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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-03-2011

Carta Primera del Subcomandante Insurgente Marcos a Don Luis Villoro
Apuntes sobre las guerras, inicio del intercambio epistolar sobre tica y Poltica

Subcomandante Insurgente Marcos
Rebelin


EJRCITO ZAPATISTA DE LIBERACIN NACIONAL MXICO.

Enero-Febrero del 2011.

Para: Don Luis Villoro. De: Subcomandante Insurgente Marcos.

Doctor, saludos.

Esperamos de veras que se encuentre mejor de salud y que tome estas lneas no slo como vaivn de ideas, tambin como un abrazo carioso del todo que somos.

Le agradecemos el haber aceptado participar como corresponsal en este intercambio epistolar. Esperamos que de l surjan reflexiones que nos ayuden, all y ac, a tratar de entender el calendario que padece nuestra geografa, es decir, nuestro Mxico.

Permtame iniciar con una especie de esbozo. Se trata de ideas, fragmentadas como nuestra realidad, que pueden seguir su camino independiente o irse enlazando como una trenza (que es la mejor imagen que he encontrado para dibujar nuestro proceso de reflexin terica), y que son producto de nuestra inquietud sobre lo que ocurre actualmente en Mxico y en el mundo.

Y aqu inician estos apuntes apresurados sobre algunos temas, todos ellos relacionados con la tica y la poltica. O ms bien sobre lo que nosotros alcanzamos a percibir (y a padecer) de ellos, y sobre las resistencias en general, y nuestra resistencia particular. Como es de esperar, en estos apuntes, el esquematismo y la reduccin reinarn, pero creo que alcanzan para dibujar una o muchas lneas de discusin, de dilogo, de reflexin crtica.

Y de esto es precisamente de lo que se trata, de que la palabra vaya y venga, sorteando retenes y patrullajes militares y policacos, de nuestro ac hasta su all, aunque luego pasa que la palabra se va para otros lados y no importa si alguien la recoge y la lanza de nuevo (que para eso son las palabras y las ideas).

Aunque el tema en el que nos hemos puesto de acuerdo es el de Poltica y tica, tal vez son necesarios algunos rodeos o, ms mejor, aproximaciones desde puntos aparentemente distantes.

Y, puesto que se trata de reflexiones tericas, habr que empezar por la realidad, por lo que los detectives llaman los hechos.

En Escndalo en Bohemia, de Arthur Conan Doyle, el detective Sherlock Holmes le dice a su amigo, el Doctor Watson: Es un error capital teorizar antes de tener datos. Sin darse cuenta, uno empieza a deformar los hechos para que se ajusten a las teoras, en lugar de ajustar las teoras a los hechos.

Podramos empezar entonces por una descripcin, apresurada e incompleta, de lo que la realidad nos presenta de la misma forma, es decir, sin anestesia alguna, y recabar algunos datos. Algo as como intentar reconstruir no slo los hechos sino la forma en la que tomamos conocimiento de ellos.

Y lo primero que aparece en la realidad de nuestro calendario y geografa es una antigua conocida de los pueblos originarios de Mxico: La Guerra. I.- LAS GUERRAS DE ARRIBA.

Y en el principio fueron las estatuas.

As podra iniciar un ensayo historiogrfico sobre la guerra, o una reflexin filosfica sobre la real paridora de la historia moderna. Porque la estatuas blicas esconden ms de lo que muestran. Erigidas para cantar en piedra la memoria de victorias militares, no hacen sino ocultar el horror, la destruccin y la muerte de toda guerra. Y las ptreas figuras de diosas o ngeles coronados con el laurel de la victoria no slo sirven para que el vencedor tenga memoria de su xito, tambin para forjar la desmemoria en el vencido.

Pero en la actualidad esos espejos rocosos se encuentran en desuso. Adems de ser sepultados cotidianamente por la crtica implacable de aves de todo tipo, han encontrado en los medios masivos de comunicacin un competidor insuperable.

La estatua de Hussein, derribada en Bagdad durante la invasin norteamericana a Irak, no fue sustituida por una de George Bush, sino por los promocionales de las grandes firmas trasnacionales. Aunque el rostro bobo del entonces presidente de Estados Unidos bien poda servir para promover comida chatarra, las multinacionales prefirieron autoerigirse el homenaje de un nuevo mercado conquistado. Al negocio de la destruccin, sigui el negocio de la reconstruccin. Y, aunque las bajas en las tropas norteamericanas siguen, lo importante es el dinero que va y viene como debe ser: con fluidez y en abundancia.

La cada de la estatua de Saddam Hussein no es el smbolo de la victoria de la fuerza militar multinacional que invadi Irak. El smbolo est en el alza en las acciones de las firmas patrocinadoras.

En el pasado fueron las estatuas, ahora son las bolsas de valores.

As podra seguir la historiografa moderna de la guerra.

Pero la realidad de la historia (ese catico horror mirado cada vez menos y con ms asepsia), compromete, pide cuentas, exige consecuencias, demanda. Una mirada honesta y un anlisis crtico podran identificar las piezas del rompecabezas y entonces escuchar, como un estruendo macabro, la sentencia:

En el principio fue la guerra.

La Legitimacin de la Barbarie.

Quiz, en algn momento de la historia de la humanidad, el aspecto material, fsico, de una guerra fue lo determinante. Pero, al avanzar la pesada y torpe rueda de la historia, eso no bast. As como las estatuas sirvieron para el recuerdo del vencedor y la desmemoria del vencido, en las guerras los contendientes necesitaron no slo derrotar fsicamente al contrario, sino tambin hacerse de una coartada propagandstica, es decir, de legitimidad. Derrotarlo moralmente.

En algn momento de la historia fue la religin la que otorg ese certificado de legitimidad a la dominacin guerrera (aunque algunas de las ltimas guerras modernas no parecen haber avanzado mucho en ese sentido)- Pero luego fue necesario un pensamiento ms elaborado y la filosofa entr al relevo.

Recuerdo ahora unas palabras suyas: La filosofa siempre ha tenido una relacin ambivalente con el poder social y poltico. Por una parte, tom la sucesin de la religin como justificadora terica de la dominacin. Todo poder constituido ha tratado de legitimarse, primero en una creencia religiosa, despus en una doctrina filosfica. () Tal parece que la fuerza bruta que sustenta al dominio carecera de sentido para el hombre si no se justificara en un fin aceptable. El discurso filosfico, a la releva de la religin, ha estado encargado de otorgarle ese sentido; es un pensamiento de dominio. (Luis Villoro. Filosofa y Dominio. Discurso de ingreso al Colegio Nacional. Noviembre de 1978).

En efecto, en la historia moderna esa coartada poda llegar a ser tan elaborada como una justificacin filosfica o jurdica (los ejemplos ms patticos los ha dado la Organizacin de las Naciones Unidas, ONU). Pero lo fundamental era, y es, hacerse de una justificacin meditica.

Si cierta filosofa (siguindolo, Don Luis: el pensamiento de dominio en contraposicin al pensamiento de liberacin) relev a la religin en esa tarea de legitimacin, ahora los medios masivos de comunicacin han relevado a la filosofa.

Alguien recuerda que la justificacin de la fuerza armada multinacional para invadir Irak era que el rgimen de Saddam Hussein posea armas de destruccin masiva? Sobre eso se construy un gigantesco andamiaje meditico que fue el combustible para una guerra que no ha terminado an, al menos en trminos militares. Alguien recuerda que nunca se encontraron tales armas de destruccin masiva? Ya no importa si fue mentira, si hubo (y hay) horror, destruccin y muerte, perpetrados con una coartada falsa.

Cuentan que, para declarar la victoria militar en Irak, George W. Bush no esper los informes de que se haban encontrado y destruido esas armas, ni la confirmacin de que la fuerza multinacional controlaba ya, si no todo el territorio iraqu, s al menos sus puntos nodales (la fuerza militar norteamericana se encontraba atrincherada en la llamada zona verde y ni siquiera poda aventurarse a salir a los barrios vecinos vanse los estupendos reportajes de Robert Fisk para el peridico britnico The Independent-).

No, el informe que recibi Washington y le permiti dar por terminada la guerra (que por cierto no termina an), lleg de los consultores de las grandes trasnacionales: el negocio de la destruccin puede dar paso al negocio de la reconstruccin (sobre esto vanse los brillantes artculos de Naomi Klein en el semanario estadounidense The Nation, y su libro La Doctrina del Shock).

As, lo esencial en la guerra no es slo la fuerza fsica (o material), tambin es necesaria la fuerza moral que, en estos casos, es proporcionada por los medios masivos de comunicacin (como antes por la religin y la filosofa).

La Geografa de la Guerra Moderna.

Si el aspecto fsico lo referimos a un ejrcito, es decir, a una organizacin armada, mientras ms fuerte es (es decir, mientras ms poder de destruccin posee), ms posibilidades de xito tiene.

Si es el aspecto moral referido a un organismo armado, mientras ms legtima es la causa que lo anima (es decir, mientras ms poder de convocatoria tiene), entonces mayores son las posibilidades de conseguir sus objetivos.

El concepto de guerra se ampli: se trataba de no slo de destruir al enemigo en su capacidad fsica de combate (soldados y armamento) para imponer la voluntad propia, tambin era posible destruir su capacidad moral de combate, aunque tuviera an suficiente capacidad fsica.

Si las guerras se pudieran poner nicamente en el terreno militar (fsico, ya que en esa referencia estamos), es lgico esperar que la organizacin armada con mayor poder de destruccin imponga su voluntad al contrario (tal es el objetivo del choque entre fuerzas) destruyendo su capacidad material de combate.

Pero ya no es posible ubicar ningn conflicto en el terreno meramente fsico. Cada vez ms es ms complicado el terreno en el que las guerras (chicas o grandes, regulares o irregulares, de baja, mediana o alta intensidad, mundiales, regionales o locales) se realizan.

Detrs de esa gran e ignorada guerra mundial (guerra fra es como la llama la historiografa moderna, nosotros la llamamos la tercera guerra mundial), se puede encontrar una sentencia histrica que marcar las guerras por venir.

La posibilidad de una guerra nuclear (llevada al lmite por la carrera armamentista que consista, grosso modo, en cuntas veces se era capaz de destruir el mundo) abri la posibilidad de otro final de un conflicto blico: el resultado de un choque armado poda no ser la imposicin de la voluntad de uno de los contrincantes sobre el otro, sino que poda suponer la anulacin de las voluntades en pugna, es decir, de su capacidad material de combate. Y por anulacin me refiero no slo a incapacidad de accin (un empate pues), tambin (y sobre todo) a desaparicin.

En efecto, los clculos geomilitares nos decan que en una guerra nuclear no habra vencedores ni vencidos. Y ms an, no habra nada. La destruccin sera tan total e irreversible que la civilizacin humana dejara su paso a la de las cucarachas.

El argumento recurrente en las altas esferas militares de las potencias de la poca era que las armas nucleares no eran para pelear una guerra, sino para inhibirla. El concepto de armamento de contencin se tradujo entonces al ms diplomtico de elementos de disuasin.

Reduciendo: la doctrina moderna militar se sintetizaba en: impedir que el contrario imponga su voluntad mayor (o estratgica), equivale a imponer la propia voluntad mayor (estratgica), es decir, desplazar las grandes guerras hacia las pequeas o medianas guerras. Ya no se trataba de destruir la capacidad fsica y/o moral de combate del enemigo, sino de evitar que la empleara en un enfrentamiento directo. En cambio, se buscaba redefinir los teatros de la guerra (y la capacidad fsica de combate) de lo mundial a lo regional y local. En suma: diplomacia pacfica internacional y guerras regionales y nacionales.

Resultado: no hubo guerra nuclear (al menos todava no, aunque la estupidez del capital es tan grande como su ambicin), pero en su lugar hubo innumerables conflictos de todos los niveles que arrojaron millones de muertos, millones de desplazados de guerra, millones de toneladas mtricas de material destruido, economas arrasadas, naciones destruidas, sistemas polticos hechos aicos y millones de dlares de ganancia.

Pero la sentencia estaba dada para las guerras ms modernas o posmodernas: son posibles conflictos militares que, por su naturaleza, sean irresolubles en trminos de fuerza fsica, es decir, en imponer por la fuerza la voluntad al contrario.

Podramos suponer entonces que se inici una lucha paralela SUPERIOR a las guerras convencionales. Una lucha por imponer una voluntad sobre la otra: la lucha del poderoso militarmente (o fsicamente para poder transitar al microcosmos humano) por evitar que las guerras se libraran en terrenos donde no se pudieran tener resultados convencionales (del tipo el ejrcito mejor equipado, entrenado y organizado ser potencialmente victorioso sobre el ejrcito peor equipado, entrenado y organizado). Podramos suponer, entonces, que en su contra est la lucha del dbil militarmente (o fsicamente) por hacer que las guerras se libraran en terrenos donde el podero militar no fuera el determinante.

