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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-03-2011

Gabriela Mistral. rebelde sin fronteras

Hernan Soto
Punto Final


Gabriela Mistral fue en muchos aspectos una adelantada a cambios y enfoques que hoy parecen naturales, indispensables y muchas veces urgentes. Cristiana de espiritualidad esencial, se defini como partidaria de transformaciones profundas: la necesidad de una reforma agraria, el latinoamericanismo real, el respeto a los indgenas y mestizos, el amor por los nios y los oprimidos. Ejemplar fue su preocupacin por la instruccin y la cultura al servicio del pueblo.

Deberamos tratar de conocerla mejor, ms all de convencionalismos y oscuridades.

Su sentimiento de pertenencia al mundo popular fue indiscutible. En carta a un amigo mexicano le confiaba: debo a la aristocracia una proteccin generosa: la de su defensa cuando se hizo campaa contra mi nombramiento para un liceo, pero la clase dentro de la cual me siento, aquella de la que espero ms y a la que amo de corazn es la clase obrera.

Tena una opinin clara sobre el lugar que deba serle reconocido a los trabajadores en la sociedad. Cuando en 1925 fue invitada a participar en el Consejo Nacional de Mujeres condicion su gustosa aceptacin a que en l participaran las sociedades obreras, para que se reflejara la realidad de las clases sociales de Chile: La clase trabajadora no puede ser menos de la mitad de los representantes en una asamblea cualquiera, cubre la mitad de nuestro territorio, forma nuestras entraas y nuestros huesos. Las otras clases son una especie de piel dorada que la recubre.

A esa toma de posicin agregaba otros elementos identitarios que la fueron completando, como su calidad esencial de lugarea, del pequeo valle excavado en la aridez de los cerros en que naci y vivi sus primeros aos, cerca de La Serena. Somos la gente de esta zona de Elqui, mineros o agricultores en el mismo tiempo. En el valle el hombre tomaba sobre s la mina, porque la montaa nos cerca por todos lados y no hay modo de desentenderse de ella: la mujer labraba en el valle. Antes de los feminismos de aldea y de reformas legales, cincuenta aos antes, nosotros hemos tenido all en unos tajos de cordillera el trabajo de la mujer hecho costumbre. He visto de nia regar a las mujeres a la medianoche en nuestras noches claras, la via y el huerto frutal; las he visto hacer totalmente la vendimia; he trabajado con ellas en la llamada pela del durazno con anterioridad a la mquina deshuesadora; he hecho sus arropes, sus uvates y sus infinitos dulces llevados de la bonita industria familiar espaola.


En la huella de Mart

A travs de la mirada y el recuerdo de su aldea, Gabriela pudo imaginar y tratar de entender el mundo. Su raigambre latinoamericana se hizo profunda, ms all de particularismos y definiciones polticas. Hablando ante el consejo directivo de la Unin Panamericana, en Washington, en 1946, poco despus de eso de Estocolmo, como deca a veces para referirse al Premio Nobel, sealaba: No soy una patriota ni una panamericanista que se endroga con las grandezas del continente. Me lo conozco casi entero desde Canad a Tierra del Fuego; he comido en las mejores y en las peores mesas, tengo esparcida en la propia carne una especie de limo continental. Y me atrevo a decir, sin miedo de parecer un fenmeno, que la miseria de Centroamrica importa tanto como la del indio fueguino y que la desnudez del negro de cualquier canto del trpico me quema como a los tropicales mismos.

Gabriela segua la huella de Jos Mart en Nuestra Amrica y tambin la visin de Francisco Bilbao, que vea el futuro de Amrica Latina como tierra de promisin para la Humanidad unida, democrtica y comprometida con los ideales liberadores. Gabriela reclamaba autenticidad y no copia, originalidad y no imitacin y vea que uno de los peligros centrales estaba en Estados Unidos. Apoy ardientemente la lucha de Sandino contra los invasores norteamericanos de Nicaragua e incluso, llam a los jvenes latinoamericanos a defender con las armas esa causa imposible por la infinita desproporcin de los adversarios, en la que Sandino y su pequeo ejrcito de locos contaban solamente con su valor para luchar por la dignidad y la justicia.

