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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-02-2011

Aproximaciones al discurso crtico de Bolvar Echeverra

Javier Sigenza
Rebelin



Es gibt kein richtiges Leben im falschen

Theodor Adorno . Minima Moralia . 1


...la estrategia barroca de supervivencia mostr... cmo es

posible no encontrarle el lado bueno a lo malo, sino

desatar lo bueno precisamente en medio de lo malo.

Bolvar Echeverra. Vuelta de siglo.2


A Raquel Serur


I Un pensador revolucionario

Mostrar que tras la ilusoria estabilidad de lo real se esconde toda una crisis civilizatoria; hacer de tal crisis algo comprensible y, por tanto, transformable; mostrar el lado contingente en la aparente necesidad de las cosas; stas eran, entre otras, las virtudes discursivas de Bolvar Echeverra. Frreo crtico de la modernidad capitalista, estuvo aliado inconfundiblemente con la izquierda, lo cual no le impidi tomar distancia de ella para mostrar sus contradicciones y paradojas. Ser de izquierda para l no era un membrete, sino una actitud permanentemente crtica. Fiel a la mxima benjaminiana, segn la cual la labor del historiador materialista es la de pasar el cepillo a contrapelo de la suntuosidad de la historia, se asom al siglo XVII en Mxico y, en contra del mito del buen salvaje y la victimizacin de los subalternos, mostr como los indios en Amrica han sido tambin constructores de su mundo y de su historia. Y desde una crtica general a la modernidad capitalista, conform una teora a la que llam el cudruple ethos de la modernidad, para comprender las versiones y dimensiones de la modernidad en general, y de Mxico y Amrica Latina en particular; de sus fenmenos histrico-polticos y de sus manifestaciones de resistencia cultural, como a veces se refera a las mltiples expresiones de lo que denomin el ethos barroco. Y si bien no pretendi ofrecer con ello un modelo para una alternativa al capitalismo, un socialismo barroco como alguien interpret, puesto. que el ethos barroco ha surgido con el capitalismo y tendra que desaparecer con l, no obstante, tales expresiones le parecieron experiencias ejemplares de resistencia y de crtica a ese otro ethos al que llam realista, l cual no slo acepta, sino que afirma que el capitalismo es el mejor de los mundos posibles. Adems, mostr que en un tiempo en el que la loa ininterrumpida a la omnipresencia del capital, alimentada por el cinismo del posmodernismo, conminaban al olvido de la idea de revolucin, ahora ms que nunca esta idea debe ser repensada ms all del sesgo mtico que le otorg la misma modernidad. En este sentido, toda su reflexin parece estar encaminada a renovar el discurso revolucionario mediante la crtica a la realidad existente, y con ello despertar el deseo, y an ms, la necesidad, aleccionado por la experiencia histrica, de una sociedad diferente, no postmoderna, sino postcapitalista. De all que podamos afirmar enfticamente de Bolvar Echeverra, que no slo era un intelectual crtico, sino un pensador profundamente revolucionario.

Cul es el origen de la concepcin crtica de Echeverra? cul su aportacin al discurso crtico inaugurado por Marx? En este texto propongo tres aproximaciones para ensayar una respuesta a estas cuestiones. En la primera parte, exploro la lectura de Echeverra de la obra de Marx en relacin al discurso crtico. En la segunda, su cuestionamiento al concepto eurocentrista de cultura, y su problematizacin de la dimensin cultural de la vida social. En el tercera, y ltima parte, me refiero a su teora del cudruple ethos de la modernidad, y su concepto de ethos barroco. La tesis central es que, aquello que le da una gran cohesin y unidad a la diversidad de sus reflexiones es la actitud crtica.


II. Crisis y crtica

En la actualidad nadie niega que nos hayamos inmersos en una crisis sin precedentes, y no nicamente regional (Mxico o Amrica Latina), sino planetaria. Aunque sobre lo que parece no haber comn acuerdo es de qu tipo de crisis se trata? Bolvar Echeverra respondi a esta cuestin de manera radical y seal que se trata de algo ms que de una crisis econmica, poltica o cultural, o de una combinacin de todas stas. Para l nos encontramos frente a toda una crisis civilizatoria de la modernidad capitalista, la cual se sobrepuso y subyug a las otras modernidades posibles. En este sentido, la actitud de Echeverra frente a tal crisis fue siempre crtica. No obstante, crtica se dice en mltiples sentidos. Es por eso que la primera cuestin que nos plantea la lectura de sus textos es: qu significa crtica en el pensamiento de Bolvar Echeverra? Y cmo se relaciona su perspectiva con la tradicin crtica filosfica?

Platn escribe ya en su dialogo Poltico sobre la kritik techne, es decir, el arte y la tcnica de la crtica. En este dilogo, Platn realiza un examen sobre el hombre poltico y se refiere a la ciencia ( epistēmōn ) que ste posee. Divide a la ciencia a su vez entre ciencias prcticas y ciencias cognitivas; y se toma como ejemplo al arquitecto, el cual no slo dirige a los obreros, sino que juzga sobre lo que realizan. Aqu la funcin propia de la crtica (kritik) es la de juzgar, emitir un juicio, discernir ( krnein ).3 De all quiz la interpretacin general, de que en la filosofa de la Grecia antigua el concepto de crtica ( kritiks-κριτικός ) se refera a la capacidad de juzgar sobre cosas prcticas, pero tambin sobre lo bello, lo bueno, lo justo o lo verdadero.

