Portada :: Opinin :: Memoria
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-03-2011

Captulo tercero de M. Sacristn, Seis conferencias, publicado en 1981
Las centrales nucleares y el desarrollo capitalista

Manuel Sacristn
El viejo Topo


Nota edicin: El Club de Debats de Santa Coloma de Gramenet organiz durante el curso 1980-1981 un ciclo de conferencias en el que participaron, entre otros, Juan Mari Bandrs (La difcil construccin de la democracia), Jos Luis L. Aranguren (El desencanto), Antoni Gutirrez Daz (La crisis del eurocomunismo), Montserrat Roig (Palabra de mujer) y Manuel Sacristn (Las centrales nucleares y el desarrollo capitalista). Las conferencias fueron editadas con la ayuda de la Regiduria dInformaci i Participaci Ciutadana del Ayuntamiento de la ciudad barcelonesa. Desconozco la fecha exacta de la intervencin de Sacristn pero probablemente fuera en enero de 1981.

Los organizadores presentaron la edicin de los textos de las conferencias con las siguientes palabras: Procuramos que los conferenciantes invitados fueran expertos en el tema que trataban. Es decir, personas que por su trayectoria personal y por su dedicacin profesional pudiesen aportarnos unas ideas vlidas. A cada conferencia segua siempre el debate. A menudo los debates resultaban muy enriquecedores, adems de contribuir a crear una actitud de dilogo, de saber escuchar y dejarse interpelar por las ideas de los otros. Pero, por no alargar esta publicacin, aqu no se recogen. Lamentablemente, se fue el caso. La publicacin circul, bsicamente, por la ciudad colomense. El ejemplar que he utilizado puede consultarse en la Biblioteca Municipal de la ciudad colomense. El esforzado trabajo del transcriptor, Sr. Toms Romn, no pudo ser revisado por el propio Sacristn. Se han introducido aqu algunas modificaciones.

*

 

No siendo ni ingeniero nuclear ni economista estaba claro que no poda tratar el tema desde una vertiente tcnica con suficiencia. Pero, de todos modos, hay tanto riesgo de palabrera y de inexactitud en todos los campos, y en ste muy en particular, que una prudencia elemental le recomienda a uno no meterse en aquello que no domine a fondo, mxime en ese tema en el que muy probablemente les es difcil orientarse tambin a los expertos.

Una de las contradicciones que hacen muy difcil documentarse en este asunto, y que nos afecta directamente aqu, en este pas, radica en el considerable contraste que existe entre lo que es la poltica de energa nuclear en pases como el nuestro o Brasil, y lo que se hace en Estados Unidos, por ejemplo. Mientras que nuestro gobierno, apoyado en la Agencia Internacional de la Energa, en el Foro Atmico y en otras agencias de propaganda nuclear, nos tiene ms o menos envueltos en un atmsfera de programas forzados, de razonamientos acerca de la inevitabilidad y de la falta de peligros y de la progresividad de la solucin para el problema de la energa, en Estados Unidos observamos, por de pronto, un frenazo sustancial en la produccin de reactores corrientes, convencionales, como se empieza a decir, e incluso el bloqueo completo del programa de produccin de superregeneradores, es decir, de reactores de los que producen ms plutonio del que consumen [1].

Al mismo tiempo, las grandes compaas petroleras, y otras multinacionales de importancia, se extienden en pases, como los Estados Unidos, por el campo de las energas alternativas (elica, solar, geotrmica [2], que aqu, en cambio, la propaganda dominante nos presenta como cosa marginal o secundaria, cuando no de locos y de fantasiosos.

Los que habis seguido con inters la campaa electoral norteamericana quiz hayis registrado el hecho de que, en un momento dado, cuando Edward Kennedy pareca que iba a ser todava candidato por el Partido Demcrata, sostuvo, entre los diferentes puntos de su plataforma, que el programa de suministro de energa solar para el ao 2000 fuera, en los Estados Unidos, el 20% de la energa final del pas, cifra que si se comunica a cualquiera de nuestros gobernantes en materia de energa le provocara grandes carcajadas y la interpretara como fruto de algn cerebro alucinado.

Este dato ya da idea de hasta qu punto est inserto el problema de la energa nuclear en la divisin econmica internacional y del tipo de poltica mucho ms abierta, imaginativa y rica seguida en las grandes metrpolis; por ejemplo, y principalmente, en los Estados Unidos. Nos sugiere tambin que el asunto, lejos de ser estrictamente tcnico-energtico, tiene mucho que ver con la divisin internacional de la produccin prevista por quienes dominan la economa mundial: las grandes compaas transnacionales y las grandes agencias de coordinacin del capital como la Comisin Trilateral [3].

