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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-03-2011

Las races de las revueltas rabes y lo prematuro de las celebraciones

James Petras
Rebelin

Traducido para Rebelin por Ricardo Garca Prez


Introduccin

La mayor parte de las explicaciones de las revueltas rabes de Egipto, Tnez, Libia, Marruecos, Yemen, Jordania, Bahrein, Iraq y otros lugares se han centrado en las causas ms inmediatas: dictaduras polticas, desempleo, represin y manifestantes heridos y muertos. Han prestado la mxima atencin a los activistas de clase media, jvenes y con formacin, a sus comunicaciones a travs de internet (Los Angeles Times, 16 de febrero de 2011) y, en el caso de Israel y sus tericos sionistas de la conspiracin, a la mano escondida de los extremistas islmicos (Daily Alert, 25 de febrero de 2011).

Lo que se echa en falta es un intento de ofrecer un marco de la revuelta que contemple las estructuras socioeconmicas a gran escala y a medio y largo plazos, adems de los detonantes inmediatos de la accin poltica. El alcance y la profundidad de los levantamientos populares, as como las diversas fuerzas polticas y sociales que han entrado en el conflicto, excluyen todas las explicaciones que se centren en una nica dimensin de la lucha.

El mejor enfoque es el del cuello de botella, segn el cual, en el extremo ms ancho (las estructuras a largo plazo y gran escala) se sita la naturaleza del sistema econmico, poltico y de clases; el medio plazo se define por los efectos acumulativos y dinmicos de esas estructuras sobre los cambios de las relaciones polticas, sociales y econmicas; las causas a corto plazo, que precipitan las reacciones socio-poltico-psicolgicas, o la conciencia social que desemboca en accin poltica.

La naturaleza de las economas rabes

Con la excepcin de Jordania, la mayora de las economas rabes en donde se estn produciendo las revueltas se basan en las rentas del petrleo, el gas, los minerales y el turismo, lo que aporta casi todos los beneficios por exportaciones y la mayor parte de los ingresos del Estado (Financial Times, 22 de febrero de 2011, p. 14). Efectivamente, estos sectores econmicos son cotos exportadores que emplean a una proporcin minscula de la mano de obra y definen una economa de alta especializacin (Informe anual del Banco Mundial, 2009). Estos sectores exportadores no estn vinculados a una economa nacional productiva diversificada: el petrleo se exporta y las manufacturas y los servicios financieros y de alta tecnologa son importaciones controladas por multinacionales extranjeras y expatriados vinculados a las clases gobernantes (Economic and Political Weekly, 12 de febrero de 2011, p. 11). El turismo refuerza los ingresos de arriendo o rentistas como el propio sector, que suministra divisa extranjera e ingresos fiscales a un Estado de clase-clan. Este ltimo descansa en el capital extranjero subvencionado por el Estado y en un sector inmobiliario local y con relaciones polticas para importar mano de obra extranjera para la construccin.

Los ingresos por arriendos pueden generar mucha riqueza, sobre todo cuando el precio de la energa se dispara, pero los fondos se acumulan en una clase rentista que no tiene la menor vocacin o intencin de ahondar en un proceso de desarrollo econmico e innovacin que se generalice. Los rentistas se especializan en la especulacin financiera, las inversiones en el extranjero a travs de empresas de fondos de capital que no cotizan en bolsa, el consumo extravagante de artculos de lujo y el mantenimiento de cuentas privadas opacas de miles de millones de dlares y de euros en bancos del extranjero.

La economa rentista crea pocos puestos de trabajo en la actividad productiva moderna; el sector ms lucrativo est controlado por miembros de la familia o el clan ampliado y por las empresas financieras extranjeras a travs de expatriados; el empleo tcnico y de peor calidad es asumido por mano de obra extranjera contratada, con unos niveles salariales y condiciones laborales que la mano de obra local cualificada est deseando aceptar.

Esa economa rentista acotada se traduce en una clase gobernante centrada en clanes que confunde la propiedad pblica con la privada: lo que en realidad es el Estado son unos monarcas absolutistas y sus familias extensas en la cima y, en el medio, su squito poltico cliente, tribal y dirigente y los tecncratas.

Estas son clases gobernantes cerradas. El acceso se reduce a miembros selectos del clan o la dinasta familiar y a un nmero reducido de individuos emprendedores que podran acumular riqueza al servicio de la clase-clan dominante. El ncleo ms prximo vive de los ingresos por arriendo, recibe pagos de sociedades inmobiliarias a las que no aporta ninguna cualificacin ms que la de emitir autorizaciones oficiales, concesiones de terrenos, licencias de importacin y vacaciones fiscales.

