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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-03-2011

Luces y sombras sobre Libia

Txente Rekondo
Rebelin


Libia lleva semanas situada en el centro del huracn meditico y de las maniobras geoestratgicas de diferentes actores. Las protestas que comenzaron al hilo de lo que sucedi en Tnez o Egipto han ido derivando hasta escenificar una fotografa donde confluyen diferentes intereses.

Una cosa que parece que ha quedado bastante clara, ms all de la complejidad que a da de hoy se vive en torno a Libia, es que este estado no es una copia del Tnez de Ben Al ni del Egipto de Mubarak, y qu decir si buscamos falsos paralelismos con otras realidades como Yemen, o las monarquas cleptcratas del Golfo. En todos estos casos nos encontramos con unos sistemas que obedecen a los intereses de Occidente y que colaboran estratgicamente con EEUU o la Unin Europea. El caso de Gaddafi, a pesar de los acuerdos que en materia de petrleo o emigracin mantienen con las cancilleras europeas, es bien diferente.

Durante mucho tiempo, la figura del dirigente libio ha sido presentada como la de un qaid (un lder musulmn), que hbilmente ha sabido conjugar la retrica revolucionaria con una lectura sui generis del islamismo, manteniendo al mismo tiempo una postura de enfrentamiento ante las pretensiones colonialistas de algunas potencias occidentales. Sin embargo, y a pesar de los logros domsticos (en materia de educacin y vivienda), la deriva de los ltimos aos ha contrarrestado buena parte de eso avances, y adems, en materia exterior, tambin ha dado un importante giro, que le ha permitido, tal vez ingenuamente, desaparecer de la lista negra de EEUU y sus aliados europeos.

As, las cifras de desempleo han ido aumentado junto a la frustracin de importantes sectores sociales libios, a ellos se ha aadido las dificultades en materia de vivienda, junto a las expropiaciones y proyectos que han beneficiado a los grupos que se mueven en torno a la floreciente industria del turismo y que cada da estn ms ligados a las tramas de corrupcin que tambin se presentan en la regin.

A la hora de intentar acercarnos a lo que acontece en Libia se ha ce necesario abordar algunos actores y factores que pueden facilitar la comprensin de aquella realidad.

La llamada oposicin. Intentar presentar una imagen compacta y homognea de la oposicin al gobierno libio es imposible, y de hacerlo probablemente estara ligado a la existencia de intereses determinados. A da de hoy, en ese campo nos encontramos con un abanico de posturas, movimiento e ideologas, con poco peso en su mayor parte dentro de Libia y cada uno de ellos con su propia agenda. En ese sentido, lo que une a los portavoces de grupos de exiliados, islamistas, antiguos militares, baazistas, socialistas, liberales, es la demanda de acabar con el rgimen de Gaddafi, o tan slo con la figura del mismo, algo adems que puede coincidir tambin con los deseos occidentales de cambiar algo para que nada cambie, tal y como hemos visto en los estados vecinos.

En estas ltimas semanas a ese espectro opositor se han unido militares y diplomticos que han abandonado sus cargos y responsabilidades oficiales para unirse a la rebelin. En algunos casos lo han hecho convencidos de la necesidad del cambio que propugnan, pero otros muchos han decidido dar ese paso en busca de un trozo ms grande de la tarta del poder. Personas que hasta la vspera han sido parte del engranaje del poder libio, han querido aprovechar las demandas populares, y sobre todo el posible apoyo de Occidente, para situarse en una privilegiada situacin de cara a un hipottico escenario sin Gaddafi.

El sistema tribal. Al igual que ocurre en otras sociedades, el peso tribal es determinante para entender la estructuracin y el poder en algunos estados. Yemen, Asia Central, Afganistn, y Libia son un buen ejemplo de ello. Histricamente las tribus libias (ms de 140 tribus y clanes) han tenido importantes cuotas de poder, sobre todo antes de la independencia de 1951, pero tambin durante el rgimen monrquico posterior. El triunfo de la revolucin de los sesenta vino acompaado de una nueva poltica impulsada por Gaddafi que intentar contrarrestar ese poder y reforzar el nuevo estado libio.

El complejo sistema que abarca tribus, subtribus, clanes y familias, logra en muchas ocasiones que las fidelidades y relaciones dentro de las mismas primen sobre su adhesin al estado central. De ah tambin que la presencia en cargos de poder (civiles o militares) sea visto en ocasiones como un apoyo a una u otro tribu, generando tambin los consiguientes recelos entre las que se consideran perjudicadas.

