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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-02-2011

Equvocos y mistificaciones en torno de una deidad indgena andina
El fantasma del pachamamismo

Renaud Lambert
Le Monde diplomatique


Slo un pas ha rechazado el Acuerdo Internacional de Cancn destinado a combatir el cambio climtico: Bolivia. Antes que los mecanismos de mercado previstos por el texto suscripto en diciembre pasado, el presidente boliviano Evo Morales prefiere un nuevo paradigma planetario para preservar la vida: la defensa de la Tierra madre, la Pachamama. As se apela a una tradicin indgena que contribuira a descolonizar la atmsfera ideolgica.

El 22 de abril de 2010, un grito retumb al pie de la Cordillera de los Andes: Pachamama o muerte!. Levantando el puo, sobre una tribuna montada en la ciudad de Cochabamba, el presidente boliviano, Evo Morales, invita a sus invitados a unirse a l. Cinco mil representantes de asociaciones ecologistas, polticas y antiglobalistas llegados de todo el mundo para participar en una conferencia sobre la crisis ecolgica exclaman a coro: Pachamama o muerte!.

Pachamama? La madre Tierra entre los indios de Amrica Latina, explica complacido el presidente Morales. Desde hace algunos aos, su nombre aparece con ms frecuencia en la prensa, en las publicaciones de las organizaciones no gubernamentales (ONG) o en la literatura ecologista y antiglobalista. Para Libration, el trmino resume el tenor de los debates de la XI Universidad de Verano de la Asociacin para la Tasacin de las Transacciones Financieras y para la Ayuda Ciudadana (ATTAC, Pachamama ma, 23 de agosto de 2010). Pachamama es tambin el ttulo que el director de los Verdes, Patrick Farbiaz, dio a su revista, dedicada a la ecologa poltica.

Mientras que las amenazas ligadas al cambio climtico pasaron del estatus de hiptesis al de evidencia, la divinidad andina se impuso como encarnacin de la Tierra que alimenta, a la que ahora hay que proteger de la agresin humana. Ahora bien, quien dice Pachamama dice necesariamente poblaciones indgenas que viven en armona con ella.

Esto est bien visto: la corriente ecologista dominante, lo mismo que los gobiernos de las grandes potencias (tanto industriales como emergentes) se interesan en la nocin de desarrollo sustentable que reintegra, en el discurso de aquellos, la relacin hombre-naturaleza. Segn los investigadores argentinos Diego Domnguez y Daniela Mariotti, esta bsqueda de modelos de interaccin armoniosa conduce a identificar al indgena como ecologista natural (1). Supervivencia local de una poca en que, segn el ecologista franco-britnico Edward Goldsmith, todo el mundo, en todas partes, saba vivir en armona con el mundo natural (2). Visto desde el Norte, la Pachamama nos invitara, pues, a redescubrir nuestra propia sabidura ancestral, olvidada. Y qu sucede del lado de los indios?

La etnloga Antoinette Molini observa que en Amrica Latina, hace apenas treinta aos, se hablaba muy poco de la Pachamama (3). Adems, en los Andes, la Pachamama tradicionalmente nombra a una divinidad que provoca tanto la sequa como la fertilidad, que es a la vez amenazante y vida de sacrificios humanos. Una madre un poco ruda? Para nada: la etimologa de la palabra no remite ni a la nocin de tierra ni a la de madre. Pacha marca un campo semntico amplio que incluye los ciclos del tiempo, del espacio y de la tierra, y mama enva a la nocin de autoridad, que no es especficamente femenina, explica el socilogo Franck Poupeau (4). La imagen europea de la Pachamama lleg de todos modos hasta Amrica Latina.

Tradicionalmente, las poblaciones urbanas y mestizadas de la regin desprecian la etiqueta de indio, vivida como sinnimo de pobreza, observa la antroploga peruana Marisa de la Cadena (5). Cuando se la asocia a la veneracin de la madre Tierra, la etiqueta los seduce un poco ms: hay quienes alejados hasta ahora de sus races, de pronto se descubren indios sin dejar por ello de reconstruir, de paso, algunos aspectos de la historia precolombina.

Yo asist a autnticas misiones, cuenta Molini. Profesores de alguna universidad aterrizaban en pueblos apartados para ensear a los indios a los verdaderos, se podra decir, que ignoraban todo, lo que era la Pachamama. Los rituales que inventan entonces rebuscan sin miedo en textos histricos y antropolgicos, a veces sin relacin, corriendo el riesgo de hacer patchworks surrealistas, observa la investigadora francesa, cuyos trabajos acadmicos han tenido un destino extrauniversitario.

