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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-03-2011

Mensaje a todos los pueblos del mundo a travs de la TricontinentalPrimera Conferencia Tricontinental, celebrada en La Habana en enero de 1966
Crear dos, tres... muchos Vietnam, es la consigna

Ernesto Guevara
La Jiribilla


Ya se han cumplido veintin aos desde el fin de la ltima conflagra cin mundial y diversas publicaciones, en infinidad de lenguas, celebran el acontecimiento simbolizado en la derrota del Japn. Hay un clima de aparente optimismo en muchos sectores de los dispares campos en que el mundo se divide.

Veintin aos sin guerra mundial, en estos tiempos de confrontaciones mximas, de choques violentos y cambios repentinos, parecen una cifra muy alta. Pero, sin analizar los resultados prcticos de esa paz por la que todos nos manifestamos dispuestos a luchar (la miseria, la degradacin, la explotacin cada vez mayor de enormes sectores del mundo) cabe pre guntarse si ella es real.

No es la intencin de estas notas historiar los diversos conflictos de carcter local que se han sucedido desde la rendicin del Japn, no es tampoco nuestra tarea hacer el recuento, numeroso y creciente, de luchas civiles ocurridas durante estos aos de pretendida paz. Bstenos poner como ejemplos contra el desmedido optimismo las guerras de Corea y Vietnam.

En la primera, tras aos de lucha feroz, la parte norte del pas qued sumida en la ms terrible devastacin que figure en los anales de la gue rra moderna; acribillada a bombas; sin fbricas, escuelas u hospitales; sin ningn tipo de habitacin para albergar a diez millones de habitantes.

En esta guerra intervinieron, bajo la fementida bandera de las Naciones Unidas, decenas de pases conducidos militarmente por los EE.UU., con la participacin masiva de soldados de esa nacionalidad y el uso, como carne de can, de la poblacin sudcoreana enrolada.

En el otro bando, el ejrcito y el pueblo de Corea y los voluntarios de la Repblica Popular China contaron con el abastecimiento y asesora del aparato militar sovitico. Por parte de los norteamericanos se hicieron toda clase de pruebas de armas de destruccin, excluyendo las termonucleares pero incluyendo las bacteriolgicas y qumicas, en escala limitada. En Vietnam se han sucedido acciones blicas, sostenidas por las fuerzas patriticas de ese pas casi ininterrumpidamente contra tres potencias imperialistas: Japn, cuyo podero sufriera una cada vertical a partir de las bombas de Hiroshima y Nagasaki; Francia, que recupera en aquel pas vencido sus colonias indochinas e ignoraba las promesas hechas en momentos difciles; y los EE.UU., en esta ltima fase de la contienda.

Hubo confrontaciones limitadas en todos los continentes, aun cuan do en el americano, durante mucho tiempo, solo se produjeron conatos de lucha de liberacin y cuartelazos, hasta que la Revolucin Cubana diera su clarinada de alerta sobre la importancia de esta regin y atrajera las iras imperialistas, obligndola a la defensa de sus costas en Playa Girn, primero, y durante la Crisis de Octubre, despus.

Este ltimo incidente pudo haber provocado una guerra de incalculables proporciones, al producirse, en torno a Cuba, el choque de norteamericanos y soviticos.

Pero, evidentemente, el foco de las contradicciones, en este momento, est radicado en los territorios de la pennsula indochina y los pases aledaos. Laos y Vietnam son sacudidos por guerras civiles, que dejan de ser tales al hacerse presente, con todo su podero, el imperialismo nor teamericano, y toda la zona se convierte en una peligrosa espoleta presta a detonar.

En Vietnam la confrontacin ha adquirido caractersticas de una agudeza extrema. Tampoco es nuestra intencin historiar esta guerra. Simplemente, sealaremos algunos hitos de recuerdo.

En 1954, tras la derrota aniquilante de Dien Bien Phu, se firmaron los acuerdos de Ginebra, que dividan al pas en dos zonas y estipulaban la realizacin de elecciones en un plazo de 18 meses para determinar quines deban gobernar a Vietnam y cmo se reunificara el pas. Los norteame ricanos no firmaron dicho documento, comenzando las maniobras para sustituir al emperador Bao Dai, ttere francs, por un hombre adecuado a sus intenciones. Este result ser Ngo Dinh Diem, cuyo trgico fin el de la naranja exprimida por el imperialismo es conocido de todos.

En los meses posteriores a la firma del acuerdo, rein el optimismo en el campo de las fuerzas populares. Se desmantelaron reductos de lucha antifrancesa en el sur del pas y se esper el cumplimiento de lo pactado. Pero pronto comprendieron los patriotas que no habra elecciones a menos que los EE.UU. se sintieran capaces de imponer su voluntad en las urnas, cosa que no podra ocurrir, aun utilizando todos los mtodos de fraude de ellos conocidos.

Nuevamente se iniciaron las luchas en el sur del pas y fueron adquiriendo mayor intensidad hasta llegar al momento actual, en que el ejrcito norteamericano se compone de casi medio milln de invasores, mientras las fuerzas tteres disminuyen su nmero y, sobre todo, han perdido totalmente la combatividad.

Hace cerca de dos aos que los norteamericanos comenzaron el bombardeo sistemtico de la Repblica Democrtica de Vietnam en un intento ms de frenar la combatividad del sur y obligar a una conferencia desde posi ciones de fuerza. Al principio, los bombardeos fueron ms o menos aislados y se revestan de la mscara de represalias por supuestas provocaciones del Norte. Despus aumentaron en intensidad y mtodo, hasta convertirse en una gigantesca batida llevada a cabo por las unidades areas de los EE.UU. , da a da, con el propsito de destruir todo vestigio de civilizacin en la zona norte del pas. Es un episodio de la tristemente clebre escalada.

Las aspiraciones materiales del mundo yanqui se han cumplido en buena parte a pesar de la denodada defensa de las unidades antiareas vietnamitas, de los ms de mil 700 aviones derribados y de la ayuda del campo socialista en material de guerra.

Hay una penosa realidad: Vietnam, esa nacin que representa las aspiraciones, las esperanzas de victoria de todo un mundo preterido, est trgicamente solo. Ese pueblo debe soportar los embates de la tcnica norteamericana, casi a mansalva en el sur, con algunas posibilidades de defensa en el norte, pero siempre solo.

La solidaridad del mundo progresista para con el pueblo de Vietnam semeja a la amarga irona que significaba para los gladiadores del circo romano el estmulo de la plebe. No se trata de desear xitos al agredido, sino de correr su misma suerte; acompaarlo a la muerte o la victoria.

Cuando analizamos la soledad vietnamita, nos asalta la angustia de este momento ilgico de la humanidad.

El imperialismo norteamericano es culpable de agresin; sus crmenes son inmensos y repartidos por todo el orbe. Ya lo sabemos, seores! Pero tambin son culpables los que en el momento de definicin vacilaron en hacer de Vietnam parte inviolable del territorio socialista, corriendo, s, los riesgos de una guerra de alcance mundial, pero tambin obligando a una decisin a los imperialistas norteamericanos. Y son culpables los que mantienen una guerra de denuestos y zancadillas comenzadas hace ya buen tiempo por los representantes de las dos ms grandes potencias del campo socialista.

Preguntemos, para lograr una respuesta honrada: Est o no aislado el Vietnam, haciendo equilibrios peligrosos entre las dos potencias en pugna?

Y: qu grandeza la de ese pueblo! Qu estoicismo y valor, el de ese pueblo! Y qu leccin para el mundo entraa esa lucha.

Hasta dentro de mucho tiempo no sabremos si el presidente Johnson pensaba en serio iniciar algunas de las reformas necesarias a un pueblo para limar aristas de las contradicciones de clase que asoman con fuerza explosiva y cada vez ms frecuentemente. Lo cierto es que las mejoras anunciadas bajo el pomposo ttulo de lucha por la gran sociedad han cado en el sumidero de Vietnam.

El ms grande de los poderes imperialistas siente en sus entraas el desangramiento provocado por un pas pobre y atrasado y su fabulosa economa se resiente del esfuerzo de guerra. Matar deja de ser el ms cmodo negocio de los monopolios. Armas de contencin, y no en nmero suficiente, es todo lo que tienen estos soldados maravillosos, adems del amor de su patria, a su sociedad y un valor a toda prueba. Pero el imperialismo se empantana en Vietnam, no halla camino de salida y busca desesperadamente alguno que le permita sortear con dignidad este peligroso trance en que se ve. Mas los cuatro puntos del Norte y los cinco del Sur lo atenazan, haciendo an ms decidida la confrontacin.

Todo parece indicar que la paz, esa paz precaria a la que se ha dado tal nombre, solo porque no se ha producido ninguna conflagracin de carcter mundial, est otra vez en peligro de romperse ante cualquier paso irreversible, e inaceptable, dado por los norteamericanos.

Y, a nosotros, explotados del mundo, cul es el papel que nos corres ponde? Los pueblos de tres continentes observan y aprenden su leccin en Vietnam. Ya que, con la amenaza de guerra, los imperialistas ejercen su chantaje sobre la humanidad, no temer la guerra, es la respuesta justa. Atacar dura e ininterrumpidamente en cada punto de confrontacin, debe ser la tctica general de los pueblos.

Pero, en los lugares en que esta msera paz que sufrimos no ha sido rota, cul ser nuestra tarea? Liberarnos a cualquier precio.

El panorama del mundo muestra una gran complejidad. La tarea de la liberacin espera an a pases de la vieja Europa, suficientemente desarro llados para sentir todas las contradicciones del capitalismo, pero tan dbiles que no pueden ya seguir el rumbo del imperialismo o iniciar esta ruta. All las contradicciones alcanzarn en los prximos aos carcter explosivo, pero sus problemas y, por ende, la solucin de los mismos son diferentes a la de nuestros pueblos dependientes y atrasados econmicamente.

El campo fundamental de la explotacin del imperialismo abarca los tres continentes atrasados, Amrica, Asia y frica. Cada pas tiene caractersti cas propias; pero los continentes, en su conjunto, tambin las presentan.

Amrica constituye un conjunto ms o menos homogneo y en la casi totalidad de su territorio los capitales monopolistas norteamericanos man tienen una primaca absoluta. Los gobiernos tteres o, en el mejor de los casos, dbiles y medrosos, no pueden oponerse a las rdenes del amo yanqui. Los norteamericanos han llegado casi al mximo de su dominacin poltica y econmica, poco ms podran avanzar ya; cualquier cambio de la situacin podra convertirse en un retroceso en su primaca. Su poltica es mantener lo conquistado. La lnea de accin se reduce en el momento actual, al uso brutal de la fuerza para impedir movimientos de liberacin, de cualquier tipo que sean.

Bajo el eslogan, no permitiremos otra Cuba, se encubre la posibilidad de agresiones a mansalva, como la perpetrada contra Santo Domingo, o anteriormente, la masacre de Panam, y la clara advertencia de que las tropas yanquis estn dispuestas a intervenir en cualquier lugar de Amrica donde el orden establecido sea alterado, poniendo en peligro sus intereses. Esa poltica cuenta con una impunidad casi absoluta; la OEA es una mscara cmoda, por desprestigiada que est; la ONU es de una ineficiencia rayana en el ridculo o en lo trgico; los ejrcitos de todos los pases de Amrica estn listos a intervenir para aplastar a sus pueblos. Se ha formado, de hecho, la internacional del crimen y la traicin.

Por otra parte, las burguesas autctonas han perdido toda su capacidad de oposicin al imperialismo si alguna vez la tuvieron y solo forman su furgn de cola. No hay ms cambios que hacer; o revolucin socialista o caricatura de revolucin.

Asia es un continente de caractersticas diferentes. Las luchas de liberacin contra una serie de poderes coloniales europeos dieron por resultado el establecimiento de gobiernos ms o menos progresistas, cuya evolucin posterior ha sido, en algunos casos, de profundizacin de los objetivos primarios de la li beracin nacional y en otros de reversin hacia posiciones proimperialistas.

