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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-02-2011

Mesas de convergencia: por qu no he firmado

Carlos Tabo
KaosenlaRed


Sabido es que el pasado da 19 de febrero se celebr en Madrid una concurrida reunin que pretenda ser la seal de partida de un proyecto ambicioso: las mesas de convergencia. Son varios los amigos que me han preguntado si he suscrito la convocatoria correspondiente, como son varios los que, sabedores de que no lo haba hecho, han deseado conocer mis razones. Intento explicarlas a continuacin, no sin antes expresar dos cautelas. Si la primera me obliga a certificar que entre los promotores de las mesas hay gentes respetables, personas ingenuas y arribistas genuinos, la segunda reclama que subraye que mi juicio de estas horas lo es en exclusiva sobre el sentido general de la convocatoria, y no prejuzga lo que sta, con el paso del tiempo, pueda dar de s.

1. Empezar sealando que la propuesta programtica vertida en la convocatoria que nos ocupa tiene un no ocultado cariz socialdemcrata. No aspira a nada ms que a reconstruir la regulacin perdida y, con ella, a preservar nuestro maltrecho Estado del bienestar. En tal sentido es llamativo que los promotores de las mesas se autodescriban a menudo como antineoliberales y eludan visiblemente el trmino anticapitalistas. Con estos espasmos de moderacin, esperan ganar para la causa de la movilizacin a muchos votantes socialistas o se trata, de manera ms llana, de que no ven ningn horizonte fuera del capitalismo? A quienes seguimos subrayando que hay que ir ms all de la contestacin del neoliberalismo es comn que se nos diga que somos una vanguardia sin seguidores. Esquivar ahora la rplica que la afirmacin anterior merece para subrayar lo que se antoja evidente: quienes razonan ahora en los trminos reseados nos estn lanzando el mismo argumento que los prebostes del PSOE han utilizado contra ellos durante los tres ltimos decenios. Creo firmemente, de cualquier manera, que un programa de mnimos no tiene por qu ser un programa socialdemcrata.

2. La condicin hipermoderada del diagnstico y de la propuesta vertidos en las mesas guarda muy estrecha relacin con la ausencia, en uno y en otra, de cualquier consideracin, ni seria ni liviana, de la crisis ecolgica. Qu pattico es al respecto que a estas alturas los promotores de esa iniciativa sigan hablando de desarrollo sostenible. Permtasenos subrayar lo que con el paso de los meses se ir haciendo cada vez ms evidente: hoy es la constancia de la hondura de la crisis ecolgica lo que promueve en lugar principal --junto con la contestacin, claro, de la dimensin de explotacin, exclusin y jerarquizacin del capitalismo-- una contestacin franca a ineludible de este ltimo.

3. En un terreno ms coyuntural, lo que ms destaca en el argumentario que se ha hecho valer para justificar la creacin de las mesas es un sorprendente, y frecuentsimo, intento de exculpar a los sindicatos mayoritarios una vez certificada su conducta de las ltimas semanas. Debo confesar que en este caso me equivoqu cuando, a finales de enero, conclu que el acuerdo suscrito por esos sindicatos con el Gobierno espaol tena al menos la virtud de dejar las cosas claras en lo que respecta a la lamentable condicin de los primeros. Veo ahora que desde los crculos antineoliberales, que lanzan a los cuatro vientos sus mesas en un local de Comisiones Obreras, se emiten opiniones que desmienten el buen sentido de mi apreciacin. Ah estn las que sealan que los sindicatos han hecho lo que han podido, o las que aseveran que al cabo el acuerdo alcanzado --el pensionazo-- no es tan malo. Entre el catlogo de opiniones patticas enunciadas hay, con todo, una que despunta: la que sugiere que los sindicatos mayoritarios no han podido hacer ms de resultas de su escasa capacidad de movilizacin. Como si esta ltima no fuera la consecuencia inevitable de muchos aos de renuncia a la lucha y a la contestacin, casi tantos como los que han marcado la sumisin a las polticas oficiales y la dependencia con respecto a los recursos pblicos (alguien tiene conocimiento, por cierto, de la existencia de dimisiones, en las ltimas semanas, entre los cuadros de CCOO y UGT?). No ha faltado en estos das, en suma, alguna estril elucubracin sobre el venturoso papel que han de desempear en el futuro las bases de esos sindicatos. Hay quien, al parecer, prefiere mirar hacia otro lado; es, evidentemente, ms cmodo que asumir una autocrtica en toda regla.

4. Debo recordar, en fin, lo que algunos parece que no saben: entre los convocantes de las mesas hay personas que no han dudado en apoyar de manera franca el pensionazo. Que semejantes personas no tengan ningn problema en sumarse a esta iniciativa dice mucho de su condicin, como lo dice de la de quienes acogen a estas gentes sin mayor quebranto. La conclusin parece servida: uno puede respaldar el pensionazo y mantenerse cmodo, sin embargo, dentro de las huestes antineoliberales. Para calibrar qu es lo que piensan muchos de quienes se han opuesto al acuerdo suscrito por Gobierno y sindicatos mayoritarios recomiendo encarecidamente la lectura del foro que sigui a una entrevista a Fernndez Toxo difundida por el diario Pblico. No parece que la abrumadora mayora de quienes terciaron en ese foro puedan sentir mayor simpata por lo que proponen los promotores de una iniciativa que, al menos en su formulacin inicial, se caracteriza por su nula voluntad de cuestionar de raz las miserias que hoy nos acosan.

Fuente: http://www.kaosenlared.net/buscar/autor/Carlos+Ta%C3%ADbo



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