Aunque parece que no es sino hasta el siglo XVIII europeo cuando el concepto de crtica adquiri sus rasgos ms firmes. En este siglo se desata toda una discusin filosfica en torno al origen del conocimiento y el gusto sobre lo bello, en medio de la cual surgen la esttica como disciplina autnoma, la historia del arte y la crtica de arte.4 En este mismo siglo se inaugura tambin el llamado periodo criticista de la filosofa, con la obra del filsofo alemn Immanuel Kant y sus tres grandes crticas.5 De all que, para algunos historiadores de la filosofa sea posible tambin llamar a este siglo: el Siglo de la crtica.6

Ms tarde, ya en el siglo XIX, los jvenes hegelianos hacen de la crtica a la religin y de la crtica a la filosofa de Hegel el leitmotiv en su reflexin filosfica. Pero uno de esos jvenes, llamado Karl Marx, escribi que, si bien la crtica a la religin es la premisa de toda crtica, no obstante, la crtica del cielo debe convertirse en crtica de la tierra, la crtica de la religin en crtica del derecho y la crtica de la teologa en crtica de la poltica. En este sentido escribe:7

Der Kritik hat die imaginren Blumen an der Kette zerpflckt, nicht damit der Mensch die phantasielose, trostlose Kette trage, sondern damit er die Kette abwerfe und die lebendige Blumen breche. 8

En este pasaje el joven Marx parece anunciar, programticamente, lo que ms tarde desarroll en su obra: una critica a la modernidad capitalista y los fundamentos epistemolgicos sobre los cuales se construye su mundo histrico, econmico y poltico, y con ello puso en cuestin a la crtica que la razn ilustrada inici, al mismo tiempo que la radicaliza.

Bolvar Echeverra parte tambin de esta radical puesta en cuestin a la razn ilustrada, cuya conformacin histrica concreta est estrechamente vinculada a la modernidad en general y a la modernidad capitalista en particular. Y para ello, construye toda una estrategia discursiva a lo largo de su obra, para abordar un problema comn que, a m modo de ver, podra ser planteado en los siguientes trminos. Convencido de que todava estamos inmersos en el proyecto civilizatorio que emerge de la modernidad, y que a pesar de la profunda crisis por la que atraviesa sigue vigente, quiz la cuestin que acompao a toda su reflexin es qu es la modernidad? Y no planteada en los trminos kantianos de Qu es la ilustracin? sino a posteriori qu es eso que en el siglo XVII y XVIII empez a denominarse modernidad? cules son sus versiones y dimensiones?

As pues, la obra de Echeverra puede ser entendida como toda una estrategia para desentraar el enigma que le plantea la poca moderna. Su estrategia consiste en un rico y complejo discurso crtico -para utilizar la denominacin comn que el mismo acu para referirse a la obra de Marx, Adorno o Benjamin- que va construyendo pacientemente a lo largo de su obra, y que ofrece mltiples vas de acceso para comprender la complejidad de la modernidad, sus contradicciones inherentes, y con ello su caducidad histrica.

Ahora bien, cuando Echeverra habla de crisis civilizatoria, se refiere a que la modernidad capitalista no puede desarrollarse sin volverse en contra del fundamento que la hizo posible; a saber, que el trabajo humano busca mediante el tratamiento tcnico de la naturaleza la abundancia de bienes para satisfacer necesidades; pero la poca moderna, y a pesar del enorme desarrollo de las fuerzas productivas, en vez de una sociedad de abundancia y felicidad ha trado consigo una sociedad de escasez e infelicidad, la cual para satisfacer tales necesidades cosifica su humanidad; y al potenciar la productividad natural, al mismo tiempo la aniquila.9 Esta tesis del autor parte de un minucioso anlisis de la obra de Marx y la revolucin terica-prctica que promueve, la cual a su vez abri toda una vertiente de pensamiento en el siglo XX, con autores como Rosa Luxemburg, Georg Lukcs, Karl Korsch, Walter Benjamin, Theodor W. Adorno, Max Horkheimer o Jean Paul Sartre, por mencionar slo algunos de los pensadores que abord de lo largo de su obra. Pero tambin de una lectura atenta a los problemas que le plantearon algunos autores que podran considerarse adversos al marxismo, como Friedrich Nietzsche o Martin Heidegger, como Michel Foucault o Guilles Delueze. Y por otra parte, una lectura del estructuralismo antropolgico y la lingstica del siglo XX. De all la complejidad de un pensamiento que establece un dilogo crtico entre tendencias aparentemente opuestas, pero que busca no unificarlas en una sntesis superior, sino ponerlas en tensin para pensar la diversidad de lo real y desmitificar, con ello, a la modernidad. He aqu una de las aportaciones ms importantes al discurso crtico de Bolvar Echeverra.

Con respecto al marxismo, en su libro El discurso crtico de Marx10 define al discurso marxista como algo fundamentalmente crtico, adems abre un campo temtico que explora en su obra posterior, concretamente la relacin de la teora de la produccin y reproduccin social de Marx, y su relacin con la produccin y reproduccin simblica, en relacin al problema de la definicin de la cultura.11 Ambas reflexiones le servirn al autor de trasfondo terico para conformar su teora del cudruple ethos de la modernidad, en el que ocupa un lugar central su reflexin sobre la modernidad en Amrica Latina y su relacin con el ethos barroco -como veremos ms adelante.12