Un imaginario europeo

Nada indica una permeabilidad particular de las comunidades tradicionales rurales a esas enseanzas. Sin embargo, este tipo de iniciativas favorecen el desarrollo de conceptos armona ancestral, pureza primitiva, autenticidad cultural que son el eco de los elaborados por la industria del turismo y las grandes ONG. Una situacin que conduce a veces a ofrecer a los observadores europeos lo que ellos vinieron a observar. Como el mercado de las brujas de la capital boliviana, La Paz, por ejemplo.

En estos puestos, cualquiera puede proveerse de fetos de llama para ofrecerlos a la Pachamama. La operacin, que es una muestra cotidiana de espiritualidad, permite hoy asegurarse la prosperidad y la proteccin de la Pachamama (Guide du routard), pero adems bendecir las casas recin construidas o solicitar buenas cosechas. Sin embargo, a fines de los aos noventa, esta ofrenda caracterizaba un pedido urgente para una causa desesperada, recuerdan Molini y Jacques Galinier. No estaba dirigida a una Pachamama continentalizada, sino a divinidades locales, asociadas a tal o cual cima montaosa. Para obtener el precioso feto, era necesario movilizar a las relaciones familiares y, a menudo, esperar. Ahora, cuentan los dos antroplogos, los stands de los mdicos tradicionales exhiben fetos a granel. Se marcan las nuevas entregas y se las presenta, para ms publicidad, rodeadas de cndores disecados, que nunca tuvieron funcin alguna en las ofrendas rituales (6).

Cualquiera sea la modalidad, la irrupcin de la Pachamama en la realidad latinoamericana es ahora indiscutible. Da cuenta, sin embargo, de la idea segn la cual el indgena sera el ecologista natural que algunos han identificado? Sin duda alguna, teniendo en cuenta la declaracin final de la II Cumbre Continental de los Pueblos y Naciones Indgenas (julio de 2004): Nuestros antepasados, nuestros abuelos nos ensearon a amar y a venerar a nuestra fecunda Pachamama, a vivir en armona y en libertad con las especies naturales y espirituales que coexisten en su seno.

Rechazamos [] todo plan de prospeccin o de explotacin de minerales y de hidrocarburos, prosigue la declaracin. Sin embargo Humberto Cholango, indio tambin l, declara en nombre de la Confederacin de los Pueblos de la Nacionalidad Quechua del Ecuador (Ecuarunari), que la lucha de los indios para la reapropiacin de la tierra, del agua o de los hidrocarburos apunta a que los recursos naturales sean nacionalizados y que beneficien a millones de ecuatorianos; no nicamente a una camarilla de familias y de empresas transnacionales.

La lucha de los indgenas por la posesin de la tierra que ya tiene varios siglos en Amrica Latina no sera pues necesariamente sinnimo de lucha por la madre Tierra? Su defensa de los recursos naturales nacionales no es siempre equivalente a la de una Pachamama inmaculada?

Ecologa y reformas sociales

A la hora de asumir, el 21 de enero de 2006, Morales agradeci a la Pachamama su victoria. Desde septiembre de 2008, la Constitucin ecuatoriana estipula que la naturaleza o Pachamama all donde la vida se realiza y se reproduce tiene derecho al respeto por su existencia. Pero tanto en Bolivia como en Ecuador, la celebracin de la Pachamama coexiste con otras reivindicaciones. Sostenidas por poderosos movimientos populares identificados o no como indios, estas reivindicaciones participaron de la conduccin al poder de dirigentes que prometan, entre otras cosas, nacionalizar los recursos naturales a fin de luchar contra la pobreza.

Ahora bien, la tarea no es simple y, a veces, parece ms fcil defender a los indios haciendo suyo un discurso cosmognico que atacando el modelo socioeconmico al que se oponen. En una alocucin pronunciada el 20 de abril de 2010, el ministro de Asuntos Extranjeros boliviano indio David Choquehuanca, defenda la concepcin indgena del mundo: Lo ms importante son los ros, el aire, las montaas, las estrellas, las hormigas, las mariposas [] El hombre viene ltimo. Una semana ms tarde, aceptaba la proposicin del grupo Bollor de explotar las reservas de litio de Bolivia (las ms importantes del mundo), porque el industrial francs prometi (sin rerse) trabajar en armona con la Pachamama (7).

Segn Domnguez y Mariotti, la influencia de las ONG, por otra parte, puede conducir a los movimientos populares indios a absorber progresivamente una terminologa concebida por la ecologa dominante a riesgo de reducir el alcance poltico y social de sus reivindicaciones. Con lo cual, la pachamamizacin de los discursos progresa. Un fenmeno que no constituye, despus de todo, sino el ltimo avatar en una bsqueda del buen salvaje latinoamericano que ya tiene varios siglos.

En las naciones andinas, especialmente en Per, la figura del indgena aparece en el siglo xix. Durante la independencia, algunas elites buscan un grupo social a partir del cual construir las nuevas naciones. Estos dirigentes polticos que casi siempre son blancos (o ms raramente mestizos) rechazan a la vez a los europeos, de los cuales tratan de emanciparse, y a los indios, poseedores de la legitimidad territorial, pero de los cuales nadie desea realmente poner en duda el estatus de dominados despreciables.