Ms all del saqueo de las arcas pblicas, la clase-clan dominante fomenta el libre comercio, es decir, importar manufacturas baratas y socavar as el despegue de cualquier iniciativa autctona de los sectores productivos manufacturero, agrcola o tcnico.

En consecuencia, no hay ningn capitalista o clase media nacional emprendedora. Lo que hace las veces de clase media son en buena medida empleados del sector pblico (maestros, profesionales de la salud, funcionarios, bomberos, policas, militares) que dependen de un salario que, a su vez, depende de la sumisin al poder absolutista. No tienen ninguna posibilidad de ascender a escalones ms altos o de crear oportunidades econmicas para sus proles con formacin.

La concentracin de poder econmico, social y poltico en un sistema cerrado y controlado de clase-clan desemboca en una inmensa concentracin de riqueza. Dada la distancia social entre gobernantes y gobernados, la riqueza generada por el precio de los artculos de lujo ofrece una imagen tremendamente distorsionada de la riqueza per cpita; aadir a los millonarios y multimillonarios a la cima de una masa de jvenes mal pagados y subempleados arroja una renta media engaosamente alta (Washington Blog, 24 de febrero de 2011).

El gobierno rentista: por las armas y las ddivas

Para compensar estas grandes diferencias sociales y preservar la posicin de la clase gobernante rentista y parsita, esta ltima busca establecer alianzas con empresas de armamento multimillonarias y proteccin militar de la potencia imperial dominante (EE UU). Los gobernantes se entregan a la neocolonizacin con invitacin y ofrecen terrenos para bases militares y aeropuertos, puertos para operaciones navales, connivencia para financiar a mercenarios por poderes contra adversarios antiimperialistas y sumisin a la hegemona sionista en la regin (a pesar de que formulen de vez en cuando alguna crtica intrascendente).

A medio plazo, el gobierno por la fuerza se complementa con ddivas a los pobres de las zonas rurales y los clanes tribales; con subsidios de alimentos para los pobres urbanos; y con empleo sin futuro y deficitario para los desempleados con formacin (Financial Times, 25 de febrero de 2011, p. 1). Tanto la carsima adquisicin de armas como los subsidios paternalistas reflejan la ausencia de toda capacidad para realizar inversiones productivas. Se gastan miles de millones de dlares en armas en lugar de en diversificar la economa. Se gastan cientos de millones de dlares en obsequios paternalistas de una sola dosis, en lugar de en inversiones a largo plazo que generen empleo productivo.

El pegamento que mantiene unido este sistema es la combinacin de saqueo moderno de la riqueza pblica y los recursos energticos naturales y la tradicional utilizacin de reclutas neocoloniales y de clanes y de contratistas mercenarios para controlar y reprimir a la poblacin. El armamento estadounidense moderno est al servicio de una monarquas absolutistas y dictaduras anacrnicas basadas en los principios del gobierno dinstico del siglo XVIII.

La introduccin y extensin de sistemas de comunicaciones de vanguardia y de centros comerciales de arquitectura ultramoderna alimentan a un estrato de consumidores de artculos de lujo de lite y dejan ver un contraste muy marcado con la inmensa mayora de jvenes con educacin y sin empleo, excluidos de la cima y presionados desde abajo por los trabajadores contratados extranjeros mal pagados.

Desestabilizacin neoliberal

Los clanes-clases rentistas reciben presiones de las instituciones econmicas internacionales y los banqueros locales para que reformen sus economas: abrir el mercado nacional y las empresas pblicas a los inversores extranjeros y reducir los dficit derivados de la crisis global introduciendo reformas neoliberales (Economic and Political Weekly, 12 de febrero de 2011, p. 11).

Como consecuencia de las reformas econmicas, se han recortado o suprimido los subsidios alimentarios para los ms pobres y se ha reducido el empleo pblico, lo que cierra una de las pocas puertas existentes para los jvenes con formacin. Los impuestos a los consumidores y trabajadores asalariados aumentan, al tiempo que se aplican exenciones fiscales a los promotores inmobiliarios, los especuladores financieros y los importadores. La desregulacin ha exacerbado una corrupcin ya galopante, no solo entre la clase-clan gobernante rentista, sino tambin en su entorno empresarial inmediato.

Los lazos paternalistas que unen a la clase media y baja con la clase gobernante han quedado erosionados por las reformas neoliberales inducidas desde el exterior, que combinan la explotacin exterior moderna con las formas tradicionales de saqueo privado nacional. Los regmenes de clan-clase ya no pueden confiar en las lealtades de clan, tribales, clericales o clientelistas para aislar a los sindicatos urbanos, los estudiantes, las pequeas empresas y los movimientos de un sector pblico mal remunerado.