La concepcin crtica de Echeverra parte en gran medida de su lectura de la obra de Marx, pero a diferencia de muchos autores de su generacin, la interpreta no como algo acabado y definitivo, o como una doctrina que contiene en s todas las verdades reveladas, sino que lo hace afirmando su carcter fundamentalmente negativo. Esto quiere decir que, el discurso de Marx no es, ni se conforma como algo positivo, es decir, como un perfeccionamiento o una reforma del discurso liberal burgus, ya

sea en el mbito de la economa poltica, en el mbito de la cultura o en el de la historia, e incluso en el mbito del conocimiento; sino que el discurso de Marx es necesariamente negativo, destructivo respecto a la ideologa liberal burguesa, y por tanto, si pierde esa criticidad no es nada, o es quiz como el autmata jugador de ajedrez al que se ha reducido al materialismo histrico de la socialdemocracia y del marxismo bolchevique, del que hablaba Walter Benjamin en sus famosas tesis Sobre el concepto de historia, un autmata que tiene todas las respuestas a las cuestiones de sus contrincantes, pero al que de vez en cuando bien le hara plantearse algunas preguntas.

Echeverra plantea contra este marxismo dogmtico la necesidad de una renovacin de su discurso desde una doble perspectiva histrica. La primera nos dice que, todo el siglo XX es parte de una catstrofe nica que es estructuralmente inherente al carcter destructivo de la modernidad capitalista. Un carcter destructivo cuya manifestacin ms brbara fueron las dos Guerras Mundiales y el triunfo del fascismo en Europa, pero tambin el triunfo del capitalismo de estado, a los que algunos tercamente llamaban comunismo, y el triunfo del liberalismo. Y si bien es cierto que la existencia de la izquierda le ha dado un sentido, aunque negativo, al sinsentido de la historia en el siglo XX, en la medida en que la izquierda ha vivido esa historia brbara como la negacin de otra historia posible, no obstante, el triunfo de la contrarrevolucin en el siglo XX habla tambin del fracaso de esa misma izquierda.13

La segunda perspectiva se refiere a la paradoja de la izquierda comunista en Amrica Latina, que no ve contradiccin alguna en anteponer dos discursos cuyo orgenes no slo son diferentes, sino cuya tendencia y finalidad son contrapuestas. El autor se refiere al discurso liberal y al discurso comunista. Son contrapuestas, pues el discurso comunista surge como una radical puesta en cuestin de los fundamentos mismos de la concepcin liberal burguesa, y no slo en el mbito de la economa poltica, sino tambin, y con igual fuerza, de los mismos fundamentos epistemolgicos sobre los cuales descansa la concepcin liberal del mundo.14

Desde esta doble perspectiva histrica, Echeverra propone, en segundo lugar, la necesidad de renovar el discurso terico marxista, y hacerlo, a mi parecer, a partir de asumir el reto que le sugiere el llamado postestructuralismo, de inspiracin nitzscheana y heidegeriana, en particular la crtica de Michel Foucault al marxismo.15 Tal reto le plantea a Echeverra algunas cuestiones fundamentales que podran ser formuladas en los siguientes trminos: es posible pensar el discurso de Marx ms all del tiempo en el que emerge y se conforma su reflexin, es decir, el siglo XIX?, ms all de sus pretensiones cientficistas o esencialistas? y de ser as en qu sentido es posible? La respuesta de Echeverra no deja lugar a dudas, es posible, porque lejos de ser un corpus cerrado, acabado y petrificado, la obra de Marx es por el contrario una obra abierta, en constante construccin y renovacin, puesto que el desarrollo histrico del capitalismo no slo se complejiza sino que se diversifica, y, por tanto, un conocimiento de l slo es posible si se sigue tal tendencia en sentido crtico. As, podramos recordar la conclusin a la que llega el mismo Foucault cuando cuestiona Qu lo que todava nos vincula a la ilustracin? El responde la actitud crtica.16 De manera anloga podramos preguntar a Echeverra qu es lo que todava nos vincula al discurso marxista? Su respuesta es la crtica.


II. El nomos moderno y la existencia anmica

En El discurso crtico de Marx , Bolvar Echeverra reflexiona entorno a un pasaje de la Ideologa alemana de Marx y Engels, en el que se escribe que el dominio material de la clase dominante es tambin necesariamente un dominio ideolgico, pues las ideas de la clase dominante no son slo dominantes porque sean abrumadoramente impuestas por los medios a su alcance.

La lucha ideolgica y el dominio ideolgico son hechos -escribe- que ocurren en primer lugar y de manera determinante, en la esfera profunda del "lenguaje de la vida real", all donde se produce el discurso, el "lenguaje propiamente dicho", es decir, "la conciencia y las ideas". 17

Este pasaje me parece fundamental en la lectura que hizo Echeverra de la obra de Marx, por una parte, porque esboza la tesis segn la cual el dominio ideolgico es un dominio que atraviesa todo el cuerpo social, incluido el lenguaje de la vida diaria; por otra, porque abre con ello todo un campo de investigacin que aborda y profundiza a lo largo de sus investigaciones en torno al lenguaje y la cultura, desde una perspectiva materialista. 18

En Definicin de la Cultura , Echeverra afirma que el concepto de cultura se conforma en torno a la conviccin contradictoria de que hay una substancia espiritual, vaca de contenidos, que sin regir la vida humana, es sin embargo, la prueba distintiva de lo humano. Para l, esta nocin inconsistente constituye el ncleo de la idea de cultura en el discurso moderno, en el que la vaciedad -escribe- aparece como garanta de plenitud, lo abstracto como emblema de lo concreto. As, la modernidad, enemiga de la magia y los mitos, crea sus propios mitos; y aparece como un inmenso encantamiento, una realidad que se construye en torno a una palabra mgica: el espritu.

Este concepto es contradictorio porque la modernidad supuso una revolucin copernicana (Kant) en el modo de comprender, explicar y construir la realidad; una revolucin segn la cual el ser humano es la fundamento del conocimiento, del poder econmico y poltico. De ah la contradiccin, seala Echeverra, pues esto no llevo al discurso moderno a prescindir del concepto de espritu, sino ms bien a afianzarlo como rasgo distintivo de la cultura y la civilizacin occidental, frente a los pueblos naturales, carentes de espritu y cultura. De ah que, igualmente, bajo este concepto subyazca una visin etnocentrista que considera lo espiritual como una gracias divina otorgada a una cultura elegida: la moderna cristiandad de la Reforma.

Echeverra. toma distancia de este concepto idealizado de cultura y aborda el problema de la definicin de la cultura recordando la disputa que tuvo lugar en los aos cincuenta entre Jean-Paul Sartre y Claude Levi-Strauss. Una discusin que expresa una variante del conflicto permanente entre lo apolneo y lo dionisaco(Nietzsche), entre la afirmacin del nomos en la constitucin de la vida humana y la irrupcin anmica de la ek-sistencia ; un conflicto que adems, Echeverra aborda desde la perspectiva sobre la constitucin bifactica del hecho lingstico planteado por Saussure; es decir, la vigencia de la estructura, lengua o cdigo, por una parte, y la actividad del habla o el uso del lenguaje, por otra.

Echeverra aborda la problemtica de la definicin de la cultura en torno a la discusin que enfrenta entre s ests dos concepciones crticas de la nocin de espritu antes dicha; pues estas dos concepciones cuestionan la funcin mistificadora que tal nocin cumple dentro del proyecto secular moderno. Adems, ambos casos reivindican la presencia de la libertad como un fundamento inherente, fsico, y no meta-fsico, de la vida humana.

Ahora bien, cuando Echeverra escribe sobre la cultura no se refiere a una funcin entre otras, sino a una dimensin del conjunto de todas ellas, a la dimensin de la existencia social, sus aspectos y sus funciones; es decir, a la omnipresencia de la actividad cultural como dimensin indispensable de la vida social.

Para fundamentar esta idea, Echeverra establece una homologa entre la teora de la reproduccin social de Karl Marx y el proceso de comunicacin lingstico que postula Roman Jakobson, pues le parece el lugar conceptual ms adecuado para la construccin de una teora de la cultura. De esta homologa postula la tesis de que en el proceso de reproduccin social no slo implica un momento semitico, sino que entre el proceso de reproduccin social y el proceso comunicativo hay una identidad sustancial, es decir, que el ser humano al producir y consumir objetos produce y consume signos. De all que sostenga que, lo propio y dominante de la vida humana es que en su reproduccin social, producir y consumir objetos prcticos, implica necesariamente un momento semitico. Y de esta produccin/consumo de significaciones se conforma, en otro nivel, una practicidad sui generis , puramente semitica. En este universo de lo semitico predomina lo poltico sobre lo animal y es all en dnde Echeverra encuentra la clave para la caracterizacin de la cultura.

Desde esta perspectiva, Bolvar Echeverra caracteriza a la cultura como el momento autocrtico de la reproduccin que un grupo humano determinado, en una circunstancia histrica determinada, hace de su singularidad concreta; es el momento dialctico del cultivo de su identidad. 19 Esta definicin de la cultura como cultivo autocrtico de la identidad implica tres momentos crticos a la concepcin idealista y etnocentrista de cultura del discurso moderno.

Primero; frente a la concepcin que considera a la cultura como resguardo o conservacin de la identidad de la comunidad, e identifica cultura y estado nacin, Echeverra concibe la dimensin cultural como cultivo autocrtico de la identidad, al interior de una misma comunidad, pero sobre todo en el contacto que tiene con otras. En este sentido, la dimensin cultural implica tambin una apertura frente a los otros.

Segundo; frente a una modernidad que tiende a separar cada vez ms el mbito de lo ordinario, encauzndolo a la mera productividad, y el mbito de lo extraordinario, cada vez ms ocupado por la industria cultural, escribe que la cultura como cultivo autocrtico de la identidad significa tambin la constante irrupcin de lo extraordinario en el mbito de lo ordinario, dos mbitos que ni siquiera en la sociedad ms tecnificada y automatizada pueden ser separados totalmente.

Tercero; frente a una sociedad frreamente jerarquizada como la moderna, que no slo ha separado el trabajo manual del intelectual, sino que adems separa la cultura popular de la llamada alta cultura, considera que siempre ha habido una constante interaccin entre la cultura popular y la alta cultura, al grado de que la frontera entre una y otra aparece como algo arbitrario, pues en realidad una necesita de la otra.

Ahora bien, la cultura entendida como existencia en ruptura se manifiesta de innumerables formas en la vida cotidiana, y por ende, innumerables tambin son las oportunidades que tiene de realizarse. Estas formas Echeverra las clasifica en tres esquemas: el del juego, el del arte y el de la fiesta. Un rasgo comn caracteriza a estos tres esquemas, se trata, escribe:

de la persecucin obsesiva de una sola experiencia cclica, la experiencia poltica fundamental de la anulacin y el restablecimiento del sentido del mundo de la vida, de la destruccin y la reconstruccin de la naturalidad de lo humano, es decir, de la necesidad contingente de su existencia. 20

Aqu otra aportacin de Bolvar Echeverra al discurso crtico, una caracterizacin crtica de la cultura, en la que en medio de la asfixiante necesidad de lo real hace aparecer lo contingente como lo constitutivo de lo humano.


