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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-03-2011

Visita de Obama en Chile
Escucha, yanqui!

Manuel Cabieses Donoso
Punto Final


 Seor Barack Hussein Obama, Presidente de los Estados Unidos de Amrica

Seor presidente: Simn Bolvar escribi el 5 de agosto de 1829: Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia para plagar la Amrica de miserias a nombre de la Libertad. Una profeca confirmada mil veces, hasta nuestros das. La advertencia del Libertador se hizo realidad no slo en Amrica Latina y el Caribe, condenados por su cercana geogrfica y sus enormes riquezas a sufrir el pillaje de EE.UU. y sus legiones de marines. A partir de la segunda guerra mundial, la voracidad depredadora del nuevo imperio se hizo universal y sigue cometiendo crmenes de lesa humanidad invocando la libertad y los derechos humanos de sus vctimas. Su pas, seor presidente, que forjaron patriotas ejemplares inspirados en nobles principios republicanos, se ha convertido en un imperio desalmado, sangriento y rapaz, odiado y temido en el mundo.

Guerras e invasiones, bombardeos de poblaciones civiles, golpes de Estado, conspiraciones y asesinatos polticos, torturas en crceles secretas, sabotajes, terrorismo, campaas de propaganda y dinero para desestabilizar gobiernos, patraas para justificar la ocupacin de pases ricos en petrleo, gas y otros minerales, bloqueos de alimentos y medicinas para someter la soberana y dignidad de naciones pequeas y dbiles, y, sobre todo, su desenfrenado espritu de rapia, convierten a EE.UU. en odioso smbolo del escarnio al derecho de gentes. Qu lejos est hoy su pas del noble espritu que anim la Declaracin de Independencia en 1776! La proclama de Jefferson y sus compaeros de que todos los hombres nacen iguales, se extravi en la oscuridad de la traicin. Usted, seor, representa algo muy distinto al pas que soaron los Padres Fundadores. Usted es el jefe de un imperio que amenaza al mundo con su desesperada bsqueda de materias primas y recursos energticos para alimentar una economa que no reconoce otro lmite que la mxima ganancia. Esa irresponsabilidad est empujando a la Humanidad al hambre y el desastre. El desprecio de su nacin por las leyes de la naturaleza pone en riesgo la existencia del planeta y atropella las normas de solidaridad ambiental que aseguran la presencia de la pareja humana en la Tierra. Su gobierno, seor presidente, ha continuado las polticas que hacen de EE.UU. un imperio guerrerista. Ms que un pas, el suyo es un bastin militar. Lo corrobora el presupuesto de defensa de este ao con 553 mil millones de dlares y un suplemento de 117.800 millones para sostener la guerra en Afganistn e Iraq.

Usted no habla en nombre de los 155 millones de norteamericanos que quieren un mundo en paz. Mucho menos lo hace por los miles de sindicalistas y jvenes que se han movilizado estos das en Wisconsin, Ohio y otros estados protestando contra las leyes que reducen las jubilaciones y salarios. Usted habla en nombre de los 400 norteamericanos que Michael Moore ha dicho que tienen la misma cantidad de riqueza que la mitad del total de los estadounidenses. Ese gordo formidable e incansable, que ha hecho lo suyo para difundir la realidad de EE.UU., afirma: Hemos entregado nuestra preciosa democracia a una elite financiera. Wall Street, los bancos y Fortune son los que gobiernan esta repblica(1). Esa realidad -la del capitalismo-, la vivimos tambin en Chile. Somos poco ms de 17 millones de una poblacin mestiza, que sin embargo, discrimina a indgenas, morenos y negros. Nuestro pas sufre las mismas deformaciones que afectan al suyo, entre otros motivos porque se empea en imitarlo. Tambin en Chile una elite ejerce el poder. Sus miembros poseen enormes fortunas y figuran en el cuadro de honor de Forbes. Iris Fontbona viuda de Luksic posee 19.200 millones de dlares. Horst Paulmann, 10.500 millones; los Matte, dueos de bosques y plantas elctricas, 10.400 millones; y el presidente de la Repblica, Sebastin Piera, elev su fortuna a 2.400 millones el ao pasado. Esta minora insaciable controla los medios de comunicacin y la educacin privada -donde se educan la mayora de los nios y jvenes chilenos-. Logra as el mismo engao masivo que Moore menciona en su discurso de Madison: que los pobres voten por el partido que protege a los ricos porque usted podr ser un da uno de ellos. El soporte social de la elite que gobierna en Chile es una pretendida clase media, alienada por el consumismo y que se equilibra sobre la tarjeta de crdito. Esto le facilita acceder a automviles, electrodomsticos, celulares, viajes y espectculos cuya profusin permite crear el espejismo de una sociedad igualitaria. Detrs del teln se esconden tres y medio millones de pobres e indigentes y casi 700 mil jvenes que no estudian ni trabajan. Una parte considerable de la poblacin es prisionera de la droga. Chile -como usted sabe- es uno de los diez pases con mayor desigualdad en el mundo. Como puede ver, seor presidente, en Chile se sentir como en su casa. De algn modo -lo percibir si el espeso muro de su seguridad lo permite-, nuestro pas es una burda imitacin del suyo. Pero ustedes son el imperio y nosotros la colonia. El modelo econmico y social que nos impusieron mediante el terrorismo de Estado los militares y empresarios coaligados con las trasnacionales, fue el premio mayor de la intervencin norteamericana. La oligarqua que ayud a desatar el golpe es la misma que hoy gobierna el pas. No ha dejado de hacerlo en ningn momento durante casi 40 aos. Para ello se ha valido indistintamente de militares y polticos de derecha y centro-izquierda. Estos ltimos gobernaron durante 20 aos y ni siquiera despeinaron el modelo neoliberal. Por el contrario, terminaron de traspasar al sector privado lo poco que quedaba en el rea pblica.

