Portada :: Economa
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-03-2011

Descubriendo lo bueno de los buenos viejos tiempos

Sam Pizzigati
Too Much


A veces podemos avanzar retrocediendo el reloj poltico si sabemos exactamente dnde detenerlo-.

La semana pasada, en un discurso ante la Cmara de Comercio de los Estados Unidos, el presidente Obama prometi que el presupuesto federal que hizo pblico esta semana reducir al gasto discrecional domstico de nuestra economa a la fraccin ms baja desde que Eisenhower fue presidente.

Nadie del pblico de la Cmara lo ovacion, principalmente porque sus miembros no confan en Obama cuando habla de los recortes presupuestarios. Pero el resto de nosotros tampoco debera confiar. Si vamos a regresar a la era de Eisenhower, tenemos muchas mejores opciones para emular.

Podramos, por ejemplo, hacer un esfuerzo por replicar aquellos acuerdos econmicos de la dcada de 1950, en gran medida responsables de esa era de prosperidad rcord e igualdad-.

En los 50, los salarios reales del promedio de los estadounidenses mejoraron significativa y continuadamente. Los salarios promediaron 11,17 dlares la hora en 1950, en trminos reales, y 14,20 dlares la hora una dcada despus, en 1960.

Este incremento salarial no fue una casualidad. Los trabajadores se organizaron para conseguirlo. En 1954, el 35% de los trabajadores del sector privado estaban sindicalizados, y los contratos que negociaron sus organizaciones establecieron la trayectoria salarial de toda la economa, tanto para los trabajadores sindicalizados, como para los que no lo estaban.

Un ejemplo: El principal minorista de la era Eisenhower Sears Roebuck- operaba sin empleados agremiados. Pero para competir en un mercado laboral fuertemente sindicalizado, tuvo que ofrecer salarios y beneficios cercanos a los negociados por los sindicatos.

El contraste con lo que sucede hoy no podra ser ms evidente. El mes pasado, el Departamento de Trabajo de los Estados Unidos inform que slo el 6,9% de los trabajadores del sector privado estn afiliados a alguna organizacin sindical, la tasa ms baja en un siglo. En una gran porcin del territorio estadounidense, los sindicatos virtualmente no tienen presencia alguna en el sector privado.

Esta realidad otorga a las grandes corporaciones la libertad de explotar todo lo que sus ejecutivos puedan digerir. En la dcada de 1950, la desindicalizada Sears tena que acercarse a las escalas salariales negociadas por los sindicatos para poder sobrevivir y progresar. El principal minorista de hoy, el feroz y antisindical Wal-Mart, no opera bajo esta presin. El resultado? Siempre bajos salarios

La enorme presencia sindical en la era Eisenhower no slo mantuvo los salarios en ascenso. Tambin ayud a mantener las ganancias de los altos ejecutivos en un nivel razonable. En la dcada de 1960, los principales ejecutivos slo ganaban 41 veces el salario de un trabajador, alrededor de 1/7 de lo que representa hoy la brecha entre la ganancia de un gerente y un trabajador.

El ms famoso ejecutivo del sector automotriz de mediados del siglo 20, George Romney, tena una ganancia promedio de 275 mil dlares anuales. Poderosos ejecutivos como Romney el padre del actual candidato a presidir el Partido Republicano, Mitt Romney- no exprima a sus trabajadores. Ellos negociaban con ellos.

Por supuesto, la situacin actual es la opuesta. Los altos ejecutivos normalmente pueden rascar unas diez veces o ms, ajustando por inflacin, de lo que George Romney se llev a casa y hacen lo que sea para conseguir estos retiros-. Ellos ajustan y tercerizan, recortan pensiones, perjudican a los consumidores, eluden los impuestos del Tio Tom y, si todo esto falla, dibujan la contabilidad.

Los ejecutivos de hace medio siglo tenan pocos incentivos para comprometerse en todas estas maquinaciones. Las tasas impositivas de la era Eisenhower lo prueban. En los 50, los ingresos superiores a 400 mil dlares se enfrentaban a unas tasas impositivas federales del 91%. En efecto, con la rgida progresividad de las tasas impositivas aplicadas, pocos ejecutivos perseguan beneficios extraordinarios.Para qu hacerlo?

Elevados impuestos sobre las grandes rentas y negociacin colectiva para incrementar los salarios promedios. Sobre estos dos bastiones se construy la edad de oro de la clase media a mediados del siglo XX.

Recortar el presupuesto federal ya sea un poco, como la Casa Blanca propuso esta semana, o mucho, como reclaman los Republicanos en el Congreso- no restaurar esa edad de oro. Para hacer que Estados Unidos vuelva a trabajar para la clase obrera, necesitamos pensar ms como Dwight.

Eisenhower, como saben muchos estadounidenses, advirti contundentemente contra el complejo industrial-militar en su discurso de despedida de 1961. Pero unos meses antes, en unas instalaciones de la industria automotriz en Detroit, Ike hizo una advertencia an ms importante.

En muchos pases, deca el presidente, unas pocas familias son increblemente ricas, pagan muchos menos impuestos de lo que deberan, y son completamente indiferentes a la pobreza de la mayor parte de la poblacin. En esos pases, continuaba Ike, no existe ninguna capacidad de poder de compra.

Un pas en esa situacin, adverta, se enfrenta a una contnua inestabilidad

Ike imagin esta advertencia como relato conveniente en el marco de la guerra fra. l nunca so con que una elite desmesuradamente rica, reticente a los impuestos e indiferente con sus sociedad dominara su pas. Ese sueo, para Ike, hubiese sido una pesadilla.

Vivimos en esta pesadilla que no soamos.

Sam Pizzigati edita Too Much, un semanario electrnico sobre abusos y desigualdades publicado por el Instituto de Estudios Polticos, con base en Washington.

Traduccin para www.sinpermiso.info: Camila Vollenweider

http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=3966


Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter