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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-02-2011

Ocean Sur presenta la primera edicin internacional del ltimo libro de Fidel Castro
Introduccin del libro La Victoria Estratgica

Fidel Castro
Rebelin

El libro de Fidel Castro ya se distribuye en Mxico, en breve se extender por Amrica Latina Ocean Press lanzar en abril la versin en ingls del volumen


En la 20 Feria Internacional del Libro, Cuba 2011, se dio a conocer que la primera edicin internacional del libro del compaero Fidel Castro La Victoria Estratgica. Por todos los caminos de la Sierra, publicada por la editorial Ocean Sur, ya se distribuye desde principios del presente mes de febrero en Mxico. En las prximas semanas estar en los estanquillos de venta de Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Paraguay, Puerto Rico, Uruguay, Venezuela, y el mercado de idioma espaol de los Estados Unidos.

Para el mes de abril se concluir la edicin en idioma ingls de este ttulo y su distribucin en los Estados Unidos, Canad, Inglaterra y el mercado de frontera de Cuba, bajo el sello de Ocean Press.

En este volumen, Fidel Castro, histrico lder de la Revolucin Cubana con un estilo gil y fresco narra sus vivencias como protagonista de las jornadas de intensa y decisiva lucha en las que en el verano de 1958 el Primer Frente Rebelde, en la Sierra Maestra, con unos pocos guerrilleros, combati tenazmente hasta vencer al Ejrcito de la dictadura de Fulgencio Batista, que contaba con mayora numrica y muy superior armamento y equipos.

Por otra parte, Ocean Sur anuncia la publicacin de La Contraofensiva Estratgica. De la Sierra Maestra a Santiago de Cuba, tambin para abril, seguida de su edicin en ingls por Ocean Press.

Estas primeras ediciones internacionales de La Victoria Estratgica y de La Contraofensiva Estratgica son el resultado del trabajo conjunto de Ocean Sur/Ocean Press con la Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado de la Repblica de Cuba.

El libro puede ser adquirido a travs de los distribuidores internacionales de la editorial.



Introduccin

por Fidel Castro

Dud sobre el nombre que le pondra a esta narracin, no saba si llamarla La ltima ofensiva de Batista o Cmo 300 derrotaron a 10.000, que parece un cuento de Las mil y una noches. Me veo obligado, por ello, a incluir una pequea autobiografa de la primera etapa de mi vida, sin la cual no se comprendera su sentido. No deseaba esperar que se publicaran un da las respuestas a incontables preguntas que me hicieran sobre la niez, la adolescencia y la juventud, etapas que me convirtieron en revolucionario y combatiente armado.

Nac el 13 de agosto de 1926. El asalto al cuartel Moncada de Santiago de Cuba, el 26 de julio de 1953, se produjo tres aos despus que me gradu en la Universidad de La Habana. Fue nuestro primer enfrentamiento militar con el Ejrcito de Cuba, al servicio de la tirana del general Fulgencio Batista.

La institucin armada en Cuba, creada por los Estados Unidos despus de su intervencin en la isla durante la segunda Guerra de Independencia, iniciada por Jos Mart en 1895, era un instrumento de las empresas norteamericanas, y la alta burguesa cubana.

La gran crisis econmica desatada en los Estados Unidos, durante los primeros aos de la dcada de 1930, implic altos niveles de sacrificio para nuestro pas, al que los acuerdos comerciales impuestos por aquella potencia hicieron totalmente dependiente de los productos de su industria y de su agricultura desarrolladas. La capacidad adquisitiva del azcar se haba reducido casi a cero. No ramos independientes ni tenamos derecho al desarrollo. Difcilmente podan darse peores condiciones en un pas de Amrica Latina.

A medida que el poder del imperio creca hasta convertirse en la ms poderosa potencia mundial, hacer una Revolucin en Cuba se tornaba una tarea bien difcil. Unos pocos hombres fuimos capaces de soarla, pero nadie podra atribuirse mritos individuales en una proeza que fue mezcla de ideas, hechos y sacrificios de muchas personas, a lo largo de muchos aos, en muchas partes del mundo.

Con esos ingredientes se pudo conquistar la independencia plena de Cuba, y una revolucin social que ha resistido con honor ms de cincuenta aos de agresiones y el bloqueo de los Estados Unidos.

En mi caso concreto, sin duda por puro azar, a esta altura de la vida puedo ofrecer testimonio de hechos que, si tiene algn valor para las nuevas generaciones, se debe al esfuerzo de investigadores rigurosos y serios, cuyo trabajo durante decenas de aos, reuni datos que me ayudaron a reconstruir gran parte del contenido de este libro, al que decid poner el ttulo La Victoria Estratgica.

Las circunstancias que me llevaron a tales acciones blicas las guardo imborrablemente en mi mente. No deja de ser satisfactorio para m recordarlas, porque de otra forma no me explicara por qu llegu a las convicciones que al fin y al cabo determinaron el curso de mi existencia.

No nac poltico, aunque desde muy nio observ hechos que, grabados en mi mente, me ayudaron a comprender las realidades del mundo.