Las guerras ms modernas o posmodernas no son, entonces, las que ponen en el terreno armas ms sofisticadas (y aqu incluyo no slo a las armas como tcnica militar, tambin las tomadas como tales en los organigramas militares: el arma de infantera, el de caballera, el arma blindada, etc.), sino las que son llevadas a terrenos donde la calidad y cantidad del poder militar no es el factor determinante.

Con siglos de retraso, la teora militar de arriba descubra que, as las cosas, seran posibles conflictos en los que un contrincante abrumadoramente superior en trminos militares fuera incapaz de imponer su voluntad a un rival dbil.

S, son posibles.

Ejemplos en la historia moderna sobran, y las que ahora me vienen a la memoria son de derrotas de la mayor potencia blica en el mundo, los Estados Unidos de Amrica, en Vietnam y en Playa Girn. Aunque se podran agregar algunos ejemplos de calendarios pasados y de nuestra geografa: las derrotas del ejrcito realista espaol por las fuerzas insurgentes en el Mxico de hace 200 aos.

Sin embargo, la guerra est ah y sigue ah su cuestin central: la destruccin fsica y/o moral del oponente para imponer la voluntad propia, sigue siendo el fundamento de la guerra de arriba.

Entonces, si la fuerza militar (o fsica, reitero) no slo no es relevante sino que se puede prescindir de ella como variable determinante en la decisin final, tenemos que en el conflicto blico entran otras variables o algunas de las presentes como secundarias pasan a primer plano.

Esto no es nuevo. El concepto de guerra total (aunque no como tal) tiene antecedentes y ejemplos. La guerra por todos los medios (militares, econmicos, polticos, religiosos, ideolgicos, diplomticos, sociales y an ecolgicos) es el sinnimo de guerra moderna.

Pero falta lo fundamental: la conquista de un territorio. Es decir, que esa voluntad se impone en un calendario preciso s, pero sobre todo en una geografa delimitada. Si no hay un territorio conquistado, es decir, bajo control directo o indirecto de la fuerza vencedora, no hay victoria.

Aunque se puede hablar de guerras econmicas (como el bloqueo que el gobierno norteamericano mantiene contra la Repblica de Cuba) o de aspectos econmicos, religiosos, ideolgicos, raciales, etc., de una guerra, el objetivo sigue siendo el mismo. Y en la poca actual, la voluntad que trata de imponer el capitalismo es destruir/despoblar y reconstruir/reordenar el territorio conquistado.

S, las guerras ahora no se conforman con conquistar un territorio y recibir tributo de la fuerza vencida. En la etapa actual del capitalismo es preciso destruir el territorio conquistado y despoblarlo, es decir, destruir su tejido social. Hablo de la aniquilacin de todo lo que da cohesin a una sociedad.

Pero no se detiene ah la guerra de arriba. De manera simultnea a la destruccin y el despoblamiento, se opera la reconstruccin de ese territorio y el reordenamiento de su tejido social, pero ahora con otra lgica, otro mtodo, otros actores, otro objetivo. En suma: las guerras imponen una nueva geografa.

Si en una guerra internacional, este proceso complejo ocurre en la nacin conquistada y se opera desde la nacin agresora, en una guerra local o nacional o civil el territorio a destruir/despoblar y reconstruir/reordenar es comn a las fuerzas en pugna.

Es decir, la fuerza atacante victoriosa destruye y despuebla su propio territorio.

Y lo reconstruye y reordena segn su plan de conquista o reconquista.

Aunque si no tiene plan entonces alguien opera esa reconstruccin reordenamiento.

Como pueblos originarios mexicanos y como EZLN algo podemos decir sobre la guerra. Sobre todo si se libra en nuestra geografa y en este calendario: Mxico, inicios del siglo XXI II.- LA GUERRA DEL MXICO DE ARRIBA.

Yo dara la bienvenida casi a cualquier guerra porque creo que este pas necesita una. Theodore Roosevelt.

Y ahora nuestra realidad nacional es invadida por la guerra. Una guerra que no slo ya no es lejana para quienes acostumbraban verla en geografas o calendarios distantes, sino que empieza a gobernar las decisiones e indecisiones de quienes pensaron que los conflictos blicos estaban slo en noticieros y pelculas de lugares tan lejanos como Irak, Afganistn, Chiapas.

Y en todo Mxico, gracias al patrocinio de Felipe Caldern Hinojosa, no tenemos que recurrir a la geografa del Medio Oriente para reflexionar crticamente sobre la guerra. Ya no es necesario remontar el calendario hasta Vietnam, Playa Girn, siempre Palestina.

Y no menciono a Chiapas y la guerra contra las comunidades indgenas zapatistas, porque ya se sabe que no estn de moda, (para eso el gobierno del estado de Chiapas se ha gastado bastante dinero en conseguir que los medios no lo pongan en el horizonte de la guerra, sino de los avances en la produccin de biodiesel, el buen trato a los migrantes, los xitos agrcolas y otros cuentos engaabobos vendidos a consejos de redaccin que firman como propios los boletines gubernamentales pobres en redaccin y argumentos).

La irrupcin de la guerra en la vida cotidiana del Mxico actual no viene de una insurreccin, ni de movimientos independentistas o revolucionarios que se disputen su reedicin en el calendario 100 o 200 aos despus. Viene, como todas las guerras de conquista, desde arriba, desde el Poder.

Y esta guerra tiene en Felipe Caldern Hinojosa su iniciador y promotor institucional (y ahora vergonzante).

Quien se posesion de la titularidad del ejecutivo federal por la va del facto, no se content con el respaldo meditico y tuvo que recurrir a algo ms para distraer la atencin y evadir el masivo cuestionamiento a su legitimidad: la guerra.

Cuando Felipe Caldern Hinojosa hizo suya la proclama de Theodore Roosevelt (algunos adjudican la sentencia a Henry Cabot Lodge) de este pas necesita una guerra, recibi la desconfianza medrosa de los empresarios mexicanos, la entusiasta aprobacin de los altos mandos militares y el aplauso nutrido de quien realmente manda: el capital extranjero.

La crtica de esta catstrofe nacional llamada guerra contra el crimen organizado debiera completarse con un anlisis profundo de sus alentadores econmicos. No slo me refiero al antiguo axioma de que en pocas de crisis y de guerra aumenta el consumo suntuario. Tampoco slo a los sobresueldos que reciben los militares (en Chiapas, los altos mandos militares reciban, o reciben, un salario extra del 130% por estar en zona de guerra). Tambin habra que buscar en las patentes, proveedores y crditos internacionales que no estn en la llamada Iniciativa Mrida.

