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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-03-2011

Gobiernos populares, movimientos sociales y cambio social en Indo-afro-latinoamrica

Isabel Rauber
Rebelin

Fragmentos del libro: Dos pasos adelante, uno atrs. Vadell Editorial, Caracas, 2010.


Opcin democrtica para transformar la sociedad o va electoral para tomar el poder?

Las experiencias polticas que han dado lugar a la constitucin de gobiernos populares o revolucionarios en el continente han puesto de manifiesto que ganar las elecciones nacionales y hacerse cargo del gobierno nacional si bien no conduce directamente a una revolucin, tampoco significa necesariamente el empantanamiento o derrota de los procesos de cambio social. En su corta trayectoria, estas experiencias evidencian que el acceso al gobierno nacional significa adems de asumir las responsabilidades y dificultades que conlleva , acceder a un instrumento poltico clave para desarrollar/estimular procesos de empoderamiento colectivos e impulsar el proceso sociotransformador.

La ampliacin de procesos democrticos participativos desde abajo promovidos ahora conjugadamente desde el aparato gubernamental estatal puede activar/profundizar los procesos de constitucin del actor colectivo. Esto va: desde la realizacin de las campaas masivas de alfabetizacin anudada a procesos que promueven desde abajo la participacin de los actores sociopolticos (movimientos sociales, movimientos indgenas, actores sociales diversos), en el ejercicio de funciones de gobierno y del aparato estatal. Ello implica la apertura de procesos de transformacin de las formas y normas del ejercicio de funciones institucionales y de la institucionalidad misma, procesos que, reclaman entre varias aristas , la creacin de espacios y mecanismos de participacin y control popular en todas las instancias superestructurales, recortando cada vez ms a travs de ellos , los mbitos de dominio de los poderes instituidos del capital y de la burocracia que lo acompaa y recicla.

El lugar neurlgico de las Asambleas Constituyentes

En los actuales procesos indo-afro-latinoamericanos de bsqueda y construccin democrtica de una nueva sociedad, resulta central la realizacin de asambleas constituyentes. De ellas emana el sustrato jurdico, poltico y social para una nueva institucionalidad, engendrada embrionariamente en los procesos de luchas sociales, abanderados por la resistencia, el empuje y los reclamos histricos de los pueblos de este continente (con sus organizaciones sociales y polticas), en primer lugar de los pueblos indgenas orginarios y sus comunidades.

Obviamente, no cabe pretender que las asambleas constituyentes sean el motor del cambio. Los pueblos han de prepararse para plasmar en ellas sus puntos de vista, proponiendo y defendiendo contenidos acorde con sus intereses y su proyeccin estratgica. Pero en esto, como en todo, es importante comprender que el cambio de sociedad es procesal: lo ms probable es que no se alcancen todos los objetivos en la primera asamblea constituyente. Habr que hacer tantas asambleas constituyentes como lo vaya reclamando y posibilitando la profundizacin y radicalizacin de cada proceso, marcado en primer la lugar por la maduracin poltica del actor colectivo, fuerza sociopoltica del cambio.

La modificacin de las bases jurdico-institucionales de una nacin es tambin parte del proceso de construccin cotidiana sistemtica y permanente de los pueblos. Esto implica una modificacin de la concepcin acerca del lugar y el papel del Estado en los procesos sociales de cambio. Tanto en su interrelacin con la llamada sociedad civil: con movimientos y organizaciones sociales, partidos polticos, organizaciones comunitarias, religiosas, etc., como en su interrelacin con los gobiernos nacional y estaduales, provinciales, departamentales, etc., en lo jurdico-institucional y en lo democrtico-participativo.

Los actuales procesos poltico-sociales indo-afro-latinoamericanos, particularmente los que tienen lugar en Venezuela y Bolivia, ensean que desde el gobierno con voluntad poltica colectiva como sustrato es posible impulsar la participacin protagnica del pueblo en el proceso, y avanzar en la construccin desde abajo del actor colectivo, propiciando procesos de desarrollo de su conciencia y organizacin, pilares de la construccin del poder popular. Es precisamente por ello que estas experiencias se empean en abonar procesos de transformacin cultural y poltica (prctica-educativa) de los pueblos, entendindolos como sustrato indispensable para llevar a cabo cambios sociales desde la raz, sostenerlos y profundizarlos.

