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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-03-2011

La pirmide capitalista

Juan Manuel Arags
El peridico de Aragn


Uno de los efectos de esta profunda crisis que estamos atravesando y que, lejos de remitir, parece profundizarse da a da, es que hemos recuperado para el lenguaje social palabras que casi haban desaparecido de nuestro vocabulario. Su desaparicin se haba producido no porque ya no designaran ninguna realidad, sino porque esa realidad se empeaba en ocultarse bajo otros conceptos que camuflaran su carcter ideolgico. Hace unos meses, y a tenor de lo que sucede, de las continuas agresiones a la poblacin por parte de una elite que cada da se enriquece ms (el consumo de bienes de lujo ha aumentado en este periodo de crisis, lo mismo que el nmero de millonarios, los beneficios de las grandes empresas, las retribuciones de sus directivos, etc.), me atreva a rescatar el concepto de lucha de clases. Por otro lado, la palabra "capitalismo", "sociedad capitalista", que se esconda bajo eufemismos como "sociedad de LIBRE mercado", vuelve a ser de uso cotidiano.

Que nuestras sociedades capitalistas han gozado de un nivel de bienestar, sobre todo en Europa, debido a la proteccin social arrancada por las luchas obreras, sin parangn, es un hecho incontestable. Aun con diferencias sociales profundas, el nivel de vida general de la ciudadana europea ha sido ms que aceptable. Ello vena acompaado de unas libertades individuales muy por encima de las existentes en el resto del planeta, aunque en el fondo los mecanismos de dominacin actuaran con intensidad. Todo ello conformaba una sociedad habitable, que poda, incluso, servir de modelo para sociedades empobrecidas y reprimidas.

Ahora bien, el devenir de los acontecimientos est sacando a la luz lo que desde muchos sectores ya se haba manifestado hace mucho tiempo. Y es que nuestro bienestar se ha conseguido a costa del malestar del resto del planeta, que nuestra riqueza procede de la explotacin de amplias zonas del planeta, que nuestra libertad se construye sobre la opresin y humillacin de los otros.

Nuestro sistema capitalista, compartido por las elites de los pases explotados, convenientemente sostenidas y apoyadas por nuestros gobiernos, se eleva piramidalmente sobre dos patas. Una la que supone el control, directo o indirecto, de las materias primas que explotamos en los pases empobrecidos a precios competitivos para nuestros intereses. Los recursos energticos del planeta, ubicados en su mayora en pases perifricos, son explotados por empresas occidentales o por gobiernos amigos. Muchas de las intervenciones militares de los ltimos aos se han producido, precisamente, para garantizar ese suministro. El bienestar econmico de la poblacin occidental y de las elites del Sur (por llamarlo de alguna manera) se construye sobre la miseria de las poblaciones de los pases empobrecidos. Empobrecidos, que no pobres, pues son ricos en materias primas que explotan las oligarquas, occidental y del lugar.

La segunda pata es la del control frreo de las poblaciones, su sometimiento a regmenes brutales, tirnicos, criminales, a los que se trata como amigos mientras interesa. El mismo da que habla de la necesidad de democracia en Libia, Zapatero visita a los strapas del Golfo, cuya diferencia con Gadafi es que todava controlan su petrleo; mientras tanto, nuestro rey asiste a un desfile militar en uno de los pases ms tirnicos del planeta, Kuwait, y sonre placentero a la derecha de su emir. La hipocresa occidental puede resumirse en esas dos imgenes, aunque los ejemplos son innumerables.

El nivel de vida de las sociedades capitalistas se ha construido sobre la explotacin del resto de naciones. Nuestra sociedad de consumo y obsolescencia solo puede funcionar sobre la base de productos baratos, conseguidos a travs de mano de obra esclava o de materias primas a bajo costo. Por eso, Occidente, que ahora clama contra los dirigentes del norte de Africa, ha sido el principal sustento de esos mismos dirigentes. Por eso Occidente hace la vista gorda ante la explotacin laboral y social en China, pues este pas se ha integrado en las reglas del juego y desempea eficazmente su papel, amn de su evidente podero militar. Por eso Occidente carga todas sus bateras mediticas contra los pases --Bolivia, Ecuador, Venezuela-- que pretenden alterar las reglas del juego.

Pero Occidente no es una abstraccin, somos cada uno y cada una de nosotros, responsables de nuestras acciones. Y de nuestros votos. Parece que, mal que nos pese a quienes hemos tenido la suerte de no nacer en el sitio equivocado y de haber gozado de una situacin de privilegio, las cosas no volvern a ser como antes. Por la crisis y porque los que tenan poco que perder han decidido ponerlo en riesgo, hartos de ver en sus televisores el festn de Occidente. La salida que dibujan a la crisis quienes manejan el cotarro, y sus montatanto polticos, supone reducir y blindar las elites a costa de la precarizacin del resto. Es eso por lo que apostamos la mayora?

* El autor es profesor de Filosofa. Universidad de Zaragoza

Fuente: http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/noticia.asp?pkid=652336



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