Por otra parte, nos plantea una particular y seria dificultad: no podemos cometer la ingenuidad de considerar que la motivacin principal de la propaganda por la energa nuclear consista en que ella es la nica salida posible a la crisis econmica. Es muy posible que hasta hace cinco o seis aos, los grandes poderes s que vieran en la industria nuclear el factor fundamental de la recomposicin y reordenacin del capital fijo para salir de esta crisis, que se prolonga desde los aos 1973-1974, pero luego se han sumado un par de series de hechos que han complicado la situacin. Por un lado, han empezado a darse cuenta de que los clculos de rentabilidad realizados en otra poca sobre el precio del kilovatio/hora de origen nuclear eran sumamente optimistas, que no haban tenido suficiente en cuenta las deseconomas externas -como suele decirse- del sistema de produccin de electricidad. En otras palabras, los gastos que no saltan a primera vista: los costes de infraestructuras y los derivados de las interrupciones de las centrales nucleares, sobre todo por averas. Si una avera en una central de carbn dura unas horas o das, en una central nuclear, como muestra el caso de Harrisburg [4], se multiplica por un factor que le lleva a meses o a aos de interrupcin.

As, tambin qued claro que se haba calculado mal la vida media de las centrales nucleares, que era ms corta de lo previsto en un principio. Esto motiv una cierta retraccin del entusiasmo, de la confianza puesta en la energa nuclear como posible va para la salida de la crisis en los pases del centro imperialista.

Posteriormente, ha venido el hundimiento del prestigio, de la fiabilidad, de eso que se conoce con el nombre de informe Rasmusen, un clebre estudio encargado por las compaas elctricas norteamericanas hace aos a un instituto cientfico. Este informe se hizo famoso no slo porque aseguraba una extrema seguridad de las centrales nucleares, sino porque lo haca, adems, suministrando las frases de tipo propagandstico, publicitario, que luego daran la vuelta al mundo. Muchos conoceris aquella metfora, segn la cual, la probabilidad de que ocurriera un accidente nuclear importante era igual a la probabilidad de que cayera un meteorito sobre un barrio perifrico de Nueva York. Es decir, una probabilidad del orden del uno dividido por miles de millones. Ocurri, sin embargo, que en diez aos el cmputo de accidentes convirti el universo en un espacio plagado de meteoritos que estaban cayendo sin parar, hasta llegar el momento el que se produce el gravsimo accidente de los Urales, en los aos cincuenta, y el acaecido el ao pasado en Harrisburg.

Estas dos series de hechos -el replanteamiento de los clculos y la evidente quiebra de las previsiones acerca de la seguridad [5]- han frenado los programas o, por lo menos, el dinamismo de los programas nucleares en los pases punta. No ocurre as, sin embargo, en pases como el nuestro, o en Argentina o Brasil, que juegan un papel intermedio en la divisin internacional del trabajo. De modo que hoy depende de bastantes factores el que lo nuclear se convierta en un elemento de vanguardia entre los dispositivos anticrisis de los gobiernos de las diferentes burguesas mundiales.

Esos factores se pueden resumir en la siguiente lista: el que lo nuclear est o no en punta como est entre nosotros, depende entre otras cosas de la potencia de cada pas en el campo de la investigacin. Es evidente que la capacidad investigadora de norteamericanos o alemanes es infinitamente superior a la de sociedades como la nuestra, la argentina o la brasilea, y, consiguientemente, eso da un mayor margen de maniobra en la pugna acerca de la importancia de la industria nuclear. Los partidarios de que esa industria no sea de vanguardia, o incluso los que adoptan posiciones contrarias a la energa nuclear, tienen bazas de argumentacin y de presin mayores cuando la potencia investigadora general es mayor. Otro de los factores importantes es la propia resistencia de las poblaciones. El caso austriaco, por ejemplo, es muy significativo. No se puede decir que Austria tenga una potencia investigadora energtica semejante a la de los Estados Unidos, pero la oposicin de la poblacin ha conseguido que la industria nuclear no sea vista all como un sector de punta, desde el punto de vista econmico, a causa de la derrota de los partidarios de las centrales nucleares en el referndum que muchos recordaris a propsito de la puesta en funcionamiento de la central de Stenthendall.