Desde el punto de vista econmico, EE.UU. tena poco que perder y mucho que ganar en Asia. Los cambios le favorecen; se lucha por desplazar a otros poderes neocoloniales, penetrar nuevas esferas de accin en el campo econmico, a veces directamente, otras utilizando al Japn.

Pero existen condiciones polticas especiales, sobre todo en la pennsula Indochina, que le dan caractersticas de capital importancia al Asia y juegan un papel importante en la estrategia militar global del imperialismo norteamericano. Este ejerce un cerco a China a travs de Corea del Sur, Japn, Taiwn, Vietnam del Sur y Tailandia, por lo menos.

Esa doble situacin; un inters estratgico tan importante como el cerco militar a la Repblica Popular China y la ambicin de sus capitales por penetrar esos grandes mercados que todava no dominan, hacen que el Asia sea uno de los lugares ms explosivos del mundo actual, a pesar de la aparente estabilidad fuera del rea vietnamita.

Perteneciendo geogrficamente a este continente, pero con sus propias contradicciones, el Oriente Medio est en plena ebullicin, sin que se pueda prever hasta dnde llegar esa guerra fra entre Israel, respaldada por los imperialistas, y los pases progresistas de la zona. Es otro de los volcanes amenazadores del mundo.

El frica, ofrece las caractersticas de ser un campo casi virgen para la invasin neocolonial. Se han producido cambios que, en alguna medida, obligaron a los poderes neocoloniales a ceder sus antiguas prerrogativas de carcter absoluto. Pero, cuando los procesos se llevan a cabo ininte rrumpidamente, al colonialismo sucede, sin violencia, un neocolonialismo de iguales efectos en cuanto a la dominacin econmica se refiere.

EE.UU. no tena colonias en esta regin y ahora lucha por penetrar en los antiguos cotos cerrados de sus socios. Se puede asegurar que frica constituye, en los planes estratgicos del imperialismo norteamericano, su reservorio a largo plazo; sus inversiones actuales solo tienen importancia en la Unin Sudafricana y comienza su penetracin en el Congo, Nigeria y otros pases, donde se inicia una violenta competencia (con carcter pacfico hasta ahora) con otros poderes imperialistas.

No tiene todava grandes intereses que defender salvo su pretendido derecho a intervenir en cada lugar del globo en que sus monopolios olfateen buenas ganancias o la existencia de grandes reservas de materias primas.

Todos estos antecedentes hacen lcito el planteamiento interrogante sobre las posibilidades de liberacin de los pueblos a corto o mediano plazo.

Si analizamos el frica veremos que se lucha con alguna intensidad en las colonias portuguesas de Guinea, Mozambique y Angola, con particular xito en la primera y con xito variable en las dos restantes. Que todava se asiste a la lucha entre los sucesores de Lumumba y los viejos cmplices de Tshombe en el Congo, lucha que, en el momento actual, parece inclinarse a favor de los ltimos, los que han pacificado en su propio provecho una gran parte del pas, aunque la guerra se mantenga latente.

En Rhodesia el problema es diferente: el imperialismo britnico utiliz todos los mecanismos a su alcance para entregar el poder a la minora blanca que lo detenta actualmente. El conflicto, desde el punto de vista de Inglaterra, es absolutamente antiofcial, solo que esta potencia, con su habitual habilidad diplomtica tambin llamada hipocresa en buen romance presenta una fachada de disgustos ante las medidas tomadas por el gobierno de Ian Smith, y es apoyada en su taimada actitud por algunos de los pases del Commonwealth que la siguen, y atacada por una buena parte de los pases del frica Negra, sean o no dciles vasallos econmicos del impe rialismo ingls.

En Rhodesia la situacin puede tornarse sumamente explosiva si cristalizan los esfuerzos de los patriotas negros para alzarse en armas y este movimiento fuera apoyado efectivamente por las naciones africanas vecinas. Pero por ahora todos los problemas se ventilan en organismos tan inocuos como la ONU, el Commonwealth o la OUA.

Sin embargo, la evolucin poltica y social del frica no hace prever una situacin revolucionaria continental. Las luchas de liberacin contra los portugueses deben terminar victoriosamente, pero Portugal no significa nada en la nmina imperialista. Las confrontaciones de importancia revolucionaria son las que ponen en jaque a todo el aparato imperialista, aunque no por eso dejemos de luchar por la liberacin de las tres colonias portuguesas y por la profundizacin de sus revoluciones.

Cuando las masas negras de Sudfrica o Rhodesia inicien su autntica lucha revolucionaria, se habr iniciado una nueva poca en el frica. O, cuando las masas empobrecidas de un pas se lancen a rescatar su derecho a una vida digna, de las manos de las oligarquas gobernantes.

Hasta ahora se suceden los golpes cuartelarios en que un grupo de oficiales reemplaza a otro o a un gobernante que ya no sirva sus intereses de casta y a los de las potencias que los manejan solapadamente pero no hay convulsiones populares. En el Congo se dieron fugazmente estas caractersticas impulsadas por el recuerdo de Lumumba, pero han ido perdiendo fuerzas en los ltimos meses.

En Asia, como vimos, la situacin es explosiva, y no son solo Vietnam y Laos, donde se lucha, los puntos de friccin. Tambin lo es Cambodia, donde en cualquier momento puede iniciarse la agresin directa norteame ricana, Tailandia, Malasia y, por supuesto, Indonesia, donde no podemos pensar que se haya dicho la ltima palabra pese al aniquilamiento del Partido Comunista de ese pas, al ocupar el poder los reaccionarios. Y, por supuesto, el Oriente Medio.

En Amrica Latina se lucha con las armas en la mano en Guatemala, Colombia, Venezuela y Bolivia y despuntan ya los primeros brotes en Bra sil. Hay otros focos de resistencia que aparecen y se extinguen. Pero casi todos los pases de este continente estn maduros para una lucha de tipo tal, que para resultar triunfante, no puede conformarse con menos que la instauracin de un gobierno de corte socialista.

En este continente se habla prcticamente una lengua, salvo el caso excepcional del Brasil, con cuyo pueblo los de habla hispana pueden entenderse, dada la similitud entre ambos idiomas. Hay una identidad tan grande entre las clases de estos pases que logran una identificacin de tipo internacional americano, mucho ms completa que en otros continentes. Lengua, costumbres, religin, amo comn, los unen. El grado y las formas de explotacin son similares en sus efectos para explotadores y explotados de una buena parte de los pases de nuestra Amrica. Y la rebelin est madurando aceleradamente en ella.

Podemos preguntarnos: esta rebelin, cmo fructificar?; de qu tipo ser? Hemos sostenido desde hace tiempo que, dadas sus caractersticas similares, la lucha en Amrica adquirir, en su momento, dimensiones continentales. Ser escenario de muchas grandes batallas dadas por la humanidad para su liberacin.

En el marco de esa lucha de alcance continental, las que actualmente se sostienen en forma activa son solo episodios, pero ya han dado los mrtires que figurarn en la historia americana como entregando su cuota de sangre necesaria en esta ltima etapa de la lucha por la libertad plena del hombre. All figurarn los nombres del Comandante Turcios Lima, del cura Camilo Torres, del Comandante Fabricio Ojeda, de los Comandantes Lobatn y Luis de la Puente Uceda, figuras principalsimas en los movimien tos revolucionarios de Guatemala, Colombia, Venezuela y Per.

Pero la movilizacin activa del pueblo crea sus nuevos dirigentes; Csar Montes y Yon Sosa levantan la bandera en Guatemala; Fabio Vz quez y Marulanda lo hacen en Colombia; Douglas Bravo en el occidente del pas y Amrico Martn en El Bachiller, dirigen sus respectivos frentes en Venezuela.

Nuevos brotes de guerra surgirn en estos y otros pases americanos, como ya ha ocurrido en Bolivia, e irn creciendo, con todas las vicisitudes que entraa este peligroso oficio de revolucionario moderno. Muchos morirn vctimas de sus errores, otros caern en el duro combate que se avecina; nuevos luchadores y nuevos dirigentes surgirn al calor de la lucha revolucionaria. El pueblo ir formando sus combatientes y sus con ductores en el marco selectivo de la guerra misma, y los agentes yanquis de represin aumentarn. Hoy hay asesores en todos los pases donde la lucha armada se mantiene y el ejrcito peruano realiz, al parecer, una exitosa batida contra los revolucionarios de ese pas, tambin asesorado y entrenado por los yanquis. Pero si los focos de guerra se llevan con suficiente destreza poltica y militar, se harn prcticamente imbatibles y exigirn nuevos envos de los yanquis. En el propio Per, con tenacidad y firmeza, nuevas figuras an no completamente conocidas, reorganizan la lucha guerrillera. Poco a poco, las armas obsoletas que bastan para la represin de las pequeas bandas armadas, irn convirtindose en armas modernas y los grupos de asesores en combatientes norteamericanos, hasta que, en un momento dado, se vean obligados a enviar cantidades crecientes de tropas regulares para asegurar la relativa estabilidad de un poder cuyo ejrcito nacional ttere se desintegra ante los combates de las guerrillas. Es el camino de Vietnam; es el camino que deben seguir los pueblos; es el camino que seguir Amrica, con la caracterstica especial de que los grupos en armas pudieran formar algo as como Juntas de Co ordinacin para hacer ms difcil la tarea represiva del imperialismo yanqui y facilitar la propia causa.

Amrica, continente olvidado por las ltimas luchas polticas de libera cin, que empieza a hacerse sentir a travs de la Tricontinental en la voz de la vanguardia de sus pueblos, que es la Revolucin Cubana, tendr una tarea de mucho mayor relieve: la de la creacin del Segundo o Tercer Vietnam del mundo.

En definitiva, hay que tener en cuenta que el imperialismo es un sis t ema mundial, ltima etapa del capitalismo, y que hay que batirlo en una gran confrontacin mundial. La finalidad estratgica de esa lucha debe ser la destruccin del imperialismo. La participacin que nos toca a nosotros, los explotados y atrasados del mundo, es la de eliminar las bases de sustentacin del imperialismo: nuestros pueblos oprimidos, de donde extraen capitales, materias primas, tcnicos y obreros baratos y a donde exportan nuevos capitales instrumentos de dominacin, armas y toda clase de artculos, sumindonos en una dependencia absoluta.

El elemento fundamental de esa finalidad estratgica ser, entonces, la liberacin real de los pueblos; liberacin que se producir a travs de lucha armada, en la mayora de los casos, y que tendr, en Amrica, casi indefectiblemente, la propiedad de convertirse en una Revolucin Socialista.

Al enfocar la destruccin del imperialismo, hay que identificar a su cabeza, la que no es otra que los Estados Unidos de Norteamrica.

Debemos realizar una tarea de tipo general que tenga como finalidad tctica sacar al enemigo de su ambiente obligndolo a luchar en lugares donde sus hbitos de vida choquen con la realidad imperante. No se debe despreciar al adversario; el soldado norteamericano tiene capacidad tcnica y est respaldado por medios de tal magnitud que lo hacen temible. Le falta esencialmente la motivacin ideolgica que tienen en grado sumo sus ms enconados rivales de hoy: los soldados vietnamitas. Solamente podremos triunfar sobre ese ejrcito en la medida en que logremos minar su moral. Y esta se mina infligindole derrotas y ocasionndole sufrimientos repetidos.

Pero este pequeo esquema de victorias encierra dentro de s sacrificios inmensos de los pueblos, sacrificios que deben exigirse desde hoy, a la luz del da y que quiz sean menos dolorosos que los que debieron soportar si rehuyramos constantemente el combate, para tratar de que otros sean los que nos saquen las castaas del fuego.

