Portada :: Otro mundo es posible :: Feminismos
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-03-2005

8 de marzo: Da Internacional de la Mujer
Dar la cara por el aborto

Mariana Carbajal
Pgina 12


Todo empez con un e-mail a travs de un sitio en Internet en el que una mujer hizo pblico su caso. As naci la campaa Yo abort, en la que mujeres de distintos niveles sociales cuentan las circunstancias en que se sometieron a intervenciones clandestinas. Buscan sensibilizar a la opinin pblica para abrir el debate sobre la despenalizacin.

Mujeres annimas y desconocidas de distintos puntos del pas iniciaron una jugada campaa por la despenalizacin del aborto a travs de la Red Informativa de Mujeres de Argentina (RIMA), una lista feminista de correo electrnico, coordinada desde Rosario, que integran casi 900 mujeres de la mayora de las provincias y algunas tambin del exterior. Con el ttulo Yo abort, profesionales, amas de casa y estudiantes de distintas edades se animaron a contar sus experiencias de abortos clandestinos: fueron solas o acompaadas, con dinero suficiente para hacerlo en un lugar seguro o sin los medios necesarios para no arriesgar la vida. Ya suman ms de 35 los testimonios. Se pueden leer a travs de la web, donde cualquiera que lo desee puede agregar su historia o simplemente expresar su adhesin a la movida, que busca lograr un cambio en la legislacin.

El testimonio que dispar la campaa fue el de Gabriela Adelstein, de 42 aos, traductora, empleada administrativa, madre de dos hijas, colaboradora de RIMA y vecina del barrio porteo de Monserrat, movilizada por el ltimo Encuentro Nacional de Mujeres que se hizo meses atrs en Mendoza y que finaliz con una multitudinaria marcha en favor de la despenalizacin del aborto y por la visita al pas de la mdica holandesa Rebecca Gomperts, creadora de la ONG Mujeres sobre las Olas, que promueve la prctica de abortos seguros en un barco frente a las costas de aquellos pases en los que esa prctica es considerada un delito.

Entonces, a mediados de diciembre, Gabriela Adelstein escribi: Yo abort, pero como soy de clase media, tuve mdicas contenedoras, asepsia y anestesia. Hasta tuve un hombre responsabilizado y contendedor a mi lado (todo un lujo). Yo acompa a mis hermanas a abortar, pero como somos de clase media alta, tuvieron asepsia y anestesia, y una hermana contenedora. Yo ayud econmicamente y emocionalmente a mi empleada domstica a abortar, pero como ella es de clase baja, por ensima vez le pusieron una sonda en el cuello del tero, le dieron suficientes antibiticos, pero pocos anestsicos. Se la banc como una duquesa y si sus cuatro hijos se quedaban hurfanos, pues ... joderse. As es la vida. Quin ms?

Romper el silencio

El texto, espontneo y comprometido de Gabriela impuls la avalancha de relatos que hoy se pueden leer en la pgina www.rima web.com.ar. Sent que haba que hacer algo y me sali ese e-mail de barricada. Lo lanc sin ningn clculo. Yo no milito en ninguna organizacin. Fue una reaccin visceral, record Adelstein, en dilogo con Pgina/12. Lo que importa ahora, dijo, es el espacio que se gener para que otras, muchas, todas las mujeres que han pasado por un aborto se animen a hablar. Y no slo las que lo han sufrido en su propio cuerpo rompieron el silencio. Varias de las que se sumaron a la campaa han acompaado a una hermana o amiga en ese trance tan difcil, que anualmente enfrentan ms de medio milln de argentinas, segn los clculos del propio ministro de Salud, Gins Gonzlez Garca. En la ltima semana, en un reportaje con este diario, el funcionario se pronunci abiertamente a favor de la despenalizacin del aborto, para evitar ms muertes de mujeres que se someten a esta prctica en condiciones precarias, por no poder pagar una interrupcin del embarazo segura. Es una mentira eso que sostienen muchos de que la sociedad no est madura para debatir la despenalizacin del aborto. Ms que madura, est repodrida, dispar Adelstein ante Pgina/12.

Cada da se agregan a la campaa ms testimonios, algunos con nombre y apellido, otros slo con las iniciales de su autora. Cada uno muestra la crudeza, los miedos y los riesgos que implican realizarse un aborto en la clandestinidad en la Argentina.

Al da siguiente de que circulara por RIMA el e-mail de Gabriela, fueron llegando cinco o seis testimonios ms, y al otro da otros tantos, y ms y ms. Todos en primera persona. Muy fuertes, seal Gabriela De Cicco, periodista y una de las creadoras y coordinadoras de la lista de correo electrnica en la que se gest el movimiento. RIMA es una lista cerrada que en julio cumplir cinco aos, en la que se intercambian informaciones, noticias, artculos de diarios, sobre temas de gnero y se generan debates y acciones del movimiento de mujeres. Entre sus colisteras, como se llaman sus integrantes, hay profesionales, periodistas, diputadas, funcionarias, amas de casa, estudiantes, todas ligadas al feminismo. Todas mujeres.

