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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-03-2011

Libia: Contra la nueva carga del hombre blanco

John Brown
Johanes Maurus


"Die Rose ist ohne warum; sie blhet, weil sie blhet..."

(La rosa no tiene porqu, florece porque florece)

Angelus Silesius.

1. El gran cantor del colonialismo que fue Rudyard Kipling escribi all por el ao 99 del siglo XIX una autntica oda a la intervencin del hombre blanco en los pases "atrasados"; su ttulo se ha convertido en un autntico lema de la desverguenza colonial: "La carga del hombre blanco". En l se ensalza el "sacrificio" que tienen que hacer los pueblos de "raza" europea para civilizar a las razas inferiores, "medio demonios y medio nios". La ocasin que mereci este poema fue, por otra parte, una circunstancia histrica precisa: la conquista y colonizacin de las Filipinas por los norteamericanos. Esa conquista se produjo en muy particulares circunstancias. Cuando las tropas independentistas del Katipunan tenan casi enteramente liberado el territorio de lo que estaba dejando de ser la colonia espaola, los Estados Unidos les propusieron su ayuda para conquistar Manila, que an estaba en manos de los espaoles. Manila fue tomada por los norteamericanos, pero estos no traspasaron el poder a los independentisatas, sino que les declararon la guerra, exterminando a centenares de miles (se habla de ms de un milln) de miembros del ejrcito de liberacin y de campesinos que les prestaban apoyo. Acto seguido, los norteamericanos establecieron un dominio colonial sobre las Islas que durara formalmente hasta 1946. Los Estados Unidos pasaron as de una retrica de lucha contra el colonialismo a un lenguaje y una prctica abiertamente coloniales. Un guin parecido es el que siguieron en Cuba por esas mismas fechas, con el resultado de que la primera independencia del pas se vi frustrada y slo conquist la Isla una independencia real con la Revolucin de 1958 y la creacin de la Cuba socialista.

Algo semejante a estas viejas intervenciones del hombre blanco en los asuntos del tercer mundo es lo que estn tramando los Estados Unidos con Libia. Contrariamente a lo que han sugerido diversos responsables de gobiernos de izquierda latinoamericanos, la rebelin libia contra Gadafi no es en absoluto el resultado de una conspiracin de los europeos y los norteamericanos. Gaddafi se haba convertido desde haca aos en una pieza clave del dispositivo de dominacin neocolonial del Norte de frica y mantena estrechas relaciones con gentes tan poco sospechosas de antiimperialismo como el expresidente Ben Ali de Tnez, Silvio Berlusconi, Jose Mara Aznar o Nicolas Sarkozy. Adems, se haba convertio en el principal y el menos escrupuloso colaborador norteafricano de las brutales polticas antiinmigracin de los Estados europeos. La Unin Europea estaba a punto, hace a penas unas semanas de conceder a Libia un estatuto de socio privilegiado como el que tiene nada menos que Israel.

2. La revuelta libia es con toda probabilidad endgena. Existan, efectivamente una serie de factores que la hacna improbable: 1) la cleptocracia gadafista tena comprada a una parte de la poblacin mediante ciertas prebendas propias de un gobierno semimafioso. 2) por otra parte, exista en la Yamahiriya libia -como apunta con acierto Fidel Castro en su ltima reflexin- un nivel de riqueza material, de salud y de instruccin superior al de sus vecinos rabes o africanos. Represe, sin embargo, en que tambin Tnez se contaba entre los pases africanos ms adelantados conforme a esos criterios, lo cual no impidi que fuera el primer pas en derribar una tirana en el mundo rabe en las ltimas dcadas. Los motivos de descontento ante un rgimen como el libio no faltaban: en primer lugar el imponente descontento de una juventud educada ante el caos cleptocrtico y el despilfarro de los recursos del pas en favor de unos pocos y, en particular del clan de Gadafi. La falta de libertad y el agobio que produca un rgimen ilegalista y arbitrario que extermin sistemticamente a todos sus enemigos, empezando por los comunistas y los naseristas y estableci un ferreo control sobre las prdicas de las mezquitas vino a aadirse a esa indignacin. Gadafi se haba convertido en un mulo de los emperadores romanos decadentes o en una encarnacin del Ubu Rey de Alfred Jarry, el gobernante cruel y rapaz slo interesado por su propio beneficio y patolgicamente endiosado. En una de sus ltimas intervenciones lleg a adaptar a Libia una frase del personaje de Ubu Rey de Jarry al afirmar que "mi nica riqueza es el pueblo libio", hacindose eco del "Viva Polonia! Porque si no hubiera Polonia tampoco habra polacos"...de Ubu. Lo nico que faltaba para que los jvenes libios estallasen era una chispa, y se encontraron con un autntico incendio en Tnez y en Egipto, que sigue avanzando en el resto del mundo rabe.