III.- Cultura y barbarie

Est existencia en ruptura propia de la dimensin cultural, no obstante, est siendo constantemente sometida por el dispositivo civilizatorio de la modernidad capitalista. De all que Echeverra afirme que hay una crisis irreversible de la cultura moderna occidental, denominada comnmente alta cultura, pero lo cual no ha trado como compensacin el fortalecimiento de la baja cultura, o cultura popular (Benjamin), sino el sometimiento de ambas a la industria cultural (Adorno y Horkheimer). Para l, esto parece situarnos frente a un hecho catastrfico: el de la muerte de la cultura, y la sustitucin de ella por la produccin y el consumo de eventos de diversin y entretenimiento, programadas para una sociedad convertida en simple espectadora de su propio destino.... 21

Aqu, Echeverra asumi la radical puesta en cuestin de Adorno y Horkheimer de Dialctica de la ilustracin ; no obstante no cayo en el pesimismo de la crtica y plantea otra cuestin a partir de tal radicalidad: es la neo-barbarie de la industria cultural un destino ineluctable? no hay indicios en la vida cotidiana que contradigan tal tendencia? Para l, si la dinmica histrica estuviese slo determinada por la figura capitalista de la modernidad, efectivamente este destino sera irremediable, pues su tendencia intrnseca es la destruccin de lo otro y la autodestruccin de lo humano. 22 Sin embargo, aunque el dispositivo de la modernidad capitalista domina, no obstante, afirma:

Su fuerza no es otra cosa que la propia fuerza creativa de la sociedad -la que sta tiene cuando funciona de acuerdo a su forma natural o en referencia al valor de uso del mundo de la vida-, fuerza a la que l puede nicamente desviar y deformar. Ahogarla equivaldra para l a un suicidio... 23

Esta ambivalencia es, para Echeverra, el signo transitorio de la crisis en el que estamos, que bien puede conducir a la barbarie total, pero tambin de ella surge el proyecto de una modernidad alternativa, aunque de forma an reprimida. La crisis de la cultura vendra as a significar no solamente el signo de una neo-barbarie, sino tambin el posible transito a un nuevo principio civilizatorio que se encuentra ya en germen en el mbito de la vida cotidiana. En este sentido escribe:

En busca de una redefinicin de s misma (la cultura), parece insertarse en un circuito que la conecta de una manera diferente con la cultura espontnea que proviene de la vida cotidiana, del trabajo y el disfrute bsicos de la vida social; un circuito que no es ya vertical, discriminador, como en toda la historia pasada, sino horizontal, de proliferacin rizomtica, incluyente.24

En efecto, para Echeverra la modernidad no es una realidad uniforme ni monoltica, sino que coexisten en ella un sin numero de versiones distintas de s misma, que ciertamente han sido subyugadas u olvidadas por la modernidad existente, pero que no dejan de estar presentes en la actualidad. De all que postule su teora del cuadrple ethos de la modernidad, como una puesta en cuestin de la conviccin de que el mundo existente es el mejor de los mundos posibles. Segn esta conviccin hay una correspondencia biunvoca entre el espritu del capitalismo y la tica protestante (Max Weber). Es decir, que no es posible una modernidad que no sea capitalista, y por tanto, la nica forma de poner en marcha el revolucionamiento de las fuerzas productivas es aquella que se esboza en torno a la tica protestante. La tica protestante -escribe el autor- es la tcnica individual de autorepresin productivista y autosatisfaccin sublimada, propia del espritu del capitalismo. El espritu del capitalismo, por su parte, es un comportamiento humano estructuralmente ambicioso, racionalizador y progresista. El encuentro entre el espritu del capitalismo y la tica protestante sera, por tanto, la condicin necesaria para la organizacin de la vida bajo el imperativo de la acumulacin de capital. 25

Ahora bien, para Echeverra hay todo un principio de construccin del mundo de la vida social, a lo que llama ethos histrico , es decir, un comportamiento que intenta hacer vivible lo invivible, una especie de actualizacin de una estrategia destinada a disolver, ya que no a solucionar, una determinada forma especifica de la contradiccin que constituye a la condicin humana. 26 En otras palabras, la vida prctica en la vida moderna debe desarrollarse en un mundo cuya forma objetiva se encuentra estructurada en torno a la presencia dominante del hecho capitalista. Tal hecho alberga una contradiccin, un conflicto permanente -escribe- entre tendencias contrapuestas de dos dinmicas simultneas. Se refiere a que, por una parte, la vida social es un proceso de trabajo y de disfrute, referido a valores de uso, por la otra, es tambin la reproduccin de su riqueza, que bajo la forma capitalista, se expresa como un proceso de valorizacin de valor abstracto. El conflicto se da -escribe- cuando una y otra vez, y sin cesar, la primera es sacrificada a la segunda y sometida a ella. 27

Ahora bien, para Echeverra si bien es cierto que la realidad capitalista es un hecho histrico ineludible, no obstante, cuatro son las maneras de vivir dentro del capitalismo, cada una de las cuales implica una actitud particular ante la contradiccin antes dicha. Estas actitudes son conceptualizadas por l como ethos 28 , es decir, como formas de interiorizar el capitalismo en la espontaneidad de la vida cotidiana. Cuatro son, por tanto, los ethos de la modernidad: el realista, el romntico, el clsico y el barroco.

