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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-03-2011

La Guerra inevitable de la OTAN (Segunda parte)

Fidel Castro Ruz
Cubadebate


Cuando Gaddafi, coronel del ejrcito libio, inspirado en su colega egipcio Abdel Nasser, derroc al Rey Idris I en 1969 con solo 27 aos de edad, aplic importantes medidas revolucionarias como la reforma agraria y la nacionalizacin del petrleo. Los crecientes ingresos fueron dedicados al desarrollo econmico y social, particularmente a los servicios educacionales y de salud de la reducida poblacin libia, ubicada en un inmenso territorio desrtico con muy poca tierra cultivable.

Bajo aquel desierto exista un extenso y profundo mar de aguas fsiles. Tuve la impresin, cuando conoc un rea experimental de cultivos, que aquellas aguas, en un futuro, seran ms valiosas que el petrleo.

La fe religiosa, predicada con el fervor que caracteriza a los pueblos musulmanes, ayudaba en parte a compensar la fuerte tendencia tribal que todava subsiste en ese pas rabe.

Los revolucionarios libios elaboraron y aplicaron sus propias ideas respecto a las instituciones legales y polticas, que Cuba, como norma, respet.

Nos abstuvimos por completo de emitir opiniones sobre las concepciones de la direccin libia.

Vemos con claridad que la preocupacin fundamental de Estados Unidos y la OTAN no es Libia, sino la ola revolucionaria desatada en el mundo rabe que desean impedir a cualquier precio.

Es un hecho irrebatible que las relaciones entre Estados Unidos y sus aliados de la OTAN con Libia en los ltimos aos eran excelentes, antes de que surgiera la rebelin en Egipto y en Tnez.

En los encuentros de alto nivel entre Libia y los dirigentes de la OTAN ninguno de estos tena problemas con Gaddafi. El pas era una fuente segura de abastecimiento de petrleo de alta calidad, gas e incluso potasio. Los problemas surgidos entre ellos durante las primeras dcadas haban sido superados.

Se abrieron a la inversin extranjera sectores estratgicos como la produccin y distribucin del petrleo.

La privatizacin alcanz a muchas empresas pblicas. El Fondo Monetario Internacional ejerci su beatfico papel en la instrumentacin de dichas operaciones.

Como es lgico, Aznar se deshizo en elogios a Gaddafi y tras l Blair, Berlusconi, Sarkozy, Zapatero, y hasta mi amigo el Rey de Espaa, desfilaron ante la burlona mirada del lder libio. Estaban felices.

Aunque pareciera que me burlo no es as; me pregunto simplemente por qu quieren ahora invadir Libia y llevar a Gaddafi a la Corte Penal Internacional en La Haya.

Lo acusan durante las 24 horas del da de disparar contra ciudadanos desarmados que protestaban. Por qu no explican al mundo que las armas y sobre todo los equipos sofisticados de represin que posee Libia fueron suministrados por Estados Unidos, Gran Bretaa y otros ilustres anfitriones de Gaddafi?

Me opongo al cinismo y a las mentiras con que ahora se quiere justificar la invasin y ocupacin de Libia.

La ltima vez que visit a Gaddafi fue en mayo de 2001, 15 aos despus de que Reagan atac su residencia bastante modesta, donde me llev para ver cmo haba quedado. Recibi un impacto directo de la aviacin y estaba considerablemente destruida; su pequea hija de tres aos muri en el ataque: fue asesinada por Ronald Reagan. No hubo acuerdo previo de la OTAN, el Consejo de Derechos Humanos, ni el Consejo de Seguridad.

Mi visita anterior haba tenido lugar en 1977, ocho aos despus del inicio del proceso revolucionario en Libia. Visit Trpoli; particip en el Congreso del Pueblo libio, en Sebha; recorr los primeros experimentos agrcolas con las aguas extradas del inmenso mar de aguas fsiles; conoc Bengasi, fui objeto de un clido recibimiento. Se trataba de un pas legendario que haba sido escenario de histricos combates en la ltima guerra mundial. An no tena seis millones de habitantes, ni se conoca su enorme volumen de petrleo ligero y agua fsil. Ya las antiguas colonias portuguesas de frica se haban liberado.

