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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-02-2011

Qu pasa con Libia?
Del mundo rabe a Amrica Latina

Santiago Alba Rico y Alma Allende
Rebelin


Tenemos la impresin de que un gran proceso emancipatorio mundial puede verse abortado por la implacable ferocidad de Gadafi, la intervencin estadounidense y la poca clarividencia de Amrica Latina. Describiramos as la situacin: en una zona del mundo ligada de nuevo por fuertes solidaridades internas y de la que slo se esperaba letargo o fanatismo ha surgido una oleada de levantamientos populares que amenaza con hacer caer, uno detrs de otro, a todos los aliados de las potencias occidentales en la regin. Con independencia de las muchas diferencias locales, estos levantamientos tienen algo en comn que, por cierto, los distingue radicalmente de las revoluciones rosadas y naranjas promovidas por el capitalismo en la rbita ex sovitica: demandan democracia, s, pero lejos de estar fascinadas por Europa y los EEUU son depositarias de una larga, arraigada, radical tradicin antiimperialista forjada en torno a Palestina e Iraq. No hay en los levantamientos populares rabes ni asomo de socialismo, pero tampoco de islamismo ni -lo ms importante- de seduccin eurocntrica: se trata al mismo tiempo de una revuelta econmica y de una revolucin democrtica, nacionalista y anticolonial, lo que abre de pronto, cuarenta aos despus de su derrota, una inesperada oportunidad para las izquierdas socialistas y panarabistas de la regin.

La Amrica Latina progresista, cuyos pioneros procesos emancipatorios constituyen la esperanza del antiimperialismo mundial, debera apoyar en estos momentos al mundo rabe sin reservas, adelantndose a la estrategia de las potencias occidentales, desbordadas por los acontecimientos y a las que Gadafi est dando la oportunidad de un regreso -militar quizs, pero sobre todo propagandstico- como paladn de los derechos humanos y la democracia. Ese discurso es poco creble en esta zona del mundo, donde Fidel y Chvez gozan de un enorme crdito popular, pero si Amrica Latina se alinea, por activa o por pasiva, con el tirano, no slo los contagiosos avances populares, que lamen ya Europa y se han trasladado a Wisconsin, se vern irremediablemente detenidos, sino que se producir una nueva fractura en el campo antiimperialista que los EEUU, siempre vigilantes, relojeros del mundo, aprovecharn para recuperar el terreno perdido. Algo de eso puede estar ya ocurriendo como resultado de una combinacin de desconocimiento y de antiimperialismo esquemtico y sumario. Los pueblos rabes, que vuelven a la escena de la historia, necesitan el apoyo de sus hermanos latinoamericanos, pero es sobre todo la relacin de fuerzas mundial la que no puede permitirse una vacilacin por parte de Cuba y Venezuela sin que Cuba y Venezuela sufran tambin las consecuencias y las sufran con ellos Amrica Latina y las esperanzas de transformacin a nivel planetario.

Podemos alegar que sabemos poco de lo que ocurre en Libia y sospechar de las condenas occidentales, mediticas e institucionales, de los ltimos das. Podemos quedarnos en eso. Los imperialistas son ms inteligentes. Ellos, que tienen muchos intereses concretos en la zona, han defendido hasta el final a sus dictadores, pero cuando han comprendido que eran insostenibles los han dejado caer y han elegido otra estrategia: apoyar procesos democrticos controlados, seleccionar minoras postmodernas como motor de cambios limitados y desplegar sin pudor, a sabiendas de que la memoria es corta y los reflejos de la izquierda muy inmediatos, un nuevo arco iris de retrica democrtica. Habr que oponerse a cualquier injerencia occidental, pero no creo, sinceramente, que la OTAN vaya a invadir Libia; lo que s nos parece es que esta amenaza, apenas apuntada, tiene el efecto de enredar y emborronar el campo antiimperialista, y esto hasta el punto de hacernos olvidar algo que s deberamos saber: quin es Gadafi. Olvidarlo puede producir al menos tres efectos terribles: romper los lazos con los movimientos populares rabes, dar legitimidad a las acusaciones contra Venezuela y Cuba y "represtigiar" el muy daado discurso democrtico imperialista. Todo un triunfo, sin duda, para los intereses imperialistas en la regin.