En mi Birn natal, solo haba dos instalaciones que no pertenecan a mi familia: el telgrafo y la escuelita pblica. All me sentaban en la primera fila porque no haba, ni poda haber, algo parecido a un crculo infantil. Forzosamente aprend a leer y a escribir. En el ao 1933, cuando no haba cumplido todava siete aos, la maestra, que no reciba siquiera el sueldo que le deba el gobierno, pretextando la hipottica inteligencia del nio, me llev para Santiago de Cuba, donde resida su familia, en una vivienda pobre y casi sin muebles, que se filtraba por todas partes cuando llova. En aquella ciudad, no me enviaron siquiera a una escuela pblica como la de Birn.

Despus de muchos meses sin recibir clases, ni hacer algo como no fuera escuchar en un viejo piano la prctica de solfeo de la hermana de la maestra, profesora de msica sin empleo; aprend a sumar, restar, multiplicar y dividir, gracias a las tablas impresas en el forro rojo de una libreta que me entregaron para practicar la caligrafa, y que nadie dict ni revis nunca.

En la vieja casa donde inicialmente me albergaron, de una cantina que llevaban una vez al da, nos alimentbamos siete personas, entre ellas, la hermana y el padre de la maestra. Conoc el hambre creyendo que era apetito, con la punta de uno de los dientes del pequeo tenedor pescaba el ltimo granito de arroz, y con hilo de coser arreglaba mis propios zapatos.

Al frente de la modesta casa de madera donde vivamos, un Instituto de Bachillerato permaneca ocupado por el Ejrcito; vi soldados golpeando con las culatas de sus fusiles a otras personas. Podra escribir un libro con aquellos recuerdos. Fue la institucin infantil a donde me condujo aquella humilde maestra, en una sociedad en la que el dinero reinaba de forma absoluta.

Mi familia haba sido engaada, y yo ni siquiera poda percatarme de aquella situacin; el engao me hizo perder tiempo, pero me ense mucho sobre los factores que la determinaron. Despus de varios episodios, cumplidos los ocho aos, fui matriculado en enero de 1935 en el primer grado de una escuela de los Hermanos La Salle, muy prxima a la primera catedral que los conquistadores espaoles haban erigido en Cuba. Otro rico y nuevo aprendizaje comenzaba.

Ingres en aquella escuela como alumno externo, resida en una nueva vivienda, muy prximo a la mencionada anteriormente, a donde se mud la profesora de msica, hermana de la maestra de Birn. Llegamos a ser tres hermanos los que vivamos con aquella familia: Angelita, Ramn y yo, por cada uno de los cuales se pagaba una pensin. El padre de ellas haba muerto el ao anterior. Ya no exista hambre fsica, aunque segu todava un tiempo obligado a repasar hasta el cansancio las conocidas reglas aritmticas. An as, yo estaba harto de aquella casa y me rebel de manera consciente por primera vez en mi vida; rehus comer algunos vegetales desabridos que a veces me imponan y romp todas las normas de educacin formal, sagradas en aquella casa de familia de exquisita cultura francesa, adquirida en la propia Santiago de Cuba. En la familia se haba insertado el cnsul de Hait, por la va del matrimonio. Pero tan insoportable se volvi mi rebelin que me enviaron de cabeza como interno a la escuela. Me haban amenazado con eso ms de una vez para imponerme disciplina; no saban que era precisamente lo que yo quera. Lo que para otros nios era duro, para m significaba la libertad. Si nunca me llevaron ni siquiera a un cine! Disfrutara de las delicias de un alumno interno. Fue el primer premio que recib en mi vida. Estaba feliz.

Mis problemas desde entonces seran otros. Haba llegado a Santiago con dos aos de adelanto, y entr a la escuela de los Hermanos La Salle con unos de retraso. Curs fcilmente el primero y segundo grados. Aquel centro era una maravilla. Como norma bamos a Birn tres veces al ao: Navidad, Semana Santa y vacaciones de verano, donde Ramn y yo ramos totalmente libres.

Del tercer grado en la escuela La Salle pas al quinto como premio por mis notas, as recuper el tiempo perdido. Durante el primer trimestre todo iba bien: buenas notas y excelentes relaciones con los nuevos compaeros de clases. Reciba el boletn blanco que se daba cada semana a los alumnos por conducta correcta, con los problemas normales de cualquier discpulo. Sucedi entonces un percance con uno de los miembros de la congregacin, inspector de los alumnos internos.