Si la guerra de Felipe Caldern Hinojosa (aunque se ha tratado, en vano, de endosrsela a todos los mexicanos) es un negocio (que lo es), falta responder a las preguntas de para quin o quines es negocio, y qu cifra monetaria alcanza.

Algunas estimaciones econmicas.

No es poco lo que est en juego:

(nota: las cantidades detalladas no son exactas debido a que no hay claridad en los datos gubernamentales oficiales. por lo que en algunos casos se recurri a lo publicado en el Diario Oficial de la Federacin y se complet con datos de las dependencias e informacin periodstica seria).

En los primeros 4 aos de la guerra contra el crimen organizado (2007-2010), las principales entidades gubernamentales encargadas (Secretara de la Defensa Nacional es decir: ejrcito y fuerza area-, Secretara de Marina, Procuradura General de la Repblica y Secretara de Seguridad Pblica) recibieron del Presupuesto de Egresos de la Federacin una cantidad superior a los 366 mil millones de pesos (unos 30 mil millones de dlares al tipo de cambio actual). Las 4 dependencias gubernamentales federales recibieron: en 2007 ms de 71 mil millones de pesos; en 2008 ms de 80 mil millones; en 2009 ms de 113 mil millones y en 2010 fueron ms de 102 mil millones de pesos. A esto habr que sumar los ms de 121 mil millones de pesos (unos 10 mil millones de dlares) que recibirn en este ao del 2011.

Tan slo la Secretara de Seguridad Pblica pas de recibir unos 13 mil millones de pesos de presupuesto en el 2007, a manejar uno de ms de 35 mil millones de pesos en el 2011 (tal vez es porque las producciones cinematogrficas son ms costosas).

De acuerdo al Tercer Informe de Gobierno de septiembre del 2009, al mes de junio de ese ao, las fuerzas armadas federales contaban con 254, 705 elementos (202, 355 del Ejrcito y Fuerza Area y 52, 350 de la Armada.

En 2009 el presupuesto para la Defensa Nacional fue de 43 mil 623 millones 321 mil 860 pesos, a los que sumaron 8 mil 762 millones 315 mil 960 pesos (el 25.14% ms), en total: ms de 52 mil millones de pesos para el Ejrcito y Fuerza Area. La Secretara de Marina: ms de 16 mil millones de pesos: Seguridad Pblica: casi 33 mil millones de pesos; y Procuradura General de la Repblica: ms de 12 mil millones de pesos.

Total de presupuesto para la guerra contra el crimen organizado en 2009: ms de 113 mil millones de pesos

En el ao del 2010, un soldado federal raso ganaba unos 46, 380 pesos anuales; un general divisionario reciba 1 milln 603 mil 80 pesos al ao, y el Secretario de la Defensa Nacional perciba ingresos anuales por 1 milln 859 mil 712 pesos.

Si las matemticas no me fallan, con el presupuesto blico total del 2009 (113 mil millones de pesos para las 4 dependencias) se hubieran podido pagar los salarios anuales de 2 millones y medio de soldados rasos; o de 70 mil 500 generales de divisin; o de 60 mil 700 titulares de la Secretara de la Defensa Nacional.

Pero, por supuesto, no todo lo que se presupuesta va a sueldos y prestaciones. Se necesitan armas, equipos, balas porque las que se tienen ya no sirven o son obsoletas.

Si el Ejrcito mexicano entrara en combate con sus poco ms de 150 mil armas y sus 331.3 millones de cartuchos contra algn enemigo interno o externo, su poder de fuego slo alcanzara en promedio para 12 das de combate continuo, sealan estimaciones del Estado Mayor de la Defensa Nacional (Emaden) elaboradas por cada una de las armas al Ejrcito y Fuerza Area. Segn las previsiones, el fuego de artillera de obuseros (caones) de 105 milmetros alcanzara, por ejemplo, para combatir slo por 5.5 das disparando de manera continua las 15 granadas para dicha arma. Las unidades blindadas, segn el anlisis, tienen 2 mil 662 granadas 75 milmetros.

De entrar en combate, las tropas blindadas gastaran todos sus cartuchos en nueve das. En cuanto a la Fuerza Area, se seala que existen poco ms de 1.7 millones de cartuchos calibre 7.62 mm que son empleados por los aviones PC-7 y PC-9, y por los helicpteros Bell 212 y MD-530. En una conflagracin, esos 1.7 millones de cartuchos se agotaran en cinco das de fuego areo, segn los clculos de la Sedena. La dependencia advierte que los 594 equipos de visin nocturna y los 3 mil 95 GPS usados por las Fuerza Especiales para combatir a los crteles de la droga, ya cumplieron su tiempo de servicio.

Las carencias y el desgaste en las filas del Ejrcito y Fuerza Area son patentes y alcanzan niveles inimaginados en prcticamente todas las reas operativas de la institucin. El anlisis de la Defensa Nacional seala que los goggles de visin nocturna y los GPS tienen entre cinco y 13 aos de antigedad, y ya cumplieron su tiempo de servicio. Lo mismo ocurre con los 150 mil 392 cascos antifragmento que usan las tropas. El 70% cumpli su vida til en 2008, y los 41 mil 160 chalecos antibala lo harn en 2009. ().

En este panorama, la Fuerza Area resulta el sector ms golpeado por el atraso y dependencia tecnolgicos hacia el extranjero, en especial de Estados Unidos e Israel. Segn la Sedena, los depsitos de armas de la Fuerza Area tienen 753 bombas de 250 a mil libras cada una. Los aviones F-5 y PC-7 Pilatus usan esas armas. Las 753 existentes alcanzan para combatir aire-tierra por un da. Las 87 mil 740 granadas calibre 20 milmetros para jets F-5 alcanzan para combatir a enemigos externos o internos por seis das. Finalmente, la Sedena revela que los misiles aire-aire para los aviones F-5, es de slo 45 piezas, lo cual representan nicamente un da de fuego areo. Jorge Alejandro Medelln en El Universal, Mxico, 02 de enero de 2009.

Esto se conoce en 2009, 2 aos despus del inicio de la llamada guerra del gobierno federal. Dejemos de lado la pregunta obvia de cmo fue posible que el jefe supremo de las fuerzas armadas, Felipe Caldern Hinojosa, se lanzara a una guerra (de largo aliento dice l) sin tener las condiciones materiales mnimas para mantenerla, ya no digamos para ganarla. Entonces preguntmonos: Qu industrias blicas se van a beneficiar con las compras de armamento, equipos y parque?