A medida que se iban juntando los testimonios nos empezamos a preguntar si se podan y deban hacerse pblicos. Hubo colisteras que a partir de eso hablaron por primera vez en su familia o con su pareja sobre el tema. Y finalmente, hace dos semanas, se acord publicar la campaa en la pgina web de RIMA, describi Irene Ocampo, tambin periodista y la otra creadora y coordinadora de RIMA.

Historias

La campaa, en primera persona, tiene como antecedente el manifiesto en favor de la despenalizacin firmado en Francia en 1973 por 343 mujeres famosas, entre ellas Simone de Beauvoir y Catherine Deneuve, y que fue fundamental en la lucha por los derechos sexuales y reproductivos en aquel pas y en la legalizacin del aborto. Emulando aquella iniciativa, la desaparecida revista Tres Puntos, en su primer nmero convoc a una docena de famosas, intelectuales, escritoras, que contaron tambin en primera persona que haban abortado. Una de ellas, Tununa Mercado, de 65 aos, adhiri en los ltimos das a la campaa de RIMA y tambin envi all su testimonio: Era menor de edad, en trminos legales, cuando abort por primera vez. Me acompa una amiga, a quien yo tambin haba acompaado para que abortara unas semanas antes. Fue a finales de los cincuenta. No era un hbito cuidarse ni que a una la cuidaran. No haba anticonceptivos. Hacer el amor era como una hazaa heroica cuyos riesgos haba que correr. Los corr, no me arredr, y sent alivio. Tuve suerte y condiciones de asepsia medianamente seguras.

Cada historia es nica. Todas con la marca del miedo que acarrea la ilegalidad. Abort cuando tena 22 aos, sin poder hablar, sin compaero, sola, con una amiga que hizo lo que pudo comienza el relato de Mara Ins Z., de Jujuy. Y me recuper en la casa de otra que, apenas me despert, me hizo saber que prefera que me fuera porque ella estaba mal por haber colaborado con una muerte. Me fui a mi departamento de estudiante en Crdoba, donde viva con dos amigas que no saban nada de lo que me ocurra. Yo sola, as en silencio, sin poder hablar, elaborar mi decisin y mis miedos, miedo a que alguien supiera lo que haba hecho, miedo a que mi familia se enterara de que no haba perdido mi mensualidad de estudiante sino que haba tenido que pagar un aborto, con miedo a morirme y con culpa. Abort con una persona que apenas despert de la anestesia me pidi que me fuera rpido y que no tomara el colectivo en la parada que estaba cerca de su casa, sino ms adelante.

Sonia, periodista, de Buenos Aires, escribi que abort a los 15 aos. A pesar de lo convencida que estoy de mi decisin y de que las mujeres tenemos derecho a decidir cundo y cmo tener un hijo, no hablo muy fcilmente de mi aborto. Muy pocas personas lo saben, pero creo que esta es una buena oportunidad para que lo sepan ms muchas/os ms. Alejandra Ciriza, de Mendoza, dijo lo suyo. Le toc acompaar a abortar a varias conocidas y despus a ella misma pasar por esa situacin. Yo abort cuando apenas tena 14 o 15 aos y acompa a Isabel, una chica que trabajaba en casa, apenas dos aos mayor que yo, en un adurrial de Salta (...) Luego fueron una de mis primas y otras amigas, de mi edad. Con suerte: conseguamos la plata (...) Ninguna de las mas ha muerto de aborto sptico, pero las almas de muchas han quedado duramente marcadas. Por el maltrato, la clandestinidad, el dolor fsico y el miedo. (...) La clandestinidad nos deja libradas a la arbitrariedad y a menudo la brutalidad de algn otro.

Una psicloga, identificada por sus iniciales C.Z., pas por un aborto a los 20 aos. Porque era estudiante universitaria y tena trabajo, abort con un mdico y con anestesia, acompaada por un marido tibio que no terminaba de comprometerse, diciendo como vos quieras. Despus de hacerlo me sent aliviada y hasta el da de hoy no me arrepiento.

Entre los testimonios est el de Dora Coledesky, una veterana militante por la despenalizacin del aborto. A los 76 aos, sigue en la lucha por lograr que la interrupcin voluntaria de un embarazo sea gratuita y legal en el pas. Desde hace casi dos dcadas viene bregando por ese objetivo desde la Comisin por el Derecho al Aborto. Desde noviembre, todos los lunes entre las 18 y las 20, junto con otras mujeres de varias organizaciones, montan una mesa en la puerta de la vieja Confitera del Molino, en Callao y Rivadavia, para repartir folletos y juntar firmas. En enero hicieron una impasse, pero volvieron a instalarse el lunes ltimo.

Si el ministro de Salud de la Nacin es coherente con su discurso debera ejercer presin en el Gobierno y sobre el Congreso para llevar adelante la despenalizacin. No puede quedarse en palabras, piensa Coledesky, que tambin es abogada. La campaa de RIMA, dice, la conmovi.

Se rompi el tab, de la cultura de la culpabilidad que nos impusieron. Si esta campaa pudiera llegar a ms mujeres, a aquellas que no tienen email ni acceso a Internet, nos llevaramos varias sorpresas. La campaa es la mayor compensacin a tanta lucha, hemos sacado la careta de la hipocresa, nos hemos mostrado con toda nuestra fuerza. Dar sus frutos, tarde o temprano, concluy.


Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter