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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-03-2011

Contestacin a Lino C. Vila
A cuento de la (in)comprensin del Cnit del petrleo por parte de la izquierda

Manuel Casal Lodeiro
Rebelin


Rebelion.org public el da 1 de enero una contestacin a un reciente artculo mo firmada por Lino C. Vilas bajo el ttulo Unos apuntes al artculo de Manuel Casal: es urgente que la izquierda comprenda las implicaciones del cnit del petrleo". Quisiera aprovechar para aclarar algunas cuestiones que espero aporten ms luz sobre el problema al que nos enfrentamos.

Para empezar, en ningn punto de mi artculo propongo que rechacemos la tecnologa, como da a entender C. Vila. Simplemente advierto contra nuestra dependencia de aquellas tecnologas que dependan a su vez de fuentes de energa de las que vamos a carecer en un tiempo ms o menos corto, pero en cualquier caso de forma irreversible. As, un coche a gasolina y una bicicleta son ambos productos de la tecnologa, pero el primero no tiene sentido en un mundo sin petrleo y la segunda tiene ms sentido que nunca. Podramos pensar en cientos de ejemplos como este pero me limitar a sealar la conveniencia (y urgencia) de recuperar el concepto de tecnologa apropiada (appropriate technology, AT) que surgiera en los 70 como respuesta a las crisis (polticas) del petrleo. Cita C. Vila la avanzada tecnologa mdica de que disfrutamos en las sociedades industrializadas, pero no deb alcanzar a explicar bien la relacin entre tecnologa y energa, porque el autor pasa por alto cmo hacer funcionar esa tecnologa y cmo mantenerla (repuestos, mantenimiento, final de vida til...) sin energa. Porque lo queramos ver o no, la prctica totalidad de los elementos que conforman nuestra vida diaria en estas sociedades de la opulencia energtica (la era de la hibris, que dira William Catton), dependen directa o indirectamente de la disponibilidad continua y a precio mdico, de combustibles fsiles. As que no se trata de estar o no estar dispuestos a renunciar (palabras de Lino C. Vila) a nada, sino de ser conscientes de qu partes de nuestra sociedad dejarn de funcionar a medida que el petrleo sea ms escaso y ms caro, y qu significar ese importante colapso funcional para el conjunto del sistema. Cualquier planteamiento social, poltico o personal realizado sin tener ese hecho en cuenta ser intil e incluso contraproducente pues caminar en direcciones sin salida que tarde o temprano habr que desandar, si quedan fuerzas (o sea, energas).

