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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-02-2011

Legalizar la corrupcin

Susana Merino
Rebelin


Nadie o muy pocos se asombran ante las publicaciones estadounidenses que informan de las millonarias cifras que las grandes empresas destinan a aceitar los engranajes del Congreso de los EE.UU. sea cual sea el partido poltico dominante, demcrata o republicano.

La diferencia entre nuestra subdesarrollada corrupcin y la de ellos reside en que all el lobbysmo, es decir, la intervencin de las grandes redes corporativas a favor de sus respectivos intereses actan desembozadamente a la luz de las leyes que aprueban y protegen su actuacin. Este sistema de presiones no solo acta en el mbito poltico, sino que tambin lo hace en los medios, en la ciencia, en las universidades. Y en todo espacio pblico o privado del que pueda extraer beneficios econmicos.

En estos das la prensa empresaria se ha mostrado escandalizada por las revelaciones de Wikileaks acerca de denuncias de la embajada estadounidense sobre la corrupcin nacional que confirman las fundadas sospechas de una rampante corrupcin en el gobierno de los Kirchner y, a su vez, una enorme debilidad del sistema judicial para investigar los casos en los que se presume que estn envueltos funcionarios de primera lnea. (La Nacin, 10/02/11)

No es menor el ejemplo de los EE.UU. de lo que es la verdadera corrupcin. Uno de sus conocidos periodistas Matt Taibbi, de la revista Rolling Stones, la define as: "se trata de la toma de posesin gradual del gobierno por parte de una pequea clase de iniciados conectados, quienes utilizaron el dinero para controlar las elecciones, comprar influencia y debilitar sistemticamente las regulaciones financieras. Algo que el economista Simon Johnson, ex funcionario del FMI confirma diciendo la industria de las finanzas ha capturado con eficacia nuestro gobierno Es decir que un "lobby" es un equipo especializado en presin poltica financiado por las multinacionales que se dedica a influir en las decisiones gubernamentales.

Esta prctica del lobbying extendida y aceptada en gran parte del mundo en los EE.UU. se considera esencial para el buen funcionamiento del gobierno y est especficamente protegida por la First Amendment to the U.S. Constitution ya que segn sus fundamentos sirve para crear foros que facilitan la resolucin de conflictos desde diferentes puntos de vista. De este modo los lobbystas, agrega, proveen de informacin, anlisis y opiniones a los gobernantes y ms especialmente a los congresistas con el objeto de que puedan tomar sus decisiones en el marco de un equilibrado balance (!) entre los intereses de los diferentes grupos. Tales son los principios que fundamentan la legalizacin del lobbying

Estos procedimientos nada tienen en comn, desde luego, con el ejercicio de la democracia puesto que contrariamente a lo que se constituye en derecho a opinar que confiere el voto ciudadano el nivel de influencia de un lobbista no dependerde un voto sino de los recursos tiempo y dinero que aquel pueda destinar a lograr sus objetivos.

No son pocos los ciudadanos estadounidenses que reconocen el cinismo que encierra esta metodologa, y son conscientes de que en estos tiempos solo los lobbistas tienen acceso a los mbitos del poder. Una conocida ancdota exhibe con claridad la atmsfera en la que y cmo funcionan las influencias en esas esferas: Samuel Ward fue un conocido lobbysta del siglo XIX, es decir, muy anterior a la sancin de la Lobbyst Act pero algo as como un precursor del lobbismo actual, cuya excesiva influencia sobre los legisladores de su poca despert las sospechas del gobierno. Decidido ste a investigarlo, cuando se le pregunt acerca de los suntuosos banquetes que organizaba para los polticos, el autodenominado Rey del Lobby contest: En las buenas comidas la gente no habla de negocios, peroda, tal vez, a los caballeros la posibilidad de hablar civilizadamente sobre temas civilizados

A raz del aparente desorden en que se desarrollaba este trfico de influencias el Congreso de los EE.UU. decidi en 1995 sancionar la actual Lobbying Disclousure Act que permite a toda clase de asociaciones civiles, incluso gobiernos y partidos polticos extranjeros, tener representantes en el Congreso, sin que el Gobierno ejerza actualmente ningn efectivo control sobre ellos. Es tal su influjo que ya ha sido considerado el cuarto poder invisible y el manejo y pago de secretas influencias y privilegios no solo se centra en los congresistas sino que abarca jueces federales, ejecutivos destacados, policas y militares de modo que en todos los niveles existen personeros dispuestos a obstaculizar, enmendar, impulsar o aprobar los proyectos legislativos y las normas de las agencias reguladoras.

Pero ya no se trata de lobbistas aislados, sino de verdaderas empresas con esa especfica funcin que como en tantos otros rdenes venden sus servicios al mejor postor y entre otros a los considerados ms importantes: el lobby judo, el del complejo militar industrial, el de las empresas farmacuticas (que el ao pasado destin a esta tarea 107 millones de euros) las petroleras, los sindicatos y, aunque suene extrao, tambin los ecologistas.

Segn algunas informaciones periodsticas, con ocasin del proyecto del Plan de Salud impulsado por Obama, las farmacuticas contrataron a unos 3.000 representantes, de los cuales ms de un tercio eran antiguos funcionarios federales, para defender y promocionar sus intereses frente al Senado, el Departamento de Salud y Servicios Sociales y otros organismos oficiales. Se calcula que en total, en el rea metropolitana de Washington, hay 30.000 compaas especializadas en influir sobre el poder poltico, esencialmente el Congreso. O sea, 56 lobbies para cada legislador.

Su inclusin en la estructura poltica estadounidense se basa en el concepto de puerta giratoria. A un lado la poltica; al otro el sector privado. Y el lobbista entrando y saliendo de ambos. Todo buen lobbista tiene en su nmina a uno o varios ex polticos con excelentes contactos en el Congreso y en la Casa Blanca. Y, si son de partidos diferentes mejor, por lo que el lobby es, de hecho, una jubilacin dorada para todo poltico, cualesquiera fuera su ideologa o su nacionalidad.

Y como para muestra basta un botn, valga la mencin de Felipe Gonzlez, ex lder socialista, ex presidente del gobierno espaol, actual lobbista con una importante oficina de influencias desde la que realiza gestiones al ms alto nivel (una de las ltimas, su encuentro con el presidente iran, Ahmedineyad), acta como agente del magnate mexicano de los medios Carlos Slim (considerado el ms rico del mundo) y embolsa cifras millonarias gracias a su asesoramiento a polticos y empresarios, especialmente en Amrica Latina. Un camino que todava parecen no haber intentado nuestros jubilados polticos, tal vezporque sus currculos no alcanzan los estndares necesarios para acceder a tan lucrativa profesin.

De modo que tanto nuestros columnistas como sus colegas del norte deberan comenzar por observar la propia viga en el ojodel imperio antes que la paja en el nuestro, a menos que como no sera difcil de imaginar, estn tratando de crear el clima propicio para poder penetrar con su ya experimentado sistema de lobbying empresario en nuestro todava dbilmente corrupto territorio. Una esfera de negocios que an no ha sido ni suficiente ni adecuadamente explotada.

Supongo que de ese modo dejaremos de ser un pas con solo algunos episodios de corrupcin para transformarnos en un aventajado mulo de nuestros hermanos del norte, ya que, aunque incipiente y dispersa, no creo sea desdeable nuestra local experiencia. Solo es cuestin de legalizar la corrupcin!

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

rCR



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