Esa gentuza, seor presidente, son sus amigos en Chile. Tenga cuidado con ellos. Es lamentable, seor presidente, que usted recorra el mismo camino sinuoso que ya hicieron sus antecesores. No ha corregido la alevosa poltica hacia Cuba que impulsaron los diez presidentes anteriores. El bloqueo a la isla -usted lo sabe- es una arbitrariedad inicua que viola los derechos humanos del pueblo cubano. Lo seala todos los aos Naciones Unidas, sin que su pas se d por enterado. Esto constituye un agravio y una afrenta para toda Amrica Latina y el Caribe porque atropella la soberana de una nacin hermana. An ms, su gobierno ha hecho odos sordos a la peticin mundial de libertad para cinco cubanos prisioneros en EE.UU. acusados de impedir las acciones terroristas que se fraguaban contra la isla. La beligerante actitud de su gobierno contra Venezuela es otro hecho bochornoso de esta poltica imperial. Sus intentos por desestabilizar al gobierno del presidente Hugo Chvez repiten el mismo esquema de intromisin extranjera que vivieron Chile en 1973 y Honduras en 2009. Usted parece no entender que en Amrica Latina y el Caribe ha renacido una corriente social y poltica que demanda democracia participativa, justicia e igualdad. Es un movimiento de pueblos cansados de ficciones democrticas a la medida de los intereses oligrquicos. Su demanda superior -desde siempre- es la unidad e integracin de Amrica Latina y el Caribe.

Eso es lo que representa Hugo Chvez para el pueblo venezolano y para los pobres y excluidos del continente. La revolucin bolivariana tiene una lnea de continuidad de dos siglos con la historia poltica latinoamericana y caribea. Proviene de los libertadores que desafiaron y derrotaron al poder colonial, entre ellos nuestro Bernardo OHiggins que proclam ms vale morir de pie que vivir de rodillas. Ese fue el espritu combativo de los jefes y soldados indgenas y mestizos de las primeras luchas de la independencia. Es el mismo espritu que renaci en Fidel Castro y Salvador Allende, y que hoy recorre los llanos de Venezuela y las selvas y montaas de Ecuador y Bolivia. En 1960 un gran norteamericano, el socilogo C. Wright Mills, escribi Escucha yanqui. La Revolucin Cubana. Fue un intento por hacer comprender a EE.UU. ese acontecimiento histrico. Pero el yanqui no escuch. Ojal usted preste atencin a norteamericanos valientes como Noam Chomsky, James Petras, Michael Moore y tantos otros intelectuales, artistas, cineastas, pastores religiosos, cientficos, sindicalistas, etc., que con honestidad tratan que su nacin despierte a la realidad. Si usted atiende esas voces, comprender porqu el clsico grito Yanqui go home lo continuarn escuchando los presidentes norteamericanos hasta el da del juicio final del imperialismo. Lo saluda atentamente,

MANUEL CABIESES DONOSO es Director de Punto Final

(1) Discurso de Michael Moore en Madison, Wisconsin, 5/3/2011. (Ver http://www.rebelion.org/noticia.php?id=123832).

(Publicado en Punto Final, edicin N 729, 18 de marzo, 2011)
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