En 1922, Gabriela public El grito, que puede verse como un compendio de su ideario latinoamericano, en que imagina al continente como una gran esperanza: Amrica y slo Amrica. Qu embriaguez semejante futuro, qu futuro, qu reinado vasto para la libertad y las excelencias mayores!. La ve abrumada por la potencia financiera e industrial de Estados Unidos, por su podero y su influencia. No deriva de ello un odio hacia los norteamericanos sino ms bien un reproche a nuestra propia incuria y debilidad. Odio al yankee? No! Nos est venciendo, nos est arrollando por culpa nuestra, por nuestra languidez trrida, por nuestro fatalismo indio. Nos est disgregando por obra de algunas de sus virtudes y de todos nuestros vicios raciales. Por qu le odiaramos? Que odiemos lo que en nosotros nos hace vulnerables a su clavo de acero y oro: a su voluntad y a su opulencia. Al terminar, llama a dirigir toda la actividad hacia la unificacin de Amrica, motivada por la lengua que le dio Dios y el dolor que le da el Norte.


Unidad de Amrica Latina


Su conviccin de la necesidad y urgencia de la unidad de Amrica Latina no la abandon. Y fue ms especfica: Nosotros debemos unificar nuestras patrias en lo interior, por medio de una educacin que se trasmuta en conciencia nacional y de reparto del bienestar que se nos vuelva equilibrio absoluto, y debemos unificar esos pases nuestros dentro de un ritmo abordado un poco pitagrico, gracias al cual aquellas veinte esferas se muevan sin choque, con libertad y tambin con belleza Nos trabaja una ambicin oscura y confusa todava, pero que viene rodando por el torrente desde los arquetipos platnicos hasta el rostro calenturiento y padecido de Bolvar cuya utopa queremos volver realidad de cantos cuadrados.

Desde la adolescencia, Gabriela Mistral tuvo preocupaciones sociales que se acentuaron con la lectura, los estudios y el contacto con la realidad de la educacin pblica. Despus, la permanencia en Mxico fue determinante. Joaqun Edwards Bello la recuerda en Pars en misiones oficiales, ensimismada soaba con la democracia, con el reparto agrario, con la suerte de Puerto Rico y Nicaragua. Y precisamente en uno de los textos de apoyo a la gesta de Sandino, Gabriela escribi: voy convencindome de que caminan por la Amrica vertiginosos tiempos en que no digo las mujeres, sino los nios tambin, han de tener que hablar de poltica, porque vendra a ser (perversa poltica) la entrega de las riquezas de nuestros pueblos, el latifundio de puos cerrados que impide una decorosa y salvadora divisin del suelo, la escuela vieja que no da oficios al nio pobre y da al profesional a medias su especialidad, el jacobinismo avinagrado de puro aejo que niega la libertad de cultos que conocen los pases cultos, las influencias extranjeras que ya desnudan con absoluto impudor ante nuestros gobernantes.

Su permanencia en Mxico, entre 1922 y 1924, invitada por el ministro de Educacin, Jos Vasconcelos, y donde volvi muchas veces, cambi su vida. La distribucin de la tierra se convirti en una de sus preocupaciones permanentes. Entendi que el latifundio era un problema central para Amrica Latina, mucho antes que se pusiera en el centro de la agenda poltica. En 1954, cuando vino por segunda y ltima vez a Chile, pregunt por la marcha de la reforma agraria, sin saber (o sabiendo) que no estaba entre las preocupaciones del gobierno encabezado por Carlos Ibez del Campo. En Mxico tambin tom mayor conciencia de la situacin desmedrada de los pueblos indgenas y del carcter mestizo del continente, que destaca en su obra, a partir de una suerte de revelacin que aparece en sus conocidos versos: En el campo de Mitla, un da de cigarras, de sol, de marcha/ me dobl a un pozo y vino/ un indio a sostenerme sobre el agua/ y mi cabeza como un fruto estaba dentro de sus palmas./ Beba yo lo que beba/ que era su cara con mi cara/ y en un relmpago yo supe/ carne de Mitla ser mi casta. En los Himnos de su libro Tala se ha visto incluso una sustitucin de la raz judeocristiana de su obra por un misticismo indgena, en que son el Sol, la Cordillera y la Tierra las divinidades tutelares.


Denuncia del fascismo


Gabriela ya tena veintisis aos cuando estall la primera guerra mundial en Europa, una carnicera hasta entonces inimaginada. Vivi despus los tiempos de la gran oleada revolucionaria que inici la revolucin rusa en 1917, la contraofensiva capitalista marcada por el fascismo en Italia, Portugal y Rumania, y a comienzos de los aos 1930, el ascenso incontenible de Hitler y los nazis en Alemania. Gabriela Mistral estuvo entre los primeros que advirtieron el peligro fascista. En algn momento se neg a ser cnsul en una ciudad italiana mientras gobernara Mussolini. En la guerra civil espaola apoy la causa de los republicanos y don a los nios vascos -desplazados por el ataque de los fascistas- los derechos de autor de su libro Tala. En un elogio fnebre a Pablo de la Torriente, joven comunista cubano voluntario en las tropas republicanas espaolas, cado en combate, destaca su herosmo y generosidad y concluye que su muerte no habr sido en vano si este mundo satnico, de hierro color pardinegro color de fiera que desean darnos se disuelve como una pesadilla antes de cuajar. Abominaba de Franco y no volvi a pisar tierra espaola. Fueron tiempos de monstruosas convulsiones sociales y polticas que se extendieron a Asia y Africa y no dejaron inclume a Amrica Latina.