Si el principal promotor de esta guerra es el imperio de las barras y las turbias estrellas (haciendo cuentas, en realidad las nicas felicitaciones que ha recibido Felipe Caldern Hinojosa han venido del gobierno norteamericano), no hay que perder de vista que al norte del Ro Bravo no se otorgan ayudas, sino que se hacen inversiones, es decir, negocios.

Victorias y derrotas.

Ganan los Estados Unidos con esta guerra local? La respuesta es: s. Dejando de lado las ganancias econmicas y la inversin monetaria en armas, parque y equipos (no olvidemos que USA es el principal proveedor de todo esto a los dos bandos contendientes: autoridades y delincuentes -la guerra contra la delincuencia organizada es un negocio redondo para la industria militar norteamericana-), est, como resultado de esta guerra, una destruccin / despoblamiento y reconstruccin / reordenamiento geopoltico que los favorece.

Esta guerra (que est perdida para el gobierno desde que se concibi, no como una solucin a un problema de inseguridad, sino a un problema de legitimidad cuestionada), est destruyendo el ltimo reducto que le queda a una Nacin: el tejido social.

Qu mejor guerra para los Estados Unidos que una que le otorgue ganancias, territorio y control poltico y militar sin las incmodas body bags y los lisiados de guerra que le llegaron, antes, de Vietnam y ahora de Irak y Afganistn?

Las revelaciones de Wikileaks sobre las opiniones en el alto mando norteamericano acerca de las deficiencias del aparato represivo mexicano (su ineficacia y su contubernio con la delincuencia), no son nuevas. No slo en el comn de la gente, sino en altas esferas del gobierno y del Poder en Mxico esto es una certeza. La broma de que es una guerra dispareja porque el crimen organizado s est organizado y el gobierno mexicano est desorganizado, es una lgubre verdad.

El 11 de diciembre del 2006, se inici formalmente esta guerra con el entonces llamado Operativo Conjunto Michoacn. 7 mil elementos del ejrcito, la marina y las policas federales lanzaron una ofensiva (conocida popularmente como el michoacanazo) que, pasada la euforia meditica de esos das, result ser un fracaso. El mando militar fue el general Manuel Garca Ruiz y el responsable del operativo fue Gerardo Garay Cadena de la Secretara de Seguridad Pblica. Hoy, y desde diciembre del 2008, Gerardo Garay Cadena est preso en el penal de mxima seguridad de Tepic, Nayarit, acusado de coludirse con el Chapo Guzmn Loera.

Y, a cada paso que se da en esta guerra, para el gobierno federal es ms difcil explicar dnde est el enemigo a vencer.

Jorge Alejandro Medelln es un periodista que colabora con varios medios informativos -la revista Contralnea, el semanario Acentoveintiuno, y el portal de noticias Eje Central, entre otros -y se ha especializado en los temas de militarismo, fuerzas armadas, seguridad nacional y narcotrfico. En octubre del 2010 recibi amenazas de muerte por un artculo donde seal posibles ligas del narcotrfico con el general Felipe de Jess Espitia, ex comandante de la V Zona Militar y ex jefe de la Seccin Sptima -Operaciones Contra el Narcotrfico- en el gobierno de Vicente Fox, y responsable del Museo del Enervante ubicado en las oficinas de la S-7. El general Espitia fue removido como comandante de la V Zona Militar ante el estrepitoso fracaso de los operativos ordenados por l en Ciudad Jurez y por la pobre respuesta que dio a las masacres cometidas en la ciudad fronteriza.

Pero el fracaso de la guerra federal contra la delincuencia organizada, la joya de la corona del gobierno de Felipe Caldern Hinojosa, no es un destino a lamentar para el Poder en USA: es la meta a conseguir.

Por ms que se esfuercen los medios masivos de comunicacin en presentar como rotundas victorias de la legalidad, las escaramuzas que todos los das se dan en el territorio nacional, no logran convencer.

Y no slo porque los medios masivos de comunicacin han sido rebasados por las formas de intercambio de informacin de gran parte de la poblacin (no slo, pero tambin las redes sociales y la telefona celular), tambin, y sobre todo, porque el tono de la propaganda gubernamental ha pasado del intento de engao al intento de burla (desde el aunque no lo parezca vamos ganando hasta lo de una minora ridcula, pasando por las bravatas de cantina del funcionario en turno).

Sobre esta otra derrota de la prensa, escrita y de radio y televisin, volver en otra misiva. Por ahora, y respecto al tema que ahora nos ocupa, basta recordar que el no pasa nada en Tamaulipas que era pregonado por las noticias (marcadamente de radio y televisin), fue derrotado por los videos tomados por ciudadanos con celulares y cmaras porttiles y compartidos por internet.

Pero volvamos a la guerra que, segn Felipe Caldern Hinojosa, nunca dijo que es una guerra. No lo dijo, no lo es?

Veamos si es guerra o no es guerra: el 5 de diciembre de 2006, Felipe Caldern dijo: Trabajamos para ganar la guerra a la delincuencia. El 20 de diciembre de 2007, durante un desayuno con personal naval, el seor Caldern utiliz hasta en cuatro ocasiones en un slo discurso, el trmino guerra. Dijo: La sociedad reconoce de manera especial el importante papel de nuestros marinos en la guerra que mi Gobierno encabeza contra la inseguridad, La lealtad y la eficacia de las Fuerzas Armadas, son una de las ms poderosas armas en la guerra que libramos contra ella, Al iniciar esta guerra frontal contra la delincuencia seal que esta sera una lucha de largo aliento, as son, precisamente, las guerras. Pero an hay ms: el 12 de septiembre de 2008, durante la Ceremonia de Clausura y Apertura de Cursos del Sistema Educativo Militar, el autollamado Presidente del empleo, se dio vuelo pronunciando hasta en media docena de ocasiones, el trmino guerra contra el crimen: Hoy nuestro pas libra una guerra muy distinta a la que afrontaron los insurgentes en el 1810, una guerra distinta a la que afrontaron los cadetes del Colegio Militar hace 161 aos todos los mexicanos de nuestra generacin tenemos el deber de declarar la guerra a los enemigos de Mxico Por eso, en esta guerra contra la delincuencia Es imprescindible que todos los que nos sumamos a ese frente comn pasemos de la palabra a los hechos y que declaremos, verdaderamente, la guerra a los enemigos de Mxico Estoy convencido que esta guerra la vamos a ganar (Alberto Vieyra Gmez. Agencia Mexicana de Noticias, 27 de enero del 2011).

Al contradecirse, aprovechando el calendario, Felipe Caldern Hinojosa no se enmienda la plana ni se corrige conceptualmente. No, lo que ocurre es que las guerras se ganan o se pierden (en este caso, se pierden) y el gobierno federal no quiere reconocer que el punto principal de su gestin ha fracasado militar y polticamente.

Guerra sin fin? La diferencia entre la realidad y los videojuegos.

Frente al fracaso innegable de su poltica guerrerista, Felipe Caldern Hinojosa va a cambiar de estrategia?

La respuesta es NO. Y no slo porque la guerra de arriba es un negocio y, como cualquier negocio, se mantiene mientras siga produciendo ganancias.

Felipe Caldern Hinojosa, el comandante en jefe de las fuerzas armadas; el ferviente admirador de Jos Mara Aznar; el autodenominado hijo desobediente; el amigo de Antonio Sol; el ganador de la presidencia por medio punto porcentual de la votacin emitida gracias a la alquimia de Elba Esther Gordillo; el de los desplantes autoritarios ms bien cercanos al berrinche (o bajan o mando por ustedes); el que quiere tapar con ms sangre la de los nios asesinados en la Guardera ABC, en Hermosillo, Sonora; el que ha acompaado su guerra militar con una guerra contra el trabajo digno y el salario justo; el del calculado autismo frente a los asesinatos de Marisela Escobedo y Susana Chvez Castillo; el que reparte etiquetas mortuorias de miembros del crimen organizado a los nios y nias, hombres y mujeres que fueron y son asesinados porque s, porque les toc estar en el calendario y la geografa equivocados, y no alcanzan siquiera el ser nombrados porque nadie les lleva la cuenta ni en la prensa, ni en las redes sociales.

l, Felipe Caldern Hinojosa, es tambin un fan de los videojuegos de estrategia militar.

Felipe Caldern Hinojosa es el gamer que en cuatro aos convirti un pas en una versin mundana de The Age of Empire -su videojuego preferido-, () un amante -y mal estratega- de la guerra (Diego Osorno en Milenio Diario, 3 de octubre del 2010).

Es l que nos lleva a preguntar: est Mxico siendo gobernado al estilo de un videojuego? (creo que yo s puedo hacer este tipo de preguntas comprometedoras sin riesgo a que me despidan por faltar a un cdigo de tica que se rige por la publicidad pagada).

Felipe Caldern Hinojosa no se detendr. Y no slo porque las fuerzas armadas no se lo permitiran (los negocios son negocios), tambin por la obstinacin que ha caracterizado la vida poltica del comandante en jefe de las fuerzas armadas mexicanas.

Hagamos un poco de memoria: En marzo del 2001, cuando Felipe Caldern Hinojosa era el coordinador parlamentario de los diputados federales de Accin Nacional, se dio aquel lamentable espectculo del Partido Accin Nacional cuando se neg a que una delegacin indgena conjunta del Congreso Nacional Indgena y del EZLN hicieran uso de la tribuna del Congreso de la Unin en ocasin de la llamada marcha del color de la tierra.

A pesar de que se estaba mostrando al PAN como una organizacin poltica racista e intolerante (y lo es) por negar a los indgenas el derecho a ser escuchados, Felipe Caldern Hinojosa se mantuvo en su negativa. Todo le deca que era un error asumir esa posicin, pero el entonces coordinador de los diputados panistas no cedi (y termin escondido, junto con Diego Fernndez de Cevallos y otros ilustres panistas, en uno de los salones privados de la cmara, viendo por televisin a los indgenas hacer uso de la palabra en un espacio que la clase poltica reserva para sus sainetes).

Sin importar los costos polticos, habra dicho entonces Felipe Caldern Hinojosa.

Ahora dice lo mismo, aunque hoy no se trata de los costos polticos que asuma un partido poltico, sino de los costos humanos que paga el pas entero por esa tozudez.

Estando ya por terminar esta misiva, encontr las declaraciones de la secretaria de seguridad interior de Estados Unidos, Janet Napolitano, especulando sobre las posibles alianzas entre Al Qaeda y los crteles mexicanos de la droga. Un da antes, el subsecretario del Ejrcito de Estados Unidos, Joseph Westphal, declar que en Mxico hay una forma de insurgencia encabezada por los crteles de la droga que potencialmente podran tomar el gobierno, lo cual implicara una respuesta militar estadunidense. Agreg que no deseaba ver una situacin en donde soldados estadunidenses fueran enviados a combatir una insurgencia sobre nuestra frontera o tener que enviarlos a cruzar esa frontera hacia Mxico.

Mientras tanto, Felipe Caldern Hinojosa, asista a un simulacro de rescate en un pueblo de utilera, en Chihuahua, y se subi a un avin de combate F-5, se sent en el asiento del piloto y brome con un disparen misiles.

De los videojuegos de estrategia a los simuladores de combate areo y disparos en primera persona? Del Age of Empires al HAWX?

El HAWX es un videojuego de combate areo donde, en un futuro cercano, las empresas militares privadas (Private military company) han reemplazado a los ejrcitos gubernamentales en varios pases. La primera misin del videojuego consiste en bombardear Ciudad Jurez, Chihuahua, Mxico, porque las fuerzas rebeldes se han apoderado de la plaza y amenazan con avanzar a territorio norteamericano-.

No en el videojuego, sino en Irak, una de las empresas militares privadas contratadas por el Departamento de Estado norteamericano y la Agencia Central de Inteligencia fue Blackwater USA, que despus cambi su nombre a Blackwater Worldwide. Su personal cometi serios abusos en Irak, incluyendo el asesinato de civiles. Ahora cambi su nombre a Xe Services LL y es el ms grande contratista de seguridad privada del Departamento de Estado norteamericano. Al menos el 90% de sus ganancias provienen de contratos con el gobierno de Estados Unidos.

El mismo da en el que Felipe Caldern Hinojosa bromeaba en el avin de combate (10 de febrero de 2011), y en el estado de Chihuahua, una nia de 8 aos muri al ser alcanzada por una bala en un tiroteo entre personas armadas y miembros del ejrcito.

Cundo va a terminar esa guerra?

Cundo aparecer en la pantalla del gobierno federal el game over del fin del juego, seguido de los crditos de los productores y patrocinadores de la guerra?

Cundo va poder decir Felipe Caldern ganamos la guerra, hemos impuesto nuestra voluntad al enemigo, le hemos destruido su capacidad material y moral de combate, hemos (re) conquistado los territorios que estaban en su poder?

Desde que fue concebida, esa guerra no tiene final y tambin est perdida.

No habr un vencedor mexicano en estas tierras (a diferencia del gobierno, el Poder extranjero s tiene un plan para reconstruir reordenar el territorio), y el derrotado ser el ltimo rincn del agnico Estado Nacional en Mxico: las relaciones sociales que, dando identidad comn, son la base de una Nacin.

An antes del supuesto final, el tejido social estar roto por completo.

Resultados: la Guerra arriba y la muerte abajo.

Veamos que informa el Secretario de Gobernacin federal sobre la no guerra de Felipe Caldern Hinojosa:

El 2010 fue el ao ms violento del sexenio al acumularse 15 mil 273 homicidios vinculados al crimen organizado, 58% ms que los 9 mil 614 registrados durante el 2009, de acuerdo con la estadstica difundida este mircoles por el Gobierno Federal. De diciembre de 2006 al final de 2010 se contabilizaron 34 mil 612 crmenes, de las cuales 30 mil 913 son casos sealados como ejecuciones; tres mil 153 son denominados como enfrentamientos y 544 estn en el apartado homicidios-agresiones. Alejandro Poir, secretario tcnico del Consejo de Seguridad Nacional, present una base de datos oficial elaborada por expertos que mostrar a partir de ahora informacin desagregada mensual, a nivel estatal y municipal sobre la violencia en todo el pas. (Peridico Vanguardia, Coahuila, Mxico, 13 de enero del 2011)

Preguntemos: De esos 34 mil 612 asesinados, cuntos eran delincuentes? Y los ms de mil nios y nias asesinados (que el Secretario de Gobernacin olvid desglosar en su cuenta), tambin eran sicarios del crimen organizado? Cuando en el gobierno federal se proclama que vamos ganando, a qu cartel de la droga se refieren? Cuntas decenas de miles ms forman parte de esa ridcula minora que es el enemigo a vencer?

Mientras all arriba tratan intilmente de desdramatizar en estadsticas los crmenes que su guerra ha provocado, es preciso sealar que tambin se est destruyendo el tejido social en casi todo el territorio nacional.

La identidad colectiva de la Nacin est siendo destruida y est siendo suplantada por otra.

Porque una identidad colectiva no es ms que una imagen que un pueblo se forja de s mismo para reconocerse como perteneciente a ese pueblo. Identidad colectiva es aquellos rasgos en que un individuo se reconoce como perteneciente a una comunidad. Y la comunidad acepta este individuo como parte de ella. Esta imagen que el pueblo se forja no es necesariamente la perduracin de una imagen tradicional heredada, sino que generalmente se la forja el individuo en tanto pertenece a una cultura, para hacer consistente su pasado y su vida actual con los proyectos que tiene para esa comunidad.

Entonces, la identidad no es un simple legado que se hereda, sino que es una imagen que se construye, que cada pueblo se crea, y por lo tanto es variable y cambiante segn las circunstancias histricas. (Luis Villoro, noviembre de 1999, entrevista con Bertold Bernreuter, Aachen, Alemania).

En la identidad colectiva de buena parte del territorio nacional no est, como se nos quiere hacer creer, la disputa entre el lbaro patrio y el narco-corrido (si no se apoya al gobierno entonces se apoya a la delincuencia, y viceversa).

No.

Lo que hay es una imposicin, por la fuerza de las armas, del miedo como imagen colectiva, de la incertidumbre y la vulnerabilidad como espejos en los que esos colectivos se reflejan.

Qu relaciones sociales se pueden mantener o tejer si el miedo es la imagen dominante con la cual se puede identificar un grupo social, si el sentido de comunidad se rompe al grito de slvese quien pueda?

De esta guerra no slo van a resultar miles de muertos y jugosas ganancias econmicas.

Tambin, y sobre todo, va a resultar una nacin destruida, despoblada, rota irremediablemente.

III.- NADA QU HACER?

A quienes sacan sus mezquinas sumas y restas electorales en esta cuenta mortal, les recordamos:

Hace 17 aos, el 12 de enero de 1994, una gigantesca movilizacin ciudadana (ojo: sin jefes, comandos centrales, lderes o dirigentes) par la guerra ac. Frente al horror, la destruccin y las muertes, hace 17 aos la reaccin fue casi inmediata, contundente, eficaz.

Ahora es el pasmo, la avaricia, la intolerancia, la ruindad que escatima apoyos y convoca a la inmovilidad y la ineficacia.

La iniciativa loable de un grupo de trabajadores de la cultura (NO MS SANGRE) fue descalificada desde su inicio por no plegarse ante un proyecto electoral, por no cumplir el mandato de esperar al 2012.

Ahora que tienen la guerra all, en sus ciudades, en sus calles, en sus carreteras, en sus casas, qu han hecho? Digo, adems de plegarse ante quien tiene el mejor proyecto.

Pedirle a la gente que espere al 2012? Qu entonces s hay que volver a votar por el menos malo y ahora s se va a respetar el voto?

Si van ms de 34 mil muertos en 4 aos, son ms de 8 mil muertes anuales. Es decir, hay que esperar 16 mil muertos ms para hacer algo?

Porque se va a poner peor. Si los punteros actuales para las elecciones presidenciales del 2012 (Enrique Pea Nieto y Marcelo Ebrard), gobiernan las entidades con mayor nmero de ciudadanos, no es de esperar que ah aumente la guerra contra la delincuencia organizada con su cauda de daos colaterales?

Qu van a hacer? Nada. Van a seguir el mismo camino de intolerancia y satanizacin de hace 4 aos, cuando en el 2006 todo lo que no fuera a favor de Lpez Obrador era acusado de servir a la derecha. [email protected] que nos atacaron y calumniaron entonces y ahora, siguen el mismo camino frente a otros movimientos, organizaciones, protestas, movilizaciones.

Por qu la supuesta gran organizacin nacional que se prepara para que en las prximas elecciones federales, ahora s, gane un proyecto alternativo de nacin, no hace algo ahora? Digo, si piensan que pueden movilizar a millones de mexicanos para que voten por alguien, por qu no movilizarlos para parar la guerra y que el pas sobreviva? O es un clculo mezquino y ruin? Qu la cuenta de muertes y destruccin reste al oponente y sume al elegido?

Hoy, en medio de esta guerra, el pensamiento crtico vuelve a ser postergado. Primero lo primero: el 2012 y las respuestas a las preguntas sobre los gallos, nuevos o reciclados, para ese futuro que se desmorona desde hoy. Todo debe subordinarse a ese calendario y a sus pasos previos: las elecciones locales en Guerrero, Baja California Sur, Hidalgo, Nayarit, Coahuila, el Estado de Mxico.

Y mientras todo se derrumba, nos dicen que lo importante es analizar los resultados electorales, las tendencias, las posibilidades. Llaman a aguantar hasta que sea el momento de tachar la boleta electoral, y de vuelta a esperar que todo se arregle y se vuelva a levantar el frgil castillo de naipes de la clase poltica mexicana.

Recuerdan que ellos se burlaron y atacaron el que desde el 2005 llamramos a la gente a organizarse segn sus propias demandas, historia, identidad y aspiraciones y no apostar a que alguien all arriba iba a solucionar todo?

Nos equivocamos nosotros o ellos?

Quin en las principales ciudades se atreve a decir que puede salir con tranquilidad ya no en la madrugada, sino apenas anochece?

Quin hace suyo el vamos ganando del gobierno federal y ve con respeto, y no con miedo, a soldados, marinos y policas?

Quines son los que se despiertan ahora sin saber si van a estar vivos, sanos o libres al finalizar el da que comienza?

Quines no pueden ofrecer a la gente una salida, una alternativa, que no sea esperar a las prximas elecciones?

Quines no pueden echar a andar una iniciativa que realmente prenda localmente, no digamos a nivel nacional?

Quines se quedaron solos?

Porque al final, quienes van a permanecer sern quienes resistieron; quienes no se vendieron; quienes no se rindieron; quienes no claudicaron; quienes entendieron que las soluciones no vienen de arriba, sino que se construyen abajo; quienes no apostaron ni apuestan a las ilusiones que vende una clase poltica que tiene tiempo que apesta como un cadver; quienes no siguieron el calendario de arriba ni adecuaron su geografa a ese calendario convirtiendo un movimiento social en una lista de nmeros de credenciales del IFE; quienes frente a la guerra no se quedaron inmviles, esperando el nuevo espectculo malabarista de la clase poltica en la carpa circense electoral, sino que construyeron una alternativa social, no individual, de libertad, justicia, trabajo y paz.

IV.- LA TICA Y NUESTRA OTRA GUERRA.

Antes hemos dicho que la guerra es inherente al capitalismo y que la lucha por la paz es anticapitalista.

Usted, Don Luis, ha dicho tambin antes que la moralidad social constituye slo un primer nivel, precrtico, de la tica. La tica crtica empieza cuando el sujeto se distancia de las formas de moralidad existentes y se pregunta por la validez de sus reglas y comportamientos. Puede percatarse de que la moralidad social no cumple las virtudes que proclama Es posible traer la tica a la guerra? Es posible hacerla irrumpir por entre desfiles castrenses, grados militares, retenes, operativos, combates, muertes? Es posible traerla a cuestionar la validez de las reglas y comportamientos militares?

O el planteamiento de su posibilidad no es ms que un ejercicio de especulacin filosfica?

Porque tal vez la inclusin de ese otro elemento en la guerra slo sera posible en una paradoja. Incluir la tica como factor determinante de un conflicto traera como consecuencia un reconocimiento radical: el contrincante sabe que el resultado de su triunfo ser su derrota.

Y no me refiero a la derrota como destruccin o abandono, sino a la negacin de la existencia como fuerza beligerante. Esto es, una fuerza hace una guerra que, si la gana, significar su desaparicin como fuerza. Y si la pierde igual, pero nadie hace una guerra para perderla (bueno, Felipe Caldern Hinojosa s).

Y aqu est la paradoja de la guerra zapatista: si perdemos, ganamos; y si ganamos, ganamos. La clave est en que la nuestra es una guerra que no pretende destruir al contrario en el sentido clsico.

Es una guerra que trata de anular el terreno de su realizacin y las posibilidades de los contrincantes (nosotros incluidos).

Es una guerra para dejar de ser lo que ahora somos y as ser lo que debemos ser.

Esto ha sido posible porque reconocemos al otro, a la otra, a lo otro, que, en otras tierras de Mxico y del Mundo, y sin ser iguales a nosotros, sufren los mismos dolores, sostienen resistencias semejantes, que luchan por una identidad mltiple que no anule, avasalle, conquiste, y que anhelan un mundo sin ejrcitos.

Hace 17 aos, el 1 de enero de 1994, se hizo visible la guerra contra los pueblos originarios de Mxico.

Mirando la geografa nacional en este calendario, nosotros recordamos:

No ramos nosotros, los zapatistas, los violentos? No se nos acus a nosotros de pretender partir el territorio nacional? No se dijo que nuestro objetivo era destruir la paz social, minar las instituciones, sembrar el caos, promover el terror y acabar con el bienestar de una Nacin libre, independiente y soberana? No se seal hasta el hartazgo que nuestra demanda de reconocimiento a los derechos y la cultura indgenas socavaba el orden social?

Hace 17 aos, el 12 de enero de 1994, una movilizacin civil, sin pertenencia poltica definida, nos demand intentar el camino del dilogo para resolver nuestras demandas.

Nosotros cumplimos.

Una y otra vez, a pesar de la guerra en contra nuestra, insistimos en iniciativas pacficas.

Durante aos hemos resistido ataques militares, ideolgicos y econmicos, y ahora el silencio sobre lo que ac ocurre.

En las condiciones ms difciles no slo no nos rendimos, ni nos vendimos, ni claudicamos, tambin construimos mejores condiciones de vida en nuestros pueblos.

Al principio de esta misiva dije que la guerra es una vieja conocida de los pueblos originarios, de los indgenas mexicanos.

Ms de 500 aos despus, ms de 200 aos despus, ms de 100 aos despus, y ahora con ese otro movimiento que reclama su mltiple identidad comunal, decimos:

Aqu estamos.

Tenemos identidad.

Tenemos sentido de comunidad porque ni esperamos ni suspiramos porque vinieran de arriba las soluciones que necesitamos y merecemos.

Porque no sujetamos nuestro a andar a quien hacia arriba mira.

Porque, manteniendo la independencia de nuestra propuesta, nos relacionamos con equidad con lo otro que, como nosotros, no slo resiste, tambin se ha ido construyendo una identidad propia que le da pertenencia social, y ahora tambin le representa la nica oportunidad slida de supervivencia al desastre.

Nosotros somos pocos, nuestra geografa es limitada, somos nadie.

Somos pueblos originarios dispersos en la geografa y el calendario ms distantes.

Nosotros somos otra cosa.

Somos pocos y nuestra geografa es limitada.

Pero en nuestro calendario no manda la zozobra.

Nosotros slo nos tenemos a nosotros mismos.

Tal vez es poco lo que tenemos, pero no tenemos miedo.

Vale, Don Luis. Salud y que la reflexin crtica anime nuevos pasos.

Desde las montaas del Sureste Mexicano.

Subcomandante Insurgente Marcos. Mxico, Enero-Febrero del 2011

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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