La escuela dispona de un amplio terreno al otro lado de la baha de Santiago, llamado Rent. Era un lugar de retiro y descanso de la congregacin. All llevaban a los alumnos internos los jueves y domingos, das en que no se realizaba actividad escolar. Haba un buen campo deportivo. Adems, haca deportes, nadaba, pescaba, exploraba. No lejos de la entrada de la baha se observaban los rastros de la Batalla Naval de Santiago, en forma de grandes proyectiles que adornaban la entrada de las edificaciones. Un domingo despus del regreso, tuve un pleito intrascendente con otro de los alumnos internos cuando viajbamos en la lancha El Cateto, de Rent al muelle de Santiago. Apenas llegamos a la escuela terminamos de zanjarlo; debido a ello, aquel autoritario hermano de la orden religiosa me golpe en la cara con las manos abiertas y con toda la fuerza de sus brazos. Era una persona joven y fuerte. Qued aturdido, con los golpes zumbndome en los odos. Antes, me haba llamado aparte, ya casi de noche. No me dej siquiera explicar. En el largo corredor por donde me llev nadie nos vea. Transcurridas dos o tres semanas, intent de nuevo humillarme con un pequeo coscorrn en la cabeza por hablar en filas. En esa segunda ocasin yo iba entre los primeros al salir del desayuno porque los discpulos tratbamos siempre de ocupar un primer lugar en las filas, para jugar con pelotas de goma, un rato antes de las clases. Un pan con mantequilla que llevaba en la mano, otra costumbre de los alumnos cuando salamos del comedor despus de ingerir precipitadamente los primeros alimentos del da, se lo lanc al rostro al inspector, y luego lo embest con manos y pies de tal forma, delante de los alumnos internos y externos, que su autoridad y sus mtodos abusivos quedaron muy desprestigiados. Fue un hecho que se record en esa escuela durante bastante tiempo.

Yo tena entonces once aos, y me acuerdo bien de sus nombres. No deseo, sin embargo, repetirlos. De l no supe nada, desde hace ms de setenta aos. No le guardo rencor. Del alumno que motiv el incidente, conoc muchos aos despus del triunfo revolucionario, que mantuvo una conducta intachable y seria.

Sin embargo, el hecho tuvo consecuencias para m. El incidente haba ocurrido semanas antes de la Navidad, en que tendramos dos semanas y media de vacaciones. l segua como inspector, y yo como alumno; ambos nos ignorbamos totalmente. Por elemental dignidad mi conducta fue intachable. Al venir nuestros padres a buscarnos, evidentemente citados por ellos, les ocultaron la verdad, acusaron a mis dos hermanos y a m de psimo comportamiento. Sus tres hijos, son los tres bandidos ms grandes que pasaron por esta escuela, le dijeron a mi padre. Lo supe por lo que cont entristecido a otros agricultores amigos que a fines de ao lo visitaban. Ral tena apenas seis aos, Ramn siempre se caracteriz por su bondad, y yo no era un bandido.

Trabajo me cost que me enviaran de nuevo a Santiago para estudiar; Ramn y Ral, que nada tenan que ver con el problema, permanecieron el resto de ese curso en Birn. Me matricularon en enero de 1938 como alumno externo en el Colegio Dolores, regido por la Orden de los Jesuitas, mucho ms exigente y rigurosa en materia de estudios, pero ms de clase alta y rica que su rival de los Hermanos La Salle.

En esta ocasin me toc residir en la casa de un comerciante espaol amigo de mi padre; all, desde luego, no pas ningn tipo de penuria material, pero en aquella casa, donde resid hasta finalizar el quinto grado, era un extrao.

Al inicio del verano, Angelita, la hermana mayor, lleg tambin a esa casa con el propsito de preparar su ingreso en el bachillerato. Para darle clases se contrat a una profesora negra, quien se guiaba por un enorme libro donde estaba el contenido de la materia que impartir para el examen de ingreso. Yo asista a sus clases. Era la mejor profesora y, quizs, una de las mejores personas que conoc en mi vida. Se le ocurri la idea de que estudiara a la vez el material de ingreso y el primer ao del bachillerato, con el fin de examinarme tan pronto alcanzara la edad pertinente para el ingreso en el bachillerato, un ao despus. Despert en m un enorme inters por el estudio. Habra sido la nica razn por la que estaba dispuesto a soportar la casa del comerciante espaol en ese perodo vacacional, tras finalizar el quinto grado como externo en Dolores.

Enferm a fines de ese verano, y estuve ingresado alrededor de tres meses en el hospital de la Colonia Espaola de Santiago de Cuba. No hubo vacaciones de verano ese ao. En aquel hospital mutualista, por dos pesos mensuales, equivalentes a dos dlares, una persona tena derecho a los servicios mdicos. Muy pocos, sin embargo, podan cubrir ese gasto. Me haban operado del apndice, y a los diez das la herida externa se infest. Hubo que olvidarse de los planes de estudio concebidos por la profesora. A fines de ese mismo ao, 1938, los tres hermanos nos volvimos a reunir, como alumnos internos en el Colegio Dolores.

En el sexto grado, con varias semanas de clases perdidas, deb esforzarme para ponerme al da. Una etapa nueva se iniciaba. Profundizaba los conocimientos en Geografa, Astronoma, Aritmtica, Historia, Gramtica e Ingls.

Se me ocurri escribirle una carta al presidente de los Estados Unidos, Franklin Delano Roosevelt, que con su silla de ruedas, su tono de voz y su rostro amable despertaba mis simpatas. Gran expectacin, una maana las autoridades en la escuela anunciaron el gran suceso: Fidel se cartea con el presidente de los Estados Unidos.

