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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-03-2011

Mirar desde la izquierda las revueltas rabes

Mario Sei
Rebelin

Traducido para Rebelin por Luca Alba Martnez


Es casi embarazoso y produce un cierto malestar tener que escribir pare defender, en el mbito de la izquierda mundial, un posicin simple que debera constituir un suelo comn, indiscutible. Sin entretenerme en detalles o largos anlisis, prefiero limitarme a pocas palabras. Es verdad que la discusin se ha vuelto spera como consecuencia del caso libio -efectivamente mucho ms compleja- pero desde el comienzo, desde la cada misma de Ben Al en Tnez, ha faltado un poco el apoyo, el sostn y el entusiasmo por parte de la izquierda. Particularmente evidente ha sido esta ausencia en el caso de Amrica Latina, la cual, gracias sobre todo a la existencia de Cuba y Venezuela, por su enorme valor simblico, ejerce una gran fascinacin sobre las jvenes generaciones del mundo rabe.

Digo esto porque lo veo y constato entre los estudiantes de la Universidad de Tnez, ciudad donde enseo y vivo desde hace aos. Y es a ellos a los que hay que explicar por qu Castro y Chvez no han apoyado sus revoluciones y porque defienden a Gadafi, el cual, entre otros hechos nefandos, tras la fuga de Ben Al y con enorme desprecio por el pueblo tunecino, se declar dispuesto a mandar sus propias milicias para ayudar al legtimo presidente a reprimir a los rebeldes. Es realmente triste no poder responder a sus preguntas y las de tanta otra gente -de izquierdas- que en Tnez y en otros pases rabes sigue luchando.

Tambin en Europa la gente se ha dividido y mientras que el apoyo ha sido inmediato por parte de los partidos y movimientos ligados a ONGs, asociaciones y medios altermundialistas y, por lo tanto, ms en contacto directo com las realidades locales, ha habido en general mucha prudencia, cuando no pesimismo, a la hora de juzgar las revueltas del mundo rabe. Ha prevalecido la idea de la intervencin externa o el complot, que niega todo papel autnomo a las revueltas. La divisin se produjo incluso en Il Manifesto, histrico peridico italiano que naci porque crey y defendi la primavera de Praga, a pesar de los enormes riesgos de manipulacin por parte del imperialismo y del capital que entonces existan. Y sin embargo Giuliana Sgrena, la periodista secuestrada en Iraq, con una lectura superficial de la realidad, escriba el 15 de enero en el diario: Golpe militar. Ben Ali huye. En el caso de Gadafi las divisiones se han acentuado, produciendo incluso declaraciones de estima por el Coronel y por el contenido del Libro Verde.

Pero cmo es posible pensar que un complot imperialista haya podido inyectar el virus de la revuelta en tantos pases? No es ms lgico reconocer que este tipo de dictaduras sanguinarias y corruptas, en el poder desde hace dcadas en buena parte del mundo rabe, se han vuelto histricamente obsoletas e insoportables para pueblos compuestos en gran parte de jvenes cultos y sin futuro? Cualquiera que haya vivido experiencias directas sabe que a las revueltas han faltado sin duda medios, organizacin, proyectos alternativos, pero no, desde luego, la autonoma. La desesperacin, la humillacin y la rabia colectiva incubaban la explosin desde hace tiempo, aunque hayan cogido a todos un poco por sorpresa. Una demanda de dignidad y libertad que ha empujado a las multitudes de Tnez, Egipto, de Bahrein y tambin de Libia a salir a la calle arriesgando la propia vida. Gadafi es odiado no slo por algunos extremistas troskistas -como alguien ha escrito- que denuncia su papel de gendarme de la Fortaleza Europa, los campos de concentracin y los lager-burdel para emigrantes subsaharianas, la explotacin esclavista de los trabajadores tercermundistas y el racismo institucional. Es odiado tambin por gran parte de su pueblo, que tiene en los bolsillos tal vez un poco ms de dinero que sus vecinos, pero que adems de soportar la tirana vive en un pas aplastado sobre s mismo, sin infraestructuras, son escuelas dignas de ese nombre, sin hospitales, tal y como cuentan las miles de personas que vienen a a que las atiendan a las clnicas tunecinas.

Desmintiendo los esquemas preconcebidos sobre la excepcionalidad del mundo rabe, todas estas revueltas sin connotacin religiosa ha demostrado simplemente que ningn tirano puede reprimir a un pueblo eternamente. Las dificultades, los riesgos de manipulacin imperialista y el posible fracaso de los distintos movimientos es sin duda alto, sobre todo en Libia, pero esto no hace menos legtimas las revueltas ni menos criminales a los tiranos. La oleada revolucionaria del mundo rabe tiene una extraordinaria potencia innovadora, que se mantendr con independencia del resultado en los distintos frentes, y es la seal de que algo se est rompiendo en los equilibrios de control global del gran capital. No escuchar las voces de los pueblos insurgentes sera un grave error histrico.

Ahora que la revuelta libia est llegando a su fin, con el ejrcito de Gadafi que ahogar en sangre la resistencia de Bengasi, se revela con claridad que tambin en el caso libio, a pesar de las manipulaciones mediticas y la voluntad de intervencin militar, Occidente se encontr desprevenido frente a una crisis que nadie haba previsto ni programado. Los argumentos usados para denigrar a los que, despus de denunciar las manipulaciones de la informacin y rechazar toda intervencin exterior, han considerado positivamente la revuelta y juzgado criminal el rgimen de Gadafi, se revelan cuando menos paradjicos. Se apela en general al papel revolucionario y de lucha anticapitalista jugado por Gadafi en los comienzos de su casi medio siglo de poder absoluto. Es verdad. Como no es menos cierto, sin embargo, que la mafia, al comienzo de su historia, jug en Italia el papel de la lucha contra el invasor y de contrapoder popular organizado. Eso significa quizs que las personas de izquierdas debamos elogiar la lucha contra el sistema que la mafia libra todava hoy?

Otra crtica es la de extremismo y la de querer aplicar al mundo criterios absolutos, que despus de todo seran slo, inconscientemente, los del mundo occidental. Pero es posible pensar en serio que el rechazo de la tortura, de la represin sanguinaria, de los poderes corruptos y tirnicos constituyen un criterio occidental? El hecho de que Occidente, con la bandera de los derechos del hombre, haga lo contrario de lo que hipcritamente declara de palabra, convierte en criminal y responsable a Occidente, pero no puede falsificar el criterio.

Considerar criminal la invasin estadounidense de Iraq, debera impedirnos considerar criminal la masacre de kurdos por parte de Sadam Hussein? Una de las cosas fundamentales que la izquierda mundial debe hacer, si quiere ser smbolo y modelo, es demostrar al mundo su coherencia, su adhesin a un sentido de la justicia social incondicionado, no hipcrita, no cambiante segn las circunstancias. Pensar esto, es radicalismo trotskista, eurocentrismo? El prejuicio no consiste quizs en creer que la reclamacin de dignidad y libertad no pueden provenir de modo autnomo del pueblo rabe?

Pensando en las preguntas sin respuesta de mis estudiantes, me digo con tristeza que, aplicando categoras obsoletas y viejos esquemas mentales, la izquierda mundial ha perdido tal vez una buena oportunidad: la de servir de smbolo y de orientacin para todos los pueblos que tratan de construir un destino alternativo al del actual orden mundial.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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