3. Como recuerda Santiago Alba, es imposible desde una posicin antiimperialista y democrtica -no hablemos de una posicin comunista- defender a Gadafi. No basta que ahora pretenda el imperialismo euro-americano derribarlo, intentando as frustrar el triunfo de una nueva revolucin segn el modelo filipino o cubano, para que el tirano se cubra de virtudes antiimperialistas y los rebeldes se conviertan en marionetas de la CIA. Esto sera lo mismo que considerar que, como Cuba y Filipinas fueron dominadas por los Estados Unidos tras privar de la victoria a sus movimientos independentistas, Jos Mart o Rizal eran agentes del imperio americano. En este momento europeos y norteamericanos intentan poner en pie una estrategia de intervencin humanitaria mediante la cual intentaran controlar el desarrollo de la situacin en este pas estratgicamente situado entre Tnez y Egipto. Los pretextos de la operacin son los mismos: una vieja cantilena que venimos oyendo desde Gins de Seplveda, a Obama, pasando por Leopoldo II en el Congo o el inefable Kipling. El objetivo de la ofensiva humanitaria es, de nuevo, despolitizar un movimiento de despertar poltico y de reencuentro con la pasin ciudadana de las multitudes norteafricanas y rabes que tiene peligrosos ecos hasta en el interior de los Estados Unidos en las movilizaciones de Wisconsin. Se trata de acabar con el impulso democrtico en Libia en nombre de una concepcin "pasiva" de la democracia, en la que se trata ms de proteger la vida que de permitir un despliegue poltico de la libertad que puede pasar por la guerra civil y la muerte. Defender hoy la libertad en Libia es dejar a los libios hacer la guerra y derrotar a Gadafi en paz, no instaurar un protectorado que pudra el conflicto interno indefinidamente como el que existe hoy en Kosovo, Bosnia Hercegovina, Macedonia, Afganistn o Iraq.

4. Tanto la derecha que propugna una "intervencin humanitaria", como la izquierda que no tiene escrpulos en apoyar a un tirano para evitar un supuesto nuevo avance del Imperio estn asumiendo la "carga del hombre blanco", considerando a los libios como "nios o demonios", y no como adultos responsables de su destino. Esta involuntaria complicidad muestra uno de los primeros efectos de desconcierto producidos por la ltima revolucin rabe. Una revolucin surge siempre donde no se la espera y cuando no se la espera; se hace siempre contra todas las previsiones. Gramsci deca -errneamente- que la revolucin usa se hizo contra el Capital, no entendiendo en qu medida el Capital, Crtica de la Economa Poltica, es la mejor cura contra cualquier determinismo "econmico". Los rabes nos dan hoy la misma sorpresa que dieron los rusos al mundo entero en 1917. La revolucin rabe ha empezado en los pases ms prsperos y relativamente ms instruidos, pero se extiende hoy por doquier. Ni el determinismo econmico de algunos marxistas que se han negado a leer a Marx de cerca, ni el determinismo racial y cultural de un Bernard Lewis o un Huntington han podido preverla. Como la rosa de Angelus Silesius, la revolucin: aunque tiene muchas razones, no tiene un porqu, una razn suficiente ("Sie ist ohne Warum", es "sin porqu"), "florece porque florece" ("Sie blhet weil sie blhet").

Fuente: http://iohannesmaurus.blogspot.com/2011_03_01_archive.html

rCR



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