Por otro lado me parece muy interesante el planteamiento que realiza C. Vilas acerca de la situacin que se producira entre sociedades que avanzasen hacia la autosuficiencia local que propongo y otras que acaparen los ltimos restos del oro negro y traten as de mantener un poco ms el nivel tecnolgico industrial. Sobre este aspecto recomiendo estudiar el Protocolo de Uppsala, propuesto por cientficos y activistas del peak oil y que defiende que una renuncia voluntaria y anticipada al petrleo no slo no sita a una colectividad en peor situacin que una que insista tozuda en mantenerse en la va imposible del consumo creciente, sino que en realidad le aporta una ventaja. De hecho, un aspecto muy valioso de este protocolo es que no hace falta que todos los pases lo asuman para que funcione como sucede por contra con el de Kyoto sino que desde el momento en que un pas o comunidad, o ayuntamiento, o empresa lo adopta, se sita en mejor punto de partida para resistir la escasez que tarde o temprano alcanzar a todos: en otras palabras, aumenta su resiliencia. No olvidemos que los cambios sociales, econmicos y energticos que implica pasar del modelo basado en el petrleo a otro basado en energas renovables y locales necesitan dcadas para realizarse, y eso en el mejor de los casos: es decir, en el caso de que haya suficiente financiacin y suficiente energa para llevar a cabo tan ciclpea labor, sin precedentes en la historia humana. Por tanto, aunque parezcan disponer de una ventaja en el corto plazo aquellos que no renuncien al petrleo hasta el ltimo momento, sern en realidad los peor preparados cuando inevitablemente a ellos tambin se les cierre el grifo. As que no se trata de razn vs. fuerza como plantea mi crtico, sino de anticiparse vs. cerrar los ojos: esta fbula no va de corderos y lobos, sino ms bien de hormigas y cigarras. C. Vilas no menciona aunque es tambin crucial para prever lo que va a suceder a nivel geopoltico la situacin que se dar entre pases exportadores y pases importadores. De una parte, la gran mayora de los pases industrializados son ya importadores netos de esta sustancia que fundamenta sus economas, y de la otra, los pases productores (extractores estara mejor dicho) comienzan a dar avisos de que los ltimos barriles se los reservarn para s mismos. Si las economas occidentales tuviesen un crecimiento del PIB del 1% de aqu a entonces, se estima que para 2015 las exportaciones netas de los pases productores ya no llegaran para abastecerlos (y eso contabilizando slo las necesidades de EE.UU., Europa y Japn). Los principales pases productores cada ao consumen ms y ms de su propio petrleo, agotando las reservas y dejando menos petrleo disponible en el mercado para exportar. Es decir, el pico de las exportaciones netas precede al pico total del petrleo, y sus consecuencias nos estn comenzando a llegar ya a los pases importadores. Lgicamente la organizacin que ms petrleo consume del planeta tendr tambin algo que decir en este reparto: el ejrcito de los EE.UU. O es que alguien tena duda de los verdaderos motivos de la poltica estadounidense en Oriente Medio? En este sentido resulta muy clarificador ver la coincidencia de fechas entre los primeros informes cientficos sobre los sntomas de agotamiento del petrleo y la preparacin de las invasiones de Afganistn e Irak, sin olvidar que los Bush y su crculo provenan del negocio del petrleo.

Lino C. Vilas ilustra una vez ms una de las carencias, no voy a decir solamente de la izquierda, sino de nuestra especie en conjunto. Dice, refirindose a mi artculo: Olvida aqu que la izquierda tiene que dirigirse a la clase trabajadora que existe actualmente, que ser rural o industrial dependiendo de las zonas. Que las propuestas de la izquierda deben estar contextualizadas en un lugar concreto y en un momento concreto. Si el contexto temporal de referencia de la izquierda no es capaz de incluir las prximas dcadas, entonces estamos incurriendo en uno de los fallos estructurales del capitalismo: el cortoplacismo. Pero creo que existen pruebas de que no tiene necesariamente que ser as: en el caso del cambio climtico buena parte de la izquierda s que ha sabido escuchar las voces de alarma de la comunidad cientfica y, aunque no estemos an sufriendo un contexto de cambio climtico catastrfico, sabemos anticiparnos y luchar por evitarlo. Por qu no podemos aplicar tambin al problema del petrleo esa sabia anticipacin, de la cual carece el capitalismo del beneficio a corto plazo y el electoralismo cuatrianual burgus? Qu impide que lo hagamos para prever una carencia de petrleo que est a la vuelta de la esquina, cuando s lo estamos haciendo para evitar un cambio climtico a dcadas vista? Por qu asumimos las consecuencias profundas del calentamiento global pero no las consecuencias profundas del fin del petrleo? Nos convierte la lucha por la reduccin de las emisiones de CO2 en una vanguardia tan adelantada que se pierda de vista de la masa como critica C. Vilas en el caso de la concienciacin sobre el Cnit? Ser consciente de los contextos que deber afrontar la sociedad en un futuro ms o menos cercano no significa abandonar las necesarias luchas del presente, sino reorientarlas teniendo en cuenta dicho futuro. Por poner un ejemplo: es totalmente diferente el planteamiento sobre el mantenimiento de puestos de trabajo en la industria del automvil segn se tenga en cuenta o no que nos hallamos al final de la Era del petrleo. Esta necesaria reorientacin que reclamo de las izquierdas no sera sino mera coherencia con sus valores diferenciadores y con una solidaridad extendida a las generaciones futuras y a nuestro inmediato maana. Concretando de nuevo en un caso ilustrativo: el gasleo que hoy gastan las mquinas de la fbrica en la que trabaja una obrera, no lo tendr el da de maana el tractor que podra cultivar el pan que comer su hijo, ni la ambulancia que podr llevarla a ella a un hospital, ni el sistema de bombeo que le suministra agua a su vivienda.

Prosigue el citado autor: El nico actor social con un potencial suficiente para plantar cara al sistema productivo capitalista es el mismo que ha sido siempre: la clase trabajadora. Llegados la este punto, sera un error no apoyar la lucha de la clase trabajadora por sus intereses. Por supuesto que se debe apoyar la lucha en la clase que ms sufre la explotacin capitalista: es ms, yo dira que ms que apoyarla, debera dirigirla. Pero por qu insistir en su carcter trabajador en cuanto que asalariado si prevemos que a medio plazo buena parte de las industrias en las cuales trabajan desaparecern junto con el petrleo que las ha levantado? Soy consciente de que plantear una lucha anticapitalista desde supuestos post-industriales no es un reto fcil, pero tampoco lo considero imposible. La izquierda luchaba ya contra la explotacin del hombre por el hombre cuando slo una pequea fraccin de la humanidad era proletaria. Al crecer la masa proletaria en relacin a la agraria y en paralelo la urbana con respecto a la rural, la izquierda dej por el camino otras luchas y otros contextos, pero los tiempos cambian y si la izquierda no se sabe adaptar ser barrida por la Historia. No nos obcequemos con la clase trabajadora y hablemos mejor de nuevo de la clase explotada o del gnero humano en su conjunto. De cualquier manera el estadio actual de implosin del capitalismo conlleva una masiva trasformacin de los procesos de explotacin en procesos de mera dominacin, pues sin energa que alimente la gigantesca mquina produccin-consumo, les sobramos muchos millones de seres a los actuales explotadores. Esta trasformacin est en marcha desde hace aos con las crecientes masas de excluidos del sistema: paradas/os de larga duracin, agricultoras/es desposedas/os, trabajadoras/es precarias/os, etc. Poco a poco el sistema va expulsando ms y ms seres humanos de su sistema produccin-consumo y le exige a los Estados que los controle, que los anule, que los domine mediante combinaciones maquiavlicas de fuerza coercitiva y control sutil (televisin, droga, consumismo...).

No he debido explicar bien la propuesta decrecentista consciente del fin del petrleo cuando C. Vilas dice: Volvemos a la Edad Media? Esta supuesta solucin nos llevara a la misma situacin de decrecimiento traumtico, de hambre y miseria, de la que supuestamente nos quiere salvar. El Decrecimiento como movimiento no quiere ser traumtico sino precisamente evitar el trauma social mediante la planificacin anticipada. Quiero creer y conmigo mucha gente como los cientos de localidades que han apostado en todo el mundo por iniciar una transicin (Transition Towns y PostCarbon Cities, por ejemplo) que el hecho de preparar a la sociedad para el fin del petrleo marcara la diferencia entre el trauma social ms brutal y una escasez ms llevadera. Es acaso el mismo trauma el que sufren los pasajeros de un coche cuando quien va al volante no percibe que se aproxima a un obstculo en la carretera que el que sufren cuando lo ve con algo de tiempo y puede frenar antes del impacto? De eso es de lo que hablamos. Lo cual no quita para que el futuro s pueda tener mucho de Edad Media, poca en la cual por cierto haba en Europa ciudades-Estado independientes, ncleo neurlgico de regiones autosuficientes, en algunas de las cuales se practicaba incluso un tipo de democracia directa de base gremial. Quizs no estuviese mal recuperar algo de eso. Todo es cuestin de adaptar la lucha social a las nuevas circunstancias, que es el fondo mi propuesta y no desactivar dicha lucha como errneamente parece haber interpretado C. Vilas.

Pero para eso est la izquierda, para ayudar a los trabajadores a recuperar esa conciencia que finalmente lleve a la clase trabajadora a la hegemona (tambin hay que decir, a la vista de los resultados, que no lo debemos estar haciendo muy bien). Solamente entonces se podrn plantear polticas ajenas a los intereses del mercado, planificar democrticamente la produccin, decidir democrticamente que productos son necesarios y cuales prescindibles y cambiar los modos de produccin de manera que caminemos hacia un decrecimiento del consumo de las materias primas. Le contestara al compaero C. Vilas que mucho me temo que la geologa no espera por revoluciones. El decrecimiento se est comenzando a producir ya y a la clase trabajadora no le queda en mi opinin tiempo para hacerse con hegemonas antes de dejar de ser, por la fuerza de los hechos, trabajadora. Despus del petrleo, ya no existir mercado capitalista que combatir al menos tal como lo conocemos ni produccin que planificar, ni seguramente medios democrticos para plantearlo, porque los que estn al mando cuando la nave vaya a pique se habrn convertido en los nuevos seores feudales de una civilizacin en ruinas.

Insisto y resumo: la izquierda, si quiere ser fiel a los principios y valores que le son propios, debera tener la visin suficiente para comprender los cambios que se avecinan y la valenta para trasmitrselos a las clases trabajadoras y desposedas. Las reglas del juego cambian radicalmente cuando la civilizacin ms depredadora de la Historia choca con los lmites del planeta que la alberga: ya no se tratar de luchar por un trozo ms grande de una tarta que siempre crece, ya no se tratar de conservar derechos cuya realizacin material depende de la abundancia energtica... ahora se tratar de sobrevivir y de ayudar a la propia sociedad a autoorganizarse para sobrevivir al colapso de la estructura social y econmica tejida sobre el petrleo, es decir al colapso de la propia civilizacin industrial. La izquierda no debe basarse en previsiones sin base fsica como las que hemos podido leer recientemente de la mano de Vicen Navarro por citar un autor sobre el previsible incremento continuo de la productividad que sera capaz de sostener indefinidamente un sistema de pensiones como el actual. La izquierda, por tanto, no debe dar por supuesto que unos aparatos estatales del bienestar (sanidad, trasporte pblico, ayudas sociales...) que, o bien dependen directamente de un gran flujo energtico para sostener su complejidad y luchar contra su degradacin entrpica o bien dependen de unos ingresos estables a travs de la poltica fiscal, son posibles sin la energa bsica que mueve todo el entramado econmico. Si ha de seguir habiendo un Estado, si ha de proporcionar algn tipo de servicios pblicos, debe ser un Estado que no base su sostenibilidad econmica en el mito del crecimiento perpetuo y que asuma la necesidad de decrecer ordenadamente. La izquierda, estatalista o no, debera abjurar de esa fe anticientfica y convertirla en su principal enemigo, como cncer que es para la sociedad y para la propia supervivencia humana. Es un paso difcil porque implica desprenderse de viejos discursos-lenguajes y renunciar a conceptos ya muchas veces vaciados de significado, para adoptar un nuevo paradigma mental que explique el funcionamiento de las sociedades, un paradigma ecolgico, antropolgico, bioeconmico, fsico, energtico, termodinmico, entrpico... cientfico en definitiva; un paso difcil pero imprescindible. Porque por debajo del sistema de organizacin econmica y social que llamamos capitalismo est un tipo de sociedad, industrial, sostenida por una base fsica que se est empezando a quebrar irremediablemente. Si slo luchamos contra el capitalismo, sin tener en cuenta la situacin de colapso de aquello que lo sustenta, nos hundiremos con l. Y si la izquierda fracasa en este reto histrico, qu otra esperanza le puede quedar a nuestra especie? En ese caso slo nos quedara esperar que baste para la supervivencia con la mera autoorganizacin espontnea de una poblacin desengaada, rebao cansado de ser pastoreado hacia el abismo por vanguardias de un lado y del otro.


Manuel Casal Lodeiro
Miembro de la asociacin Vspera de Nada por unha Galiza sen petrleo

Actualidad sobre el Cnit: www.cenit-del-petroleo.info

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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