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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-03-2011

La franja de dios

Milson Salgado
Rebelin


El mar rojo de la informacin fue abierto en estos das con la publicacin de un libro del Papa Benedicto XVI que aborda la Inocencia de los judos en la Muerte de Jess.

La Iglesia Catlica ha adoptado como moda reconocer sus desafueros histricos. Su fin parece ser, que se construya el balance de crueldades que han causado la muerte de miles y miles de personas en guerras religiosas e inquisiciones de brujas y herejes, y de paso meter todas las culpas en el inocente molde de la palabra perdn y reconciliacin con la humanidad, para que los reproches dejen de ser heridas urticantes que hurguen cada cierto ciclo la comodidad de sus conciencias pretensiosamente universales.

Este ser siempre el destino de una humanidad sufriente. Aguantar un presente avasallador con dogmas y teologas de muerte, e instituciones con aromas de santidad que dominan con piedras medievales y calendarios gregorianos la vida moderna, y adjurar de los que se inmolaron por un mundo mejor, para tomar taimadamente en el futuro, los frutos de un pasado que se ha cocinado en el laboratorio de la experiencia histrica, y hacer santos del escarnio y sacar perdones de tnicas manchadas de sangres.

Quin no recuerda La encclica Rerum Novarum, que la Iglesia Catlica Public en 1891, precisamente en el momento en que el movimiento obrero europeo empezaba a marcar el camino de un nuevo mundo de relaciones econmicas, gracias al imaginario dialctico que signific la comprensin del Marxismo? Cmo quedarse en la zaga y no coincidir con los proletarios que amenazaban con la toma del poder poltico? Estas posiciones oportunistas siempre han marcado las decisiones de la Iglesia Catlica. No es raro que el Concilio Vaticano Segundo, La Conferencia de Medelln y de Puebla se decantaran por la opcin preferencial hacia los pobres, en tiempos en que la revolucin latinoamericana era liderada por el fervor causado por las victorias en Cuba y Nicaraga. Y tampoco es extrao que en la Conferencia de Santo Domingo de 1992 a tres aos de la cada del socialismo real en el este de Europa, El Papa Juan Pablo Segundo haya impuesto el decreto de muerte a la Teologa de la Liberacin.

Le toca pues, el turno al pueblo judo para absolverlo de toda responsabilidad en la muerte de Jess. Hasta el ms ingenuo pensador sabr que la muerte de Jess fue producida por los estamentos y liderazgos religiosos y polticos de judos y romanos, y que la turba no hizo ms que responder con uniformidad a los aparatos ideolgicos del estado poltico-religioso.

El nacionalismo catlico y protestante de la Europa medieval encendi la plvora de odio contra los judos en la dispora, y los pueblos respondieron a aquellos controles sociales tan elementales, matando y persiguiendo. Las clases dominantes siempre son las culpables de todo.

A qu viene este perdn extemporneo de un pueblo que viva subyugado a un imperio y que no encontr en Jesucristo ms que pasividad y aturdimiento? Los pueblos nunca son culpables y no es necesario hacer un libro, Ratzinger para confirmarlo.

Es cmodo apoltronarse en la silleta imperial del cancerbero Pedro, y enjuiciar con bistur el pasado, porque el pasado nunca traer a la escena presente ni apologistas, ni enemigos, ni controversia, ni reacciones, ni a los actores que yacen en el polvo esperando en tomos y quantum misericordias de ultratumba. El pasado es hielo petrificado del que se puede extraer fragmentos de minsculas historias para moldear sesgadamente las realidades presentes.

El presente es para los profetas no para los cobardes. En el presente un buen profeta le dira a los liderazgos polticos de Israel que ellos son los asesinos de los nios y los ancianos palestinos en la franja de Gaza. En el Presente un autntico profeta les reclamara por su atesmo prctico en el que aman a Yavet en Tors y Talmudes pero matan a los hijos de Yavet y de Al con misiles y bombas sin ninguna clase de remordimientos. Seguramente la Iglesia Catlica esperar no s cuantos siglos cuando se vuelvan a poner de moda los perdones y las absoluciones para enjuiciar con unas lneas de tinta intrascendente a los asesinos del presente.

* Milson Salgado es escritor hondureo.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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