El ethos realista se caracteriza por ser una actitud afirmativa y militante en favor del proceso de valorizacin del valor, y aunque pretende ser fiel a la forma socio-natural, potencindola cuantitativa y cualitativamente, en verdad lo que hace es reprimirla y deformarla. Para el ethos realista habra una identidad plena, unitaria e indivisible, entre el desarrollo de las fuerzas productivas y la valorizacin del valor. Este ethos es realista , adems, no slo porque afirma la efectividad del mundo existente, sino adems, porque afirma la imposibilidad de un mundo alternativo. 29

El ethos romntico , por su parte, confunde tambin los dos trminos (entre valor de uso y valor de cambio), pero en contraposicin al primero, no lo hace en favor del valor que se valoriza sino del valor de uso. Este ethos es romntico porque para l la valorizacin del valor no es ms que otra forma de la realizacin de la forma natural.

En cuanto al ethos clsico, en l se percibe la contradiccin capitalista como algo que se compensa con la positividad de la existencia efectiva. La espontaneidad de la realidad capitalista para este ethos se ve como el fruto de una necesidad trascendente. Este ethos percibe la negatividad del curso de la cosas, pero no se compromete en contra de tal curso, sino que se adapta de manera comprensiva al cumplimiento trgico de mundo.

Finalmente, el ethos barroco no se suma a la necesidad trascendente del hecho capitalista, sino que lo tiene como algo inaceptable y ajeno. Al respecto Echeverra escribe:

Se trata de una afirmacin de la forma natural del mundo de la vida que parte paradjicamente de la experiencia de esa forma como ya vencida y enterrada por accin devastadora del capital.

Este ethos pretende restablecer la cualidades de la riqueza concreta re-inventndolas informa o furtivamente como cualidades de segundo grado. 30

Para Echeverra, el ethos barroco es como la idea de Bataille del erotismo, es la aprobacin de la vida aun en la muerte. As, el ethos barroco puede ser entendido como una forma que permite vivir la destruccin de lo cualitativo por el capitalismo convirtindola en la creacin de otra dimensin de lo cualitativo, desafiantemente e imaginaria. Y si bien el ethos barroco , nos dice, no elimina la contradiccin propia del mundo de la vida en la modernidad capitalista, ni tampoco la niega, sino que la reconoce como inevitable, no obstante se resiste a aceptarla. 31

Estos cuatro ethos corresponden para Echeverra a los distintos impulsos sucesivos de la modernidad: el nrdico, el centroeuropeo, el occidental y el mediterrneo, respectivamente. Cada una de estas versiones del ethos moderno conforman la vida social contempornea, aunque ninguna de estas cuatro estrategias civilizatorias pueden darse de manera aislada o exclusiva, sino que estn interactuando entre ellas, aunque siempre prevalezca una sobre las dems. De hecho, es el ethos realista el que ha llegado a desempear el papel dominante sobre los dems, que organiza su combinacin con los otros y los obliga a traducirse a l para hacerse manifiestos. El ethos realista corresponde a un esquema civilizatorio que requiere e impone el uso de la tica protestante y que parte de la mistificacin cristiana para traducir las demandas de la productividad capitalista al plano de la tcnica de autodisciplinamiento individual, una productividad capitalista que como en el banco del carnicero se sacrifica incesantemente el valor de uso -y con ello, individuos y pueblos- en beneficio de la valorizacin del valor.

Por otra parte, el ethos barroco, para el autor, que se genera y desarrolla en diversas circunstancias sociales e histricas, es un principio de ordenamiento del mundo de la vida, pero no el ncleo de ninguna identidad, sino ms bien es la puesta en juego con que la vida concreta de las sociedades afirma su singularidad cultural. Este ethos barroco ha tenido un peculiar arraigo y desarrollo en Mxico y Amrica Latina, aunque para el autor no se trata mediante este concepto de sustantivar o folclorizar lo latinoamericano, como barroco o realista mgico, lo cual significara aceptar pasivamente los viejos calificativos del discurso de las otras modalidades del ethos moderno, que relega a la pre-modernidad al ethos barroco . Se trata ms bien de comprender la singularidad de un proceso socio-cultural en una poca determinada, pero a condicin de que, como recomendaba Walter Benjamin, la mirada crtica se vuelva contra la continuidad histrica pasando el cepillo a contrapelo de la suntuosidad de la historia.

Desde esta perspectiva, la particularidad del ethos barroco puede ser ilustrada para Echeverra en la historia de la Espaa americana de los siglos XVII y XVIII. 32 Por una parte, porque la modalidad barroca del ethos moderno prevaleci con especial fuerza en esta sociedad construida sobre la destruccin casi total de las civilizaciones americanas, por la otra, porque el largo predominio del ethos barroco , primero abierto y luego subterrneo, en estas sociedades han permitido la creacin de nuevas formas. En efecto, a comienzos del siglo XVII, la Espaa americana era el escenario de dos pocas histricas diferentes en el que sus habitantes eran los protagonistas de dos dramas: uno en declive, el de la conquista y la evangelizacin, y otro que comenzaba: el mestizaje civilizatorio y cultural.

Ahora bien, es cierto tambin que, entre la civilizacin indgena y espaola -seala Echeverra- haba una extraeza enorme y radical, que no reconoca terrenos homogneos, ni puentes de ninguna clase que pudieran unificarlos. De all que la coexistencia entre los espaoles y los indios fuera un boycott constante. Pero las condiciones particulares de la poblacin en la Espaa americana abrieron la posibilidad de aceptar una relacin de reciprocidad con la poblacin indgena y africana.

Cules era estas circunstancias? El sueo del siglo XVI -escribe Echeverra- de una Europa en Amrica se haba clausurado. Espaa haba perdido todo inters por su extensin trasatlntica. El esquema civilizatorio europeo en Amrica ya no poda cumplir su ciclo de reproduccin que tena un contacto orgnico y permanente con la metrpoli. Pero no slo la civilizacin europea se estaba extinguiendo, sino tambin, y quiz ms rpido, las civilizaciones indgenas, cuya presencia poltica y religiosa haba sido prcticamente aniquilada por la barbarie de la conquista. Estas civilizaciones, por ello, no estaban en condiciones sustituir a la civilizacin europea. De all que, exista la amenaza de la desaparicin de ambas, lo cual lleva a juntarse tanto a los naturales como los espaoles ante el peligro de una nueva barbarie.

Ahora bien, Echeverra plantea tambin que, a pesar de la crisis por la que atravesaba el esquema civilizatorio europeo era el nico que posibilitaba la organizacin de la vida social; el otro, el natural, aunque no haba sido totalmente aniquilado ni sustituido, no estaba ya en condiciones de disputar la supremaca; no obstante, si ste aceptaba el esquema civilizatorio europeo como garanta de la vida social, no lo haca pasivamente, sino que acuda en su ayuda, se confunda con l y lo reconstitua con el fin de mantener su vigencia amenazada.

As, el mestizaje de las formas culturales apareci -de acuerdo con Echeverra- como una estrategia de supervivencia, como la afirmacin de la vida despus de la muerte. Su escenario fue la vida citadina, all en donde indgenas y africanos cohabitaban con los espaoles. La estrategia de supervivencia, o resistencia, pasaba no slo por la aceptacin de la construccin del mundo trado por los conquistadores, sino por su defensa, muchas veces sin contar con la colaboracin de los dominadores, y aun incluso en su contra.

Ahora bien, cabe advertir que cuando Echeverra habla de mestizaje no se refiere a la la figura qumica o biolgica con la que comnmente suele asociarse, sino ms bien se refiere al proceso semitico bajo el cual podra pensarse como codigofaga :

Las subcodificaciones o configuraciones singulares y concretas del cdigo de lo humano no parecen tener otra manera de coexistir entre s que no sea la de devorarse las unas a las otras; la de golpear destructivamente en el centro de simbolizacin constitutivo de la que tiene enfrente y apropiarse e integrar en s, sometindose a s mismas a una alteracin esencial, los restos an vivos que quedan de ella despus. 33

En este sentido, de acuerdo con Echeverra, lo barroco se ha hecho manifiesto en Amrica Latina no slo en sus obras de arte u obras literarias, sino sobre todo en sus usos lingsticos, en las formas de la poltica y la vida cotidiana. As, citando a Severo Sarduy, podramos decir que, el comportamiento barroco significa amenazar, juzgar y parodiar la economa burguesa, basada en la administracin tacaa de los bienes, en su centro y fundamento mismo: el espacio de los signos, el lenguaje, soporte simblico de la sociedad, garanta de su funcionamiento, de su comunicacin. 34 En efecto, el ethos barroco es, de acuerdo con Echeverra, la afirmacin de la corporeidad concreta del valor de uso que termina en una reconstruccin de tal corporeidad, es una estrategia que acepta a regaadientes las leyes de la circulacin mercantil, a las que dicha corporeidad se sacrifica, pero que lo hace al mismo tiempo que se inconforma con ellas y las somete a un juego de transgresiones que las refuncionaliza.

Una consideracin final. Como he intentado mostrar, la rica y compleja diversidad de reflexiones de Bolvar Echeverra tiene como denominador comn: la labor crtica. Una crtica de la modernidad capitalista, de su concepto idealizado de cultura y de sus concepciones acerca de los fenmenos histrico-culturales. En este sentido, si bien es cierto que, como afirmaba Adorno, no hay una vida recta en lo falso, no obstante, Echeverra nos muestra como aun en medio de lo falso, la existencia humana irrumpe constantemente, se resiste a ser reducida a mero objeto dentro del proceso de produccin mercantil, transgrede y subvierte, mediante una actitud barroca, a la forma realista del ethos moderno, y lo hace mediante el juego, el arte y la fiesta, propia de la dimensin cultural, pero tambin mediante la labor crtica, que Bolvar Echeverra cultiv con gran maestra.

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1 No hay una vida recta en lo falso. Theodor W. Adorno . Minima Moralia. Reflexionen aus dem beschdigten Leben. Frankfurt am Main,   Suhrkamp Verlag, 2001. p. 59.

2 Echeverra, Bolvar. Vuelta de siglo . Mxico, Era, 2006. p. 165.

3 Platn, Poltico , Dilogos V. Espaa. Gredos, 2000. pp. 489-294.

4 Bozal, Valeriano, Orgenes de la esttica moderna, Historia de las ideas estticas y de las teoras artsticas contemporneas. . I . balsa de la medusa, Madrid, Visor, 2000.

5 Me refiero por supuesto a: La crtica de la razn pura (1781), La crtica de la razn prctica (1788), y La crtica de la facultad de juzgar ( Urteilskraft ) . (1790) . No es casual el sustantivo Crtica como denominacin comn de estas tres obras.

6 Cf. Cassirer, Ernst. Filosofa de la ilustracin . Mxico, FCE, 1997. Particularmente pp. 304-393.

7 Ver: Zur Kritik der Hegelschen Rechtsphilosophie . 1843/44. Versin castellana: Para una crtica de la filosofa del derecho de Hegel , existen varias ediciones en castellano.

8 La crtica ha deshojado las flores imaginarias de las cadenas, no para que el hombre vista sus cadenas sin fantasa ni consuelo, sino para que arroje sus cadenas y tome las flores vivas. Aqu las flores imaginarias significa la autoenajenacin religiosa, mientras las cadenas la enajenacin del mundo real. (La traduccin es ma).

9 Cf. Echeverra, Bolvar, El ethos barroco , en Modernidad, Mestizaje Cultural, Ethos Barroco . Mxico, UNAM/El equilibrista, 1994. Una versin retrabajada de este texto en La modernidad de lo barroco , Mxico, Era 1997.

10 Echeverra, Bolvar; El discurso crtico de Marx , Mxico, Era, 1986.

11 Este fue el tema de sus curso de Introduccin a la filosofa de la cultura impartido entre 1981-1982 en la Facultad de Filosofa y Letras de la UNAM, y que ser publicado aos ms tarde bajo el ttulo de Definicin de la cultura , Mxico, Itaca 2001. Recientemente reeditado por el FCE.

12 Este tema es expuesto en un primer ensayo titulado, El ethos barroco , en Modernidad , mestizaje cultural, ethos barroco. Op. Cit.. Posteriormente problematizado y complejizado en relacin a otros campos del conocimiento en su libro La modernidad de lo barroco, Op. Cit. Cabe mencionar aqu, que Echeverra estableci un dialogo muy productivo con autores como Severo Sarduy, Lezama Lima o Carlos Rincn, para aproximarse al tema de lo barroco desde una perspectiva latinoamericana, aunque enriquecida con sus anteriores investigaciones.

13 Cf. Echeverra, Bolvar, Presentacin a El discurso crtico de Marx , Op. Cit.

14 Cfr. Echeverra, Bolvar, El materialismo de Marx en Idem.

15 La crtica de Foucault estaba dirigida ms a un determinado tipo de marxismo, principalmente al Partido Comunista Francs, o al del marxismo sovitico, que al aparato terico de Marx, como puede verse en su texto Qu es la crtica? , en donde Foucault establece una afinidad entre su discurso terico y el de la Teora Crtica de la Escuela de Frankfurt, que como es sabido, fueron atentos lectores de Marx.

16 Cf. Foucault, Michel, Qu es la ilustracin? En Obras esenciales esenciales , Vol. III; Espaa, Paidos 1999. pp. 335-352.

17 Echeverra, Bolvar, El discurso crtico de Marx, Op Cit, p. 41.

18 Materialismo es un concepto crtico, no una doctrina filosfica o poltica. Y en este sentido lo expresa Echeverra en su lectura de Marx que comentamos, en su propia obra y en la crtica a la concepcin idealista de la cultura que realiza. Sobre este concepto en la obra de Marx ver: La ideologa alemana. I. Feuerbach, contraposicin de la concepcin idealista y materialista. En la labor crtica de Echeverra, dos perspectivas, adems a la crtica de la economa poltica, se articulan para abordar el problema que le plantea la modernidad: una filosfica cultural, que desarrolla en sus cursos sobre Problemas de filosofa de la Cultura, y la otra, histrico filosfica, que desarrolla en su libro La modernidad de lo barroco .

19 Echeverra, Bolvar, Definicin de la cultura. p. 187

20 Ibid. p. 200.

21 Echeverra, Bolvar, Vuelta de Siglo; Op Cit. p. 17.

22dem.

23 Ibid. pp. 17-18

24dem.

25 Cf. Echeverra, Bolvar, La modernidad de lo barroco . Op. Cit.

26 Ethos barroco, en Modernidad, Mestizaje cultural, Ethos barroco ; Op. Cit. p. 19

27 Echeverra, Bolvar, dem. La contradiccin de la que Marx escribi en su obra el capital, le sirve a Echeverra para analizar fenmenos de otro orden, como el del comportamiento socio-cultural de la vida social que estamos viendo.

28 El trmino ethos tiene un doble sentido que se refiere a recurso defensivo o pasivo, en el sentido de morada, abrigo o refugio, y un recurso ofensivo o activo, un arma. Conjunta el concepto de uso, costumbre o comp ortamiento automtico...con el concepto de carcter, personalidad o modo de ser. Cf. Modernidad, Mestizaje cultural, Ethos barroco ; Op. Cit. p. 18.

29Ibid. p. 20.

30 Ibid.   p. 21 y 22.

31 Ibid. p. 21.

32 Y an antes podemos encontrar expresiones de est singularidad, cuando por ejemplo, los indios en el Mxico del siglo XVI, y no los criollos como pensaba Edmundo O'Gorman, convirtieron el rito catlico a la virgen Maria, en el rito guadalupano. (Ver: El guadalupanismo y el ethos barroco en Amrica, en Blanquitud y modernidad , Era, 2010. O an antes, en la figura de Malintzin, nica interprete de dos cdigos lingsticos diferentes, que conforma un tercero, mediante la estrategia del mestizaje cultural, para hacer creble, la ilusin de la comunicacin. (Ver, Malintzin, la lengua; en La modernidad de lo barroco. Op. Cit.).

33 Echeverra, Bolvar, Modernidad, Mestizaje cultural, Ethos barroco ; Op. Cit. p. 32.

34 Citado en Echeverra, Bolvar, La modernidad de lo barroco , p. 17. El texto de Sarduy es: Barroco , Sudamerica, Buenos Aires, 1974.



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