Claro que, el ltimo pas en liberarse, muy probablemente lo har sin lucha armada, y los sufrimientos de una guerra larga y tan cruel como la que hacen los imperialistas, se le ahorrar a ese pueblo. Pero tal vez sea imposible eludir esa lucha o sus efectos, en una contienda de carcter mundial y se sufra igual o ms an. No podemos predecir el futuro, pero jams debemos ceder a la tentacin claudicante de ser los abanderados de un pueblo que anhela su libertad, pero reniega de la lucha que esta conlleva y la espera como un mendrugo de victoria.

Es absolutamente justo evitar todo sacrificio intil. Por eso es tan importante el esclarecimiento de las posibilidades efectivas que tiene la Amrica dependiente de liberarse en forma pacfica. Para nosotros est clara la solucin de esta interrogante; podr ser o no el momento actual el indicado para iniciar la lucha, pero no podemos hacernos ninguna ilusin, ni tenemos derecho a ello, de lograr la libertad sin combatir. Y los combates no sern meras luchas callejeras de piedras contra gases lacrimgenos, ni de huelgas generales pacficas; ni ser la lucha de un pueblo enfurecido que destruya en dos o tres das el andamiaje represivo de las oligarquas gobernantes; ser una lucha larga, cruenta, donde su frente estar en los refugios guerrilleros, en las ciudades, en las casas de los combatientes donde la represin ir buscando vctimas fciles entre sus familiares , en la poblacin campesina masacrada, en las aldeas o ciudades destruidas por el bombardeo enemigo.

Nos empujan a esa lucha; no hay ms remedio que prepararla y deci dirse a emprenderla.

Los comienzos no sern fciles; sern sumamente difciles. Toda la capacidad de represin, toda la capacidad de brutalidad y demagogia de las oligarquas se pondr al servicio de su causa. Nuestra misin, en la primera hora, es sobrevivir, despus actuar el ejemplo perenne de la guerrilla realizando la propaganda armada en la acepcin vietnamita de la frase, vale decir, la propaganda de los tiros, de los combates que se ganan o se pierden, pero se dan, contra los enemigos. La gran enseanza de la invencibilidad de la guerrilla prendiendo en las masas de los desposedos. La galvanizacin del espritu nacional, la preparacin para tareas ms duras, para resistir represiones ms violentas. El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa ms all de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fra mquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser as; un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal.

Hay que llevar la guerra hasta donde el enemigo la lleve: a su casa, a sus lugares de diversin; hacerla total. Hay que impedirle tener un minuto de tranquilidad, un minuto de sosiego fuera de sus cuarteles, y an dentro de los mismos: atacarlo dondequiera que se encuentre; hacerlo sentir una fiera acosada por cada lugar que transite. Entonces su moral ir decayendo. Se har ms bestial todava, pero se notarn los signos del decaimiento que asoma.

Y que se desarrolle un verdadero internacionalismo proletario; con ejrcitos proletarios internacionales, donde la bandera bajo la que se luche sea la causa sagrada de la redencin de la humanidad, de tal modo que morir bajo las enseas de Vietnam, de Venezuela, de Guatemala, de Laos, de Guinea, de Colombia, de Bolivia, de Brasil, para citar solo los escenarios actuales de la lucha armada, sea igualmente gloriosa y apetecible para un americano, un asitico, un africano y, an, un europeo.

Cada gota de sangre derramada en un territorio bajo cuya bandera no se ha nacido, es experiencia que recoge quien sobrevive para aplicarla luego en la lucha por la liberacin de su lugar de origen. Y cada pueblo que se libere, es una fase de la batalla por la liberacin del propio pueblo que se ha ganado.

Es la hora de atemperar nuestras discrepancias y ponerlo todo al ser vicio de la lucha.

Que agitan grandes controversias al mundo que lucha por la libertad, lo sabemos todos y no lo podemos esconder. Que han adquirido un carcter y una agudeza tales que luce sumamente difcil, si no imposible, el dilogo y la conciliacin tambin lo sabemos. Buscar mtodos para iniciar un dilogo que los contendientes rehyen es una tarea intil. Pero el enemigo est all, golpea todos los das y amenaza con nuevos golpes y esos golpes nos unirn, hoy, maana o pasado. Quienes antes lo capten y se preparen a esa unin necesaria tendrn el reconocimiento de los pueblos.

