Portada :: Palestina y Oriente Prximo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-03-2005

Ignacio Ramonet, pro-israel?

Santiago Alba Rico
Rebelin


La obligacin de los intelectuales y periodistas no puede ser la de mantener la equidistancia entre dos fuerzas desiguales sino la de revelar y denunciar una y otra vez su desigualdad. A eso precisamente se le llama objetividad. Digo esto a propsito del recurso, magistralmente empleado a menudo en el conflicto palestino-israel, de mantener la distancia respecto de ambos contendientes a fin de que la propia ecuanimidad suscite la ilusin, mucho ms importante, de una igualdad de hecho entre las partes. Esto es lo que hace Ignacio Ramonet en su artculo "Salir de Gaza", publicado el 2 de marzo por "La Voz de Galicia" y reproducido tambin en estas pginas ( www.rebelion.org/noticia.php?id=12133 ), en un ejemplo casi cannico de lo que es el uso sesgado de las ms acendradas vitudes periodsticas. Como doy por descontado que la mayor parte de los lectores de Rebelin conoce los datos bsicos de la actualidad en Palestina, me limitar a volver a decir lo que Ramonet dice, a re-presentarlo -por as decirlo- en otro orden y sin andamios, para que pueda valorarse el peso y la funcionalidad de su posicin.

1.- Ramonet califica el plan de "desconexin" de Gaza (y, por lo tanto, a su artfice, el general Sharon) de "valiente". Esta, lo sabemos, es precisamente la forma en que esa decisin unilateral, negociada con Egipto pero no con la ANP, ha sido celebrada por el gobierno de los EEUU y por los medios de comunicacin ms complacientes con Israel, hasta el punto de que el trmino "valiente" se ha impuesto en la opinin pblica como eso que en literatura se llama un "epteto" ("Aquiles el de los pies ligeros"), con la misma eficacia propagandstica que la famosa "generosa oferta de Barak" rechazada por Arafat en Camp-David II, uno de los mayores xitos de la propaganda israel en los ltimos cuarenta aos. Sobre la "valenta" del plan de "desconexin" de Gaza y su contribucin a la causa de la paz, se ha escrito mucho y no ser yo quien se pronuncie. Recordar tan slo las palabras de Dov Weisglass, principal consejero y hombre de confianza de Sharon en octubre del 2003: "La desconexin representa el formol. Proporciona la cantidad necesaria de esta solucin para evitar un proceso poltico con los palestinos. El proceso de paz significara la creacin de un Estado palestino, el desmantelamiento de las colonias en Cisjordania, el retorno de los refugiados, la particin de Jerusaln. Ahora est todo congelado". La parsimoniosa salida de 8.000 colonos, convenientemente indemnizados por el gobierno, de un territorio sobrepoblado y econmicamente irrelevante, es paralela al reforzamiento de los asentamientos en Cisjordania, segn noticia del diario israel Yediot Ahronot del viernes 5 de febrero, y a la continuacin de las obras del Muro, condenado por el tribunal Internacional de La Haya y que, aparte el confinamiento en un verdadero gheto de los 200.000 palestinos de Jerusaln, supone el aislamiento de decenas de aldeas palestinas y la anexin de hecho de al menos otro 7% de ese 22% -en relacin con la Palestina histrica- sobre el que se asentara el futuro Estado palestino. De todo esto Ramonet no dice nada.

