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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-03-2011

Energa nuclear, un riesgo innecesario

Fander Falcon
Rebelin


El terremoto y maremoto de hace pocos das en Japn ha trado catastrficas consecuencias en prdidas de vidas humanas y de infraestructura. Tal vez nunca se pueda cuantificar cuntas vidas humanas y cuntos daos caus ese evento. Existe otra consecuencia de esa hecatombe, sobre la que el planeta entero ha puesto su atencin: los riesgos y la incertidumbre del uso de la energa nuclear. Sin duda la central nuclear de Fukushima cumpla los mejores estndares de seguridad exigidos por una sociedad tan rigurosa como la japonesa hasta que un terremoto de 8,9 grados en la escala de Richter afect en forma irreparable los mecanismos de enfriamiento del reactor. Luego de ese evento, inusual por su magnitud, pero siempre posible en el cinturn de fuego del Pacfico, los impactos actuales y futuros de los daos y radiacin que emanen de esa zona de desastre sern muy altos.

En lo personal, me opongo a cualquier tipo carrera nuclear con fines belicistas, venga de donde venga. Tambin me opongo se intenten mancillar e invadir pases, con elpretexto de que poseen energa nuclear con fines blicos o por razones geopolticas imperiales. Del mismo modo, considero que la energa nuclear para propsitos pacficos acarrea muchos peligros, a pesar de que puede ser una opcin de diversificacin de la oferta de la matriz energtica. Si no olvidramos lo ocurrido en Three Mile Island (EEEUU) en 1979 y luego en Chernobyl (Ucrania) en 1986, sera mejor aplicar el principio de precaucin: ante el desconocimiento de los riesgos, es preferible no emprender proyectos que podran generar una enorme destruccin. No me refiero en este punto al tratamiento de desechos o residuos txicos y radioactivos que pretenden los pases ricos, ubicndolos en pases con menores estndares ambientales.

En Ecuador el principio de precaucin lo consagra el artculo 73 de la Constitucin de la Repblica (aprobada en septiembre de 2008): el Estado aplicar medidas de precaucin y restriccin para las actividades que puedan conducir a la extincin de especies, la destruccin de ecosistemas o la alteracin permanente de los ciclos naturales.

La economa no puede funcionar sin recursos naturales (como petrleo, gas o carbn). Ahora bien, la produccin, transformacin y consumo de stos generan residuos, muy txicos en unos casos, y muchos de ellos imposibles de reciclar porque no son biodegradables o porque su perodo de degradacin es extremadamente largo (varios miles de aos en el caso de ciertos plsticos y de la basura nuclear). No existe tecnologa prometeica capaz de reciclar el dixido de carbono y convertirlo en gasolina. Toda actividad econmica afecta, de una u otra manera, a la Madre Tierra y el optimismo tecnolgico tiene lmites prcticos y temporales muy concretos.

La tecnologa y la eficiencia son importantes, sin duda. A nivel microeconmico, han surgido posibilidades como las medidas de ecoeficiencia de los productos o servicios, que se aplican bajo el concepto de los MIPS (material input per unit of service) desarrollado por el Wuppertal Institute de Alemania. La idea es reducir los materiales requeridos para producir un producto o servicio. Se hablaba (incluso se public un libro ya famoso: Factor Four: Doubling Wealth, Halving Resource Use) de que se podan utilizar cuatro veces menos materiales y energa para producir la misma unidad de producto o servicio. Con un exceso de entusiasmo se lleg a afirmar que la reduccin podra ser de hasta 10 veces.

En el nivel macro se ha planteado la desmaterializacin de la economa. Esto es, reducir la cantidad de materiales y energa por unidad de producto. Con optimismo, quienes proponen esta posibilidad consideran que la mejora de eficiencia de los pases ricos del Norte, que cada vez utilizan menos energa por unidad de PIB, es una prueba de que esto en realidad est ocurriendo. Lo que no dicen es que esos mismos pases cada vez utilizan ms energa en trminos absolutos, lo que provoca daos ambientales irreparables. Esto se conoce como la paradoja de Jevons. William Stanley Jevons, uno de los precursores de la economa ortodoxa, public en 1865 un libro (The Coal Question) en que predijo que el cambio hacia energas ms eficientes, debido a los avances tecnolgicos, conducira a la sociedad hacia un mayor uso de las mismas. Un ejemplo: los automviles son cada vez ms eficientes en el uso de energa (rinden ms kilmetros por galn); pero cada vez hay ms autos, y por lo tanto mayor consumo de energa fsil. Esto incrementa las emisiones de dixido de carbono, uno de los principales gases causantes del efecto invernadero.

Esto nos lleva a otro problema: la diferencia entre riesgo e incertidumbre. El riesgo se mide por probabilidades, esto es, podemos conocer los eventos posibles y asignarles valores numricos. Por ejemplo, la probabilidad de que una moneda caiga cara es de 50%. La incertidumbre implica que desconocemos los eventos futuros (y sus efectos), y que no podemos asignar valores numricos, como en el ejemplo de la moneda. Esto se aplica bien a los usos de la energa nuclear. La incertidumbre puede ser muy profunda, como cuando desconocemos incluso los escenarios futuros (amplia incertidumbre); puede ser menos profunda (se conocen los eventos pero no se conocen las probabilidades); o tambin puede ser reducida (en los pocos casos en los cuales tenemos plena claridad sobre los escenarios y las probabilidades involucradas).

La probabilidad de que ocurra un evento puede ser baja, pero los efectos si ocurre pueden ser devastadores. Esto es lo que est ocurriendo en Japn, y no es el primer evento que podemos recordar. La naturaleza humana suele confundir baja probabilidad de ocurrencia con bajo costo. En Chernobyl fue muy duro aprender que los impactos y los costos de un accidente nuclear pueden alcanzan niveles que comprometen incluso la economa de todo un pas.

El incremento de la incertidumbre y la magnitud de los problemas contemporneos han llegado a un punto crtico. Como para que sea indispensable y urgente debatir la necesidad de construir nuevos paradigmas. Ese punto crtico exige precaucin en los usos de la energa nuclear y cautela con los optimismos tecnolgicos, pues pueden resultar fatales para nuestras sociedades, en las que siempre estn presentes el riesgo y la vulnerabilidad.

Fander Falcon es Economista Ecolgico. Coordinador del Doctorado de Economa de FLACSO- Sede Ecuador.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

rCR



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