El propio Gaddafi ha sabido, o al menos lo ha intentado, mantener un cierto equilibrio a la hora de estructuras la presencia tribal en las estructuras estatales, pero no ha impedido que las desconfianzas perduren. Las actuales lealtades de las tribus libias hacia unos u otros, evidentemente, guarda relacin directa con las expectativas que puedan generarse para el futuro escenario libio.

A da de hoy, algunas ya se han decantado por uno u otro bando. As, en el este, las tribus Abu Llail y Misurata, con una importante presencia en la regin y sobre todo en Benghazi se sitan frente a Gaddafi, quien a su vez cuenta con el apoyo de la tribu Al-Awaqir, que siempre ha tenido un importante peso en la realidad libia.

En el oeste, la mayor tribu del pas, Warfalla, ha decidido abandonar al Gaddafi, a quien ha apoyado en las ltimas dcadas. Por su parte la tribu del dirigente libio, Qadhafah sigue mostrando su adhesin a ste. Por ltimo, un importante nmero de tribus todava no se han posicionado, esperando el discurrir de los acontecimientos, probablemente para acabar apostando por el caballo ganador, Magariha y Zawiya son dos ejemplos.

Las disputas dentro del rgimen. En ocasiones se ha pretendido presentar las disputas internas en torno al gobierno libio como una fuente ms de importantes fisuras. En ese sentido los intereses occidentales para debilitar a Gaddafi han confluido con la extensin de esas versiones.

No obstante, en los ltimos aos s han tenido lugar algunos pulsos entre sectores del entorno del dirigente libio para lograr ms poder. Las pugnas sucesorias entre varios de sus hijos, que algunos presentan como un enfrentamiento entre supuestas posturas reformistas y conservadoras segn se trate de uno u otro de sus hijos; las diferencias entre Saif Al-Islam y algunos ministros de la vieja guardia, e incluso las discrepancias entre los hijos y el propio dirigente libio, son ejemplos que han ido apareciendo en la prensa en los ltimos aos.

Algunas fuentes apuntan que probablemente uno de los mayores riesgos para Gaddafi puede presentarse desde dentro de su propia estructura de poder. Los deseos de acaparar ms protagonismo y poder, como hemos visto con las recientes deserciones de militares y diplomticos, podra contagiarse y poner en serios aprietos al dirigente libio.

Los actores extranjeros. Estados Unidos y sus aliados occidentales han apostado claramente por la desestabilizacin de Libia, para poder materializar un cambio de rgimen que sirva a sus intereses.

Desde hace muchos aos esos actores han buscado el cambio en Libia, y en ese sentido conviene recordar la inclusin de ese estado en la famosa lista negra, junto a Iraq, Sudn, Somalia, Siria, Afganistn Lbano, Irn o Siria. Y si nos detenemos a mirarla, podemos observar como en la mayora de ellas esaalianza occidental ha intervenido de diferentes maneras, y en la mayora de los caos el resultado ha sido negativo para las poblaciones locales, ya que muchas de ellas han sido empujadas a un escenario de caos y violencia.

Ahora que esos mismos protagonistas pretenden recuperar los viejos discursos intervencionistas (exclusin area, ayuda humanitaria), cabra interpelarles por su participacin directa va venta de armamento (el mismo que supuestamente estara empleando Gaddafi para contrarrestar la rebelin, y que en su mayor parte proceden de empresas occidentales, algunas con importantes lazos con sus respectivos gobiernos. O incluso por las armas que estaran poniendo en manos de los rebeldes libios, y que de cara al futuro podra situarnos ante una Libia plagada de armas sin control.

Los intereses, en materia energtica o de emigracin, han sido determinantes a la hora de entender la postura de Occidente y los deseos de una nueva Libia que al igual que sus estados vecinos, se someta a los designios de Washington o Bruselas. El gobierno de Gaddafi no ha sido impedimento para los acuerdos de gas y petrleo que Italia, Irlanda, Austria, Francia o Grecia tienen firmados con Trpoli, pero un rgimen colaboracionista en Libia sera la frmula ideal para esos pases.