2.- El segundo prrafo del artculo de Ramonet trata de explicar lo que ha hecho posible este viraje en la poltica del gobierno israel y arranca con un: "los tiempos han cambiado desde aquella provocacin del general Sharon al presentarse el 28 de septiembre de 2000 (...) en la Explanada de las Mezquitas". Qu es lo que ha cambiado? La evidencia de la intimidad casi orgnica entre EEUU e Israel, en virtud de la cual el gobierno israel ir siempre tan lejos como la administracin estadounidense se lo permita, podra hacer pensar que aqu se est aludiendo a las presiones de Bush, empantanado en Iraq y obligado a algn gesto formal en Medio Oriente. Pero el epteto "valiente" descarta esta consideracin. Qu es entonces lo que ha cambiado? Mediante una redaccin capciossima, aparentemente plana, Ramonet describe la espiral de horrores que se han sucedido en Palestina desde el comienzo de la segunda Intifada (enumeracin en la que mi carcter hipocondraco no puede dejar de reconocer una cierta prudencia muy selectiva, pues alude por dos veces a los "odiosos" atentados suicidas y nombra aspticamente "la reocupacin militar de las ciudades palestinas", sin mencionar Jenin, la destruccin de casas y de olivos o los brbaros e ilegales "asesinatos selectivos"). Todo esto, en fin, habra seguido as -bola de nieve de violencias contrapuestas- de no haberse producido milagrosamente un cambio: "La muerte de Arafat y la eleccin democrtica de Mahmud Abbas parecen haber despejado el horizonte". Aparte el supuesto implcito de que Arafat no fue elegido por su pueblo y de que las elecciones del pasado enero en Palestina fueron "democrticas", las palabras de Ramonet conducen a otro de los "tpicos" preferidos de la propaganda israel y estadounidense: "Arafat, obstculo para la paz". De esta manera se carga sobre la parte ms dbil -el pueblo palestino representado por un Arafat prisionero en la Muqata- la responsabilidad de esta sucesin de violencias e incluso la propia monstruosidad de la Ocupacin, que Ramonet no menciona ni una sola vez, eximiendo retrospectivamente al ahora "valiente" Sharon de todas sus tropelas. A este respecto, recordar tan slo que mi muy admirado y moderadsimo Edward Said, partisano de la nada radical Iniciativa Nacional Palestina y extraordinariamente intolerante con los atentados contra civiles israeles, siempre reproch a Arafat la firma de los acuerdos de Oslo ("un verdadero tratado de Versalles", deca), mediante la cual el difunto rais habra hecho concesiones incompatibles con la consecucin de un Estado independiente y sostenible. Ramonet le reprocha, al contrario, no haber hecho suficientes y espera que Mahmud Abbas, el hombre de los EEUU en la ANP, haga todas las que se le pidan, incluida -o sobre todo- aqulla que Arafat hizo slo a medias frenado por la resistencia de su gente: preocuparse ms -es decir- de la seguridad de los israeles que de la supervivencia de su propio pueblo.

3.- Ramonet dice que "la mayora de la poblacin israel aprueba" el plan de desconexin de Gaza y atribuye a una "minora de extrema derecha" la resistencia al mismo y el rechazo de negociaciones con los palestinos. Una vez ms, el director de Le Monde Diplomatique moviliza, volens nolens, el mito de un pueblo "pacfico" forzado por las circunstancias a un conflicto que le repugna. Segn una encuesta palestino-israel publicada el pasado mes de enero por los diarios Al-Quds y Haaretz, el 55% de los israeles, en efecto, apoyara el plan de retirada de Gaza, lo que representa una exigua mayora y poco significativa adems, habida cuenta de que el famoso plan -segn las declaraciones del citado Weisglass- tiene muy poca o ninguna relacin -o una relacin slo a contrario- con las negociaciones de paz. Por lo dems, que por primera vez el apoyo a un acuerdo duradero de paz entre los israeles haya superado ligersimamente el 50% tras la muerte de Arafat slo indica que, como el propio Ramonet, muchos israelies confan en que Mahmud Abbas haga concesiones decisivas. La realidad es que estos porcentajes bajan vertiginosamente cuando a los ciudadanos israeles se les pregunta por su disposicin a desmantelar los asentamientos de Cisjordania o a ceder una parte de Jerusaln como capital del futuro Estado palestino o a aceptar el retorno de los refugiados. Estoy seguro de que Ramonet se engaa de buena fe, pero lo cierto es que, si los israeles estn a favor de la paz (y quin no lo est?), siguen estando mayoritariamente en contra de hacer concesiones para alcanzarla. Los bravos luchadores de Gosh Shalom, como recuerda el siempre optimista e incombustible Uri Avneri, siguen siendo en Israel una insignificante minora.

