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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-02-2011

Foro Social Mundial 2011
Brjula poltica de los movimientos sociales

Isabel Rauber
Rebelin


Recientemente, entre el 6 y el 11 de febrero, se realiz Dakar, la dcima edicin del Foro Social Mundial. Con ella se cumplieron diez aos de la primera reunin, en Porto Alegre, en enero de 2001. Su realizacin fue un xito, tanto en la convocatoria como en las temticas tratadas y, como era de prever, fue prcticamente silenciado por los medios.

Su realizacin en tierras africanas reuni varios factores cuyo simbolismo condensa y proyecta en cierta medida lo que los pueblos, con sus resistencias, sus luchas y sus propuestas han caminado de entonces a la actualidad, marcando el nuevo tiempo.

La presencia de Lula, que habl a la multitud en Porto Alegre, cuando apenas asumi como el primer presidente obrero de Latinoamrica junto a la de Evo Morales, primer presidente indgena del continente, evidencian lo que hemos recorrido desde el 2001.

Otro elemento a destacar y que subraya la emergencia del protagonismo de los movimientos sociales africanos, se condens en la clausura del dcimo FSM, que coincidi con la cada de Mubarak, por la rebelda insurreccional del pueblo egipcio, movilizado por ms de 18 das en las calles de El Cairo y Alejandra. Esto, sin olvidar que en el 2011 se cumplen tambin 10 aos del levantamiento insurreccional de los argentinos. De conjunto estos hechos, reflejan no solo la resistencia de los pueblos sino tambin su capacidad de lucha para poner fin al neoliberalismo. Ellos se enfrentan ahora con el nuevo tiempo que han construido, un tiempo de pensar y construir las propuestas alternativas al orden civilizatorio global del capital, conjuntamente con las articulaciones y convergencias entre los actores sociales y polticos capaces de protagonizarlas. Emerge cada vez con mayor claridad la necesidad de construir en los mbitos local y mundial un amplio movimiento sociopoltico que articule las fuerzas parlamentarias y extraparlamentarias de los trabajadores, campesinos, indgenas, mujeres, ecologistas, intelectuales orgnicos y el pueblo todo, en oposicin y disputa a las fuerzas de dominacin del capital (localglobal), con nfasis particular en las relaciones parlamentarias y extraparlamentarias.

Estamos en un tiempo eminentemente poltico.

Ya no basta con sobrevivir, no basta con las resistencias y las luchas antineoliberales; es vital superar la defensiva, erigirse (construirse) en sujetos de la historia, articularse orgnicamente conformando proyectos alternativos concretos incluyendo la participacin electoral, para avanzar en la construccin/consolidacin de poder y hegemona propias desde abajo. Los movimientos sociales reunidos en el Foro Social Mundial, en Dakar, en los debates realizados en talleres y plenarios, dieron cuenta de esta realidad.

Ciertamente, lo caminado hasta aqu, evidencia el crecimiento en las condiciones, capacidades y potencialidades polticas revolucionarias de los movimientos sociales y los movimientos indgenas. Sobresale la trascendencia estratgica de su accionar, sus propuestas y sus miradas. En sus prcticas colectivas se van instituyendo nuevas interrelaciones humanas que constituyen avances de la nueva sociedad, a la vez que van configurando nuevos paradigmas orientadores de la construccin de la nueva civilizacin, superadora de la actual, marcada por el capitalismo y las exigencias anti-ticas de su destructivo mercado especulador.

La madurez alcanzada por los movimientos indgenas y sociales en aos de resistencias y luchas sociales, ha resultado incrementada por la experiencia que viven aquellos que con sus resistencias, luchas, organizacin y propuestas han constituido gobiernos y hoy conjugan (o mejor dicho: estn aprendiendo a conjugar) sus actividades polticas y sociales en aras de profundizar procesos populares colectivos de construccin de poder propio desde abajo en simultnea disputa con el poder del capital. Esta situacin ubica el debate del papel de los movimientos sociales en una dimensin cualitativamente diferente de la hasta ahora experimentada: hacerse cargo de las coyunturas sociopolticas que ellos mismos han construido, y en el caso de aquellos que han constituido o contribuido a constituir gobiernos populares asumirse tambin como actores partcipes de los gobiernos y hacer todo lo que haya que hacer para desde abajo y con autonoma cogobernar. No hacerlo, en tales casos, equivale a renunciar al protagonismo construido, acumulado y conquistado. No es polticamente vlido resistir, luchar, voltear y poner gobiernos si luego no se asume (o no se puede asumir) la responsabilidad de gobernar, con autonoma, pero articulados a sus representantes, para participar en la toma de decisiones, en el control de la gestin pblica y para llevar propuestas propias construidas desde abajo por los de abajo. Se trata de transformar radicalmente tambin las instituciones y su papel en la sociedad y viceversa, y en esto, como en todo los movimientos sociales, los pueblos todos, tienen que involucrarse.