Esto se hace evidente particularmente en el proceso actual de transformacin que tiene lugar en Bolivia, que se autodefine como una revolucin democrtico cultural que se desarrolla desde abajo. Los logros estn a la vista, tambin las limitaciones, las amenazas y los desafos. Una realidad es la que existe en tiempos de oposicin y lucha y otra es la que se va configurando cuando los actores sociales que protagonizaron las luchas tienen que hacerse cargo de las responsabilidades gubernamentales y estatales. Hacerse cargo de la administracin de un pas no solo es difcil, sino que tambin modifica la realidad de los demandantes de ayer que ahora pueden y deben decidir, que acceden a posiciones de poder y del aparato burocrtico, que tienen recursos, y que pueden decidir al menos en parte cmo emplearlos. La vieja cultura sectorial o corporativa puede volver a emerger y frenar o hacer estragos en los procesos. Es por ello que la organizacin y educacin poltica ocupa o tiene que ocupar el lugar central simultneamente con todas las dems tareas y actividades. No hacerlo puede llevar al debilitamiento o incluso al naufragio del proyecto revolucionario.

Dar la espalda a tales contiendas, implicara de hecho , la negacin de toda poltica, a la vez que tornara un sinsentido las luchas sociales, los procesos de acumulacin de fuerzas y la construccin sociopoltica toda, ya que -de antemano- estos tendran lmite que por definicin- no se debera traspasar. Igualmente sera un contrasentido circunscribir toda la accin y la construccin sociopoltica a la lucha por ganar elecciones, trastocando fines y medios, transformando el camino en objetivo, clausurando as toda proyeccin, traccin, organizacin y capacitacin de las fuerzas sociales para actuar en pro de la superacin del estado de cosas.

Hacer poltica es imprescindible y fundamental.

El problema radica en cmo hacer poltica de un modo y con un contenido diferente al tradicional, para no ser funcional al poder del capital. Los nuevos movimientos sociopolticos apelan a metodologas participativas y buscan incrementarlas y desarrollarlas en aras de ampliar las articulaciones sociales y superar la desconfianza instalada en las mayoras populares hacia el estado, el gobierno, los partidos polticos, los polticos y la poltica, y la apata, el apoliticismo y el quemeimportismo reinante en amplios sectores de la poblacin, que la alejan de su vital e insustituible protagonismo.

Lo expuesto permite reafirmar una hiptesis: en las condiciones actuales de Indo-afro-latinoamrica, la disputa poltico electoral por el gobierno nacional es parte de los procesos de cambios. En esta perspectiva, lo que podra entenderse como va electoral para realizar las transformaciones sociales, resulta hoy para los pueblos una posibilidad real, un camino para fortalecer o debilitar los procesos de construccin, acumulacin y crecimiento de poder, conciencia, propuestas y organizacin poltica propias, en proceso de (auto)constitucin de los actores sociales y polticos en sujeto colectivo (popular) del cambio. Pero esta opcin no es el camino electoral para la toma del poder; implica otro modo de concebir (y realizar) la transformacin social.

No se trata de reemplazar la insurreccin por las urnas

Si una fuerza p conjunto de fuerzas sociopolticas que propugnan el cambio social comprenden que este transita anudado a los procesos democrticos y democratizadores, no pueden concebir su participacin en los procesos electorales como un truco para llegar al gobierno y dar el manotazo.

Pretender que una vez ganadas las elecciones, al asumir el gobierno se puede actuar obviando la correlacin de fuerzas existente (conciencia, organizacin, hegemona cultural y poder econmico), conducira al contrario de sus suposiciones , a estriles enfrentamientos con los adversarios polticos, a sembrar la confusin y el aislamiento del proceso sociotransformador que se pretende afianzar y ampliar cuestin que supone profundizar la construccin de fuerza y poder propios , y a relegar la lucha cultural democratizadora, clave de la construccin de una nueva sociedad y una nueva civilizacin humana, corazn del trnsito con marchas y contramarchas hacia lo nuevo.

Este trnsito reclama como eje vertebrador del mismo la conformacin de un actor colectivo, fuerza social y poltica de liberacin capaz de traccionar permanentemente el proceso sociotransformador hacia objetivos superadores, actuando para ello con protagonismo y autonoma polticas respecto del aparato gubernamental-estatal, en los mbitos parlamentario y extraparlamentario articuladamente.