4.- Esta voluntad inconscientemente dolosa de igualar en fuerzas, en intenciones y hasta en representacin a palestinos e israeles, lleva a Ramonet a cifrar las causas del conflicto en "la llamada, entre los fanticos de ambos campos, a la 'limpieza tnica' o a la 'segregacin de las poblaciones'". Una vez ms asistimos aqu a la tentativa de eximir de responsabilidad a los gobiernos israeles y a sus votantes. Recordemos que tambin en este punto -como en lo relativo al grado de justicia y de sufrimiento por uno y otro lado- la situacin es completamente desigual. Mientras que Hamas, en el extremo islamista del arco de la resistencia palestina, ha reconocido ya pblicamente la existencia del Estado de Israel y ha aceptado las fronteras de 1967, los sucesivos gobiernos de Israel, halcones o palomas, en nombre del Estado y del pueblo israel que los ha venido votando, han compartido bsicamente, desde 1948, la misma poltica de expansin colonial, anexin formal y/o material de territorios, "transfer" de poblaciones, asfixia econmica, apropiacin de recursos acuferos, derribo de casas y aplanamiento de olivos, destruccin del patrimonio cultural, etc. Considerar que el conflicto palestino-israel se cie al fanatismo de dos grupsculos enfrentados significa velar la existencia de un proyecto colonial y una fuerza ocupante y cuestionar la ilegalidad misma de la Ocupacin.

5.- Ramonet acaba su artculo evocando ahora uno de los "mitos fundacionales" de Israel: la "singularidad" de este Estado y su indisociabilidad gentica de un "proyecto moral". No nos equivoquemos: la justicia -toda la justicia- est del lado de los palestinos, vctimas histricas de las maniobras del imperialismo europeo y del antisemitismo occidental, y la existencia de Israel, como bien lo demuestran sus consecuencias hoy para la paz mundial, es inseparable del proyecto ilegtimo e inmoral de ese nacionalismo sionista, mesinico y racista, que ha cristalizado en un Estado sin constitucin, sin fronteras declaradas y regido por una Ley del Retorno que excluye de hecho la posibilidad de convivencia con los palestinos. Pero la historia no imparte jams justicia y tiene que conformarse con introducir de cuando en cuando, muy raramente, un poco de derecho. Por decirlo sin ambages: los israeles se han ganado injustamente el derecho a compartir las tierras de Palestina con sus legtimos propietarios. Ese derecho ya no puede cuestionarse, pero es necesario no olvidar sobre qu injusticia se levanta para que los palestinos puedan aspirar tambin, ya que no al restablecimiento de la justicia, al reconocimiento al menos de un derecho igual al del agresor.

6.- Como soy muy sensible al espesor de las palabras, no puedo dejar de sealar, para terminar y con cierto malestar, el modo en que Ramonet -que en un maestro como l no puedo juzgar inocente- explota la potencia movilizadora de algunos trminos. Me refiero concretamente al hecho de que, mientras habla de la "desesperacin" de los palestinos, describe a los israeles como una sociedad "angustiada" y -fjense- "martirizada". La vocacin religiosa de este vocablo, que invierte y refleja el uso que se hace de l del otro lado (el culto a los "shuhada", a los "mrtires"), no me gusta nada. En este caso, Ramonet no se limita a igualar sino que voltea la proporcin de justicia y de sufrimiento entre ambos bandos: mediante este adjetivo ("martirizada") consuma la magia de convertir a Israel en la vctima pasiva, inerme y sin culpa de una feroz persecucin criminal. Es decir, evoca -perdnenme- la sombra del Holocausto con toda su fuerza legitimadora, de la que tanto y tan obsceno provecho ha sabido extraer el sionismo.

Creo que estos seis puntos demuestran sumariamente que el artculo de Ramonet es, se haya dado cuenta o no su autor, pro-israel y, por lo tanto, injusto. Creo que, si en lugar de Ramonet -hombre al que respeto y admiro y que se ha ganado una merecida autoridad moral e intelectual en otras batallas-, si en lugar de este hombre valiente y lcido este artculo lo hubiera escrito Solana o Vargas Llosa, todo el mundo comprendera muy bien su contenido. Pero precisamente porque lo ha escrito un hombre cuya merecida autoridad moral e intelectual nadie pone en duda, conviene que alguien se atreva a decir lo que verdaderamente est diciendo, para que l tome conciencia de su error (fruto quizs de las presiones que caracterizan en este tema a los medios intelectuales franceses) y para que sus lectores, entre los que me cuento, slo le sigamos hasta donde tenga razn y mientras la tenga.



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