Depende tambin de la riqueza de cada pas en otras fuentes de energa. En esto los Estados Unidos tienen una amplia superioridad respecto de la mayora de pases. La legislacin norteamericana de urgencia, posterior al ao 1974, es decir, posterior a la plena consciencia de la crisis energtica, contiene, como una de las palancas legislativas fundamentales, la preservacin de los yacimientos fsiles y otras fuentes de energa presentes en el territorio estadounidense. All es mucho ms difcil que en la Rioja o en Tarragona ponerse a cavar para extraer petrleo nuevo. Lo estn reservando y son los pases de segunda fila los que estn horadando hasta recoger la ltima gota rpidamente [6].

Otro factor importante -y hay que decirlo sobre todo en pases como el nuestro en esta poca poltica tan dada a utilizar eufemismos y no llamar las cosas por su nombre- es la fuerza y el poder de los intereses militares, el peso del ejrcito en cada sociedad. No se puede seguir ignorando que un aspecto importante en la diseminacin de centrales nucleares radica en su relevancia para la construccin de bombas nucleares. Las cosas claras. La prensa no suele hablar de este tema, ni siquiera la prensa liberal o progresista. En un pas mediano, de los del tipo Brasil/Espaa, cuenta muchsimo la influencia del ejrcito para que se multipliquen las centrales porque eso implica obtener plutonio en cantidad suficiente para construir bombas. Este apartado cuenta mucho entre nosotros, aunque la falta de sensibilidad o de preparacin de la prensa, no slo de los polticos, nos lo est ocultando.

En esta pequea lista que me he hecho debera constar, para ser justos, para no ser unilaterales, un punto referido a la relativa sensibilidad de los gobiernos a los peligros de la energa nuclear. No hay ninguna duda de que gobiernos como el austriaco o el sueco, si se les compara con la poltica seguida por gobiernos como el francs, el espaol o el ingls, han servido de freno al proceso de ampliacin de la energa nuclear. Lo que sugiero con todo esto es que el verdadero planteamiento para entender el problema, por gentes como nosotros que no somos ni fsicos ni economistas sino gentes que nos vamos a ver afectados por todas estas cosas en nuestra vida cotidiana, es que hay que considerar el problema bajo el marco de la reproduccin econmica, del cmo se est intentando salir de la crisis.

Para situarnos un poco ms me permitir repasar cules han sido las vicisitudes de nuestra economa desde despus de la Segunda Guerra Mundial, porque han sido treinta y cinco aos sumamente excepcionales y la manera como los han vivido las poblaciones del mundo adelantado, del mundo rico, tiene mucho que ver con las reacciones que estas poblaciones tomen ante el problema de la energa nuclear.

Lo primero que se debe considerar es la costumbre de creerse que el crecimiento econmico -cifrable en la cantidad de bienes de consumo del que hemos ido disponiendo- sea una cosa normal durante esos 35 aos, como probablemente, de un modo ms o menos inconsciente, sienten las generaciones jvenes. No es normal, es, dentro de la historia de la economa, un hecho excepcional. Lo normal es que el desarrollo del capitalismo en particular -de otro modo el de otros sistemas econmicos- fuera un desarrollo con vaivenes, cuyos momentos peores solemos llamar crisis. La ciencia econmica ha tenido siempre, como uno de sus captulos, el cultivo de una teora de las crisis de las cuales podemos decir que son un modo premeditadamente querido, un modo relativamente habitual de recomponerse el capital fijo, de reorganizarse los modos de produccin, de suplir el agotamiento de ciertos motores econmicos por otros, de reconvertir industrias, producciones, ramas econmicas, etc.

El hecho de que durante treinta y cinco aos eso se notara poco, que las crisis fueran blandas, se debi fundamentalmente -y creo que la mayora de los economistas estn de acuerdo- a dos circunstancias. Una de ellas es que se sala de una guerra terrible que haba causado destrucciones enormes. El mundo, consiguientemente, ofreca una gran posibilidad de desarrollo de producciones y de investigaciones, con un efecto multiplicador en la vida econmica muy alto. Las bombas haban destruido la mayor parte de las viejas fbricas, de las antiguas instalaciones y eso permita comenzar de nuevo. La segunda circunstancia fue eso que se llam milagro econmico, o lo que los economistas llaman poltica keynesiana, una poltica que ahora est llegando a sus ltimos lmites de fecundidad, caracterizada por una intervencin pblica para limar los efectos ms desagradables de las crisis sobre la poblacin.

Hoy la situacin es bastante distinta. Por una parte, se ha acabado con la excepcionalidad de uno de los puntos de apoyo de aquel milagro: la baratura de la energa. Por otra parte, y esto es lo esencial, lo clsico, lo que ocurre en cualquier crisis, alguna de las producciones que sostuvieron aquella poca de bienestar, como el automvil o los electrodomsticos, han dejado de tener transitoriamente capacidad expansiva. En este punto, algunos autores, aunque son todava minoritarios, han planteado una preocupacin de mucho inters para el futuro, la idea de que lo que se llama ley del rendimiento decreciente se aplique tambin a la tecnologa.

La ley del rendimiento decreciente se comprende de modo ms intuitivo, para los que no somos economistas, en la agricultura. Es la ley que refleja el hecho de que un campo cultivado durante varias generaciones va respondiendo con rendimientos ms pequeos a un ingreso de factores productivos mayores. Se le trabaja cada vez ms, se le echa ms abono y el campo mismo se va agotando. Esto es un hecho conocido desde antiguo porque las viejas culturas ya hacan cultivos por rotacin [7]. Hay autores que empiezan a sugerir que este mismo proceso est pasando en la tecnologa, no en el sentido de que no aumente su crecimiento, sino que no aumenta en proporcin al ingreso de factores productivos metidos en la investigacin tecnolgica (es decir, trabajo y medios materiales).

En definitiva, y como quiera que todos aquellos factores que hicieron posible el milagro econmico en los aos cuarenta, cincuenta y sesenta [del siglo XX] han desaparecido, ocurre que los nuevos vectores productivos posibles resultan ser ms bien discutibles. Y este es el caso de la energa nuclear.

Como ya apuntamos antes, hasta hace poco tiempo, la industria nuclear fue considerada el sustituto, en cuanto al empuje econmico, de automviles, electrodomsticos, de la revolucin verde incluso, de los portadores del milagro. Pero, como tambin hemos analizado ya, esta nueva forma de energa se pone en tela de juicio sin que los poderes polticos del mundo del Este y del Oeste hagan otra cosa que intentar salir de la crisis renovando y ampliando las ramas de produccin, buscando nuevas ramas y, sobre todo, reproduciendo de un modo amplio la situacin que antes ha llevado a la crisis. Hasta ahora la economa capitalista, en un sentido muy general de capitalista, de sociedades industriales -incluyendo, en cierto sentido, las sociedades del Este [8]-, han salido de una crisis renovando las producciones y ampliando la base econmica. Lo que ha motivado, a la larga, una crisis todava mayor que la anterior, precisamente por la ampliacin cuantitativa del desarrollo econmico. Este camino, que va desde la primera crisis bien documentada histricamente, que se suele situar en 1820, hasta hoy, se ha repetido en sentido cclico.

Algunos autores comenzaron a sealar, a principio de los aos setenta, que se agotan materias caractersticas de este modo de vida, que se corre el riesgo de agotar reservas imprescindibles en reas importantes y, por ltimo, que se estn asumiendo riesgos imprevisibles a corto plazo y muy graves a plazo medio y largo. Me gustara citar brevemente algunos datos acerca de las fechas en que se calcula probable el agotamiento de algunas materias imprescindibles para el tipo de vida en constante crecimiento cuantitativo en la que nos encontramos desde 1820, desde la primera crisis cclica del capitalismo. La primera estimacin procede de autores no particularmente ecologistas, autores ms bien neutrales; la segunda proviene de estudios realizados por un equipo de autores ecologistas franceses: para el petrleo, las fechas calculadas de agotamiento son, respectivamente, el ao 2050 y el ao 2030; para el uranio, los aos 2020 y 2010; para un mineral tan importante en tantas tcnicas contemporneas como el cobre, las fechas previstas son el ao 1990 y 2000. Estos datos estn reunidos con bastante acierto en uno de los ltimos nmeros de la revista Transicin [9], donde hay un cuadro bastante completo de mucho inters por la comparacin en las valoraciones que hace segn las diferentes fuentes. Como se ve, las diferencias son escasas, 15 o 20 aos en el peor de los casos.

En cuanto a los riesgos imprevisibles o de extrema gravedad a los que antes me refera, que son los que ms nos interesan en este debate, estn directamente relacionados con la instalacin de las centrales nucleares y la proliferacin de stas [10]. No quisiera ponerme a resumir o a repetir ahora los largos debates habidos sobre este asunto, pero s me gustara ilustrarlos con un par de observaciones.