Conservar el gobierno o gobernar para el cambio?

Los representantes polticos del capital y sus aclitos, pueden prescindir del protagonismo popular porque se apoyan en la hegemona del poder y sus aparatos ideolgicos, econmicos y extraeconmicos. Pero las fuerzas populares, si llegan al gobierno y cometen el error de dejarse encandilar por el poder y sus mecanismos tentaculares de envolvencia, si optan por acomodarse a los cargos o arreglar por arriba con los poderosos, haciendo concesiones de todo tipo esperando a cambio perpetuarse en el gobierno, difcilmente lo logren, pero si lo hacen, ser costa de dar la espalda a los objetivos transformadores y a los movimientos sociales que los llevaron a tales posiciones polticas.

Es injustificable, por un lado, que el triunfo de la izquierda en gobiernos locales o nacionales se alcance proponiendo construir lo nuevo y termine luego aceptando o incluso promoviendo polticas neoliberales sostenedoras/salvadoras del capitalismo. Por otro lado, est el peligro de ser tragados por la cultura del poder burocrtico superestructural, dejarse llevar por la tentacin de gobernar acompaados por expertos y asesores confiando el proceso de cambio a resoluciones y decretos que supuestamente, desde arriba, irn produciendo reformas y marcando el rumbo y sentido de los cambios. En cualquiera de los casos, si los pueblos no intervienen, la maquinaria institucional funcional al capital terminar tragndose la potencialidad y la perspectiva de transformacin social de los que participan en el gobierno.

Las revoluciones sociales son idnticas a la participacin protagnica de sus pueblos; directamente proporcionales a ella. Si, por ejemplo, se aplica esta sencilla ecuacin a los procesos populares revolucionarios en curso, a las medidas gubernamentales y sus procedimientos, los resultados saltan a la vista: a menor participacin popular, menor contenido y alcance revolucionario, menos revolucin. Conclusin: El nudo gordiano estratgico de los procesos revolucionarios no radica en la pertinencia de las resoluciones gubernamentales ni en la sabidura de los gobernantes y su entorno, sino en la voluntad popular, en su conciencia y organizacin para participar en las definiciones y soluciones, impulsarlas y sostenerlas.

No se avanza con medidas superestructurales por muy justas y razonables que estas sean. Hay que construir protagonismo popular colectivo y eso solo puede lograrse forjndolo a cada paso y en cada paso. El aprendizaje como la enseanza comienza en las prcticas cotidianas. Educar en lo nuevo significa desarrollar nuevas prcticas, dar el ejemplo. Esta es la clave pedaggica vital de las revoluciones desde abajo. Estas solo pueden profundizarse anudadas a la construccin y fortalecimiento del sujeto colectivo de las mismas, el actor sociopoltico capaz de traccionarlas e impulsarlas permanentemente hacia objetivos radicalmente superiores.

Un gobierno de izquierda no puede limitarse a hacer una buena administracin

Participar de las elecciones para acceder a espacios/fracciones del poder existente, limitndose a ejercerlo correctamente, ocupando los correspondientes espacios parlamentarios o gubernamentales nacionales o locales , conduce tambin a disecar hasta anular la perspectiva transformadora.

El problema no ha estado ni est en las personas: en si los gobernantes son buenas o malas personas. Como dice un sabio amigo: no hay nada peor que buenas y honestas personas en instituciones malas y perversas (como son las del capital). Porque esas personas, empeadas en marcar su diferencia con funcionarios incapaces o corruptos, centran su accionar en hacer buena letra para demostrar que son intachables. Con su gestin terminan lavndole la cara a tales instituciones, y contribuyen de modo consciente o no , a relegitimar, reoxigenar y reproducir el sistema del capital y sus lgicas de dominacin.

La corrupcin es un mal que hay que erradicar, pero es inherente al sistema regido por el mercado. Este la crea, afianza y generaliza convirtindola en un flagelo que luego, esquizofrnicamente, debe combatir. Suponer que buenas y honradas personas que hagan una administracin prolija salvarn a la sociedad de todos los males, y que por tanto lo que hay que hacer es lograr que ese tipo de personas sean los candidatos a votar, es cuando menos una ingenuidad inadmisible.