Roosevelt haba respondido mi carta. Eso creamos. Lo que lleg fue realmente una comunicacin de la embajada informando que la haban recibido, dando las gracias. Qu gran hombre, ya tenamos un amigo: el presidente de los Estados Unidos! A pesar de todo lo que aprend despus, y tal vez por ello, pienso que Franklin Delano Roosevelt, quien luch contra la adversidad personal y adopt una posicin correcta frente al fascismo, no era capaz de ordenar el asesinato de un adversario, y por lo que se conoce de l, es muy probable que no hubiese lanzado las bombas atmicas contra dos ciudades indefensas de Japn ni desatado la Guerra Fra, dos hechos absolutamente innecesarios y torpes.

En aquel colegio de la rancia burguesa en la provincia mayor y ms oriental de Cuba, haba ms rigor acadmico y disciplina que en La Salle. Eran jesuitas, casi en su totalidad de origen espaol, ungidos como sacerdotes en una etapa avanzada de su formacin, en la que deban ejercer como miembros de la Orden en alguna tarea o responsabilidad. El prefecto de la escuela era el Padre Garca, un hombre recto, pero amable y accesible que comparta con los alumnos.

Mis vacaciones, mientras transit desde el primer grado de primaria hasta el ltimo de bachillerato, fueron siempre en Birn, zona de llanos, mesetas y alturas de hasta casi 1.000 metros, bosques naturales, pinares, corrientes y pozas de agua; all conoc de cerca la naturaleza, y fui libre de los controles que me imponan en las escuelas, las casas de las familias donde me aloj en Santiago o en la ma de Birn; aunque siempre defendido por mi madre y con la tutela tolerante de mi padre, a medida que era ya estudiante con ms de seis grados, y por ello disfrutaba de creciente prestigio en la familia.

Pero este no es el lugar para hablar del tema, solo el mnimo indispensable para comprender el asunto que abordo en este libro.

Del Colegio Dolores, yo mismo tom la decisin de trasladarme al Colegio Beln, en la capital de Cuba. All, a la inversa de lo que ocurri en el Colegio La Salle de Santiago de Cuba, el responsable ms directo de los alumnos internos ms de 100, el Padre Llorente, no era una persona autoritaria, y lejos de ser un enemigo se convirti en un amigo. Espaol de nacimiento, como casi todos los jesuitas de aquel colegio, estaba en la etapa previa a la investidura como sacerdote. Un hermano suyo, mayor que l, ejerca el sacerdocio entre los esquimales de Alaska, y bajo el ttulo de En el pas de los eternos hielos, escriba narraciones sobre la vida, las costumbres y las actividades de aquel pueblo indoamericano en una naturaleza virgen, que a los alumnos nos llenaba de asombro.

Llorente haba sido sanitario en la Guerra Civil Espaola; l contaba la dramtica historia de los prisioneros fusilados al concluir aquella contienda. Su tarea, junto a otros que hacan la misma funcin, era certificar que estaban muertos antes de proceder a darles sepultura. El Padre Llorente no hablaba de poltica, ni recuerdo haberlo escuchado nunca opinar sobre el tema. Era un jesuita orgulloso de su orden religiosa. Estimulaba las actividades que ponan a prueba el espritu de sacrificio y el carcter de sus alumnos. Ambos estuvimos planificando una cacera de cocodrilos en la Cinaga de Zapata, donde haba miles de ellos; y en 1945, durante las ltimas vacaciones de verano, organizamos un plan para escalar el Turquino. La goleta que deba llevarnos por mar, desde Santiago de Cuba hasta Ocujal, no pudo arrancar en toda la noche y no haba otro camino. Hubo que suspender el plan. Recuerdo que llevaba una de las escopetas automticas calibre 12 que tom de mi casa. Cmo me habra ayudado ms tarde aquella excursin cuando me convert en combatiente guerrillero, cuyo reducto principal radicaba precisamente en esa zona!

Al graduarme de bachiller en Letras, a los dieciocho aos, era deportista, explorador, escalador de montaas, bastante aficionado a las armas cuyo uso aprend con las de mi padre, y buen estudiante de las materias impartidas en el colegio donde estudiaba.

Me designaron el mejor atleta de la escuela el ao que me gradu, y jefe de los exploradores con el ms alto grado otorgado all. Mi madre se sinti complacida con los aplausos de todos los asistentes aquella noche de la graduacin. Por primera vez en su vida se haba confeccionado un traje de gala para ir a una ceremonia. Ella fue una de las personas que ms me ayud en el propsito de estudiar.

En el anuario de la escuela, correspondiente al curso en que me gradu, aparece una foto ma con las siguientes palabras:

Fidel Castro (1942-1945). Se distingui en todas las asignaturas relacionadas con las letras. Excelencia y congregante, fue un verdadero atleta, defendiendo siempre con valor y orgullo la bandera del colegio. Ha sabido ganarse la admiracin y el cario de todos. Cursar la carrera de Derecho y no dudamos que llenar con pginas brillantes el libro de su vida. Fidel tiene madera y no faltar el artista.

En realidad, debo decir que yo era mejor en Matemtica que en Gramtica. La encontraba ms lgica, ms exacta. Estudi Derecho porque discuta mucho, y todos afirmaban que yo iba a ser abogado. No tuve orientacin vocacional.