Gadafi ha sido durante los ltimos diez aos un gran amigo de la UE y de EEUU y de sus dictadores aliados en la zona. Baste recordar las incendiarias declaraciones de apoyo del Calgula libio al depuesto Ben Al, a cuyas milicias muy probablemente proporcion armas y dinero en los das posteriores al 14 de enero. Baste recordar tambin la dcil colaboracin de Gadafi con los EEUU en el marco de la llamada guerra antiterrorista. La colaboracin poltica ha ido acompaada de estrechos vnculos econmicos con la UE, incluida Espaa: la venta de petrleo a Alemania, Italia, Francia y EEUU ha sido paralela a la entrada en Libia de las grandes compaas occidentales (la espaola Repsol, la britnica British Petroleum, la francesa Total, la italiana ENI o la austriaca OM), por no hablar de los suculentos contratos de las constructoras europeas y espaolas en Trpoli. Por lo dems, Francia y EEUU no han dejado de proporcionarle armas para que ahora mate desde el aire a su propio pueblo, siguiendo el ejemplo de la Italia imperial desde 1911. En 2008 la ex secretaria de Estado Condoleeza Rice lo dej muy claro: Libia y Estados Unidos comparten intereses permanentes: la cooperacin en la lucha contra el terrorismo, el comercio, la proliferacin nuclear, frica, los derechos humanos y la democracia.

Cuando Gadafi visit Francia en diciembre de 2007, Ayman El-Kayman resumi la situacin en un prrafo que reproduzco aqu: Hace casi diez aos, Gadafi dej de ser para el Occidente democrtico un individuo poco recomendable: para que le sacaran de la lista estadounidense de Estados terroristas reconoci la responsabilidad en el atentado de Lockerbie; para normalizar sus relaciones con el Reino Unido, dio los nombres de todos los republicanos irlandeses que se haban entrenado en Libia; para normalizarlas con Estados Unidos, dio toda la informacin que tena sobre los libios sospechosos de participar en la yihad junto a Bin Laden y renunci a sus armas de destruccin masiva, adems de pedir a Siria que hiciese lo mismo; para normalizar las relaciones con la Unin Europea, se transform en guardin de los campos de concentracin, donde estn internos miles de africanos que se dirigan a Europa; para normalizar sus relaciones con su siniestro vecino Ben Al, le entreg a opositores refugiados en Libia.

Como se ve, Gadafi no es ni un revolucionario ni un aliado, ni siquiera tctico, de los revolucionarios del mundo. En 2008 Fidel y Chvez (junto a Mercosur) denunciaron justamente la llamada directiva de la vergenza europea que reforzaba la ya muy severa persecucin en Europa de la humanidad desnuda de las pateras y los muros. De todos los crmenes de Gadafi quizs el ms grave y el menos conocido es su complicidad en la poltica migratoria de la UE, particularmente italiana, como verdugo de emigrantes africanos. Quien quiera una amplia informacin sobre el tema puede leer Il Mare di mezzo, del valiente periodista Gabriele del Grande, o acudir a su pgina web, Fortresseurope, donde se recogen algunos documentos espeluznantes. Ya en 2006 Human Rights Watch y Afvic denunciaban los arrestos arbitrarios y torturas en centros de detencin libios financiados por Italia. El acuerdo Berlusconi-Gadafi de 2003 puede leerse completo en la pgina de Gabriele del Grande y sus consecuencias se resumen sucinta y dolorosamente en el grito de Farah Anam, fugitiva somal de los campos de la muerte libios: Prefiero morir en el mar que regresar a Libia. A pesar de las denuncias que hablan de verdaderas prcticas de exterminio -o precisamente por ellas, que demuestran la eficacia de Gadafi como guardin de Europa- la Comisin Europea firm en octubre una "agenda de cooperacin para la "gestin de los flujos migratorios y el "control de las fronteras", vlido hasta 2013 y acompaado de la entrega a Libia de 50 millones de euros.