Cuando se limita el proyecto poltico a ejercer honradamente los cargos de gobierno, sin apelar a la transformacin y apertura de los mismos a la participacin de los pueblos y sus organizaciones sociales o comunitarias, se contribuye al descrdito del sentido poltico transformador que tiene para los actores sociopolticos populares participar en la disputa democrtico-electoral en aras de acceder a parlamentos y gobiernos, adems de que termina generalmente abortando el proceso poltico/social hacia posicionamientos personales.

Los casos ms evidentes en este sentido resultan ser los de parlamentarios que llegan a ser tales en nombre de movimientos sociales u organizaciones polticas de izquierda y luego -cortando todo vnculo con ellos- se dedican a hacer de la bancada un mbito para sus ambiciones personales, o un lucrativo puesto de trabajo. Ese es, precisamente, el juego del poder: quebrar, aislar, manipular o corromper.

Un gobernante revolucionario no se define como tal por el currculo, ni por ser honrado y bueno en comparacin con los gobernantes tradicionales del sistema; aunque estas cualidades se requieren elementalmente, su proyeccin va ms all de lo personal: se relaciona directamente con su capacidad de poner los espacios de poder en funcin de la transformacin revolucionaria, abrindole las puertas del gobierno al pueblo, construyendo un nuevo tipo de institucionalidad, de legalidad y legitimidad basada en la participacin del pueblo en la toma de decisiones polticas (basamento de la asamblea constituyente).

La nica perspectiva y anclaje de fortaleza de los gobiernos populares radica en su profunda y creciente articulacin con los pueblos, con los actores sociales, construyendo de conjunto mecanismos que acorten las distancias entre representacin poltica y protagonismo social.

La tarea titnica de los gobernantes revolucionarios no consiste en sustituir al pueblo, ni en sacar de sus cabezas buenas leyes, mucho menos para demostrar que son ms inteligentes que todos, que tienen razn y que, por ello, saben gobernar. Impulsar revoluciones desde los gobiernos pasa por hacer de estos una herramienta poltica revolucionaria: desarrollar la conciencia poltica, abrir la gestin a la participacin de los movimientos indgenas, de los movimientos sociales y sindicales, de los sectores populares, construyendo mecanismos colectivos y estableciendo roles y responsabilidades diferenciados, para cogobernar el pas.

Se trata de abrir las puertas del gobierno y el Estado a la participacin de las mayoras en la toma de decisiones, en la ejecucin de las mismas, y en el control de los resultados, en la medida que la construccin poltica y la transformacin de las bases jurdicas de las instituciones estatales y gubernamentales lo posibilite. De ah el papel central de las asambleas constituyentes en estos procesos.

Estar en el gobierno no es lo mismo que gobernar para el cambio con el protagonismo creciente de las fuerzas sociales extraparlamentarias populares activas, abrir puertas y promover transformaciones mayores. En tal caso, constituirse en fuerza poltica gobernante significa para las fuerzas sociales transformadoras contar con un importante instrumento poltico para impulsar integralmente la transformacin social.

Sin embargo, vale reiterarlo, no hay mtodos que garanticen resultados. Ni la toma del poder, ni la participacin electoral, ni el llegar a ser gobierno provincial o nacional constituyen per se vas de cambios raizales revolucionarios.

La transformacin social es un caminar abierto, lleno de incertidumbres y obstculos, que tiene una trinchera de posibilidades para avanzar en aras de la nueva civilizacin: la (auto)construccin del sujeto revolucionario colectivo.

El lugar y papel protagnico de los actores sociopolticos en aras de ello es indeclinable en todas las dimensiones, tiempos y tareas del proceso poltico transformador. Articuladamente con ello se van definiendo los caminos, los mtodos y los instrumentos a emplear, los que hay que crear, etctera. La transicin a otra sociedad reclama, adems, la articulacin de los procesos locales, nacionales y/o regionales con el trnsito global hacia un mundo diferente.

