Portada :: Palestina y Oriente Prximo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-02-2011

La revolucin rabe no ha hecho ms que empezar

Carlos Enrique Bayo
Pblico


Cuando Barack Obama proclam desde la Casa Blanca que este no es el final de la transicin, sino el principio, se refera slo a Egipto tras la cada del dictador Hosni Mubarak, hasta muy poco antes el ms fiel y valioso aliado de Occidente en Oriente Prximo. Pero sus palabras son sin duda premonitorias de un fenmeno mucho ms amplio que la histrica victoria del pueblo, en slo 18 das de revuelta callejera, sobre la colosal maquinaria represiva que el rais levant en 30 aos de despotismo.

La rebelin de los jvenes ha prendido en todo el mundo rabe y se ha transformado en una revolucin imparable que amenaza con barrer a los tiranos instalados durante decenios en la opresin de sus ciudadanos. Recin desencadenada esa convulsin mundial, las cancilleras occidentales, los especialistas y hasta los servicios secretos se preguntan hoy, estupefactos: por qu ha estallado la juventud rabe? Cmo pudo cogernos por sorpresa? Hasta dnde llegar esta revolucin?

Qu equivocados estbamos!, admite Roger Hardy, analista sobre Oriente Prximo del Woodrow Wilson Center de Washington. Cuando los disturbios comenzaron en Tnez, la mayor parte de los expertos (incluido yo mismo) dijimos que el presidente Ben Al aplastara la revuelta y sobrevivira. Cuando sali huyendo del pas, la mayora de los expertos (incluido yo) argumentamos que Egipto no era Tnez y que Mubarak aplastara la rebelin y sobrevivira.

Pocos gobernantes estn tan dispuestos a reconocer semejante error de clculo, pero los militares y jefes del espionaje que tan estrechas relaciones mantenan con los regmenes que hoy se desmoronan no pueden ocultar que fueron incapaces de prever el tsunami revolucionario que va derribando a sus socios y amigos.

Al comienzo de las manifestaciones en la plaza Tahrir de El Cairo, la cpula del Ejrcito egipcio no estaba en su pas, sino en Virginia, a las afueras de la capital estadounidense, participando en el Comit de Cooperacin Militar conjunto, la reunin que cada ao rene a los altos mandos de Egipto y de EEUU. El jefe del Estado Mayor, el general Sami Enan encabezaba una delegacin de 25 oficiales para esos encuentros con sus homlogos estadounidenses, entre ellos el almirante Mike Mullen, jefe del Estado Mayor Conjunto norteamericano. El 28 de enero, los generales egipcios interrumpieron su visita y regresaron urgentemente a El Cairo.

Ni ellos ni sus mentores estadounidenses tenan la ms remota idea de que la tempestad del cambio iba a derribar en poco ms de dos semanas el rgimen rabe ms poderoso, que desde 1981 ha recibido 60.000 millones de dlares de Washington. En estas tres dcadas, EEUU ha formado y financiado el Ejrcito egipcio, en una relacin estratgica tan estrecha que los rboles de la cpula militar de Mubarak impedan a los norteamericanos ver el inmenso bosque del descontento popular.

Hemos entrenado a cientos, por no decir miles de militares egipcios, subray el almirante Mullen en televisin hace algo ms de una semana. Han vivido con nosotros tambin sus familias y mi principal objetivo ha sido mantener el contacto con ellos. Pero Mullen admiti en esa misma entrevista que los acontecimientos le haban pillado por sorpresa a pesar, o quizs a causa, de sus intensas relaciones con el Ejrcito del mayor pas rabe.

A lo largo de los aos, la proporcin de ayuda militar de Washington a El Cairo fue creciendo, en relacin a la econmica, hasta ser cinco veces superior al monto de todas las otras aportaciones de EEUU a Egipto, a pesar de que ese pas no participaba en ningn conflicto blico. Y haciendo la vista gorda a la evidente corrupcin en el seno de las Fuerzas Armadas egipcias.