En Angola habamos luchado durante 15 aos contra las bandas mercenarias organizadas por Estados Unidos sobre bases tribales, el gobierno de Mobutu, y el bien equipado y entrenado ejrcito racista del apartheid. ste, siguiendo instrucciones de Estados Unidos, como hoy se conoce, invadi Angola para impedir su independencia en 1975, llegando con sus fuerzas motorizadas a las inmediaciones de Luanda. Varios instructores cubanos murieron en aquella brutal invasin. Con toda urgencia se enviaron recursos.

Expulsados de ese pas por las tropas internacionalistas cubanas y angolanas hasta la frontera con Namibia ocupada por Sudfrica, durante 13 aos los racistas recibieron la misin de liquidar el proceso revolucionario en Angola.

Con el apoyo de Estados Unidos e Israel desarrollaron el arma nuclear. Posean ya ese armamento cuando las tropas cubanas y angolanas derrotaron en Cuito Cuanavale sus fuerzas terrestres y areas, y desafiando el riesgo, empleando las tcticas y medios convencionales, avanzaron hacia la frontera de Namibia, donde las tropas del apartheid pretendan resistir. Dos veces en su historia nuestras fuerzas han estado bajo el riesgo de ser atacadas por ese tipo de armas: en octubre de 1962 y en el Sur de Angola, pero en esa segunda ocasin, ni siquiera utilizando las que posea Sudfrica habran podido impedir la derrota que marc el fin del odioso sistema. Los hechos ocurrieron bajo el gobierno de Ronald Reagan en Estados Unidos y Pieter Botha en Sudfrica.

De eso, y de los cientos de miles de vidas que cost la aventura imperialista, no se habla.

Lamento tener que recordar estos hechos cuando otro gran riesgo se cierne sobre los pueblos rabes, porque no se resignan a seguir siendo vctimas del saqueo y la opresin.

La Revolucin en el mundo rabe, que tanto temen Estados Unidos y la OTAN, es la de los que carecen de todos los derechos frente a los que ostentan todos los privilegios, llamada, por tanto, a ser ms profunda que la que en 1789 se desat en Europa con la toma de la Bastilla.

Ni siquiera Luis XIV, cuando proclam que el Estado era l, posea los privilegios del Rey Abdul de Arabia Saudita, y mucho menos la inmensa riqueza que yace bajo la superficie de ese casi desrtico pas, donde las transnacionales yankis determinan la sustraccin y, por tanto, el precio del petrleo en el mundo.

A partir de la crisis en Libia, la extraccin en Arabia Saudita se elev en un milln de barriles diarios, a un costo mnimo y, en consecuencia, por ese solo concepto los ingresos de ese pas y quienes lo controlan se elevan a mil millones de dlares diarios.

Nadie imagine, sin embargo, que el pueblo saudita nada en dinero. Son conmovedores los relatos de las condiciones de vida de muchos trabajadores de la construccin y otros sectores, que se ven obligados a trabajar 13 y 14 horas con salarios miserables.

Asustados por la ola revolucionaria que sacude el sistema de saqueo prevaleciente, despus de lo ocurrido con los trabajadores de Egipto y Tnez, pero tambin por los jvenes sin empleo en Jordania, los territorios ocupados de Palestina, Yemen, e incluso Bahrein y los Emiratos rabes con ingresos ms elevados, la alta jerarqua saudita est bajo el impacto de los acontecimientos.

A diferencia de otros tiempos, hoy los pueblos rabes reciben informacin casi instantnea de los sucesos, aunque extraordinariamente manipulada.

Lo peor para el estatus quo de los sectores privilegiados es que los porfiados hechos estn coincidiendo con un considerable incremento de los precios de los alimentos y el impacto demoledor de los cambios climticos, mientras Estados Unidos, el mayor productor de maz del mundo, gasta el 40 por ciento de ese producto subsidiado y una parte importante de la soya en producir biocombustible para alimentar los automviles. Seguramente Lester Brown, el ecologista norteamericano mejor informado del mundo sobre productos agrcolas, nos pueda ofrecer una idea de la actual situacin alimentaria.

El presidente bolivariano, Hugo Chvez, realiza un valiente esfuerzo por buscar una solucin sin la intervencin de la OTAN en Libia. Sus posibilidades de alcanzar el objetivo se incrementaran si lograra la proeza de crear un amplio movimiento de opinin antes y no despus que se produzca la intervencin, y los pueblos no vean repetirse en otros pases la atroz experiencia de Iraq.

Fuente: http://www.cubadebate.cu/reflexiones-fidel/2011/03/04/la-guerra-inevitable-de-la-otan-segunda-parte/



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