Formar una nueva cultura, como la socialista, por ejemplo, no implica solo luchar contra el capitalismo anterior, contra los rezagos y lastres del pasado, sino tambin dar cuenta de la influencia del capitalismo contemporneo y sus modos de accin mundialmente contaminantes y contagiosos. La construccin de hombres y mujeres nuevos, la construccin de una nueva civilizacin, de un nuevo modo de vida (humanidad-naturaleza), es a la vez que un empeo local parte de un proceso transformador universal, que tiene su centro en la conformacin de un sujeto revolucionario global, expresin de una humanidad que conscientemente , quiera vivir de un modo diferente al hasta ahora creado e impuesto por el capital, y se decida a construirlo y sostenerlo

Los avances se producen en primera instancia y generalmente, en el mbito de un pas o de varios, pero hay que destacar que estos van construyendo consensos regionales e internacionales, en temticas civilizatorias que defienden la vida, interarticulando diversos procesos sociotransformadores [1]. En Indo-afro-latinoamrica se abren hoy grandes oportunidades para ello, dada la madurez convergente de amplios y maduros movimientos sociales urbanos y rurales y movimientos indgenas y la coincidencia histrica de gobiernos como los de Venezuela, Bolivia, Ecuador, Cuba, Brasil, Nicaragua, El Salvador, Uruguay, entre otros. Esta realidad emerge de la acumulacin de resistencias y luchas de los pueblos, y marca el predominio de la tendencia transformadora que se abre paso en medio (a travs) de las luchas y construcciones sociales con oportunas intervenciones de las casualidades.

Protagonismo y responsabilidades polticas de los movimientos sociales

La madurez alcanzada por los movimientos indgenas y sociales en aos de resistencias y luchas sociales, ha resultado incrementada por la experiencia que viven aquellos que han constituido gobiernos y conjugan sus actividades polticas y sociales en aras de profundizar procesos populares colectivos de construccin de poder propio desde abajo en simultnea disputa con el poder del capital.

Esta situacin ubica el debate de los movimientos sociales en una dimensin cualitativamente diferente de la hasta ahora experimentada: se trata de hacerse cargo de lo que ellos mismos han construido, se trata de asumirse tambin como parte de los gobiernos y cogobernar. No es polticamente vlido resistir, luchar, voltear y poner gobiernos si luego no se asume (o no se puede asumir) la responsabilidad de (co)gobernar, con autonoma, [4] pero articulados a sus representantes, para participar en la toma de decisiones, en el control de la gestin pblica y para llevar propuestas propias construidas desde abajo por los de abajo. Se trata de transformar radicalmente tambin las instituciones y su papel en la sociedad y viceversa, y en esto, como en todo, los movimientos sociales, los pueblos todos, tienen que involucrarse.

Ya no basta con las resistencias y las luchas antineoliberales, no basta con sobrevivir; es vital superar la defensiva, erigirse (construirse) en sujetos protagonistas de su historia. Esto supone dar cuenta de la nueva realidad sociopoltica, de sus caractersticas y dimensiones, sus tareas y sus nuevos desafos. Estos implican para los movimientos indgenas y sociales del campo popular, moverse en un terreno histrica y polticamente desconocido hasta el presente: en el terreno de la libertad de pensar y elaborar propuestas colectivamente, de presentarlas y discutirlas mano a mano con el Ejecutivo o en los parlamentos, desarrollndose como protagonistas no ya de las luchas contra el otrora poder del Estado y el gobierno, tampoco pidiendo concesiones o satisfaccin de reclamos sectoriales o corporativos; es tiempo de transitar caminos para cambiar de raz el contenido social de los instrumentos tradicionales del Estado y el gobierno, y buscar o crear los medios para hacerlo, participando en ellos, convirtindolos en herramientas de los cambios colmndolos de participacin popular y comunitaria gestada desde abajo. En tales procesos de lucha por los cambios, en medio de ellos, es que reside la posibilidad de que los diversos actores sociales atomizados vayan encontrndose y constituyndose en actor poltico colectivo capaz de definir protagnicamente los rumbos su historia y traccionar hacia ellos los cambios.

Comprender que se trata de un proceso constituyente, es clave. Implica que no existe un ser ni un deber ser definidos a priori, que no hay sujetos, ni caminos, ni tareas, ni rumbos y resultados preestablecidos; no hay garantas ni situaciones irreversibles, se trata de una lucha constante, de apelar infatigablemente a la imaginacin, inventiva y voluntad de los actores participantes, (auto)desafiando paso a paso su voluntad para protagonizar cada vez ms integral y profundamente el proceso de cambios, proceso que abrieron sabiendo lo que no queran pero sin tener plenamente establecido lo que queran. Se trata de un proceso vivo, abierto, dinmico, contradictorio, tensionante y desafiante. Este carcter constituyente abarca e interdefine los sentidos, las dimensiones y acciones del proceso de cambios, es decir, a los sujetos mismos. Se trata en realidad de un proceso interconstituyente de poder, proyecto y sujetos. Y como todo ello se va definiendo concatenado (hilvanado) por la participacin (integral) de los actores sujetos, resulta en tal sentido, a la vez , un proceso autoconstituyente, es decir, consciente y abierto. No hay resultados ni sujetos, ni proyectos, ni poderes preconcebidos ni garantizados; todo est en juego permanentemente.

Precisamente por ello los actuales procesos democrtico-revolucionarios que se desarrollan en el continente en disputa frontal con la hegemona del poder colonial-capitalista, reclaman el creciente y renovado protagonismo de los movimientos indgenas, sociales, campesinos, de mujeres, de trabajadores, de ecologistas, pensadores populares, etctera.

Sin embargo, la ausencia de los tradicionales conflictos antigubernamentales ha creado una situacin de calma y reflujo de los movimientos, y esto es en parte tambin responsable de que los que gobiernan interpreten esta situacin de calma como una delegacin del poder de decisin de los movimientos hacia ellos, con lo cual se incentiva la casi natural tendencia cultural a decidir desde arriba que presiona administrativamente a quienes ocupan cargos gubernamentales y estatales.

Superada la sorpresa inicial que puede producir el salto de la lucha de calles a estar en el gobierno, el desafo primero es poner en marcha propuestas concretas que permitan, por un lado, fortalecer y articular a las organizaciones sociales y polticas de los pueblos y, por otro, profundizar los procesos de cuestionamiento de las medidas regresivas del neoliberalismo, frenar su implementacin y, all donde sea posible, anular su vigencia y avanzar creando y construyendo lo nuevo, incluyendo en ello, por supuesto, la profundizacin de las dimensiones y el ejercicio efectivo de la democracia desde la raz, desde abajo, por los de abajo y en funcin de los intereses colectivos.

Los primeros pasos resultan hasta ahora marcados por el desarrollo de programas de gobierno que -teniendo en cuenta la correlacin de fuerzas existente y las posibilidades de modificarla favorablemente , buscan en primer lugar consolidar la gestin gubernamental naciente, pero sin reducir a ello su accionar poltico revolucionario. La construccin de hegemona popular es vital, y ella est anudada a la profundizacin-ampliacin de la democracia heredada, simultneamente con la construccin de una democracia raizal que abra el horizonte a la participacin multidimensional de los actores sociopolticos diversos, fortaleciendo tambin su (auto)constitucin en actor colectivo, sujeto de su historia.

Romper los mitos de la cultura poltica instalada por el capital y funcional a sus intereses

En las actuales procesos de democratizacin abiertos por gobiernos populares, no basta con que los representados reclamen a los representantes, no basta con protestar, no basta con tomar distancia para seguir de cerca las gestiones de gobierno. El quemeimportismo poltico es hijo de la ideologa del aparente no-compromiso neoliberal, y en las actuales condiciones es funcional a la supervivencia de su hegemona.

Es inadmisible que en tales situaciones , los movimientos sociales, indgenas, campesinos, urbano-populares, de mujeres, etc., rechacen compartir determinadas responsabilidades y tareas polticas articuladas a acciones de gobierno esgrimiendo argumentos tales como: el temor a ser cooptados o manipulados por los gobernantes o las estructuras del poder. La pregunta correspondiente en este caso es: cooptados por quines, si el gobierno es propio? Obviamente puede haber cooptacin, acomodamiento, complacencia, etc., siempre existen tales peligros, como tambin otros. Pero la cooptacin, el acomodamiento o la complacencia responden a casos individuales, y estos al aislamiento entre representantes y representados. Pero se trata de participar colectivamente, de discutir como actores sociales y polticos, de interactuar como pueblo organizado, en tales situaciones la cooptacin o complacencia desparece como posibilidad.