Ahora, el xito del poder del pueblo en Egipto tendr una repercusin en el mundo rabe mucho mayor que su triunfo en Tnez, afirma Hardy, el analista del Woodrow Wilson. El ejemplo egipcio ha electrizado a la opinin pblica a lo largo de toda la regin, en la que prevalecen males idnticos: autocracia, corrupcin, desempleo, dficit de dignidad ciudadana Los autcratas cuyos servicios de seguridad son ms pequeos y dbiles que los de Egipto son los ms vulnerables al glido viento de la ira popular. Los que cuentan con dinero estn tratando de comprar la paz social, pero los estados ms pobres, como Jordania y Yemen, tendrn que endeudarse para aplacar a la poblacin.

El problema es que hasta ahora las potencias occidentales despreciaban la capacidad de movilizacin de esas poblaciones y extendieron cheques en blanco a los dspotas, que se autoproclamaban baluartes contra el supuesto avance islamista para mantener durante decenios un estado de emergencia totalitario. Como en Argelia, donde ya se han producido graves disturbios en la capital al actuar con extrema contundencia la polica antidisturbios. Es, precisamente, en el tan cercano Magreb donde est llegando antes el virus revolucionario.

Palestino exiliado en Blgica desde hace ms de 40 aos, Bichara Khader, director del Centro de Estudios e Investigacin sobre el Mundo rabe de la Universidad de Louvain, lo tiene claro: Tnez ha sido la golondrina que anunci la revuelta rabe. El efecto de contagio en los dems pases es evidente. El Magreb cuenta con todos los ingredientes para que la sublevacin popular estalle en las calles de Rabat, Casablanca, Argel y Trpoli: una poblacin en su mayora joven que se siente excluida, paro, represin poltica y social, y corrupcin rampante de las autoridades.

En Argelia y Libia, que cuentan con grandes recursos energticos, las autoridades pueden decir: Consume y cllate. Pero el dinero slo sirve de somnfero y aplaza el despertar de la poblacin, explica Khader. Los analistas y diplomticos occidentales an ignoran qu est pasando en el pas de Muamar al Gadafi. No lo sabemos porque es un rgimen cerrado y muy represivo, se justifica Michael Willis, especialista en asuntos magrebes del Middle East Centre de la Universidad de Oxford.

Pero s vemos cmo los argelinos muestran su desesperacin con intentos de suicidio a lo bonzo, gritando basta! a la hogra, el desprecio, en argelino. Argelia, un gigante econmico con importantes reservas de petrleo y gas, mantiene a su poblacin en estado de emergencia desde 1992 bajo el frreo control del Ejrcito.

Argelia fue, en 1988, el precursor de las revueltas en el mundo rabe, pero su lucha fue secuestrada por el poder, explica Aomar Baghzouz, profesor en la Universidad de Tizi Ouzou, al noreste del pas. Y el sector en el que ms ha invertido el Gobierno desde entonces ha sido el militar, mientras la poblacin creca ms del 200% en medio siglo, hasta los 36 millones de habitantes, con una edad media de slo 26 aos.

Willis considera que en pases como Argelia y Marruecos hay una opresin econmica y civil; es decir, la vida diaria es muy difcil, porque hay una falta de oportunidades, de visin para el futuro. Si no hay trabajo, no hay dinero; si no hay dinero, uno no puede casarse y no tendr familia. Pero desde las protestas que condujeron a la cada del tunecino Ben Al, las poblaciones de los dems pases de la zona entendieron que era posible acabar con un dictador.

S, es posible fue precisamente el titular de portada de la revista marroqu Tel Quel. En el reino alau, consumido por la corrupcin segn Transparency International, y con una renta per cpita de unos 2.000 euros, la ms baja de la regin despus de Mauritania, los sindicatos y la oposicin islamista han convocado una manifestacin el prximo da 20 para pedir ms democracia.

Marruecos es un caso complicado, reconoce Bernab Lpez Garca, de la Universidad Autnoma de Madrid, porque no es lo mismo echar a un tirano que se aferra al poder desde hace 30 aos que a una monarqua que lleva ah siglos, respetada hasta en las zonas ms aisladas.

Las autoridades de Rabat se han orientado hacia las reformas desde la muerte de Hasn II, en 1999, aunque muchos intelectuales marroques denuncian el autismo y autoritarismo del actual monarca, an todopoderoso en su reino. La corrupcin endmica debera obligar a la Unin Europea a reaccionar y pedir reformas al Palacio Real. La primera de ellas debera ser un haraquiri del rey: que deje el poder absoluto e instaure una monarqua parlamentaria. Pero el problema es que los partidos polticos no estn a la altura, se mantienen demasiado al margen, considera el investigador espaol.

Los marroques tienen al menos a una figura central que encarna al poder, contra la que pueden gritar su malestar, algo que falta a los argelinos, segn Willis. Abdelaziz Buteflika es presidente desde 1999, pero son los militares los que dirigen el pas desde el golpe de Estado que aboli la victoria electoral islamista en enero de 1992. El rgimen cont con el man petrolero para enfrentarse a las reivindicaciones sociales y sabe ahora que simples medidas econmicas ya no son suficientes. Por eso ha anunciado el fin [en un futuro prximo] del estado de emergencia. Pero los argelinos seguirn reclamando cada vez ms libertades y democracia, dice el argelino Baghzouz.

Adems, en Argelia las desigualdades sociales son muy grandes, subraya Amel Boubekeur, especialista del Magreb en la cole des Hautes tudes en Sciences Sociales de Pars, quien teme una represin brutal. Porque, a diferencia de Tnez, el Ejrcito en Argelia no ha sido marginalizado por las autoridades, sino que participa en el proceso de decisin poltica y no dudar en usar la fuerza.

Pero las armas no bastan para acallar un volcn de indignacin que se ha alimentado en el magma de internet y aprovecha las nuevas tecnologas para entrar en erupcin. Porque las nuevas generaciones ya no pueden ser aisladas de la realidad por la censura.

Decenas de millones de rabes estn enganchados a la serie Bab al hara (La puerta del barrio), que empez a emitirse en 2006 y ha arrasado en casi todo Oriente Prximo. Ambientada en la ciudad vieja de Damasco en los aos treinta, durante la colonizacin francesa de Siria y Lbano, y de la colonizacin inglesa de Palestina y Transjordania, debe su xito, sobre todo entre los jvenes, al enfoque moderno, hasta progresista, con que aborda las cuestiones sociales, incluida la situacin de la mujer.

Bab al hara ha desplazado el foco de atencin de Egipto a Siria, donde a pesar del rgimen autoritario de Bashar al Asad, existe un margen para plantear cuestiones de ms inters para la audiencia juvenil, ante la cual la sociedad tradicional de sus mayores se est resquebrajando rpidamente.

La penetracin de la televisin por satlite en 22 pases que comparten el conocimiento de un mismo idioma, el rabe clsico, tambin est siendo decisiva para internacionalizar la revolucin de los jvenes. Los planteamientos progresistas de la cadena de informacin Al Yazira, que ha estado en primera fila durante las revueltas, y que ha convertido su programacin en una monografa sobre Egipto, estn descubriendo una realidad distinta a millones de ciudadanos que durante toda su vida fueron sometidos al lavado de cerebro de medios de comunicacin serviles con el poder.

El mundo rabe empieza a formar parte de la aldea global. Lo que ocurre en Tnez y Egipto se ve en directo en todos los dems pases. Las redes sociales permiten que las protestas se convoquen de un da para otro, o en el mismo da. Los telfonos mviles hacen que los manifestantes se organicen y reaccionen en segundos a los movimientos de la Polica o el Ejrcito.

Occidente siempre dio prioridad a la estabilidad de los regmenes rabes, por encima de la democracia y de los derechos humanos. Financiando y armando a los dictadores, dndoles manga ancha para oprimir y robar, confiando ciegamente en que las fuerzas represivas mantendran a los ciudadanos a raya indefinidamente, EEUU y Francia han creado ese monstruo que ahora tanto temen: el poder revolucionario de un pueblo que ha perdido el miedo.

Los parias se han levantado, y nada les detendr.

Fuente: http://blogs.publico.es/eltableroglobal/la-revolucion-arabe-no-ha-hecho-mas-que-empezar/169



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