La Calle contra Palacio

Las causas inmediatas de las revueltas rabes giran en torno a las inmensas contradicciones demogrficas y de clase de la economa rentista gobernada por el clan-clase. La oligarqua dominante gobierna a una gran masa de desempleados o trabajadores jvenes subempleados; este ltimo grupo lo forma entre el 50 y el 65 por ciento de la poblacin menor de veinticinco aos (Washington Blog, 24 de febrero de 2011). La economa rentista moderna y dinmica no incorpora a los jvenes recin formados al empleo moderno, sino que los relega a la economa informal, sin proteccin social y mal pagada de la calle como vendedores, transportistas o autnomos subcontratados y encargados de servicios personales. Los sectores ultramodernos del petrleo, el gas, inmobiliario, de turismo y centros comerciales dependen del apoyo poltico y militar de dirigentes retrgrados tradicionales, clericales, tribales o de clan, subvencionados pero nunca incorporados a la esfera de la produccin moderna. La clase trabajadora industrial urbana moderna con pequeos sindicatos independientes est proscrita. Las asociaciones civiles de clase media estn, o bien bajo el control del Estado, o bien restringidas a tener que formular solicitudes continuas al Estado absolutista.

El subdesarrollo de las organizaciones sociales, relacionado con la dedicacin de las clases sociales a la actividad productiva moderna, supone que el eje de la accin social y poltica sea la calle. En esta sociedad de plazas, quioscos, calles y esquinas, y en los mercados, se ve deambular por, entre y en el entorno de los centros de poder administrativo absolutista a jvenes desempleados y subempleados a tiempo parcial e implicados en el sector informal. Las masas urbanas no ocupan posiciones estratgicas en el sistema econmico, pero estn disponibles para unas movilizaciones capaces de paralizar las calles y plazas por las que se transportan los bienes y servicios y en las que se obtienen beneficios. Es igualmente importante que los movimientos de masas desatados por los jvenes desempleados ofrecen a los profesionales oprimidos, los empleados del sector pblico, los pequeos empresarios y los autnomos una oportunidad de entregarse a las protestas sin verse sometidos a represalias en sus centros de trabajo... lo que disipa el factor miedo de perder el empleo.

La confrontacin poltica y social gira en torno a los polos opuestos: las oligarquas clientelistas y las masas desclasadas (el panarabismo). La primera depende directamente del Estado (el aparato militar/policial) y la ltima de organizaciones presenciales improvisadas, locales, informales y amorfas. La excepcin es la minora de universitarios que se movilizan a travs de internet. Los sindicatos industriales organizados ingresan en la lucha tarde y en buena medida se concentran en demandas econmicas sectoriales, con algunas excepciones (sobre todo en las empresas pblicas, controladas por amigotes de los oligarcas, donde los trabajadores exigen cambios en la direccin).

Como consecuencia de las particularidades sociales de los Estados rentistas, los levantamientos no adoptan la forma de luchas de clase entre asalariados y capitalistas industriales. Afloran como revueltas polticas masivas contra el Estado oligarca. Los movimientos sociales callejeros manifiestan su capacidad de deslegitimar la autoridad del Estado, paralizar la economa y pueden desembocar en el derrocamiento de los autcratas que gobiernan. Lo propio de los movimientos de masas callejeros es ocupar las calles con relativa facilidad, pero tambin dispersarse cuando los smbolos de la opresin han sido desalojados. Los movimientos callejeros carecen de la organizacin y el liderazgo para proyectar, y menos an imponer, un nuevo orden poltico o social. Su poder reside en la capacidad de presionar a las lites e instituciones existentes, no de sustituir al Estado y la economa. De ah la asombrosa facilidad con la que el ejrcito egipcio respaldado por EE UU, Israel y la UE ha logrado tomar el poder y proteger al Estado rentista en su conjunto y a la estructura econmica al tiempo que mantena sus lazos con sus mentores imperiales.

La convergencia de condiciones y el efecto demostracin

La propagacin de las revueltas rabes por el Norte de frica, Oriente Prximo y los Estados del Golfo Prsico es, en primera instancia, un producto de condiciones histricas y sociales similares: los Estados rentistas gobernados por oligarquas familiares y de clan, dependientes del arriendo de exportaciones petroleras y energticas de capital intensivo, que confinan a la inmensa mayora de la juventud en actividades econmicas callejeras informales y marginales.

El poder del ejemplo o el efecto demostracin solo se puede entender reconociendo idnticas condiciones sociopolticas en cada pas. El poder de la calle (los movimientos urbanos de masas) presupone que la calle es el locus econmico de los actores principales y que se debe conquistar las plazas por que son el espacio donde ejercer el poder poltico y proyectar las demandas sociales. No cabe duda de que los xitos parciales de Egipto y Tnez hicieron detonar los movimientos en otros lugares. Pero solo lo hicieron en pases con idntico legado histrico, con las mismas polaridades sociales entre gobernantes rentistas de clan y trabajadores callejeros marginales y, especialmente, donde los gobernantes estaban profundamente integrados en redes econmicas y militares imperiales a las que estaban subordinados.

Conclusin

Los gobernantes rentistas rigen a travs de sus lazos con el ejrcito y las instituciones econmicas estadounidenses y de la UE. Modernizan sus prsperos cotos y marginan a los jvenes recin formados, que quedan confinados en empleos mal remunerados, sobre todo en el endeble sector informal y callejero de las principales ciudades. Las privatizaciones neoliberales, la reduccin de los subsidios pblicos (de alimentos, de desempleo, de aceite para cocinar, gas, transporte, salud y educacin) ha hecho aicos los lazos paternalistas mediante los cuales los gobernantes aplacaban el descontento de los jvenes y los pobres, as como de las lites clericales y los jefes tribales. La confluencia de clases y masas, modernas y tradicionales, ha sido consecuencia directa de un proceso de neoliberalizacin impuesto desde arriba y de exclusin, desde abajo. La promesa de los reformadores neoliberales de que el mercado sustituira con empleos bien remunerados la prdida de subsidios estatales paternalistas era falsa. Las polticas neoliberales han reforzado la concentracin de riqueza al tiempo que han debilitado el control de las masas por parte del Estado.

La crisis econmica capitalista mundial ha llevado a Europa y Estados Unidos a endurecer los controles de inmigracin, con lo que han eliminado una de las vlvulas de escape de estos regmenes: la fuga masiva de jvenes sin empleo y con formacin que buscaban trabajo en el extranjero. Emigrar al extranjero haba dejado de ser una opcin; las alternativas se reducan a luchar o sufrir. Los estudios demuestran que quienes emigran suelen ser los ms ambiciosos, los mejor formados (de su clase social) y los capaces de asumir mayores riesgos. Ahora, recluidos en sus pases de origen, con pocas ilusiones de encontrar oportunidades en el exterior, se ven obligados a luchar por la movilidad individual en su pas mediante la accin social y poltica colectiva.

Entre la juventud poltica es igualmente importante el hecho de que a EE UU, como garante de los regmenes rentistas, se la considere una potencia imperial en declive: cuestionada econmicamente en el conjunto de la economa mundial por China, teniendo que hacer frente a una derrota como potencia colonial ocupante en Iraq y Afganistn, y humillada como criada sumiso y mendaz de una Israel cada vez ms desautorizada por la accin de sus agentes sionistas en el rgimen de Obama y el Congreso estadounidense. Todos estos elementos de la decadencia y descrdito imperial estadounidenses animan a los movimientos en favor de la democracia a avanzar contra los clientes estadounidenses y reducen su temor a una intervencin militar estadounidense que abriera un tercer frente de batalla. Los movimientos de masas ven en sus oligarquas a unos regmenes en tres niveles: unos Estados rentistas bajo la hegemona estadounidense que, a su vez, est sometida a la tutela israel-sionista. Cuando 130 pases de la Asamblea General de Naciones Unidas y la totalidad del Consejo de Seguridad, a excepcin de EE UU, condenan la expansin colonial, y cuando Lbano, Egipto, Tnez y los regmenes venideros de Yemen y Bahrein prometen instaurar polticas exteriores democrticas, los movimientos de masas descubren que todo el armamento moderno y los 680.000 soldados de Israel no sirven de nada en medio del aislamiento diplomtico absoluto, la prdida de clientes regionales rentistas y el descrdito manifiesto de unos gobernantes militaristas grandilocuentes y sus agentes sionistas en los cuerpos diplomticos estadounidenses (Financial Times, 24 de febrero de 2011, p. 7).

Las propias estructuras socioeconmicas y las condiciones polticas que hicieron detonar los movimientos de masas en favor de la democracia, los jvenes desempleados y subempleados organizados desde la calle, plantean ahora el reto ms relevante: puede la masa amorfa y diversa convertirse en una fuerza social y poltica organizada capaz de tomar el poder del Estado, democratizar el rgimen y, al mismo tiempo, crear una nueva economa productiva que ofrezca el empleo estable y bien pagado del que hasta la fecha careca la economa rentista? El resultado poltico hasta el momento es incierto: los demcratas y los socialistas compiten con fuerzas clericales, monrquicas y neoliberales financiadas por Estados Unidos.

Es prematuro celebrar una revolucin democrtica popular...

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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