El hecho real es que las escuelas de lite lanzaban a la calle oleadas de bachilleres carentes de conocimientos polticos elementales. Sobre un tema fundamental como la historia de la humanidad, nos narraban en primer lugar las consabidas aventuras blicas de nuestra especie, desde la poca de los persas hasta la Segunda Guerra Mundial, historias que tanto cautivan a nios y jvenes varones.

El negocio de la produccin y venta de juguetes de guerra hoy da es casi tan grande como el comercio de armas. Del sistema social que conduce a tales locuras y a las propias guerras no se nos ense una palabra.

Nos ilustraban sobre la historia de Grecia y Roma, pero civilizaciones tan antiguas como las de India y China, apenas se mencionaban, como no fuese para contarnos las aventuras blicas de Alejandro Magno y los viajes de Marco Polo. Sin ambos pases, hoy resulta imposible escribir la historia. No podra siquiera soarse que nos hablaran entonces de las civilizaciones maya y aimara-quechua, del colonialismo y del imperialismo.

Cuando me gradu de bachiller en Letras, no exista ms que una universidad, la de La Habana, a ella bamos a parar los estudiantes con nuestra ausencia de conocimientos polticos. Salvo excepciones, casi todos los alumnos procedan de familias de la pequea burguesa, que afanosamente deseaban mejor destino para sus hijos. Pocos pertenecan a la clase alta, y casi ninguno a los sectores pobres de la sociedad. Muchos de los de familia pudiente realizaban sus estudios superiores en los Estados Unidos, si es que no lo hacan desde el bachillerato. No se trataba de culpabilidades individuales, era una herencia de clase. La incorporacin de la gran mayora de los estudiantes universitarios a la Revolucin en Cuba, es una prueba del valor de la educacin y la conciencia en el ser humano.

Quizs algunas cosas de las hasta aqu referidas ayuden a comprender lo que vino despus.

No asist a la universidad desde el primer da, pues rechazaba las humillantes prcticas de las llamadas novatadas, consistentes en rapar a la fuerza a los recin llegados. Ped que me pelaran bien bajito para identificarme como alumno nuevo.

Despus de resolver el complejo problema del alojamiento, me fui al estadio universitario, buscando cmo incorporarme a los deportes. Haba bsquet, pelota, campo y pista, todo lo que me gustaba. Trabajo me cost liberarme del compromiso con el manager de bsquet de Beln. Haca tiempo haba acordado proseguir como discpulo suyo en ese deporte, pero l era entrenador de un club aristocrtico. Le expliqu que no poda ser estudiante de la universidad y jugar en otro equipo contra esta. No entendi y romp con l. Comenc a entrenar en el equipo universitario de bsquet. Tambin la escuela reclam que jugara pelota por mi facultad y le dije que s.

Los lderes de la facultad de Derecho solicitaron que fuera candidato a delegado por una asignatura, y no tuve objecin.

Me vea obligado a realizar muchas cosas en un da, y resida en un reparto distante, donde Lidia, la hermana mayor por parte de padre, siempre atenta y afectuosa con nosotros, decidi vivir al trasladarse de Santiago de Cuba a La Habana cuando inici mis estudios universitarios.

Un da descubr que no me alcanzaba el tiempo ni para respirar. Sacrifiqu los deportes y decid cumplir la tarea que me solicitaron los lderes de la escuela. Luch duro por obtener la representacin, como delegado, de la asignatura de Antropologa, lo cual requera especial esfuerzo. En la tarea me enfrentaba a un antiguo cuadro, para quien un cargo en la direccin de la escuela significaba una profesin poltica. As comenz mi actividad en esa esfera.

No haba imaginado hasta qu punto la politiquera, la simulacin y las mentiras prevalecan en nuestro pas. Pero no lo supe desde el primer da. Cuando se realiz la eleccin, obtuve ms de cinco votos por cada uno del adversario, y pude contribuir as al triunfo de los candidatos de nuestra tendencia en otras asignaturas. Fue de esa forma como, en pocos meses, por el nmero de votos obtenidos, me convert en el representante de los estudiantes del primer curso, en una de las escuelas ms numerosas de la Universidad de La Habana. Ello me otorg determinada importancia, pero era muy pronto. No tena siquiera idea de los intereses que se movan alrededor de aquella Universidad.

A medida que me familiarizaba con ella, iba conociendo tambin su rica historia. Haba sido una de las primeras fundadas en la poca de las colonias. Las ilustres personalidades de la cultura y la ciencia eran recordadas en figuras de bronce y mrmol a las que se renda tributo, o al bautizar con sus nombres las plazas, edificios e instituciones universitarias.

Especial admiracin se senta por los ocho estudiantes de Medicina, fusilados el 27 de noviembre de 1871 por los voluntarios espaoles, al ser acusados de profanar la tumba de un periodista reaccionario que serva al rgimen colonial, un hecho que segn se comprob despus, ni siquiera ocurri.

Junto a mi escuela, un pequeo parque llamado Ldice aldea checoslovaca donde los nazis perpetraron una atroz matanza, aada elementos de internacionalismo.