La relacin de Europa con Gadafi ha rozado la sumisin. Berlusconi, Sarkozy, Zapatero y Blair lo recibieron con abrazos en 2007 y el propio Zapatero lo visit en Trpoli en 2010. Incluso el rey Juan Carlos se desplaz a Trpoli en enero de 2009 para promocionar a las empresas espaolas. Por otro lado, la UE no dud en humillarse y disculparse pblicamente el 27 de marzo de 2010 a travs del entonces ministro espaol de Asuntos Exteriores, Miguel ngel Moratinos, por haber prohibido a 188 ciudadanos libios la entrada en Europa a raz del conflicto entre Suiza y Libia por la detencin de un hijo de Gadafi en Ginebra acusado de maltratar a su personal domstico. An ms: la UE no emiti la menor protesta cuando Gadafi adopt represalias econmicas, comerciales y humanas contra Suiza ni cuando efectu un llamamiento a la guerra santa contra este pas ni cuando declar pblicamente su deseo de que fuera barrido del mapa.

Y si ahora estos amigos imperialistas de Gadafi -que ven cmo el mundo rabe se voltea sin su intervencin- condenan la dictadura libia y hablan de democracia, entonces nosotros vacilamos. Aplicamos las plantillas universales de la lucha antiimperialista, con sus teoras de la conspiracin y su paradjica desconfianza hacia los pueblos, y pedimos tiempo para que se disuelva la nube de polvo que levantan las bombas lanzadas desde el aire -a fin de estar seguros de que debajo no hay un cadver de la CIA. Eso cuando no apoyamos directamente, como el gobierno de Nicaragua, a un criminal cuyo contacto ms liviano slo puede manchar para siempre a cualquiera que se reclame de izquierdas o progresista. No es la OTAN quien est bombardeando a los libios sino Gadafi. Fusil contra fusil es la cancin de la revolucin; misil contra civil es algo que no podemos aceptar y que, an antes de hacernos preguntas, debemos condenar con toda energa e indignacin. Pero hagmonos tambin las preguntas. Porque si nos hacemos preguntas, las respuestas que tenemos -por pocas que sean- demuestran adems de qu lado deben estar en estos momentos los revolucionarios del mundo. Ojal caiga Gadafi -hoy mejor que maana- y Amrica Latina comprenda que lo que ocurre en estos momentos en el mundo rabe tiene que ver, no con los planes maquiavlicos de la UE y EEUU (que sin duda maniobran en la sombra), sino con los procesos abiertos en Nuestra Amrica, la de todos, la del ALBA y la dignidad, desde principios de los aos 90, siguiendo la estela de la Cuba de 1958. La oportunidad es grande y puede ser la ltima para revertir definitivamente la actual relacin de fuerzas y aislar a las potencias imperialistas en un nuevo marco global. No caigamos en una trampa tan fcil. No despreciemos a los rabes. No son socialistas, no, pero en los dos ltimos meses, de manera inesperada, han dejado al desnudo la hipocresa de la UE y los EEUU, han expresado su deseo de una democracia autntica, lejos de todo tutelaje colonial, y han abierto un espacio para poner en dificultades desde la izquierda los intentos de reconversin, tambin territorial, del capitalismo. Es la Amrica Latina del ALBA, la del Che y Playa Girn, cuyo prestigio en esta zona estaba intacto hasta ayer, la que tiene que apoyar el proceso antes de que el relojero del mundo vuelva a hacer girar las manillas hacia atrs y a su favor. Los pases capitalistas tienen intereses; los socialistas slo lmites. Muchos de esos intereses estaban con Gadafi, pero ninguno de esos lmites tiene nada que ver con l. Es un criminal y adems un estorbo. Por favor, compaeros revolucionarios de Amrica Latina, los compaeros revolucionarios del mundo rabe estn pidindo que no lo sostengis.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

rCR



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