Una de ellas es la historia que recoge Santiago Vilanova en su ltimo libro El sndrome nuclear, que est editado por Bruguera. Vilanova se refiere a la fluctuacin de los valores de radiacin mxima soportable segn los gobiernos, que son, por otra parte, los que prescriben la cantidad mxima de irradiacin que puede soportar un trabajador de una central o bien un individuo de la poblacin donde est ubicada. Desde el ao 1925 hasta el ao 1956, la variacin de esos valores que se estimaban que no hacan dao al organismo humano es la siguiente: en 1925, se aconsejaba como valor lmite 46 rems [11] por ao (el rem es la unidad de irradiacin recibida por el sujeto); en el ao 1934, bajaron esa estimacin hasta la cifra de 21 rems y medio, menos de la mitad; en el ao 1949, tuvieron que volver a bajar hasta 15 rems y en 1956 se dej en 5 rems. Excuso decir la fiabilidad que nos puede merecer estos 5 rems por ao cuando estn dictados por las mismas instancias que en el ao 1925 admitan la friolera de 46 rems.

Esa historia tiene todava una especie de eplogo. Cada vez son ms frecuentes los cientficos que consideran que no hay dosis mnima inocua por el carcter acumulativo de toda la dosis de irradiacin. O sea, que no solamente es una trayectoria de evidente desdecirse de los gobiernos, sino que estamos ante la posibilidad de que no haya dosis mnima que no haga dao, que no perjudique.

Contra este argumento se suele objetar que ya hay una irradiacin natural en los arroyos, rocas, etc., a lo cual slo se pueden contestar dos cosas: primero, que la irradiacin natural no la podemos evitar; segundo, que parece haber bastante probabilidad de que la irradiacin natural no se acumule en lo que se llama cadenas trficas, es decir, en las redes de alimentacin, donde s se acumula la irradiacin producida por nosotros. En los productos de la fisin de un reactor salen elementos que no existen en estado natural sino que los producimos nosotros en el reactor.

En mi opinin, ante este tipo de problemas es imposible evitar consecuencias de tipo poltico-moral porque son cuestin de decisin. Sin embargo hay una manera de considerar que aqu no hay problemas morales. Hay un autor, Adrian Berry, que ha publicado un libro titulado Los prximo diez mil aos [12], editado en Alianza Editorial, que intenta rehuir el problema diciendo que hemos de continuar as, que cuando la tierra sea inhabitable, ya habremos descubierto la posibilidad de colonizar nuevos astros. Esta insensatez est impresa, negro sobre blanco, en el libro de un fsico importante como es Berry.

Salvo este caso de progresismo disparatado, parece que los hechos imponen consideraciones de tipo moral y poltico, pero de tipo poltico en un sentido muy profundo. No en el sentido de que la poltica se reduzca a acciones de los gobernantes sino en ese otro sentido mucho ms general que arraiga en la vida cotidiana, en los usos y costumbres de los pases ricos, de las zonas industrializadas. Seguro que las reflexiones morales acerca del deterioro de la tierra no valen igual para un habitante de ciudad, como Barcelona, que para otro de un poblado de Africa Central, pero para nosotros, para la gente de los pases industrializados, s que se imponen esas consecuencias polticas individuales. Parece claro que se est acabando la vigencia de ciertos valores progresistas muy optimistas, proclamados desde el siglo XVIII, desde hace ms de 200 aos. Valores como, por ejemplo, la asimilacin del gran consumo y de la gran riqueza acumulada como una bendicin del cielo, al modo de la moral protestante calvinista. O en un plano ms tcnico, valores como la asignacin del bienestar de un pas por su consumo de kilovatios/ao por cabeza. Hoy ms bien podra decirse que a ms consumo de kilovatio/hora por ciudadano, ms proximidad hay de un desastre.

Por lo tanto, aqu se da la posibilidad de que esos valores se tengan que revisar. De que empiece a no ser ninguna locura social ni nada reaccionario propugnar valores como, por usar una palabra muy discutida y muy cargada de equvocos, la austeridad [13]. Eso plantea inmediatamente la siguiente cuestin: los anteriores valores, los de la abundancia, tenan una funcin de disminucin de los conflictos sociales y los resolvan con xito. La clase obrera norteamericana dej de ser una clase conflictiva. Todo cont, desde la polica federal hasta el modelo Ford-T. Como aqu, desde la Polica Armada hasta el Seiscientos. Si hay que revisar los valores abundancia y superabundancia, entonces habr tambin que revisar el valor desigualdad. Sera una relacin directa. Al que habla de austeridad habra que responderle exigiendo igualdad desde una perspectiva radical y no de beneficencia o caridad.