Remontarse a las civilizaciones precolombinas permite a los fundadores de las nuevas repblicas no cambiar nada del orden social pero identificar al mismo tiempo una autoctona ideal, caracterizada por la sabidura y la armona. Pronto, no hablan [ms] de indios, seres reales as llamados con desprecio, sino de indgenas, trmino desociologizado, purificado de su contenido peyorativo, explican Molini y Galinier, que concluyen: Entre la palabra indio y la palabra indgena hay toda la distancia que separa la realidad de la ficcin (8).

La referencia fundante de esas comunidades ideales justific a veces el mantenimiento de un sistema profundamente desigualitario en el momento de la fundacin de las repblicas. Con los socialistas del siglo xx esa referencia se transforma en proyecto poltico que apunta a un cambio radical. En Per, en los aos 30, el socilogo Hildebrando Castro Poza estima que la comunidad indgena tradicional abre la va del progreso econmico y de la justicia social para el Per socialista de maana (9). Sin embargo acaso los incas no vivan bajo la frula de una de las aristocracias ms rgidas, que impuso los trabajos forzados?

A partir de principios de los aos 80, cierto tipo de indigenismo se vio favorecido por el apoyo de instituciones financieras internacionales (IFI). En plena crisis de la deuda y cuando la mayora de las guerrillas marxistas de la regin fueron exterminadas las IFI condicionan su ayuda a la defensa de los derechos culturales de las minoras, asociados al reconocimiento de su identidad. Entre 1990 y 2000, ms de una docena de Estados latinoamericanos se declaran multitnicos y pluriculturales y acuerdan derechos particulares no sociales a los indios. Estas polticas participaron del debilitamiento de los Estados nacionales en el patio trasero de Estados Unidos, que poco a poco se deshaca de las dictaduras, sin poner trabas, no obstante, a la adopcin de polticas neoliberales.

El indigenismo, que se reinventa regularmente en funcin de las necesidades del momento, se caracteriza por una paradoja, que el socialista peruano Alberto Flores Galindo sealaba en 1986: En los Andes, el imaginario colectivo termin por situar la sociedad ideal el paradigma de toda sociedad posible y la alternativa para el futuro en la etapa anterior a la llegada de los europeos. Sin embargo, contina Galindo, aunque ella hubiera existido, la sabidura ancestral de las poblaciones indgenas no habra sido menos perturbada por el advenimiento del capitalismo, el cual procedi al desarraigo y la destruccin de las sociedades rurales y del mundo tradicional (10).

Por su parte, la declaracin final de Cochabamba que critica duramente el modelo capitalista sugiere que para poner un fin a la destruccin del planeta, el mundo debe no slo redescubrir y volver a aprender los principios ancestrales y los modos de obrar de los pueblos indgenas, sino reconocer la madre Tierra como a un ser vivo y acordarle derechos propios. Una idea que suscit la atencin de una parte del movimiento antiglobalista.

Sensible a la urgencia de la crisis ecolgica, el gegrafo David Harvey rechaza toda dicotoma entre sociedad humana y naturaleza. Los seres humanos, como cualquier otro organismo explica son sujetos activos que transforman la naturaleza segn sus propias leyes: la sociedad humana produce pues a la naturaleza de la misma manera que esta ltima determina a la humanidad. Pensar la transformacin de tal o cual ecosistema implicara, pues, no tanto defender los derechos de una hipottica madre Tierra como modificar las formas de organizacin social que la han producido (11).


Notas:

1 Realidad econmica, N 256, Buenos Aires, julio de 2006.

2 The Way: An Ecological World View, University of Georgia Press, Athens (Georgia), 1998, (primera edicin: 1992).

3 Entrevista con el autor.

4 Leau de la Pachamama, pronto a aparecer en LHomme, Pars.

5 Indigenous Mestizos: The Politics of Race and Culture in Cuzco, Peru, 1919-1991, Duke University Press, Durham, 2000.

6 Jacques Galinier y Antoinette Molini, Les no-Indiens. Une religion du III e millnaire, Odile Jacob, Pars, 2006.

7 Associated Press, 28-4-10.

8 Les no-Indiens, op. cit.

9 Del ayllu al cooperativismo socialista, Biblioteca Peruana, Lima, 1936.

10 Buscando un inca, Editorial Horizonte, Lima, 1994.

11 The nature of environment: the dialectics of social and environmental change, The Socialist Register, Londres, 1993.

El Autor es miembro de la redaccin de Le Monde diplomatique, Pars.

Traduccin: Florencia Gimnez Zapiola

Fuente: www.eldiplo.org 



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