Dadas las virulencias e intransigencias con que se defiende cada causa, nosotros, los desposedos, no podemos tomar partido por una u otra forma de manifestar las discrepancias, an cuando coincidamos a veces con algu nos planteamientos de una u otra parte, o en mayor medida con los de una parte que con los de la otra. En el momento de la lucha, la forma en que se hacen visibles las actuales diferencias constituyen una debilidad; pero en el estado en que se encuentran, querer arreglarlas mediante palabras es una ilusin. La historia las ir borrando o dndoles su verdadera explicacin.

En nuestro mundo en lucha, todo lo que sea discrepancia en torno a la tctica, mtodo de accin para la consecucin de objetivos limitados, debe analizarse con el respeto que merecen las apreciaciones ajenas. En cuanto al gran objetivo estratgico, la destruccin total del imperialismo por medio de la lucha, debemos ser intransigentes.

Sinteticemos as nuestras aspiraciones de victoria: destruccin del imperialismo mediante la eliminacin de su baluarte ms fuerte: el dominio imperialista de los Estados Unidos de Norteamrica. Tomar como funcin tctica la liberacin gradual de los pueblos, uno a uno o por grupos, llevando al enemigo a una lucha difcil fuera de su terreno; liquidndole sus bases de sustentacin, que son sus territorios dependientes.

Eso significa una guerra larga. Y, lo repetimos una vez ms, una guerra cruel. Que nadie se engae cuando la vaya a iniciar y que nadie vacile en iniciarla por temor a los resultados que pueda traer para su pueblo. Es casi la nica esperanza de victoria.

No podemos eludir el llamado de la hora. Nos lo ensea Vietnam con su permanente leccin de herosmo, su trgica y cotidiana leccin de lucha y de muerte para lograr la victoria final.

All, los soldados del imperialismo encuentran la incomodidad de quien, acostumbrado al nivel de vida que ostenta la nacin norteamericana, tiene que enfrentarse con la tierra hostil; la inseguridad de quien no puede moverse sin sentir que pisa territorio enemigo; la muerte a los que avanzan ms all de sus reductos fortificados; la hostilidad permanente de toda la poblacin. Todo eso va provocando la repercusin interior en los EE.UU.; va haciendo surgir un factor atenuado por el imperialismo en pleno vigor, la lucha de clases an dentro de su propio territorio.

Cmo podramos mirar el futuro de luminoso y cercano, si dos, tres, muchos Vietnam florecieran en la superficie del globo, con su cuota de muerte y sus tragedias inmensas, con su herosmo cotidiano, con sus golpes repetidos al imperialismo, con la obligacin que entraa para este de dispersar sus fuerzas, bajo el embate del odio creciente de los pueblos del mundo!

Y si todos furamos capaces de unirnos, para que nuestros golpes fueran ms slidos y certeros, para que la ayuda de todo tipo a los pueblos en lucha fuera an ms efectiva, qu grande sera el futuro, y qu cercano!

Si a nosotros, los que en un pequeo punto del mapa del mundo cumplimos el deber que preconizamos y ponemos a disposicin de la lucha este poco que nos es permitido dar: nuestras vidas, nuestro sacrificio, nos toca alguno de estos das lanzar el ltimo suspiro sobre cualquier tierra, ya nuestra, regada con nuestra sangre, spase que hemos medido el alcance de nuestros actos y que no nos consideramos nada ms que elementos en el gran ejrcito del proletariado, pero nos sentimos orgullosos de haber aprendido de la Revolucin Cubana y de su gran dirigente mximo la gran leccin que emana de su actitud en esta parte del mundo: qu importan los peligros o los sacrificios de un hombre o de un pueblo, cuando est en juego el destino de la humanidad.

Fuente:http://www.lajiribilla.cu/2011/n514_03/514_17.html



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