Los nombres de Mart, Maceo, Cspedes, Agramonte y otros, aparecan por todas partes y suscitaban la admiracin y el inters de muchos de nosotros, sin que importara su origen social. No era la atmsfera que se respiraba en la escuela privada de lite donde estudi el bachillerato, cuyos profesores procedan y se educaban en Espaa, donde se engendr parte importante de nuestra cultura, pero tambin la esclavitud y el coloniaje.

En esa etapa, despus de las elecciones de 1944, el pas era presidido por un profesor de Fisiologa, que emergi de la universidad en los aos treinta, cuando en medio de la gran crisis econmica mundial, fue derrocada la tirana de Machado, y se cre, por breves meses, un gobierno provisional revolucionario. En aquel proceso, dentro del marco de una independencia limitada por la Enmienda Platt, los estudiantes, junto a la combativa clase obrera cubana y el pueblo en general, desempearon un papel fundamental. El profesor de Fisiologa, Ramn Grau San Martn, fue designado presidente del gobierno en 1933. Un joven revolucionario antimperialista, Antonio Guiteras, representante de otras fuerzas populares, designado ministro de Gobernacin, fue la figura ms destacada de aquellos meses, por las medidas valientes y antimperialistas que adopt.

Fulgencio Batista, procedente del sector militar revolucionario de los sargentos y soldados profesionales, ascendido a jefe del Ejrcito, captado ms tarde por los sectores reaccionarios y la propia embajada de los Estados Unidos, derroc aquel gobierno radical que dur apenas 100 das.

En la cada de Gerardo Machado haba sido decisiva la clase obrera. La huelga general revolucionaria, organizada fundamentalmente por el pequeo partido de los comunistas, bajo la direccin brillante y vibrante del poeta revolucionario Rubn Martnez Villena, inici la batalla por el derrocamiento de la tirana de Machado. Conviene recordarlo porque la idea de una huelga general revolucionaria estuvo asociada a nuestra posterior lucha, desde el ataque al cuartel Moncada. Fue el arma fundamental utilizada tras la ofensiva final exitosa del Ejrcito Rebelde, que lo condujo a la victoria total del pueblo el 1ro. de enero de 1959.

En los aos cuarenta haba emergido con fuerza el anticomunismo, la siembra de reflejos y el control de las mentes a travs de los medios de comunicacin masiva. Se haban creado las bases para el dominio militar y poltico del mundo. Muy poco quedaba ya en nuestra alta casa de estudios del espritu revolucionario de los aos treinta.

El partido creado por el profesor, que lo llev a la presidencia en virtud de pasadas glorias, tom el nombre que utiliz Mart para organizar la ltima Guerra de Independencia: Partido Revolucionario Cubano, al que aadieron el calificativo de Autntico.

Cuando los escndalos comenzaron a estallar por todas partes, un senador prestigioso de ese mismo partido, Eduardo Chibs, encabez la denuncia al gobierno. Era de cuna rica, pero incuestionablemente honrado, algo no habitual en los partidos tradicionales de Cuba. Dispona de media hora cada domingo, a las 8:00 de la noche, en la emisora radial ms oda de toda la nacin. Fue el primer caso en nuestra patria de la promocin inusitada que poda significar ese medio de divulgacin masiva. Se conoca su nombre en todos los rincones del pas. No exista todava en Cuba la televisin. De ese modo, a pesar del analfabetismo reinante, surgi un movimiento poltico de potencial masividad entre los trabajadores de la ciudad y el campo, los profesionales y la pequea burguesa.

Entre los obreros industriales ms avanzados e intelectuales destacados, las ideas marxistas se abran paso con ms facilidad. Rubn Martnez Villena muri joven, vctima de la tuberculosis, poco tiempo despus de su ms gloriosa obra, el derrocamiento de la tirana machadista. Quedaron sus poemas, que continan recordndose y repitindose. Pero los prejuicios anticomunistas, emanados siempre de los sectores privilegiados y dominantes de la sociedad cubana, continuaron multiplicndose, desde los das brillantes en que Julio Antonio Mella cre la FEU (Federacin Estudiantil Universitaria), y junto a Balio compaero de Jos Mart en su lucha por la independencia fund el primer Partido Comunista de Cuba.

El gobierno corrupto de Grau San Martn era catico, irresponsable, cnico. Le interesaba controlar la universidad y los escasos institutos pblicos donde se estudiaba el bachillerato. Su instrumento fundamental no era la represin, sino la corrupcin. La universidad dependa de los fondos del Estado.

Un sujeto sin escrpulo result designado ministro de Educacin. Muchos millones de dlares fueron malversados. Nada parecido a un programa de alfabetizacin se llev a cabo.

La reforma agraria y otras medidas promulgadas por la Constitucin de 1940 pasaron al olvido. Batista se haba marchado del pas repleto de dinero para residir en la Florida. Dej en Cuba a las Fuerzas Armadas llenas de ascensos y privilegios, y a un nmero no desdeable de seguidores directamente beneficiados con cargos de eleccin en el Congreso, los municipios, y empleos en el aparato burocrtico de instituciones sociales y empresas privadas.

