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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-03-2011

Alegato de un montonero residual

Jos Steinsleger
La Jornada


Ciudad de Mxico, cantina La Castellana (avenida Insurgentes y Antonio Caso), diciembre de 1974. Soy de la Ciudad de Astengo y de Echesortu y Casas / cuna del.

El viejo alz el vaso de caf con leche (as le llamaba al gisqui) y complet la cuarteta: cuna del honorable Benvenuto / ciudad donde se funden dos mil razas / pero ningn gringo bruto jams se fundi.

La evocacin de Rosario lo llen de nostalgia, y bautiz mi amistad con Rodolfo Puiggrs, uno de los intelectuales ms queridos y respetados de la UNAM y Amrica Latina. Un ao despus, me invit a integrar el Comit de Solidaridad con el Pueblo Argentino (Cospa).

Puiggrs falleci en La Habana, el 12 de noviembre de 1980. Da nefasto en el que tambin se apagaron las vidas de sus amigos Mario Zapata (periodista republicano espaol exiliado en Mxico) y el peruano Genaro Carnero Checa, fundador de la Federacin Latinoamericana de Periodistas.

Apenas cuatro meses antes, en Managua, haba platicado por ltima vez con el ex rector de la Universidad Nacional y Popular de Buenos Aires (29/05-2/10/1973) y miembro del Consejo Superior del Peronismo Montonero (1977-83). A sus 74 aos, estaba como siempre: lcido, enhiesto, optimista.

En qu fuentes se apoy el acadmico argentino Omar Acha para afirmar que durante su internacin Puiggrs comenz a alucinar: llamaba al perrito de Sergio (su hijo, oficial montonero cado en combate en 1976), hablaba de ste y de Adriana (La nacin futura: Rodolfo Puiggrs en las encrucijadas argentinas del siglo XX. Eudeba, 2006).

Buenos Aires, diciembre de 2010. Con ansiedad, un joven militante me pregunta a quemarropa:

Che es verdad que Montoneros embalsam en Cuba el cadver de Puiggrs, y lo someti en Mxico a rituales polticos?

De qu mierda habls?

El joven tom un libro de su portafolios, y ley la contraportada: Un da de 1987, en el cementerio de Mxico DF, Adriana Puiggrs se percat, no sin asombro y dolor, de que su padre, Rodolfo, muerto en 1980, haba sido embalsamado por un grupo poltico residual (sic), sin consulta previa a la familia, y cumpliendo as con un ritual que eslabona la inexplicable pasin necroflica, ya consuetudinaria en la historia argentina.

En mi cabeza saltaron las fuertes imgenes de la insidiosa (y a un tiempo excelente) novela de Toms Eloy Martnez:

Ests leyendo la segunda parte de Santa Evita?

El joven mostr la portada del libro Rodolfo Puiggrs. Retrato familiar de un intelectual militante (Taurus, Buenos Aires, 2010). Y ley otro prrafo:

Qu articulacin perversa permiti que el cuerpo de mi padre, crtico acrrimo de la burocracia sovitica, fuera tratado con tcnicas cubanas herederas de las que aplic el patlogo Alexei Ivanovich Abrikosovun al cuerpo de Lenin por orden de Stalin? (p. 27).

Cuernavaca, febrero 2011. Gran parte de los revolucionarios nacidos en la primera mitad del siglo pasado tuvieron hijos que, en algn tramo de sus vidas, endosaron a sus progenitores las desquiciantes consecuencias del compromiso poltico en el mbito familiar.

Derrota moral o poltica? Si ambas son iguales, nada restara por aadir. Pero Rodolfo deca: caer nueve veces, levantarse 10. Y la historia le dio la razn: esa nueva generacin de jvenes argentinos, sus nietos, gestores de la victoria moral y poltica sobre sus enemigos.

Es sabido que, con el tiempo, la interpretacin del pasado individual o colectivo le presta alas a la imaginacin. El propio autor de Santa Evita lo admiti, cuando fue emplazado por sus lectores. Sin embargo, con la ayuda de documentos oficiales podemos separar la paja del trigo.

Acabo de leer, por ejemplo, un escrito de Alberto Osvaldo Carmena (doctor honoris causa de varias universidades latinoamericanas, ex investigador de la NASA y multipremiado mdico argentino), donde explica las reglamentaciones sanitarias previstas por la Organizacin Mundial de la Salud y la Organizacin Panamericana de la Salud, para el traslado de un cadver.

Explicacin pertinente, pues en su retrato familiar Adriana ech mano del recuerdo de un nio de 12 aos que asisti al funeral de su padre en Mxico: y me qued grabado para siempre porque era una cosa rarsima, y a todo el mundo pregunt: se sueldan con autgena las cajas de muertos? (p. 13).

El doctor Carmena aclara: El cadver de Puiggrs fue colocado dentro de otro de madera y lacrado y sellado por la embajada de los Estados Unidos Mexicanos. Y aade: la certificacin del director del Instituto de Medicina Legal de Cuba: (el cuerpo) ha sido embalsamado por tcnicos del Departamento de Tanatologa del instituto. Se acompaa el certificado de defuncin firmado por la doctora Alina Valds, del hospital Ciro Garca Reyes.

Aguantando la indignacin, y asumiendo con humor su condicin de montonero residual, el doctor Carmena (80 aos), cierra el documento con una peticin: Sirva este escrito para que no se tergiverse lo ocurrido. No fue ninguna actitud necroflica de quienes como las autoridades sanitarias de Cuba y Mxico, slo respetaron la legislacin internacional.

Para Delia C. de Puiggrs.

Fuente original: http://www.jornada.unam.mx/2011/03/09/index.php?section=opinion&article=027a2pol



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