En esta perspectiva, la negativa o reticencia a participar interactuando con autonoma en el proceso gubernamental, inclina la balanza de los cambios a la parlisis y retranca de los procesos abiertos. Los destinos, posibilidades y alcances de los procesos revolucionarios abiertos en el continente, los contenidos y alcances de la accin gubernamental y la participacin poltica de los movimientos sociales estn genealgicamente entrelazados. La escasa participacin autonmica (no subordinada) de los de abajo acenta las persistentes tendencias a la burocratizacin de lo poltico institucional y su paulatina sustitucin por lo administrativo superestructural y el funcionariado correspondiente, y hace de los otrora protagonistas, en el mejor de los casos marionetas de la historia manipulados todos por la hegemona del poder del capital anulndolos en su posibilidad de constituirse en sujetos capaces de crear su historia y pelear por hacerla realidad.

Este nuevo tiempo poltico abierto a los desafos sociotransformadores gestados desde abajo en las resistencias y luchas de los movimientos indgenas y sociales, demanda de ellos alzarse sobre prejuicios y dogmas para protagonizar las decisiones de hoy y llevarlas adelante, haciendo realidad las consignas del pasado y dando los pasos necesarios en aras de fortalecer el protagonismo colectivo del conjunto de actores sociales y polticos revolucionarios y del pueblo todo. Y para ello es fundamental instalar o reinstalar el trabajo poltico, la formacin (descolonizadora) y la organizacin (articulada intercultural).

Fortalecer el instrumento poltico es central.

Este puede potenciar el desarrollo de tareas polticas, culturales e ideolgicas que promuevan la participacin protagnica del conjunto de actores sociales y polticos revolucionarios, construir canales y herramientas de informacin y organizacin, abriendo canales institucionales y no institucionales para su participacin conciente, capacitada, organizada y creciente en las diversas dimensiones de la vida social.

Esto se anuda directamente con la realizacin de actividades orientadas a fortalecer el desarrollo de la conciencia poltica asumida por los actores sociopolticos, fundamentalmente, estimulando la recuperacin y reflexin crtica de sus experiencias concretas de construccin de poder propio, creando mbitos colectivos de intercambio y produccin de pensamiento crtico de sus procesos de cambios, contribuyendo efectivamente al crecimiento y fortalecimiento de la conciencia colectiva. Abrir espacios para peridicas reflexiones sobre las nuevas y cambiantes realidades resulta vital para el desarrollo poltico-cultural de los movimientos sociopolticos (y el campo popular todo).

La ideologa del cambio, como el sentido y sus definiciones estratgicas son parte del proceso social vivo, y no un dogma apriorstico establecido desde fuera de las luchas de los pueblos por alguna vanguardia partidaria que los dems tendran que asimilar. La conciencia poltica de los actores sociopolticos del pueblo se forja y crece en los procesos de resistencia, lucha y construccin de alternativas, en interdefinicin constante de los rumbos y objetivos estratgicos. Estos no vienen dados del ms all; se van construyendo (y modificando) a partir de las cotidianidades y modos de vida y experiencias de lucha y sobrevivencia diversos que existen en cada sociedad, en cada comunidad.

El debate estratgico est abierto. Y se manifiesta a travs de los actuales procesos de luchas sociales para avanzar en las definiciones, la implementacin o el perfeccionamiento de las propuestas de cambios radicales en las sociedades donde dicha disputa se est desarrollando abiertamente, construyendo simultneamente caminos que cuestionan colectivamente el actual sistema mundo a la vez que lo van rediseando ms all del dominio del capital [Mszros].

Isabel Rauber. Doctora en Filosofa. Directora de la Revista Pasado y Presente XXI. Profesora de la Universidad Nacional de Lans. Educadora popular. Estudiosa de los procesos polticos de los movimientos sociales e indgenas de indo-afro-latinoamrica. www.isabelrauber.blogspot.com; e-mail: [email protected]

Notas:

[1] Un ejemplo de ello fue la Cumbre de la tierra en defensa de la vida, realizada en Cochabamba en abril del ao 2010.

[2] Para el concepto autonoma puede consultarse: Rauber, Isabel. 2000. Construccin de poder desde abajo. Claves para una nueva estrategia. CIPROS. Sto Dgo. Tambin: www.pasadoypresente21.org.ar

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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