Me gustara hacer una ltima observacin. A veces cuando uno pone de manifiesto su creencia, como he hecho yo en este caso, de la necesidad de rebasar y de eliminar ciertos valores tradicionales del desarrollo del capitalismo, heredados en gran parte por la mentalidad socialista, como el del crecimiento econmico indefinido, alguien puede pensar que se est haciendo una propuesta reaccionaria. Cuando se articula en detalle una lnea de revisin de valores y de bloqueo de un crecimiento de produccin y consumo, se hace necesario intervenir, por su peligrosidad, en ciertas ramas de investigacin como la tecnologa militar o la ingeniera gentica. No se trata de afirmar que todo eso haya de suprimirse a rajatabla, pero sin duda debera instaurarse un control realmente social, no slo por las autoridades de enormes Estados sino por la opinin pblica de comunidades mucho ms pequeas, sobre esos tipos de investigacin. Hay quien piensa entonces que eso es retrgrado o que se prohbe el estudio. No es verdad. El potencial de investigacin se puede reorientar en muchos ms sentidos. Por ejemplo, tratndose de investigacin econmica, tan cientfico es el estudio de la maximizacin de producciones que investigar la bsqueda de minimizacin de costos. Por lo tanto, no es verdad que un programa de revisin de valores consumistas y degradantes de la naturaleza sea necesariamente un programa de frenos a rajatabla.

La situacin poltico-social de hoy est cargada de problemas. Nuestra posicin mundial en el dispositivo de los grandes pases imperialistas nos condena a ciertas producciones y ramas econmicas altamente peligrosas. En Osona estn buscando uranio, el Plan Energtico Nacional (PEN) lo estn desarrollando sobre una base nuclear. Otro riesgo es la importancia poltica que tradicionalmente tiene entre nosotros el Ejrcito. Somos uno de los pases en que el Ejrcito pesa ms. El poder militar est directamente relacionado con el productivismo desencadenado en general y con la industria nuclear en particular. As es al menos con la mentalidad que tiene ahora el Ejrcito [14]. No digo que no pueda cambiar. Las poblaciones espaolas en general, y esto es otro grave handicap, han estado muy coartadas en su toma de conciencia por los cuarenta aos de tirana y por el psimo estado de los aparatos educativos. Nuestra poblacin es, pues, de las menos conscientes en Europa acerca de los riesgos dimanantes de la reconstitucin del capital fijo al final de esta crisis econmica que estamos atravesando [15].

 

Notas SLA:

1) La energa nuclear pareca volver a renacer en Estados Unidos despus de 30 aos sin permisos para nuevos reactores (los pocos que han entrado en funcionamiento durante este perodo haban sido autorizados antes del accidente de 1979). La industria norteamericana ha lanzado el siguiente plan de accin nuclear: cinco nuevos reactores funcionando en 2015, una docena en 2020 y medio centenar en 2050!. Unos 70 en total, que representan un incremento del 68%. Los Estados Unidos, que producen un 30% de energa ms de la que consumen, tienen actualmente 103 reactores, de los 450 que existen en el mundo, que generan el 20% de la electricidad total del pas. John Rowe, presidente ejecutivo de Exelon, el mayor productor de energa nuclear de USA, ha declarado: Siempre es gratificante tener al presidente de tu parte (El Pas, 31/1/2005). Precisamente, el seor Bush, en declaraciones a The Wall Street Journal, ha defendido el carcter como energa renovable de la energa nuclear con la siguiente argumentacin: la Casa Blanca y el congreso de Estados Unidos reconocen la necesidad de incrementar las fuentes energticas que no emitan CO 2 ; y la energa nuclear no emite este gas!.

Se ha calculado que son 4.500 las bombas atmicas que pueden fabricarse con las 40 toneladas de plutonio que se almacenan en las piscinas de agua de las centrales nucleares.

 

2) A principios del siglo XXI, las centrales hidroelctricas, elicas y solares generan, aproximadamente, el 12% de la energa elctrica producida en Estados Unidos.

 

3) La Comisin Trilateral se form a iniciativa de David Rockefeller, Zbigniew Brzezinski, Cyrus Vance, Walter Mondale, Paul Volcker, junto con destacados miembros de empresas multinacionales. En 1975, se public un texto con el significativo ttulo: La crisis de la democracia. Informe a la Comisin Trilateral sobre la gobernabilidad de las democracias. Samuel P. Huntington fue uno de sus redactores. Sobre el papel de la Trilateral, pueden verse breves comentarios de Sacristn en: M. Sacristn, o el potencial revolucionario de la ecologa. Entrevista con Tele/Expres (1979), De la primavera de Praga al marxismo ecologista, op.. cit, p. 124, y en Enric Tello, Leer a Manuel Sacristn en el crisol de un nuevo comienzo. Manuel Sacristn, M.A.R.X. Mximas, aforismos y reflexiones con algunas variables libres. El Viejo Topo, Barcelona 2003, pp. 457-502.

 

4) Sacristn se refiere al accidente de la central nuclear de Three Mile Island (Pennsylvania) en 1979, que pudo acabar con un desastre similar al ocurrido siete aos despus en Chernbil.

 

5) En otros momentos, Sacristn aada dos consideraciones ms: el problema no resuelto de los residuos radiactivos y el marco poltico autoritario, y de fuerte control poltico, que posibilita la presencia de una fuente energtica como la nuclear.

 

6) La Administracin Bush acaso haya falsado parcialmente esta afirmacin de Sacristn.

 

7) Sobre las agriculturas amerindias, vase: De la primavera de Praga al marxismo ecologista. Entrevistas con Manuel Sacristn Luzn, op.. cit, pp. 101-103, y algunas de sus Notas de traductor a S.M. Barrett (ed), Gernimo. Historia de su vida. Hiptesis/Grijalbo, Barcelona 1975 (especialmente, pp. 161-165 y 172-178).

 

8) Se refiere aqu Sacristn a los pases de Europa oriental, prximos a la antigua Unin Sovitica, y que, en su mayora, haban formado parte del ex-Pacto de Varsovia. Una aproximacin a las posiciones de Sacristn sobre las vicisitudes del socialismo en la URSS (y pases prximos) demandara la lectura de Checoslovaquia y la construccin del socialismo (De la primavera de Praga al marxismo ecologista, op.. cit, pp. 35-62); Sobre el estalinismo, conferencia aqu recogida; su intervencin en mesa redonda Examen crtico del marxismo desde el pensamiento espaol (Pasado y perspectivas), 25/X/1983, Derecho de la Universidad Complutense (RUB-FMSL) y Sobre Lukcs, captulo VI de este volumen. Igualmente, las cartas dirigidas a Jos M Mohedano a raz de su entrevista para Cuadernos para el Dilogo (RUB-FMSL y De la primavera de Praga al marxismo ecologista, op.. cit, pp. 58-60); parte de los materiales anexos a la tesis doctoral de Miguel Manzanera sobre la obra de Manuel Sacristn, y Juan-Ramn Capella, La prctica de Manuel Sacristn. Una biografa poltica, op.. cit. (especialmente 1 y 2 partes).

 

9)Transicin fue una revista editada por Ediciones de Intervencin cultural/El viejo topo, centrada bsicamente en el anlisis de asuntos econmicos (y afines) desde una perspectiva marxista crtica, amplia y no cerrada, que desgraciadamente dej de editarse a mediados de los aos ochenta.

 

10) En las clases de metodologa de las ciencias sociales de 1983-1984, puede verse un reconocimiento explcito de la visin anticipadora del fsico britnico Philipp Nel-Baker respecto a la cara menos amable de la industria nuclear. Aqu sealaba Sacristn: Fue una poca de extraordinaria euforia acerca de los nuevos desarrollos en cuanto a que hallazgos de mayor o menor importancia ocurridos durante la guerra, principalmente en el terreno de la tecnologa militar, empezaron a tener un desarrollo civil de importancia. Los dos principales fueron: el DDT y la obtencin de energa elctrica sobre la base nuclear. Apenas hubo alguna excepcin de autores muy agudos, muy previsores, entre los que valdra la pena citar al que fue durante bastantes aos responsable de la poltica cientfica inglesa, Sir Phillip Nel-Baker, que demostr verdaderamente una inteligencia fuera de lo comn porque ya a finales de los aos cuarenta, siendo l un gran especialista en la energa nuclear -fue uno de los primeros especialistas ingleses- public un libro que en vez de titularse como los de entonces La superacin del trabajo mediante la energa nuclear, etc, el suyo se titulaba Promesas y amenazas de la energa nuclear, que es -que yo sepa- el primer libro de un fsico importante en el que se registraba una cierta distancia, en los comienzos de un camino que empez con esa euforia y como ustedes saben ha terminado o est terminando en algunos captulos.

 

11) Sobre este punto, vase: Rubbia, C., El dilema nuclear, Crtica, Barcelona 1989. Rubbia sealaba, en aquel entonces, que unos 6.500 investigadores -entre ellos quince premios Nobel- haban firmado en mayo de 1986 un documento en el que se comprometan a no participar en los trabajos cientficos relacionados con el reaganiano proyecto de la Iniciativa de Defensa Estratgica (IDE).

 

12) En uno de los ficheros de resmenes de RUB-FMSL, pueden verse anotaciones de lectura sobre este ensayo de Adrian Berry. Entre ellas: Desde el primer momento est claro el principio o la hiptesis bsica: progreso tcnico, cientfico, econmico, sin evolucin cultural, con persistencia de las viejas necesidades. Lo caracterstico de su sistema de valores es que no cuentan el dolor y la muerte individuales de millones, sino la posibilidad de supervivencia de la especie, que significa ante todo el grupo de listos y poderosos. Tambin en RUB-FMSL pueden verse observaciones de lectura sobre A. Berry, La mquina superinteligente. Una odisea electrnica, Alianza, Madrid, 1983.

 

13) Sobre la nocin de austeridad, vase: M. Sacristn, La polmica sobre la austeridad en el PCI, Intervenciones polticas, op. cit, pp. 186-195. En una entrevista de 1979 con el diario Tele-Express (reimpresa en De la primavera de Praga al marxismo ecologista, op.. cit, p. 121), sealaba Sacristn: (...) Creo que hay que recuperar aspectos de la cultura cristiana, tales como el odio a la soberbia, el pecado original, etc. porque al fin y al cabo el hombre es una especie ms del planeta y de las ms peligrosas para el planeta. No es una boutade: hay que recuperar las ideas revolucionarias. De la misma manera que hay que olvidar al Hegel de la negacin de la negacin o aquello de que hay que empeorar al mximo para luego mejorar.

 

14) Interesantes reflexiones sobre el creciente papel de los Ejrcitos en el estado de mando de las sociedades contemporneas pueden verse en la que fue la ltima conferencia impartida por Sacristn: Pasado y presente de los movimientos sociales contemporneos. Hacia una caracterizacin general del fenmeno, dictada en julio de 1985 en Gijn, dentro de un curso sobre movimientos sociales en l que tambin intervinieron Fernndez Buey (El pacifismo espaol), R. Tamames, M. Nash (Cambio social, accin colectiva y protagonismo femenino. Una perspectiva histrica) y N. Sales (Servicio militar y sociedad en los siglos XIX y XX). Aqu sealaba Sacristn: (...) En cuanto a los movimientos por la paz y antimilitaristas, que son los que conservan ms vitalidad, que incluso han cobrado nueva vitalidad, hay que decir que chocan con un poder imponente y violento y que antes nos era desconocido no slo a nosotros los espaoles sino tambin, en gran manera, a los europeos ms industrializados. A saber, esta nueva simbiosis de la gran industria con los gobiernos, los sindicatos corporativistas -es decir, los sindicatos que ya no se proponen cambios sociales bsicos- y sobre todo los ejrcitos. Uno de los peores males que en mi opinin afectan no ya a los movimientos alternativos sino a todo el pas, a toda la conciencia poltica espaola, es la falta de decisin de decir estas cosas claramente. Lo que los movimientos pacifistas tienen enfrente en estos momentos es un bloque desconocido hasta ahora en la historia de Europa: es una alianza tcita pero impenetrable, presidida por los ejrcitos, dirigida por los ejrcitos, entre ejrcitos, gobiernos, sindicatos, sindicatos corporativos, y la gran industria, el gran capital industrial y financiero.

 

15) Algunos de los puntos aqu desarrollados, pueden completarse en: Manuel Sacristn, o el potencial revolucionario de la ecologa. Entrevista con Tele/Expres. En: De la primavera de Praga al marxismo ecologista. Entrevistas con Manuel Sacristn Luzn, op.. cit, pp. 115-125. La entrevista apareci tambin en Andaln 224 (1979), con el ttulo Manuel Sacristn, del PSUC al CANC.

 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter