos ejemplos. Entonces, como organizar ese conjunto ampliado, heterogneo y disperso universo de los trabajadores y trabajadoras. Es el mayor desafo.

Adems de esto, es plenamente actual la lucha por la autonoma, libertad e independencia sindical en relacin a las nuevas formas de dependencia del Estado bajo la era Lula.

Otro desafo central es buscar la creacin de un polo sindical, social y poltico por la base, que procure ofrecer al pas un programa de cambios anticapitalistas, combatiendo las causas reales e histricas que mantienen la estructura social y poltica de la dominacin burguesa en Brasil.

Es decisivo, por tanto, buscar un diseo de organizacin sindical capaz de ampliar e intensificar las luchas sociales de los trabajadores urbanos y rurales, que elimine la superexplotacin del trabajo que particulariza al capitalismo brasilero, incentivando, por el contrario, las formas de produccin volcadas a las necesidades vitales de la produccin trabajadora, hacia la produccin de bienes socialmente tiles, ofreciendo respuestas concretas a la tragedia que asola la vida cotidiana del ser social que trabaja en Brasil.

Comprender el diseo heterogneo y multifactico que caracteriza la nueva morfologa de la clase trabajadora se torna imprescindible, con el objetivo de eliminar la fractura que separa a los trabajadores y trabajadoras estables y precarios, hombres y mujeres, jvenes y viejos, nacionales e inmigrantes, blancos y negros, calificados y descalificados, empleados y desempleados, entre otras tantas diferenciaciones.

Si la clase trabajadora en el mundo contemporneo es ms compleja y heterognea de aquella existente durante el perodo de expansin del fordismo, el rescate del sentido de pertenencia (Alain Bihr), contra las incontables fracturas objetivas y subjetivas, impuestas por el capital, es uno de los desafos ms urgentes. Eso, a nuestro entender, slo es posible partiendo de las cuestiones vitales que emergen en el espacio de la vida cotidiana: trabajo, tiempo de trabajo y de vida; degradacin ambiental, produccin destructiva, propiedad (incluyendo la intelectual), mercantilizacin de bienes (agua, alimentos), son algunos temas por cierto vitales, que los sindicatos no pueden dejar de considerar.

Romper la barrera, impuesta por el capital, entre accin sindical y accin parlamentaria, entre lucha econmica y lucha poltica, articulando y fundiendo las luchas sociales, extra-parlamentarias, autnomas, que dan vida a las acciones de clase, se vuelve crucial. Como el capital ejerce un dominio fundamentalmente extra-parlamentario (Istvan Mszaros), es un gran error querer derrotarlo con acciones que se reduzcan o privilegien el mbito de la institucionalidad. Un sindicalismo de clase debe, por tanto, articular ntimamente lucha social y lucha poltica.

Aqu, la experiencia del MST (Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra). Creado en 1984, el MST tiene como centro de su accionar la organizacin de base de los trabajadores del campo. En su accin de confrontacin, el MST no prioriza la accin institucional o parlamentaria (que es concebida como un desdoblamiento y no el centro de su lucha), sino que sustenta su fuerza y vitalidad en la lucha social por la base, teniendo en las ocupaciones y asentamientos su forma prioritaria de lucha.

Su accin central parte de un elemento vital: la tierra y su posesin como bsqueda de un nuevo modo de vida, con claros elementos colectivos. La tierra significa trabajo, vida, alimentacin, sociabilidad, etc. El punto de partida es una cuestin vital.

Aunque el MST tenga su origen en los trabajadores rurales, ha venido incorporando crecientemente a trabajadores expulsados de las ciudades, que retornan al campo desempleados, articulando experiencias cotidianas oriundas del mundo del trabajo rural y urbano.

Con esta fuerza social, el MST es el ms importante movimiento social y poltico de Brasil, al practicar diariamente la fusin entre lucha social y lucha poltica como eje central de sus acciones.

Cito otro ejemplo latinoamericano. En Argentina, vimos el florecimiento en el marco de la crisis de diciembre 2001, nuevas formas de confrontacin social, como la explosin del movimiento de los trabajadores desempleados, los piqueteros que cortan las rutas para trabar la circulacin de mercaderas; o como expresin de la lucha de los trabajadores en torno a las empresas recuperadas, ocupadas durante el perodo ms crtico de la crisis argentina, lo que sum a dos centenas de empresas bajo el control-direccin-autogestin de los trabajadores.

Fueron, ambas, respuestas importantes frente al desempleo y que sealaban nuevas formas de luchas sociales y polticas del trabajo, impulsadas por las masas de desempleados que se expandieron en aquel perodo, aunque, en el caso de los piqueteros, el movimiento fue sufriendo un fuerte reflujo (y cooptacin por el gobierno Kirchner), debido tambin a su relativa atomizacin organizativa. Y las fbricas ocupadas encuentran un enorme obstculo al relacionarse con el mundo del mercado y su lgica destructiva. Pero, juntos a los sindicatos de clase, fueron experiencias recientes de organizacin de las fuerzas sociales del trabajo.

Hay, por tanto, un diseo heterogneo y multifactico que caracteriza la nueva morfologa del trabajo en Brasil. Ms all de las fracturas entre los trabajadores estables y precarios; de gnero, generacional e tnica; entre los trabajadores calificados y descalificados; empleados y desempleados; adems de la necesidad imperiosa de superar el productivismo por una concepcin ambiental que articule ecologa y trabajo, tenemos todava las estratificaciones y fragmentaciones que se acentan en funcin del proceso creciente de internacionalizacin del capital, entre otros tantos desafos.

Par comprender la nueva morfologa del trabajo es preciso, entonces, partir de una concepcin ampliada del trabajo, abarcando la totalidad de los asalariados, hombres y mujeres que viven de la venta de su fuerza de trabajo (incluyendo tambin a los desempleados) y que no se restrinja exclusivamente a los trabajadores manuales directos.

Los sindicatos y dems formas de representacin de las fuerzas sociales del trabajo, deben intentar comprender e incorporar la totalidad del trabajo social y colectivo que vende su fuerza de trabajo como mercadera, sea ese trabajo predominantemente material o inmaterial, en las tecnologas de informacin y comunicacin - el llamado infoproletariado o cyberproletariado que tiene papel de destaque en la creacin de valor hoy - sea aquel enorme contingente sobrante de fuera de trabajo que no encuentra empleo, los desempleados, pero que son parte constitutiva de la clase trabajadora (y tambin de la ley del valor).

Si la industria taylorista y fordista es, en tanto tendencia, ms parte del pasado que del presente cmo imaginar que un sindicalismo organizado verticalmente pueda representar ese nuevo heterogneo mundo del trabajo?

Es preciso disear un sindicalismo horizontal (Alain Bihr) que contemple las mltiples formas de ser del trabajo. Dicho de otro modo, la nueva morfologa del trabajo obliga a repensar una nueva morfologa de los organismos de representacin del trabajo, de la cual los sindicatos son parte.

Pero, as como el pasaje del siglo XIX al siglo XX gener la creacin de un nuevo tipo de sindicalismo de masa tayloriano-fordista, el viraje del siglo XX al XXI est exigiendo un nuevo sindicalismo de clase que aglutine a la clase-que-vive-del-trabajo y su nueva morfologa.

Notas

Ricardo Antunes esProfesor titular de Sociologa del Trabajo en IFCH/UNICAMP (Brasil), autor de numerosos libros, entre los traducidos al castellano destacamos: Adis al trabajo? Ensayo sobre la metamorfosis y el rol central del mundo del trabajo, Ediciones Herramienta, Buenos Aires, segunda edicin, 2003. Es colaborador de las revistas Margem Esquerda (Brasil), Herramienta (Brasil), La Breche (Suiza), Trayectorias (Mxico), Latin American Perspectives (EEUU), Proteo (Italia), y Asian Journal of Latin American Studies (Corea del Sur).

[2] En el campo de la izquierda que asumi un apoyo al gobierno Lula, tenemos a la CTB (Central de los Trabajadores y Trabajadoras de Brasil), vinculada al Partido Comunista de Brasil y que se desafili de la CUT en 2007. En el campo de la centro-izquierda tenemos a Fuerza Sindical, que combina elementos de neoliberalismo con el viejo sindicalismo que se moderniz, adems de pequeas centrales como la CGTB (Central General de los Trabajadores de Brasil), la UGT (Unin General de los Trabajadores), y Nueva Central, todas ellas con poca representatividad sindical y herederas del viejo sindicalismo dependiente del Estado.

[3] Un da de salario al ao de todos los trabajadores de las empresas privadas es recaudado compulsivamente por el Estado y distribuido entre los sindicatos, federaciones y confederaciones y ahora tambin entre las centrales. En 2010, fueron 84,3 millones de reales, segn el Ministerio de Trabajo.

[4] La CUT (Central nica de los Trabajadores fue creada en 1893, para luchar por un sindicalismo autnomo, independiente, de clase.

[5] Designacin usada en Brasil para caracterizar un sindicalismo de conciliacin y dependiente del Estado. Pelego es la piel usada por los jinetes, de modo de ablandar el rebote del trote de los caballos.

Traduccin de Ernesto Herrera.



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