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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-03-2011

Libia y la izquierda
Principios e incertidumbres

Santiago Alba Rico y Alma Allende
Rebelin


  1. Las teoras de la conspiracin son convincentes porque siempre tienen un asidero en la realidad: las conspiraciones existen. La CIA, la OTAN, el Pentgono, la UE estn conspirando ininterrumpidamente para asegurar sus intereses en todas las regiones del planeta. Tambin conspira Rusia y China y Turqua y Paquistn y la India. Tambin Cuba y Venezuela. Todo el mundo conspira porque la conspiracin es uno de los instrumentos indisociables de la relacin entre los Estados-Nacin en un marco de luchas imperialistas, antimperialistas e interimperialistas.

  2. Nadie puede poner en duda, pues, que el imperialismo est conspirando en estos mismos momentos contra todos los movimientos populares y contra los que los representan. Las conspiraciones imperialistas conspiran tambin con el propsito de volver paranoicos a los revolucionarios; es decir, para que acaben completamente absorbidos en la idea no revolucionaria de la omnipotencia del enemigo. La diferencia entre una teora de la conspiracin y una teora de la revolucin es que sta considera justamente que si el imperialismo conspira es porque no controla todas las fuerzas y que eso que llamamos pueblo mantiene siempre su potencia residual respecto de todas las conspiraciones. Ese residuo, incluso como conciencia deformada o imprecisa, tiene que ver con la realidad misma: la pobreza, el dolor, la frustracin, la represin. Mohamed Bouazizi no se quem en Sidi Bouzid el 17 de diciembre de 2010 manipulado por la CIA sino humillado por un aliado suyo. Las teoras de la conspiracin son hegelianas: el curso del imperialismo coincide con el de la realidad. Las revolucionarias son ms bien leibnizianas: el imperialismo tiene que poner constantemente en hora el reloj del mundo. Al paranoico se le podra decir: tienes toda la razn; el imperialismo lo manipula y controla todo; la prueba eres t.

  3. Los EEUU, la UE, la OTAN hubieran preferido que no hubiese ocurrido nada de cuanto ha ocurrido en el mundo rabe. As lo demuestran las primeras declaraciones de sostn a los dictadores amigos y sus maniobras para aplazar su cada. Tambin en Libia hubiesen preferido mantener el estatus quo, aunque slo fuese por no comprometer a Italia como potencia ex-colonial: al contrario de lo que pretenden algunos analistas de memoria corta, basta consultar las hemerotecas para confirmar que primero hubo silencio, luego declaraciones ambiguas, despus condenas tibias y por fin escndalo moral. Las potencias neocoloniales conspiraron para que no cambiaran las cosas y, cuando no han podido evitar los derrocamientos, conspiran para tratar de utilizar los cambios en su favor. Les hubiera resultado ms difcil, tambin en Libia, si desde el principio todas las fuerzas de izquierda hubieran hecho una declaracin conjunta a favor de las revoluciones y los pueblos rabes y de su anhelo anticolonial de democracia y libertad. Los que no lo hacen as no slo se distancian sideralmente del pulso de la calle en esta zona del mundo sino que permiten que los mismos que disparan contra la multitud en Iraq, bombardean Pakistn y Afganistn y colaboran en la aniquilacin de Palestina, se presenten de nuevo -la hipocresa funciona siempre cuando se tienen medios de comunicacin y de destruccin suficientes- como paladines de los DDHH y la democracia.

  4. Por supuesto la OTAN quiere meter su zarpa en Libia ahora que la revuelta est en marcha y deriva hacia la guerra civil. Gadafi, al contrario que los otros canallas derrocados, no es fiable; es caprichoso, inestable, no se deja manejar y, ya seriamente amenazado y en cualquier caso descartado como interlocutor, habr que aprovechar la ocasin para meter una cua militar entre Tnez y Egipto, dos pases de alto riesgo, y controlar directamente los recursos petrolferos. La opinin general entre la izquierda y la poblacin del mundo rabe es la de que no habr invasin: estamos hablando de una de las zonas ms anti-imperialistas del mundo en la que Palestina e Iraq estn siempre presentes como prueba de la hipocresa criminal de las potencias occidentales. Si EEUU quiere democratizar el Medio Oriente y el Magreb a su manera, sera una gran estupidez correr ese riesgo. La retrica y las sanciones, junto a la divisin en el campo anti-imperialista, introducen ya un efecto suficientemente favorable a sus intereses. Sin descartar ninguna posibilidad, no parece, sin embargo, que de momento les convenga aspirar a ms..

  5. Lo que prueban las amenazas de la OTAN y EEUU, en todo caso, no es que occidente no controle a Gadafi sino que no controla a la oposicin. EEUU no invadi Iraq porque Sadam Hussein fuese fuerte sino porque era dbil; era dbil militar y polticamente; en ese momento se estaban produciendo fuertes presiones dentro del rgimen -y negociaciones con la oposicin de izquierdas en el exilio- para una reforma interna que llevase a una verdadera democratizacin: eso no poda permitirlo EEUU. EEUU teme a los pueblos. Y el propsito de EEUU es siempre el de impedir que sean los pueblos los que acaben con sus dictadores y tomen las riendas de su destino. Lo estamos viendo: cuanto ms cerca est de caer Gadafi ms aumentan las amenazas; cuanto ms existe el riesgo de que el pueblo acabe con Gadafi ms probable es la intervencin de la OTAN.

  6. Las amenazas de invasin son una apuesta segura para el imperialismo. La OTAN invade pases, o amenaza con invadirlos, siempre con dos propsitos: uno impedir las luchas de los pueblos. El otro obligar a los anti-imperialistas a contraerse y apoyar dictadores que no se ajustan ni a nuestros intereses ni a nuestros principios. Aqu la manipulacin de los medios coopera con xito: cuando ms malo sea Gadafi ms se desprestigian los que lo apoyan. Pero nosotros no debemos caer en la trampa del simplismo binario imperialista y de sus frmulas primitivas: si atacan a Gadafi entonces es que Gadafi es bueno; si los medios ahora manipulan abyectamente es que nada ha ocurrido en Libia y todo es un montaje de la CIA. Nos gustara que las cosas fuesen as de sencillas y los medios hegemnicos nos sirvieran de infalible brjula invertida, pero la obligacin de la izquierda, junto a la de denunciar y combatir cualquier intervencin, es la de abordar la situacin en toda su complejidad. La imaginacin, deca Pascal, es tanto ms mentirosa cuanto que no miente siempre; el imperialismo es tanto ms peligroso cuanto ms incoherente. Lo que no nos parece aceptable como tica revolucionaria y se nos antoja contraproducente desde el punto de vista propagandstico es esta decisin: entre un dictador que no nos acaba de gustar del todo y un pueblo que no nos acaba de convencer del todo, acabamos eligiendo, imitando en esto a los imperialistas, al amigo dictador. La trampa es perfecta y una vez hemos cado en ella: para ser antimperialistas, se nos quiere obligar a no ser comunistas.

  7. Por todos los motivos ya sealados, nadie mnimamente de izquierdas puede apoyar, justificar o permanecer callado ante una intervencin de EEUU. Esto hay que decirlo alto y claro. Pero no menos alto y claro hay que decir que la situacin nueva del mundo rabe entraa riesgos y que habr que escoger uno de ellos. Los riesgos son tres: una intervencin de la OTAN, una victoria de Gadafi y una victoria del pueblo en armas contra l. La intervencin de la OTAN entraa el riesgo mayor, pero no porque pueda derrocar a nuestro amigo Gadafi sino porque, aparte la catstrofe humana, impugnara el derecho inalienable del pueblo libio a derrocarlo l mismo, amenazando al mismo tiempo a todos los pueblos hermanos de la zona. En orden descendente, el segundo mayor riesgo sera una victoria de Gadafi; a la terrible represin de su pueblo habra que aadir el efecto que eso tendra sobre la regin, especialmente sobre Tnez y Egipto, pases vecinos cuyos procesos de cambio se podran ver paralizados e incluso invertidos (sin descartar, como ya ha ocurrido de hecho, una intervencin ms o menos directa de nuestro amigo dictador en ellos). El tercer riesgo es grande, muy grande, pero es el menor. Es el verdadero mal menor: dejar a un pueblo del que sabemos muy poco que arregle cuentas con sus gobernantes en un espacio muy abierto, muy nuevo, muy inestable, en el que, en cualquier caso, tambin nosotros podremos conspirar. Apoyemos a ese pueblo y conspiremos con l. El temor a los pueblos es reaccionario y de derechas y, procedente de la Amrica Latina revolucionaria, hace llegar el mensaje de una inquietante vulnerabilidad que tambin podra intentar aprovechar el imperialismo. Al defenderse defendiendo a un dictador, los gobiernos emancipatorios latinoamericanos se sealan absurdamente a s mismos y llaman la atencin sobre una afinidad inexistente. Slo podemos sentir melancola al comprobar que el imperialismo, que teme a los pueblos, acaba invocando su nombre contra los que realmente quieren defenderlo, los cuales, por eso mismo, debilitan su posicin en el mundo y en los pases donde gobiernan. Los levantamientos en el mundo rabe han hecho fluctuar todas las pocas referencias que nos quedaban tras el final de la guerra fra y nos ponen en dificultades a todos. Los imperialistas estn reaccionando mejor. Quizs son mas fuertes, pero tambin son ms listos. Si fuesen adems justos, seran ellos los verdaderos socialistas. Por el momento, la victoria propagandstica es suya: han demostrado que los socialistas no somos ni fuertes ni listos ni justos.

  8. Ojal el pueblo libio acabe con el rgimen de Gadafi antes de que la intervencin de los EEUU nos obligue a defender al criminal para defender a ese pueblo que se ha alzado contra l y que no aceptar ninguna intervencin extranjera que le prive de su derecho a derrocarlo.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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