El quemeimportismo es hijo de la ideologa del aparente no-compromiso neoliberal, y en las actuales condiciones es funcional a la supervivencia de su hegemona. El protagonismo poltico de los movimientos indgenas y sociales ha alcanzado hoy nuevas dimensiones, caractersticas y tareas, y consiguientemente enfrenta tambin nuevos desafos. Estos implican moverse en un terreno histrica y polticamente desconocido hasta el presente: en el terreno de la libertad de pensar y elaborar propuestas colectivamente, de presentarlas y discutirlas mano a mano con el Ejecutivo o en los parlamentos, desarrollndose como protagonistas no ya de las luchas contra el otrora poder del Estado y el gobierno, sino buscando caminos y medios para cambiar de raz el contenido social de tales instrumentos, participando en ellos y transformando su basamento social, jurdico y constitucional, convirtindolos tambin en herramientas de los cambios, constituyndose (y fortalecindose) a la vez, ellos mismos, en ese proceso, en sujetos protagonistas de (tales cambios y de) su historia.

Comprender que se trata de un contradictorio proceso constituyente, es clave. Implica que no existe un ser ni un deber ser definidos a priori, que no hay sujetos, ni caminos, ni tareas, ni rumbos y resultados preestablecidos. No hay garantas ni situaciones irreversibles, se trata de una lucha constante, de apelar infatigablemente a la imaginacin, inventiva y voluntad de los actores participantes, (auto)desafiando paso a paso su voluntad para protagonizar cada vez ms integral y profundamente el proceso de cambios, proceso que abrieron sabiendo lo que no queran pero sin tener plenamente establecido lo que queran. Se trata de un proceso vivo, abierto, dinmico, contradictorio, tensionante y desafiante. Su carcter constituyente en relacin a los sujetos comprende tambin los rumbos y alcances del proceso. Va interdefiniendo los sentidos y las dimensiones de los cambios y en tal sentido marcando, configurando, las acciones propias de cada momento. Se trata en realidad de un proceso interconstituyente de poder, proyecto y sujetos. Y como todo ello se va definiendo concatenado (hilvanado) por la participacin (integral) de los actores sujetos, resulta en tal sentido, a la vez, un proceso autoconstituyente, es decir, consciente, contradictorio y abierto. No hay resultados ni sujetos, ni proyectos, ni poderes preconcebidos ni garantizados; todo est en juego permanentemente.

Precisamente por ello los procesos democrtico-revolucionarios en curso en el continente, en disputa frontal con la hegemona del poder colonial-capitalista, reclaman el creciente y renovado protagonismo de los movimientos indgenas, sociales, campesinos, de mujeres, de trabajadores, de ecologistas, pensadores populares, etctera. En tales condiciones, no basta con que los representados reclamen a los representantes, no basta con protestar, no basta con seguir de cerca las gestiones de gobierno. En este nuevo tiempo poltico los desafos sociotransformadores constantes, demandan de los movimientos protagonizar las decisiones y construcciones, hacer realidad las consignas del pasado y dar los pasos necesarios para fortalecer el protagonismo colectivo del conjunto de actores sociales y polticos revolucionarios, y del pueblo todo. Y para ello es fundamental instalar o reinstalar el trabajo poltico, la formacin (descolonizadora) y la organizacin (articulada intercultural).

La tarea de atender a la organizacin (herramienta) poltica es clave. Consiste, precisamente, en impulsar tareas polticas, culturales e ideolgicas que promuevan la conciencia y participacin protagnica del conjunto de actores sociales y polticos revolucionarios, que la doten de informacin, formacin y organizacin, abriendo canales institucionales y no institucionales para la participacin estratgica colectiva, creciente en las diversas dimensiones de la vida social.

Esto se anuda directamente con la realizacin de actividades orientadas a fortalecer el desarrollo de la conciencia poltica asumida por los actores sociopolticos, fundamentalmente a partir de la recuperacin y reflexin crtica de sus experiencias concretas de construccin de poder propio, creando mbitos colectivos de intercambio y produccin de pensamiento crtico de sus procesos de cambios, contribuyendo efectivamente al crecimiento y fortalecimiento de la conciencia colectiva. Abrir espacios para peridicas reflexiones sobre las nuevas y cambiantes realidades resulta vital para el desarrollo poltico-cultural de los movimientos sociopolticos (y el campo popular todo).

Los movimientos sociales y sus luchas han ampliado el contenido y los sentidos de la poltica.

En aos de resistencias y luchas sociales lo poltico y la accin poltica se han convertido en mbito de promocin de la participacin creativa, activa y responsable de las mayoras populares que empiezan a plantearse la necesidad de constituirse en una amplia fuerza social y poltica capaz de modificar a su favor la correlacin de fuerzas hasta ahora hegemnica, de impulsar y concretar de los cambios y avanzar en busca de transformaciones raizalemente democratizadoras. Y esto reclama modificaciones de fondo, descolonizadas, en lo referente a la concepcin tradicionalmente difundida y aceptada de la poltica, lo poltico y el poder.

Las actuales luchas por la defensa de la vida protagonizadas por millones de seres humanos, van convergiendo y articulndose aunque no todava de modo generalizado en una perspectiva estratgica de construccin de una nueva civilizacin humana. A su vez, esto fortalece los procesos de acumulacin de poder propio ampliando y profundizando su potencialidad, su direccionalidad y sus contenidos raizalmente revolucionarios. Esto contradice la visin tradicional (restringida) de la poltica que pretende todava que es posible construir fuerza poltica revolucionaria sin construir fuerza social, es decir, desde fuera de la realidad sociopoltica concreta y sus actores sociales del campo popular. En tal caso, la accin poltica queda reducida al mbito partidario, y se centra la accin de los partidos en las luchas por el acceso y el control de las instituciones del poder estatal y gubernamental.

Pero el poder no radica ni se restringe a lo institucional estatal y gubernamental, va ms all, abarca y se asienta, se crea y se recrea sobre el conjunto de relaciones sociales regidas por el predominio (hegemona) de los intereses, las aspiraciones, la cultura y las miradas de la clase dominante (hegemnica). Consiguientemente puede afirmarse que la polmica entre tomar el poder o construirlo (desde abajo) se plantea sobre ejes falsos. Porque el nuevo poder social popular alternativo liberador y de liberacin, necesariamente va conjugando ambos espacios: el del poder que emerge de las nuevas interrelaciones sociales construidas desde abajo y el de los mbitos institucionales del Estado y el gobierno conquistados/transformados en las contiendas polticas libradas para ello. Esto supone (y reclama) modos de conjugacin nuevos entre los movimientos sociales y polticos.

La articulacin de lo reivindicativo y lo poltico conforma un camino concreto y efectivo de superacin de esta alienacin poltica, a la vez que contribuye a la democratizacin y ampliacin de la participacin sociopoltica protagnica de los diversos actores sociales. Esta potencialidad gestada y germinada en las experiencias de resistencias, luchas y construcciones alternativas de los pueblos, permite avizorar un nuevo tipo de poder social que emana directamente de la (mal llamada) sociedad civil y se construye sobre la base de su participacin democrtica directa en las decisiones polticas, gestora del trnsito y desarrollo hacia formas cada vez ms horizontales, interculturales, equitativas y justas de organizacin de un nuevo modo de vida e interrelaciones entre los seres humanos que la animan, es decir, de un nuevo tipo de sociedad.

La ideologa del cambio, como el sentido y sus definiciones estratgicas son parte del proceso social vivo, y no un dogma apriorstico establecido desde fuera de las luchas de los pueblos por alguna vanguardia partidaria que los dems tendran que asimilar. La conciencia poltica de los actores sociopolticos del pueblo se forja y crece en los procesos de resistencia, lucha y construccin de alternativas, en interdefinicin constante de los rumbos y objetivos estratgicos. Estos no vienen dados del ms all; se van construyendo (y modificando) a partir de las cotidianidades y modos de vida y experiencias de lucha y sobrevivencia diversos que existen en cada sociedad, en cada comunidad.

Los actores sociales del campo popular no son portadores de una ideologa implantada en sus conciencias desde el exterior (por los partidos o los intelectuales de izquierda). Ellos, los actores y movimientos sociales, los movimientos indgenas, los campesinos, los trabajadores, el pueblo fragmentado y disperso que ahora se rearticula y organiza o necesitan articularse y organizarse para enfrentar al capital en una nueva dimensin, van construyendo da a da su conciencia poltica a partir de su (modo de) ser social, y en sus prcticas de resistencia y lucha contra el capital. Tales son los procesos que los movimientos sociales reunidos en el Foro Social Mundial, en Dakar, llaman a atender priorizadamente en este tiempo.

Fortalecer las articulaciones y la informacin y formacin cultural, descolonizada, tica, poltica e ideolgica.

La batalla actual por la conquista del mundo por y para el capital se libra estrechamente articulada con lo cultural; conquistar las mentes es para el capital el requisito necesario para dominar los cuerpos y afianzar la dominacin econmica y social. Para que el nuevo mundo que soamos sea posible, es fundamental construirlo tambin con una estrategia formativa e informativa, cultural, tica, poltica e ideolgica.

El debate estratgico est abierto. Y se manifiesta a travs de los actuales procesos de luchas sociales para avanzar en las definiciones, la implementacin o el perfeccionamiento de las propuestas de cambios radicales en las sociedades donde dicha disputa se est desarrollando abiertamente, construyendo simultneamente caminos que cuestionan colectivamente el actual sistemamundo a la vez que lo van rediseando ms all del dominio del capital [Mszros].

Esto encarna el desafo histrico de construir una nueva civilizacin, basada en una nueva cosmovisin que pueda convivir con cosmovisiones diversas, que basada en otro modo y concepcin del desarrollo y el bienestar de la humanidad, se asiente en la armona, el equilibrio, el intercambio y la complementacin entre los seres humanos, consigo mismos y con la naturaleza, en bsqueda de un nuevo modo de produccin, reproduccin y acumulacin socio-natural fundado en el respeto y la conservacin de la vida. Esto implica, por tanto, fundar y construir un nuevo modo de interrelacionamiento entre los seres humanos y la naturaleza.

Los nuevos paradigmas civilizatorios actualmente en construccin y discusin escapan a las binarizaciones reduccionistas, antitticas y excluyentes de los siglos XIX y XX. Se fundamentan en la descolonizacin y se enriquecen en la pluralidad, diversidad e interculturalidad de las interrelaciones que se van desarrollando en las prcticas concretas de resistencia, luchas y construcciones sociales, y a travs de ellas, se anclan en principios tales como: solidaridad, tica, reconocimiento y respeto de las diferencias, equilibrio, paridad, horizontalidad, espiritualidad, democracia intercultural, vivir bien, buen vivir, autogestin, vida comunitaria, redes sociales (reales y virtuales).

Los actuales procesos de luchas sociales y las experiencias de los gobiernos populares raizalmente sociotransformadores, constituyen laboratorios de un mundo nuevo. Aprender de ellos (y con ellos) ayuda a crecer colectivamente en saberes poltico-culturales, si se es capaz simultneamente con la participacin comprometida en dichos procesos sociotransformadores, de reflexionar e interactuar crticamente con ellos. Estas experiencias y apuestas poltico-sociales populares, raizalmente democrticas y revolucionariamente democratizadoras, constituyen, a la vez, por ello, fuentes de inspiracin para la vida.

La brjula est en el accionarpensar-construirreflexionar constante de los movimientos indgenas, campesinos, de trabajadores, de mujeres, de ecologistas y movimientos sociales en sentido amplio. El nudo de posibilidades est en los sujetos. En la capacidad de los actores sociales y polticos para ir constituyndose en sujeto colectivo, con poder y proyecto alternativo propios, laten las posibilidades de hacer realidad el anhelado (y posible) otro mundo mejor.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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