Tampoco conviene olvidar los calurosos recibimientos que el propio Gaddafi ha recibido por parte de los mandatarios occidentales en los ltimos aos. Hilary Clinton hace dos aos expres su bienvenida a Gaddafi, resaltando el valor de las relaciones entre ambos pases, todo ello en lnea con los intereses citados anteriormente, y muy alejado todo ello de la supuesta defensa de las libertades y la democracia que ahora parece querer abanderar la alianza de EE.UU. y UE contra Libia.

Los medios de comunicacin. En ocasiones utilizados y en otras ocultando su desconocimiento, o incluso sirviendo interesadamente a unos u otros, buena parte de los medios de comunicacin estn tambin desempeando su propio papel. Desde corresponsales que desde cientos de kilmetros de distancia comentan realidades en base a supuestos o a informaciones sesgadas, hasta noticias que hablan de los bombardeos de la aviacin de Gaddafi contra las casa de una poblacin (sin mostrar imgenes), y una lneas ms abajo describen la existencia de supuestos francotiradores de Gaddafi tambin, en los tejados de esas mismas casas!!!

El manto de silencio que esos mismos protagonistas han desplegado en torno a Tnez o Egipto, la condescendencia que muchos de ellos muestran ante las monarquas del Golfo son factores a tener en cuenta tambin a la hora de valorar la aportacin meditica en relacin a Libia.

En este sentido, otro protagonista que est siendo objeto de crticas locales es Al Jazeera, la cadena que ha protagonizado buena parte de las noticias del mundo rabe y musulmn en el pasado, y que ha permitido que esas sociedades tengan una visin diferente de la que hasta entonces reciba desde cadenas occidentales. Algunos analistas remarcan el papel que este medio, ligado al emir de Qatar, estara desempeando en las ltimas semanas. El fro tratamiento de las revueltas en el Golfo, o la cobertura de lo que ocurre en Libia es objeto de las crticas que ponen en cuestin el papel que hasta ahora ha desempeado.

El futuro escenario. Es difcil predecir a da de hoy el desenlace de los acontecimientos en Libia, pero sea cual sea el mismo, las cosas no volvern a ser igual que en el pasado. El escenario de una guerra civil parece obedecer ms a los intereses de las potencias occidentales, para justificar su intervencin, que la realidad libia. Geogrficamente y socialmente es poco probable que nos encontremos ante una situacin similar a la que se viven en otros conflictos en el continente africano, y la incidencia del islamismo jihadista tambin es una incgnita dentro del mismo.

En el pasado, tanto los Hermanos Musulmanes como los movimientos radicales han sido casi borrados del mapa por las fuerzas de Gaddafi, y a da de hoy no se muestran en primera lnea. No obstante, no habra que menospreciar la capacidad de estas fuerzas para convertirse en un importante actor en el futuro, en funcin del desarrollo de los acontecimientos. Adems, si finalmente se produce la intervencin militar extranjera, el caos que le seguira s que sera un campo abonado para las franquicias de al Qaeda en la regin, como se ha visto en Somalia hace poco tiempo.

Como bien sealan los analistas locales, una guerra civil basada en las diferencias tnicas, regionales o tribales, no est en el horizonte, el nico riesgo que puede materializar esa situacin vendra de la mano de una alianza entre los intereses de figuras importantes que han abandonado el rgimen recientemente y los gobiernos extranjeros.

Si finalmente Gaddafi logra controlar la rebelin puede que convine la represin contra los rebeldes con medidas reformistas, de cara a maquillar la situacin frente a las demandas occidentales. Y habr que ver tambin, en ese caso la respuesta que algunos gobiernos occidentales, tras su apuesta por el derrocamiento del actual rgimen, reciben por parte del propio Gaddafi.

Y si la rebelin acaba triunfando, no parece muy probable que nos encontremos ante un cambio estructural de calado, sino ms bien ante el relevo en la cpula del poder, eso s, con el apoyo extranjero antes mencionado.

Nadie duda que buena parte de las demandas de la sociedad libia sean legtimas, pero al mismo tiempo nadie puede ser tan ingenuo de pensar que las recientes movilizaciones no cuentan con el respaldo material y tcito de las potencias occidentales, que con armas y otras medidas buscan un cambio de rgimen favorable a apuntalar sus intereses en Libia y en el conjunto de la regin.

TXENTE REKONDO.- Gabinete Vasco de Anlisis Internacional (GAIN)

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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