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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-03-2011

Cinco causas de la insurreccin rabe

Ignacio Ramonet
Le Monde diplomatique


Cules son las causas del vendaval de libertad que, de Marruecos a Bahrin, pasando por Tnez, Libia y Egipto, sopla sobre el mundo rabe? Por qu motivos estas simultneas ansias de democracia se expresan precisamente ahora?

A estas dos preguntas, las respuestas son de diversa ndole: histrica, poltica, econmica, climtica y social.

1. Histrica. Desde el final de la Primera Guerra Mundial y la implosion del Imperio otomano, el inters de las potencias occidentales por el mundo rabe (Oriente Prximo y frica del Norte) ha tenido dos principales incentivos: controlar los hidrocarburos y garantizar un hogar nacional judo. Despus de la Segunda Guerra Mundial y del traumatismo universal del Holocausto, la creacin del Estado de Israel, en 1948, tuvo como contrapartida la llegada al poder, en varios Estados rabes liberados del colonialismo, de fuerzas antisionistas (opuestas a la existencia de Israel): de tipo militar nacionalista en Egipto y Yemen, o de carcter socialista rabe en Irak, Siria, Libia y Argelia.

Tres guerras perdidas contra Israel (en 1956, 1967 y 1973) condujeron a Egipto y a Jordania a firmar tratados de paz con el Estado judo y a alinearse con Estados Unidos que ya controlaba en el marco de la Guerra Fra todas las petromonarquas de la pennsula Arbiga as como el Lbano, Tnez y Marruecos. De este modo, Washington y sus aliados occidentales mantenan sus dos objetivos prioritarios: el control del petrleo y la seguridad de Israel. A cambio, protegan la permanencia de feroces tiranos (Hasn II, el general Mubarak, el general Ben Al, los reyes saudes Faisal, Fahd y Abdal, etc.) y sacrificaban cualquier aspiracin democrtica de las sociedades.

2. Poltica. En los Estados del pretendido socialismo rabe (Irak, Siria, Libia y Argelia), bajo los cmodos pretextos de la lucha antiimperialista y de la caza de comunistas, tambin se establecieron dictaduras de partido nico, gobernadas con mano de hierro por dspotas de antologa (Sadam Hussein, Al Assad padre e hijo, y Muamar al Gadafi, el ms demencial de ellos). Dictaduras que garantizaban, por lo dems, el aprovisionamiento en hidrocarburos de las potencias occidentales y que no amenazaban realmente a Israel (cuando Irak pareci hacerlo fue destruido). De ese modo, sobre los ciudadanos rabes, cay una losa de silencio y de terror.

Las olas de democratizacin se sucedan en el resto del mundo. Desaparecieron, en los aos 1970, las dictaduras en Portugal, Espaa y Grecia. En 1983, en Turqua. Tras la cada del muro del Berln, en 1989, se derrumb la Unin Sovitica as como el socialismo real de Europa del Este. En Amrica Latina cayeron las dictaduras militares en los aos 1990. Mientras tanto, a escasos kilmetros de la Unin Europea, con la complicidad de las potencias occidentales (entre ellas Espaa), el mundo rabe segua en estado de glaciacin autocrtica.

Al no permitirse ninguna forma de expresin crtica, la protesta se localiz en el nico lugar de reunin no prohibido: la mezquita. Y en torno al nico libro no censurable: el Corn. As se fueron fortaleciendo los islamismos. El ms reaccionario fue difundido por Arabia Saud con el decidido apoyo de Washington que vea en l un argumento para mantener a los pueblos rabes en la sumisin (significado de la palabra islam). Pero tambin surgi, sobre todo despus de la revolucin islmica de 1979 en Irn, el islamismo poltico que hall en los versos del Corn argumentos para reclamar justicia social y denunciar la corrupcin, el nepotismo y la tirana.

De ah nacieron varias ramas ms radicales, dispuestas a conquistar el poder por la violencia y la Guerra Santa. As se engendr Al Qaeda...

Despus de los atentados del 11 de septiembre de 2001, las potencias occidentales, con la complicidad de las dictaduras amigas, aadieron un nuevo motivo para mantener bajo frreo control a las sociedades rabes: el miedo al islamismo. En vez de entender que ste era la consecuencia de la carencia de libertad y de la ausencia de justicia social, agregaron ms injusticia, ms despotismo, ms represin...

3. Econmica. Varios Estados rabes padecieron las repercusiones de la crisis global iniciada en 2008. Muchos trabajadores de estos pases, emigrados en Europa, perdieron su trabajo. El volumen de las remesas de dinero enviadas a sus familias disminuy. La industria turstica se marchit. Los precios de los hidrocarburos (en aumento estas ltimas semanas a causa de la insurreccin popular en Libia) se depreciaron. Simultneamente, el Fondo Monetario Internacional (FMI) impuso, a Tnez, Egipto y Libia, programas de privatizacin de los servicios pblicos, reducciones drsticas de los presupuestos del Estado, disminucin del nmero de funcionarios... Unos severos planes de ajuste que empeoraron, si cabe, la vida de los pobres y sobre todo amenazaron con socavar la situacin de las clases medias urbanas (las que tienen precisamente acceso al ordenador, al mvil y a las redes sociales) arrojndolas a la pobreza.

4. Climtica. En este contexto, ya de por s explosivo, se produjo, el verano pasado, un desastre ecolgico en una regin alejada del mundo rabe. Pero el planeta es uno. Durante semanas, Rusia, uno de los principales exportadores de cereales del mundo, conoci la peor ola de calor y de incendios de su historia. Un tercio de su cosecha de trigo fue destruida. Mosc suspendi la exportacin de cereales (que sirven tambin para nutrir al ganado) cuyos precios inmediatamente subieron un 45%. Ese aumento repercuti en los alimentos: pan, carne, leche, pollo... Provocando, a partir de diciembre de 2010, el mayor incremento de precios alimentarios desde 1990. En el mundo rabe, una de las principales regiones importadoras de esos productos, las protestas contra la caresta de la vida se multiplicaron...

5. Social. Adase a lo precedente: una poblacin muy joven y unos monumentales niveles de paro. Una imposibilidad de emigrar porque Europa ha blindado sus fronteras y establecido descaradamente acuerdos para que las autocracias rabes se encarguen del trabajo sucio de contener a los emigrantes clandestinos. Un acaparamiento de los mejores puestos por las camarillas de las dictaduras ms arcaicas del planeta...

Faltaba una chispa para encender la pradera. Hubo dos. Ambas en Tunez. Primero, el 17 de diciembre, la auto-immolacin por fuego de Mohamed Buazizi, un vendedor ambulante de fruta, como signo de condena de la tirana. Y segundo, repercutidas por los telfonos mviles, las redes sociales (Facebook, Twitter), el correo electrnico y el canal Al-Yazeera, las revelaciones de WikiLeaks sobre la realidad concreta del desvergonzado sistema mafioso establecido por el clan Ben Al-Trabels.

El papel de las redes sociales ha resultado fundamental. Han permitido franquear el muro del miedo: saber de antemano que decenas de miles de personas van a manifestarse un da D y a una hora H es una garanta de que uno no protestar aislado exponindose en solitario a la represin del sistema. El xito tunecino de esta estrategia del enjambre iba a convulsionar a todo el mundo rabe.

Fuente: http://www.monde-diplomatique.es/?url=editorial/0000856412872168186811102294251000/editorial/?articulo=8ca803e0-5eba-4c95-908f-64a36ee042fd



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