La segunda guerra mundial, con el Holocausto, los campos de concentracin y los bombardeos atmicos a Hiroshima y Nagasaki daban cuenta del trmino de una poca, y del despuntar de nuevas esperanzas y tambin de la amenaza de enormes peligros. Despus de la guerra, la causa de la paz pas a ser crucial. La amenaza de un ataque nuclear a la Unin Sovitica por parte de Estados Unidos pas a ser una amenaza real denunciada por intelectuales, cientficos y artistas que la propaganda occidental acusaba de instrumentos del comunismo. Gabriela Mistral contribuy con La palabra maldita, un texto que fue conocido en todo el mundo: Hay palabras que, sofocadas hablan ms, precisamente por el sofoco y el exilio y la de paz est saltando hasta las gentes sordas o distradas porque al fin y al cabo, los cristianos extraviados de todas las ramas, desde la catlica hasta la cuquera, tienen que acordarse de pronto como los desvariados de que la palabra ms insistente en los Evangelios es ella precisamente, ese vocablo tachado en los peridicos, este vocablo metido en un rincn, este monoslabo que nos est vedado como si fuera una palabra obscena. Es la palabra por excelencia y la que, repetida, hace presencia en las Escrituras sacras como una obsesin. Hay que seguir vocandola da a da, para que algo del encargo divino flote aunque sea como un pobre corcho sobre la pagana reinante Digsmola cada da en donde estemos, por donde vayamos, hasta que tome cuerpo y se cree una militancia de la paz la cual llene el aire denso y sucio y vaya purificndolo.


Una enorme revolucionaria


Gabriela fue, como escribi el pintor Roberto Matta, una enorme revolucionaria en el sentido ms humano del trmino. No fue marxista ni menos anarquista, pero no se opuso a las transformaciones profundas. Elogiaba muchas cosas del comunismo y criticaba duramente otras, como la poltica antirreligiosa y las medidas que ponan en riesgo la familia. Denunci la invasin sovitica a Finlandia, en 1939, y apoy la poltica de paz de la URSS durante la segunda postguerra. Del mismo modo rechaz la poltica anticomunista de Gonzlez Videla en Chile.

Estuvo cerca de los principales lderes socialcristianos como Eduardo Frei y Radomiro Tomic, de quien fue amiga y comadre, pero es dudoso que se hubiera definido como democratacristiana. Hubiera deseado una Iglesia al servicio de los pobres y una vez se defini como una comunista individualista, queriendo decir que no se opona al trabajo colectivo y comunitario y a una distribucin equitativa de la riqueza con respeto inamovible por el individuo, su singularidad y su derecho a autogobernar sus decisiones. Quera, aseguraba, conservar la mayor suma de individualismo dentro de una norma colectivista. Su fundamento era bsicamente tico y cristiano, dentro de una religiosidad singular, inicialmente catlica, luego budista y con inclinaciones tesoficas, hasta volver al catolicismo inicial teido por la permanente lectura de la Biblia y la admiracin por San Francisco de Ass. Tal como Clotario Blest, en sus ltimos das Gabriela fue seglar de la Orden Franciscana Menor.

Una reflexin de Gabriela Mistral, de hace ms de sesenta aos, sobre la juventud merece ser recordada: Busca la juventud de hoy ms o menos estas cosas: un orden social en el cual las diferencias de clase no sigan correspondiendo a nombre y dineros sino a la capacidad comprobada del oficio o la profesin, es decir a los valores reales. Todas ellas desean eliminar la lacra de la miseria que ha sido lacra en el rostro noble de la latinidad. Todos quieren que el trabajo no sea asunto de azar y de dolor, de casualidad desordenada y de esfuerzo excesivo. Y aunque se quiera ver sobre esas juventudes la costra de un materialismo craso que no mostraban las anteriores, la verdad es que ella va buscando una espiritualidad nueva.



(Publicado en Punto Final, edicin N 728, 4 de marzo, 2011)

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