Lo peor de todo fue el lastre pseudorrevolucionario que lleg al poder en Cuba junto con Grau San Martn. Eran gente que de una u otra forma haban sido antimachadistas y antibatistianos. Se consideraban, por tanto, revolucionarios. Al peor grupo de estos le asignaron cargos importantes en la polica represiva, como el Bur de Investigaciones, la Secreta, la Motorizada y otros cuerpos de esa institucin. Se mantuvieron los tribunales de urgencia, con la facultad de arrestar a un ciudadano sin derecho alguno a la libertad provisional. En fin, todo el aparato represivo de Batista permaneci inalterable.

Con distintos nombres surgieron una serie de organizaciones formadas por personas que tuvieron relaciones con Guiteras y otros prestigiosos lderes de la lucha contra Machado y Batista. En las filas de aquella pseudorrevolucin existan personas serias y valientes, consideradas a s mismas como revolucionarias, una idea y un ttulo que siempre atrajeron en Cuba a los jvenes. Los rganos de prensa les asignaban con todo rigor ese calificativo, cuando en realidad lo transcurrido era una dramtica etapa de revolucin frustrada. No haba programa social serio, y menos an objetivos que condujeran a la independencia del pas. El nico programa verdaderamente revolucionario y antimperialista era el del partido fundado por Mella y Balio, y luego dirigido por Rubn Martnez Villena. Este joven y valioso lder, lleno de pasin, proclam en un poema: Hace falta una carga para matar bribones, / para acabar la obra de las revoluciones (). Pero el Partido Comunista de Cuba estaba aislado.

Entre los muchos miles de estudiantes de la universidad que conoc, el nmero de antimperialistas conscientes y comunistas militantes no pasaban de cincuenta o sesenta, del total de matriculados, que ascendan a ms de 12.000. Yo mismo, un entusiasta de las protestas contra aquel gobierno, me senta impulsado por otros valores que ms adelante comprend que estaban todava distantes de la conciencia revolucionaria que adquir despus.

Eran miles los estudiantes que repudiaban la corrupcin reinante, los abusos de poder y los males de la sociedad. Muy pocos pertenecan a la alta burguesa. Las veces que tuvimos necesidad de salir a la calle, no vacilaron en hacerlo.

Nuestra universidad sostena relaciones con los exilados dominicanos en lucha contra Trujillo, con quienes se solidarizaba plenamente. Tambin los puertorriqueos que demandaban la independencia, bajo la direccin de Pedro Albizu Campos, contaban con su apoyo. Eran elementos de una conciencia internacionalista presentes entre nuestros jvenes, y que tambin me movan entonces a m, a quien haban asignado la presidencia del Comit Pro Democracia Dominicana y el Comit Pro Independencia de Puerto Rico.

Una etapa de mis estudios universitarios ayudara a comprender lo que all viv. Cuando inici el segundo ao de la carrera, en 1946, conoca mucho ms de nuestra universidad y nuestro pas. Nadie tuvo que invitarme a participar en las elecciones de la escuela de Derecho. Yo mismo persuad a un estudiante activo e inteligente, Baudilio Castellanos, que iniciaba su carrera, para que se postulara por la misma asignatura que yo lo haba hecho el ao anterior. Lo conoca bien porque ramos de la misma zona oriental; l haba estudiado el bachillerato en una escuela regida por religiosos protestantes. Su padre era farmacutico en el pequeo poblado del central Marcan, propiedad de una transnacional norteamericana, a cuatro kilmetros de mi casa en Birn.

Seleccionamos entre los estudiantes del primer curso a los ms activos y entusiastas para integrar la candidatura. Contaba con el apoyo total del segundo curso, donde los adversarios ni siquiera pudieron nuclear alumnos suficientes para formar una candidatura contra m. Aplicamos la misma lnea del ao anterior y, en las elecciones, nuestra tendencia obtuvo una aplastante victoria. Contbamos ya con amplia mayora entre los estudiantes de la escuela de Derecho, y podamos decidir quin sera el presidente de los estudiantes de la facultad, una de las ms numerosas de la Universidad de La Habana. Los del quinto y ltimo ao no eran muchos, los del cuarto se correspondan con el ao en que el bachillerato se elev de cuatro a cinco aos, y eran muy pocos los que haban ingresado en ese curso. No tenamos la mayora de los delegados, pero s la inmensa mayora de los estudiantes.

En ese tiempo entramos en contacto con el Partido Ortodoxo y, tambin, con militantes de la Juventud Comunista, como Ral Valds Viv, Alfredo Guevara y otros. Conoc a Flavio Bravo, una persona inteligente y capaz, que diriga a la Juventud Comunista de Cuba.

Pude dejar las cosas como estaban y esperar un ao ms. Al fin y al cabo mis relaciones no eran malas con los delegados de los cursos superiores, polticamente neutros. Pero pudo ms en m el espritu competitivo y quizs la autosuficiencia y la vanidad que suele acompaar a muchos jvenes, an en nuestra poca.

Esto no significa que yo habra tenido una nueva oportunidad para esperar un tercer curso normal. Los compromisos ya contrados me llevaron por otros caminos. Pero antes debo sealar que viv los mayores peligros de perder la vida con apenas veinte aos, sin provecho alguno para la causa verdaderamente noble que descubr despus.

De hecho, nuestra actividad y fuerza llamaron prematuramente la atencin de los dueos de la nica universidad del pas. Nuestro alto centro de estudios haba adquirido especial importancia por su raz histrica y su papel dentro de la repblica disminuida, que naci de la imposicin de la Enmienda Platt a la nacin cubana cuando se liber de Espaa. La nueva presidencia de la Federacin de Estudiantes Universitarios estaba por decidirse, ya que el anterior presidente haba pasado a ocupar un alto cargo en el gobierno de Grau.

Dado mi carcter rebelde, le hice frente al poderoso grupo que controlaba la universidad. As pasaron das, en realidad semanas, sin otra compaa que la solidaridad de mis compaeros de primero y segundo cursos de la escuela de Derecho. Hubo ocasiones en que sal de la universidad escoltado por grupos de estudiantes que se apretaban alrededor de m. Pero yo, a pesar de eso, iba todos los das a las clases y las actividades, hasta que un da declararon que no me permitiran entrar ms a ese recinto.

He contado alguna vez que, al da siguiente, un domingo, me fui a una playa con la novia, y acostado boca abajo llor porque estaba decidido a desafiar aquella prohibicin, y comprenda lo que ello significaba. Saba que el enemigo haba llegado al lmite de su tolerancia. En mi mente quijotesca no caba otra alternativa que desafiar la amenaza. Poda obtener un arma, y la llevara conmigo.

Un amigo militante del Partido Ortodoxo, al que conoc porque le gustaban los deportes y visitaba con frecuencia la universidad, me contaba las experiencias del enfrentamiento a las dictaduras de Machado y Batista, conversaba mucho conmigo, y conoca nuestras luchas, al tener noticias de la situacin creada, y la decisin adoptada por m, movi cielo y tierra para evitar lo peor.

Despus de esto tuvieron lugar innumerables sucesos que he narrado en distintas oportunidades, y no deseo aadir a lo que aqu expongo, ya de por s extenso; pero siento la necesidad de expresar que desde entonces estuve decidido a todo y empu un arma. Las experiencias de mi vida universitaria me sirvieron para la larga y difcil lucha que emprendera poco tiempo despus como martiano y revolucionario cubano. Mi pensamiento madur aceleradamente. Apenas transcurridos tres aos de mi graduacin, asaltaba con mis compaeros de ideal la segunda plaza militar del pas. Fue el reinicio de la insurreccin armada del pueblo de Cuba por su plena independencia y por la repblica de justicia soada por nuestro Hroe Nacional Jos Mart.

Tras el triunfo del 1ro. de enero, conocidos e incansables historiadores, encabezados por Pedro lvarez Tabo, y gracias a la iniciativa de Celia Snchez, que estuvo presente y cumpli importantes misiones en la defensa de aquel baluarte revolucionario, recorrieron cada rincn de la Sierra Maestra, donde se desarrollaron los acontecimientos, y recogieron informacin fresca de las personas en cada vivienda y lugar donde estuvimos, archivando datos sin los cuales nadie y, por supuesto, tampoco yo, podra responsabilizarse con cada detalle que da total veracidad a lo que aqu expongo.

Por otro lado, solo alguien que fuera conductor y jefe de aquella fuerza de combatientes bisoos podra responsabilizarse con una historia rigurosa de los acontecimientos en los setenta y cuatro das de combate, en que desesperadamente los revolucionarios logramos destrozar los planes de las Fuerzas Armadas de entonces, asesoradas y equipadas por los Estados Unidos, y convertimos lo imposible en posible. No existe otra forma de honrar a los cados en aquella gesta. De una contienda as no tenamos antecedentes en nuestra patria. Las gloriosas luchas por la independencia haban concluido casi medio siglo antes. Las armas, las comunicaciones, eran todas muy diferentes en otra poca; no existan los tanques, los aviones, las bombas de hasta 500 kilogramos de TNT. Fue necesario comenzar de cero. Dispona ya desde que me gradu de bachiller, y a pesar de mi origen, de una concepcin marxista-leninista de nuestra sociedad y una conviccin profunda de la justicia.

De la excelente prosa del historiador lvarez Tabo recog lo mejor y depur lo innecesario. El cartgrafo Otto Hernndez Garcini, expertos militares y diseadores elaboraron, por su parte, los mapas que contiene este libro, donde tales planos se requeran para el anlisis del tema por los profesionales de las armas. An faltara por explicar cmo, despus de la ltima ofensiva enemiga que quebr el espinazo de la tirana, al decir del Che, de la Sierra Maestra trasladamos al llano nuestras concepciones de lucha, y en solo cinco meses destrozamos la fuerza total de 100.000 hombres armados que defendan al rgimen y les ocupamos todas las armas.

Este libro, La Victoria Estratgica, es el prembulo de ese otro, an sin escribir, sobre la rpida y contundente contraofensiva rebelde que nos llev a las puertas de Santiago de Cuba y al triunfo definitivo de la Revolucin Cubana.


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